Hay quienes se empeñan en convencer de que todo se reduce a una cuestión de tomar las decisiones apropiadas ¿verdad? Creen poder mantener su posición firme de hermanos mayores, porque para ellos la verdad es siempre evidente. Yo tiendo sin embargo a pensar que la realidad es justo lo contrario y lo volví a pensar otra vez esta semana, al leer la publicación que más confianza me ofrece a día de hoy. El periodista Joshua Sokol reconocía en The New York Times su error al haber promocionado como un verdadero descubrimiento del progreso, lo que no era sino un patoso error de la paleontología. Lo hacía además con un título sin desperdicio: "We Regret the Fossil Error. It Wasn’t the First” - que significa algo así como “Lamentamos el error fósil. No fue el primero”.
Estudio de Pablo Fernández
escrito en Barcelona el 26 de Junio de 2023
Lectura de 32 minutos o 6433 palabras.
National Geographic tiene en su currículum probablemente la mayor colección de accidentes cometidos durante su ejecución del método científico. Podemos mencionar aquí algunos ejemplos como su famosa declaración de que los aborígenes de Australia ′tenían el rango más bajo en inteligencia de todos los seres humanos′; las facturas de doscientos mil dólares anuales en sobornos para controlar al ministro egipcio Zahi Hawass o Diggers, el programa de televisión sobre arqueología avanzada que nadie debía saber que estaba dirigido por simples aficionados a los detectores de metales. Este gigante de la comunicación científica parece no conocer los límites. La divulgación que National Geographic hizo en 1998 del Archaeoraptor, como el definitivo fósil de transición entre dinosaurios y aves con plumas, ha sido sin embargo el más importante de todos sus fraudes. Todavía puedes comprar libros en Amazon, con las mejores calificaciones, que se basan en las equivocadas conclusiones que se tomaron: ′El Archaeoraptor es una de las primeras aves verdaderamente capaz de volar con motor′, escribe todavía el galardonado pero desinformado periodista John Pickrell [′Flying Dinosaurs: How Fearsome Reptiles Became Birds′ (Columbia University Press, 2014)].
La realidad sin embargo es que ya hacía catorce años que se había hecho público que el Archaeoraptor era una composición de ochenta y ocho diferentes piezas pegadas con pegamento en China. ′El Archaeoraptor resultó ser una quimera en vez de un eslabón perdido′, señalaba la revista Science en su artículo ′Altering the Past: China ′s Faked Fossils Problem′ (Science, 24/12/2010). El fósil sabemos ahora que había sido comprado en una habitación de hotel en Tucson, Arizona, y su viaje no superó los procesos de validación de revistas como Science o Nature. National Geographic, sin embargo, sí divulgó su fiabilidad debido a una serie de ′egos desenfrenados que chocan, engrandecimiento personal, ilusiones, suposiciones ingenuas, errores humanos, terquedad, manipulación, murmuraciones, mentiras y corrupción′. National Geographic fue así como describió su trabajo en la confesión a la que fueron obligados en el ejemplar de octubre del año 2000, ocho meses después de que fuese anunciado en el diario The Guardian con el sugerente título de ′Is it a bird? Is it a dinosaur? No, it′s a fake′ - que significa algo así como ′¿Es un pájaro? ¿es un dinosaurio? No, es un fraude′.
El paleontólogo Xu Xing asegura ahora que entonces el mundo no estaba preparado para lo que estaba a punto de caerle encima. Según la revista Scientific American miles de granjeros han dejado sus tareas tradicionales para dedicarse a excavar exhaustivamente en busca de huesos fosilizados, que luego pegan entre sí y envían a los compradores sin ningún tipo de control sobre el contexto o los detalles más básicos de dónde y cómo fueron encontrados. El museo de historia natural de Shandong Tianyu, por ejemplo, tiene dos mil trescientos especímenes de las primeras aves, incluyendo seiscientos ejemplos de Confuciusornis. La revista Science calcula que el 80% de los fósiles marinos que se exponen en los museos de China están manipulados. ′Hoy, si ves un espécimen como ese, especialmente si es de Liaoning, pensarás que definitivamente es un espécimen falso′, añadía Xu Xing. Sería un grave error convertir este fraude en algo exclusivo de un país. Reiner Protsch, profesor de University of Frankfurt, vendió incontables cráneos de chimpancés como si fueran neandertales entre los años 1973 y 2005.
