Estudio

Gattaca: El valor de la vida simple en la limitación

Las nuevas tecnologías no colman nuestros deseos más profundos cuando somos privados de libertad o amenazados por la enfermedad

Gattaca: El valor de la vida simple en la limitación

Modificado el 2020/05/06

¿Será que cuanto más nos embarcamos hacia el prometedor futuro tecnológico que sueña con erradicar el fallo, más nos alejamos de la esencia de nuestra existencia? En el momento que no obtenemos respuestas, buscamos consuelo en las cosas fugaces de nuestro día a día. Hoy, cuando somos amenazados por la enfermedad y privados de libertad y las nuevas tecnologías no colman nuestros deseos recónditos, reconocemos el valor de lo que teníamos.





¿Quién no echa de menos caminar sin rumbo? El letargo común de las cosas ordinarias, correr acompañado del agitado pulso de la vida simple. La rutina tediosa que induce a soñar despierto, el griterío familiar, la cercanía de la amistad y el tacto de su afecto. Contemplar el atardecer mientras se acuesta el sol mecido por los misteriosos mares. Desde el confinamiento, recordaremos una película de culto, reflexionando en el deseo interno del ser humano de encontrar su propósito y su valor en esta vida.

La estética

El neozelandés Andrew Niccol, director de la película Gattaca; nos muestra una obra distópica que ejemplifica el deseo del hombre por la perfección. Con solventes y emotivas actuaciones a cargo de Ethan Hawke, Uma Thurman y Jude Law, nos brinda una de las más importantes películas del cine contemporáneo de ciencia-ficción. Un giño a la novela: ‘Un mundo feliz′, de Aldous Huxley, que, con grandes contrastes entre distintos tonos saturados, a través de la prodigiosa fotografía de Slawomir Itziak; nos plasma en la gran pantalla los perpetuos conflictos internos del ser humano que se esconden tras un telón retro futurista. El artículo de EBF Cine, que muestra al director de Gattaca como un profeta de nuestro tiempo, dice: “Niccol nos presenta un héroe extraordinario, un hijo de Dios que se rebela contra su destino y sacrifica toda su vida en pos de la búsqueda de un sueño, viajar a las estrellas, más allá de esa estructura social discriminadora, en la que se juzga a las personas por lo que tienen al nacer y no por lo que son capaces de lograr en la vida” .

Estrenada en 1997, esta película expresa magnas discordancias entre lo natural con lo artificial, lo viejo con lo nuevo, la esclavitud con la libertad. Con una magnifica banda sonora hipnótica a cargo de Michael Nyman que amplifica el poder de las imágenes, nos delinea un énfasis en distintos planos que nos revelan esta contrariedad. El director que ya mostró ser un visionario trabajando de guionista en el magnífico film: “El show de Truman”, en Gattaca nos muestra la naturaleza inabarcable, las ganas de vivir del protagonista; que ha sido concebido de manera natural: “un hijo de Dios”, que, frontalmente colisionan contra la estética minimalista y las personas carentes de expresión y espíritu que han sido concebidos in vitro y con métodos de selección genética.

Gattaca comienza citando el texto bíblico de Eclesiastés 7:13: “Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?” Y a continuación cita al psiquiatra Willard Gaylin: “No solo creo que alteramos a la Madre Naturaleza, creo que la Madre Naturaleza quiere que lo hagamos”. Aquí, la sociedad intenta usurpar el lugar de Dios, que distingue a los seres humanos entre válidos y no-válidos. Ante una desfigurada percepción de la belleza se esboza la idea del superhombre, un individuo carente de defectos que humilla al imperfecto mirándole desde las alturas, invocando Gattaca ya desde el principio la eterna lucha de clases.

Expectativas inalcanzables

Jerome, el protagonista, comienza el día con un ritual de pureza; estético e higiénico, buscando aparentar una identidad distinta a la suya. En un futuro distópico, ocupa su lugar en una sociedad ideal, donde la apariencia si es importante. Con un coeficiente genético insuperable, Jerome está pronto a embarcarse en una misión tripulante solo apta para superdotados que se dirige a la decimocuarta luna de Saturno. Un cometido prestigioso, que por sus grandes capacidades pareciera estar destinado para él; sin embargo, no todo es lo que parece, pues en realidad Jerome es Vincent.

Mientras en la pantalla vislumbramos una playa remota, la voz en off del protagonista narra: “solían decir que un niño concebido por amor tenía más probabilidades de llegar a la felicidad, pero ya no lo dicen”. A los pocos instantes del nacimiento, en el tiempo retenido en Gattaca, ya se podía saber el tiempo y la causa exacta de la muerte. Cada vez, los nacidos de manera natural tenían más difícil su camino en el sistema del mundo.

Desde la infancia, Vincent creía de sí mismo e interiorizaba lo que los demás expresaban sobre él. Se veía a sí mismo como un enfermo crónico que tenía 30 años de vida vaticinados. Su hermano, sin embargo, sería un bebé elegido a la carta sin aparente tacha alguna, que evidenciaría las debilidades aún más de un Vincent que luchaba a contracorriente.

En un juego constante entre hermanos, medían fuerzas, nadando hasta que uno de los dos se rendía. Sorprendiéndonos en pantalla, el coraje brota de lo más hondo de Vincent. Fue el momento que hizo que todo lo demás fuera posible, pues mostró que la valentía y la superación están muy lejos de la manipulación genética; pues Vincent salvaría a su hermano que se ahogaba, mostrando la marca del defecto enmascarado.

Aceptando quienes somos

Vincent siempre soñaba con ir al espacio mientras limpiaba los retretes de los ricos y poderosos, posiblemente anhelando salir de una vida de limitaciones. Pero, sin el análisis de sangre adecuado, como él expresaba: “no tenía nada que hacer en cuanto a sus aspiraciones”. No obstante, ¿cuántos de nosotros no vivimos con metas aparentemente inalcanzables que sostienen nuestra ilusión en el camino y a veces nos sorprendemos a nosotros mismos?

Vincent decidió suplantar la identidad de Jerome; un deportista de elite que quedó paralítico por culpa de un incidente. Se entregó, a pesar del dolor y la inmoralidad, para cumplir con los estándares físicos de quien suplantaría, y así poder entrar en Gattaca y alcanzar sus ambiciones. Jerome o Vincent en realidad, convive con el verdadero Jerome y ve cada día lo que no es y lo que intenta ser. Eliminando cada día sus impurezas para ser aceptado en el mundo válido; disfraza la realidad, para, a pesar de ser un “hombre fabricado”, alcanzar sus sueños.

¿Qué buscamos en la vida? Vincent jamás se reservó nada para la vuelta, caminó con un objetivo firme, sin rendirse, sin mirar atrás, pero el tiempo muestra que no podemos esconder nada. Tarde o temprano las corrientes convulsas devolverán lo que intentamos que se olvide en las profundidades. Vincent, huyendo de las metas egocéntricas que solo conducen a la insatisfacción, ante la presión de una dictadura tecnológica, lucharía por reconocer quien era en realidad, buscando el valor en la vida que se le había otorgado.

Metáfora de la vida

Aceptar que tenemos debilidades es complejo, pero quien reconoce que las flaquezas son parte de la vida, encuentra un oasis en el desierto. Vincent, perseguido en un crimen sin resolver conoció el amor, una experiencia distinta al trato frío y distante del que él estaba acostumbrado. Ella: Irene, descubre la locura de Vincent que lucha contra sí mismo, y, aun así, le acepta a pesar de conocer sus contradicciones. Vincent dice: “Tiene gracia, trabajas duro, haces todo lo que puedes para escapar de este lugar, y cuando te llega la oportunidad de irte, encuentras una razón para quedarte”.

Dicen que las cosas especiales son efímeras, que son especiales porque no duran. Mientras obtenemos los deseos que anhelamos nos damos cuenta que no son tan perfectos como pensábamos, no obstante, hay una promesa que dicen que es para siempre y que colma los corazones.

Uno de los escritos de la literatura sapiencial más antiguos de la humanidad: “El poema de Gilgamesh”, ya relataba ese ansioso anhelo por la búsqueda de la vida eterna, de la inmortalidad, de encontrar un propósito más hondo en la vida que correr tras el viento. Gilgamesh en su búsqueda diría: “Todo hombre tiene contados sus días, todo lo que haya hecho es puro viento”. Esta epopeya nos recuerda que ante la locura de desear lo que no tenemos, debemos aprender a contentarnos con las cosas ordinarias de la vida. Como el libro de Eclesiastés nos recuerda: “Anda, y come tu pan con gozo, y bebe tu vino con alegre corazón; porque tus obras ya son agradables a Dios. En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza. Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol”. Eclesiastés 9:7-9.

Gattaca nos presenta a un hombre diseñado por el hombre, un ser manipulado genéticamente; y al hijo de Dios; un hombre concebido de manera natural, con limitaciones. El verdadero Jerome, quien ha sido creado genéticamente perfecto, se halla postrado sobre una silla de ruedas. En cambio, Vincent, el hombre imperfecto, se eleva por encima de los límites que subyugan. Los hijos de Dios aceptan que la muerte es parte de la vida, o, mejor dicho, que la muerte ha sido vencida. Aquí en la tierra, esperando la vuelta del salvador del mundo con la inocencia de un niño, debemos aprender a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, que nos recuerdan que hay algo mayor que nosotros. La respuesta la encontramos en aquel que sufrió en la cruz por nuestras miserias y que nos concede una nueva vida sostenida en su mano que nunca marchitará. Aunque todavía no la veamos.

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