Los espíritus y la paleontología del paleolítico en Japón
Fujimura Shinichi nació en Kami, Miyagi, Japón en 1950. Decidió dedicarse a la arqueología al encontrar un trozo de cerámica del periodo Jomon en el patio de su casa y con veinticinco años ya dirigía Sekki Bunka Kenkyukai, una organización sin ánimo de lucro dedicada al estudio del paleolítico japonés. El ritmo vertiginoso con el que Fujimura Shinichi descubrió fósiles de hasta cincuenta mil años a partir de 1980 le hizo ganarse rápidamente el apelativo de ′el arqueólogo de las manos divinas′. Se han contabilizado unas ciento ochenta sitios excavados por él en el norte de Japón y no sólo siempre encontraba piezas valiosas sino que además las piezas eran cada vez más antiguas. Lejos de despertar sospechas entre sus compañeros académicos y las instituciones que compartían con él ese mismo campo de especialización, Fujimura Shinichi fue laureado y capacitado para establecer una nueva forma de entender la historia de Oriente. Su denominado ′Japanese Paleolithic′ literalmente pasó a formar parte de los libros de texto de su país.
Japan Times publicó su disparatada datación de 700.000 años atribuída a las ruinas medievales de Kanakurayama. Una institución japonesa al margen del círculo académico, sin embargo, sospechaba del equipo a cargo de Fujimura Shinichi. El prestigioso diario Mainichi Shimbun fundado a finales del siglo XIX había recibido el chivatazo de que un nuevo descubrimiento estaba cerca de ser anunciado. La mañana del 22 de octubre del año 2000 sus fotógrafos capturaron en secreto el enterramiento de las piezas falsas que pretendían ser luego fingidamente descubiertas también a la luz del día. Parece evidente que hasta entonces no había necesitado aprovecharse de la oscuridad de la noche. La dirección del periódico esperó con calma a que los científicos hicieran el previsto anuncio y en efecto eso no tardó en ocurrir. El 5 de noviembre del año 2000 el reportaje fotográfico del diario Mainichi Shimbun mostraba en portada a los arqueólogos manipulando las mismas sesenta y una piezas falsificadas pero, eso sí, un día antes de haber sido supuestamente descubiertas.
No voy a negar que este delito científico tiene dos de mis incógnitas favoritas de una historia de terror. La primera de ellas es ¿quién nos protege del engaño de los demás? Después de veinte años de fraudes arqueológicos, el equipo de Fujimura Shinichi no fue expuesto finalmente gracias a los análisis de los académicos, sino por medio del escarnio de un escándalo popular escalado desde la prensa. Sabemos que existen sofisticados métodos como el carbono 14, la cerámica o la datación por contexto pero dadas las circunstancias ¿qué alcance, qué garantía y qué margen de error tienen realmente si estos fraudes pueden durar tanto tiempo? Sabemos que Charles T. Keally argumentó sus dudas en ′The origin and early development of axe-like and edge -ground stone tools in the Japanese Paleolithic′ (University of Washington, 1992) pero ocho años después la credibilidad y el presupuesto de Fujimura Shinichi estaban intactos. ′Nuestra tendencia es aceptar lo que la persona que excavó dice y es difícil criticarlo si no tienes una razón sólida′ decía Ken Amakasu, responsable de Japanese Archeological Association. ′Cada lugar es único y una vez excavado, ya se ha ido ¡Se ha perdido!′, añadía Kenneth L. Feder, el autor de ′Frauds, Myths, and Mysteries: Science and Pseudoscience in Archaeology′ (Oxford University Press, 2019).
La segunda de mis incógnitas favoritas de una historia de terror, contenida también en este delito, tiene que ver con la justificación de Fujimura Shinichi al ser descubierto: ′me sentí poseído por un deseo incontrolable′, dijo él. ¿Quién nos protege de nosotros mismos? Esta pregunta es igualmente relevante. Aquellos que conozcáis la literatura mitológica japonesa quizás recordéis que los yurei o espíritus que no alcanzan la paz en el más allá, actúan precisamente guiados por un deseo incontrolable cuando poseen y empujan a los seres humanos a hacer las barbaridades que hacen. El arqueólogo básicamente estaba por tanto apelando a la magia y asegurando a la prensa que si había hecho algo reprochable como hombre de ciencia había sido por una razón sobrenatural. La película ′Ringu′ (Hideo Nakata,1998) era entonces tendencia en todo el mundo pero no debemos olvidar que muchos habían asegurado antes de él y desde el banquillo que ′el diablo me obligó a hacerlo′.
El fin de la agenda y la propaganda en China
El filósofo José Ortega y Gasset decía acertadamente que ′yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo′. Lo interesante de su reflexión en este contexto es que prácticamente lo mismo se podría decir de cada fósil que se encuentra y publicita como un descubrimiento. Yinghong Cheng, profesor de historia en Delaware State University, ha documentado y desarrollado muchos detalles de por qué el fósil de ′El hombre de Pekín′ significa para China mucho más que un saco de huesos en su estudio titulado ′Is Peking Man Still Our Ancestor?Race and National Lineage′ (NIM, 2019). Cualquier sistema filosófico, social o político totalitario donde Dios ha muerto y el naturalismo es la única luz que debe iluminar el camino del pueblo, entiende fácilmente que sea para él una prioridad demostrar que las diferentes especies de seres vivos aparecen por medio de algún proceso autómata e impersonal. El gobierno de China, por ejemplo, debido a su marcado deseo de imponerse como modelo al resto del mundo, necesitaba además que el registro material que lo demostrara fuese encontrado precisamente en su propio territorio.
Una parte de los científicos, como el paleontólogo holandés Eugène Dubois, creyeron que la zona geográfica más razonable como cuna de los seres humanos era Asia, porque este continente está situado a una distancia razonablemente intermedia entre todos los posibles destinos. Digamos que estaba más cerca de todo lo que se suponía que tenía que alcanzar en tan corto espacio de tiempo. El zoólogo Ernst Haeckel, para solucionar los retos geológicos de esta teoría, llegó incluso a darle el nombre de Lemuria a un supuesto continente desaparecido. El continente no ha existido jamás, por supuesto, pero ciertamente les ayudaba entonces a hacer el relato creíble y no pocos ocultistas como Helena Blavatsky lo utilizarán después para crear toda una serie de mitologías y doctrinas esotéricas de finales del siglo XIX. El geólogo Alfred Wegener hizo un trabajo más elaborado al descubrir el movimiento de las placas tectónicas y la deriva continental, que le dio un nuevo soplo de aire fresco al relato naturalista original en el siglo XX. Y ciertamente ningún otro descubrimiento era tan oportuno para la revolución cultural en China, que el de las excavaciones de Zhoukoudian, a cuarenta y dos kilómetros de Pekín en 1930.
Se han escrito infinidad de diferentes teorías alrededor de los doscientos fragmentos de fósiles de cuarenta diferentes individuos. Se sugirió al principio que sus habitantes ya dominaban el fuego y las armas de piedra pero esa hipótesis está ya bastante desacreditada. Lo que domina ahora es la teoría de que los huesos estaban allí como desperdicios de las Crocuta crocuta spelaea, una especie extinta de hiena que podía llegar a pesar los cien kilos. El gobierno de China temía en cualquier caso que Japón les arrebatara semejante tesoro nacional durante la Segunda Guerra Mundial y pidió ayuda a Estados Unidos de América para que se llevasen todos esos restos en una caja al American Museum of Natural History en New York. El tesoro nunca llegó y circulan todavía por Internet infinidad de teorías y esperanzas de recuperarlas que recuerdan a clásicos de la cultura como aquel de que Elvis Presley sigue vivo en algún lugar del mundo. Lo que sí parece ser cierto es que Christopher G. Janus, el autor ′The Search for Peking Man′ (MacMillan, 1975), estafó 640.000 dólares al gobierno de los Estados Unidos de América con la promesa de que gracias a sus negociaciones iba a poder recuperar los fósiles. El informe de The New York Times el 26 de febrero de 1981 aseguró que ese objetivo estaba lejos de poder cumplirse ya que, sintiéndolo mucho, el escritor ya se había gastado todo el dinero en pagar deudas y viajes personales.
El tráfico clandestino de armas, fósiles e información confidencial en África
Louis Leakey nació en la colonia británica de Kenia el 7 de agosto de 1903. Sus padres Harry y Mary habían llegado allí como misioneros de la iglesia oficial de Inglaterra pero pronto asimilaron los juegos, la lengua y las aspiraciones locales de la cultura Kikuyu. Louis Leakey convertirá la búsqueda de fósiles de transición en un auténtico negocio familiar que se ha extendido hasta tres generaciones, animado por su convencimiento de que el origen del hombre no estaba en Asia, como aseguraban entonces los últimos descubrimientos de ′El hombre de Pekín′ o ′El hombre de Java′. Louis Leaky había conocido al paleontólogo y profesor alemán Hans Gottfried Reck en un mal momento. El profesor había vuelto a Munich y estaba desanimado por el mucho tiempo que se había dedicado a buscar y a la mala recepción que había tenido su descubrimiento llamado ′El hombre de Oldoway′. Louis Leakey era una persona decidida y le aseguró al profesor Hans Gottfried Reck que podían encontrar muchas piezas como aquellas en menos de veinticuatro horas.
Frida Lekey, entonces embarazada de Louis Lekey, y Mary Nicol, la dibujante que se convertirá muy pronto en la amante del paleontólogo, se alternaban entonces en las ilustraciones de piedras talladas que luego se incluirán en el libro ′Adam′s Ancestors′ (Methuen Publishing, 1934) - que significa algo así como ′Los antepasados de Adán′. Aquella primera edición corrió a cargo de la misma editorial que poco antes había alcanzado un notable éxito con novelas como ′Tarzan of the Apes′ de Edgar Rice Burroughs. Las personas somos atraídas de forma natural al absurdo y por desgracia nuestras creencias no suelen salvarnos del ridículo. El paleontólogo alemán Hans Gottfried Reck acudió finalmente a una expedición organizada por Louis Leakey en noviembre de 1931. Louis Leakey le invitó a que entrase primero al desfiladero de Oldoway y efectivamente allí encontró, en menos de veinticuatro horas, las piezas que se habían apostado. Las piezas sin embargo tampoco tuvieron la aprobación de la comunidad científica. Una serie de turbias anomalías y un informe del geólogo Percy George Hamnall Boswell fueron suficientes para conseguir el total descrédito de la persona de Louis Leakey,... eso sí ¡sólo durante un tiempo!
Louis Leakey se había convertido en un vendedor ambulante y había creado una red clandestina de armas, fósiles e información clasificada que compartía con la policía de Kenia. Lo hacía todo por supuesto al mismo tiempo que acumulaba nuevas piezas para su propia colección, a las que iba dando nombres en latín. Recuperaba así poco a poco el crédito de la comunidad científica que había perdido. Louis Leakey encontró a ′El hombre Chellean′ en Olduvai Gorge y ese mismo año fue catapultado a la fama con un artículo en el ejemplar de National Geographic de septiembre de 1960. El camino para su hijo Richard Leakey, su nieta Louise Leakey y la ahora famosa teoría de que el hombre viene de África estaba definitivamente pavimentado con asfalto sólido. Louis Leakey conservó la fe de sus padres toda su vida, muy a pesar de lo que algunos podríamos deducir del poco aprecio que le tenía a la Biblia. En realidad ese enfoque era bastante habitual. Sabemos que ese fue precisamente el caso de otro paleontólogo clave de su época como Robert Broom. Nacido en Escocia y afincado en Sudáfrica, Robert Broom tenía una enorme convicción de lo paranormal y el diseño inteligente. Tan grande era, de hecho, que al ser preguntado por el diario The Sunday Times sobre qué método había utilizado para encontrar el fósil de ′Mrs. Ples′, el paleontólogo no dudó en asegurar que había sido guiado por los espíritus.
La engañosa comparativa de rasgos físicos en Alemania
¿Quién no ha sido animado a creer sólo lo que ven sus ojos? Claro que eso tampoco es siempre la verdad. En primer lugar porque una cosa es la información que ven tus ojos y otra cosa muy diferente lo que interpreta tu cerebro de esa información. Por eso dos personas que observan con sus ojos el resultado de un mismo análisis, pueden sin embargo llegar a conclusiones completamente opuestas. En segundo lugar porque lo que ves con tus ojos puede ser una falsificación o variación de la realidad y por lo tanto esa imagen está desposeída de la autenticidad que supuestamente debería contener. Ernst Haeckel estudió medicina y anatomía antes de introducir la teoría de la evolución en Alemania. Sus enseñanzas fueron influyentes gracias a su teoría sobre cómo ′la ontogenia recapitula la filogenia′, pero sobre todo gracias a su capacidad para la ilustración.
Sabemos que las imágenes han tenido especial alcance cuando han tenido detrás un complejo equipo de profesionales de la comunicación. Adolf Hitler y su Partido Nazi, Mao Zedong y su Revolución Cultural pero también por supuesto Franklin D. Roosevelt y su United States Office of War Information contaron con unos recursos que normalmente no están al alcance de un científico. El talento de Ernst Haeckel sin embargo le permitió competir con ellos y ganarles especialmente en lo que se refiere al alcance en el tiempo y el espacio. De hecho el gráfico permanece en las conciencias de muchos más de cien años después. Sus dibujos sobre la comparativa de embriones publicadas en ′Anthropologie′ (Engelmann, 1874) han sido especialmente comentadas. La litografía no necesitaba palabras para que la audiencia entendiese que no importa si se trata de peces, aves, reptiles o mamíferos, todos los seres vivos son exactamente iguales en su embrión de origen.
La argumentación resultaba tan razonable que apenas unas pocas voces le reprochaban que, en realidad, había copiado exactamente el mismo embrión en varias categorías de animales. La explicación con la que se justificó Ernst Haeckel fue igualmente razonable, claro, ¿para qué dibujarla múltiples veces si es exactamente igual? Las pocas voces críticas quedaban así dos veces en ridículo y aquel primitivo gráfico científico entró en los libros de textos para quedarse hasta hace realmente poco tiempo. Los recientes resultados al fotografiar y publicar los embriones, en lugar de suponer que eran iguales al compararlos, han dejado finalmente por mentiroso a Ernst Haeckel y provocado una nueva serie de artículos sobre fraudes, dirigidos por Elizabeth Pennisi [′Haeckel′s Embryos: Fraud Rediscovered′ (Science, 1997)], Stephen Jay Gould [′Abscheulich! (Atrocious!)′ (Natural History, 2000)], Robert J. Richards [′The Tragic Sense of Life. Ernst Haeckel and the Struggle over Evolutionary Thought′ (University of Chicago Press, 2008)] o Nick Hopwood [′Haeckel′s Embryos: Images, Evolution, and Fraud′ (University of Chicago Press, 2015)].
Cada día lo hacemos infinidad de veces ¿verdad? Comparamos aquí o allá dentro y fuera del trabajo buscando diferencias o patrones antes de llegar a conclusiones; que es cuando tomamos decisiones basadas claro en buenas intenciones y no pocos de los datos más fiables. Ernst Haeckel hizo justamente eso cuando escribió que, al ser comparados: ′Los negros son salvajes y los blancos son los más civilizados (....) Los negros tienen los dedos de los pies más fuertes y se mueven más libremente que cualquier otra raza, como los monos a cuatro manos, lo cual, es evidencia de que están menos evolucionados′ [′Images of Savages: Ancient Roots of Modern Prejudice in Western Culture′ by Gustav Jahoda (Routledge, 1999)]. Su concepto de ′biología aplicada′ fue utilizado también en la propaganda Nazi pero sería un error criminalizar a una u otra persona de lo que sabemos era el pensamiento generalizado de la mayor parte de los científicos de su tiempo.
Los pobres avances evolutivos de los españoles e irlandeses también tenían su espacio en estos estudios científicos. El ilustre médico Henry Strickland-Constable, graduado en Magdalen College de Oxford y presidente de Yorkshire Philosophical Society, aseguraba que: ′Se cree que los íberos fueron originalmente una raza africana, que hace miles de años se extendieron por España y toda Europa occidental. Sus restos se encuentran en túmulos o lugares de enterramiento de diversas partes de estos países. Sus cráneos tienen mandíbulas grandes. Vinieron a Irlanda y se mezclaron con los nativos del sur y el oeste, quienes se supone que eran de baja estatura y descendientes de salvajes de la Edad de Piedra, quienes, como consecuencia del aislamiento del resto del mundo, nunca habían sido vencidos en la sana lucha de la vida, y por lo tanto dieron paso, de acuerdo con las leyes de la naturaleza, a razas superiores′ [′Observations suggested by the cattle plague, about witchcraft, credulity, superstition, parliamentary reform, and other matters′ (London, Dalton & Lucy, 1866)].
El antídoto contra la idolatría y la superstición en Grecia
Smithsonian Institute en Washington asegura que existen dientes y huesos de al menos seis mil diferentes ejemplares de homínidos pero que tienen grandes esperanzas puestas en el crecimiento exponencial observado en los últimos años. Claro que después de lo que hemos visto a uno no le queda claro que la cantidad sea un indicador que aporte especial confianza. Wikipedia encabeza la página de su lista de un centenar de restos destacados, con una llamada a los editores para que añadan los que puedan faltar, dando una clara impresión de que la caza de fósiles sigue abierta y siendo de vital importancia. El geólogo americano Allan Krill parece haber encontrado finalmente la explicación y asegura que, si no encontramos realmente fósiles de transición es porque se produjo dentro del agua. Según su hipótesis, una variación de chimpancé debió adoptar el hábito de vivir dentro del agua y finalmente, una vez llegado a su morfología de homo sapiens, habría también abandonado esa costumbre. Habría sido por tanto el agua la que habría hecho imposible conservar sus huesos y claro en esas circunstancias ¡es imposible que lleguemos a encontrar sus fósiles! [′Acclaimed fossils might not depict human evolution′ (Gemini, 2018)]. Lo cierto es que habría sido más justo esperar a tener los fósiles para hacer sobre ellos las conclusiones necesarias. Lo que hemos hecho es justo lo contrario. Hemos hecho las conclusiones primero y buscado luego los fósiles. Dadas las circunstancias, entiendo que haberlo hecho siguiendo el modelo ideal de análisis, habría sido pedir demasiado. No fue siempre así, por cierto.
El registro más antiguo que tenemos de alguien encontrando un fósil es de Jenófanes. Grecia salía entonces poco a poco de una edad oscura marcada por la pobreza y no debemos imaginarle rodeado de facilidades. Este filósofo nacido realmente en lo que es ahora el oeste de Turquía, casi doscientos años antes de Sócrates, había encontrado fósiles de criaturas marinas y de ello había deducido que en otra época aquellas tierras debieron de estar cubiertas de agua. Llama poderosamente la atención un análisis tan poco mágico que hace de aquel descubrimiento teniendo en cuenta que dos mil seiscientos años más tarde todavía hay muchos granjeros chinos que siguen creyendo que los fósiles son restos de dragones y comercializan el polvo que se puede extraer de ellos debido a sus supuestos poderes curativos. Jenófanes también había sido expuesto a las supersticiones de su tiempo pero parecía tener una idea muy específica de la divinidad que dejaba poco margen para la fantasía: ′Dios es uno, supremo entre los dioses y los hombres, y no como los mortales en cuerpo o mente′, decía él. Se enfrentaba así simultáneamente a la cosmovisión de Homero, donde una infinidad de dioses comparten con los hombres las mismas aspiraciones y limitaciones.
El poeta belga Émile Cammaerts escribió que ′cuando los hombres deciden no creer en Dios, no es que crean en nada, lo que ocurre es que entonces son capaces de creer en cualquier cosa′ [′The Laughing Prophet: The Seven Virtues and G.K. Chesterton′ (Methuen & Co. Ltd, 1937)]. La misma lógica aplastante de la materia y el mismo desprecio a lo mágico podría deducirse de los textos que esa misma época se escribían en el Levante del Mediterráneo por profetas judíos como Isaías. La idolatría era para ellos un mal fácil de identificar porque atentaba directamente contra el sentido común más básico. No hay nada sobrenatural en la materia que usamos para construir nuestros ídolos por mucho que queramos: ′Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. ¿Quién formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho? He aquí que todos los suyos serán avergonzados, porque los artífices mismos son hombres′.
Las primeras lecciones de evolución genética en Oriente Medio
Los paleantólogos tienen también sus particulares retos si quieren evitar el ridículo de convertir su especialidad en un ídolo. Un fósil no deja de ser un trozo de materia, aunque pueda llegar a dar una pista sobre lo que pudo haber ocurrido en otro tiempo. Hay una serie de riesgos muy graves al escalar nuestras conclusiones. En primer lugar cuando son relativas a divisiones como el blanco y el negro, el creyente y el ateo, lo posible y lo imposible, porque esos conceptos tan extremos aparecen siempre mezclados en la realidad. Y en segundo lugar, las conclusiones son especialmente arriesgadas, cuando se salen de su estricta área de estudio. La teoría de la evolución es al final un conjunto de hipótesis basadas en la observación y que por lo tanto se modifican con el tiempo. Algunas de ellas por cierto ya se habían documentado en la Biblia coincidiendo con los mencionados tiempos de Jenófanes.
El concepto de las variaciones genéticas, por ejemplo, está implícito en multitud de ocasiones en las que se advierte de que, lo que hacemos bien tanto como lo que hacemos mal, tiene su efecto también ′hasta la tercera y la cuarta generación′. No se me ocurre una mejor explicación de la genética, en un mundo en el que no se conocía la existencia de las células. Esta gráfica advertencia se repite continuamente desde los primeros libros de la Biblia. Jesús sin embargo se presenta como alguien capaz de ir más allá de un buen consejo sobre las variaciones y la herencia genética. Jesús irrumpe en este mundo físico como el que, además de haberlo puesto en marcha y de haberlo explicado gráficamente, es también capaz de arreglarlo. ′El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay′, decía el propio apóstol Pablo en su viaje a Atenas, ′siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros′.
′Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho′, seguía Pablo citando casi literalmente al cretense Epiménides de Cnosos, filósofo y poeta del siglo VI a.C. ′Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.′
Referencias:
Esta lista cronológica basada en los registros de strangescience.net incluye algunos de los más sorprendentes casos de fraude publicados en prensa impresa desde el siglo XVI:
- Fraude publicado en Historiae Animalium, 1558 / Referencias actualizadas en ′Foils and Fakes′ de Suzanne Magnanini en la revista Marvels & Tales.
- Fraude publicado en De Piscibus, 1613 / Referencias actualizadas en Merchants and Marvels editado por Smith y Findlen.
- Fraude publicado en Serpentum, et Draconum Historiæ Libri Duo, 1640 / Referencias actualizadas en Biodiversity Heritage Library.
- Fraude publicado en Nuovi ritrovamenti Divisi in Due Parti, 1696 / El estafador fue Cornelius Meyer / Referencias actualizadas en ′Investigation of a Claim of a Late-Surviving Pterosaur and Exposure of a Taxidemic Hoax: The Case of Cornelius Meyer′s Dragon′ de Phil Senter y Pondanesa D. Wilkins en Palaeontologia Electronica.
- Fraude publicado en Lithographiae Wirceburgensis, 1726 / Referencias actualizadas en ′The Lying Stones of Marrakech′ de Stephen Jay Gould.
- Fraude publicado en Lithographiae Wirceburgensis, 1726 / Los estafadores fueron J. Ignatz Roderick y Georg von Eckhart / Referencias actualizadas en AMS Historica.
- Fraude publicado en Histoire Naturelle, 1763 / El estafador fue el corresponsal de Georges-Louis Leclerc de Buffon / Referencias actualizadas en ′Sloth Bones and Anteater Tongues′ de Helen Cowie in Atlantic Studies.
- Fraude publicado en Missouri Leviathan, 1842 / El estafador fue Albert Koch / Referencias actualizadas en ′The British Museum Collection & American Monster′ de Paul Semonin.
- Fraude publicado en New York Herald, 1842 / El estafador fue PT Barnum / Referencias actualizadas en ′Monsters of the Sea′ de Richard Ellis y ′The Feejee Mermaid′ de Jan Bondeson.
- Fraude publicado en Hydrarchos, 1845 / El estafador fue Albert Koch / Referencias actualizadas en ′Monsters of the Sea′ de Richard Ellis.
- Fraude publicado en Advertisement on multiple newspapers, 1860 / Elestafador fue PT Barnum / Referencias actualizadas en ′The Book that Changed America′ de Randall Fuller.
- Fraude publicado en Syracuse Standard, 1869 / El estafador fue George Hull/ Referencias actualizadas en ′El gran gigante de Cardiff′ en Autobiografía de Andrew Dickson White.
- Fraude publicado en The Illustrated London News y cientos de fuentes impresas de la época, 1913 / Los estafadores fueron Charles Dawson, Pierre Teilhard de Chardin, Arthur Keith, Martin A. C. Hinton, Horace de Vere Cole and Arthur Conan Doyle / Referencias actualizadas en ′Human Origins: The Search for Our Beginnings′ de Herbert Thomas y ′Dry Store Room No. 1′ de Richard Fortey, y ′The Piltdown Forgery′ de J.S. Weiner.
- Fraude publicado en Beilage Guthhayterner Beitung, 1911 / El estafador fue Wilhelm Rappe / Referencias actualizadas en ′A Chimpanzee Skull in the Devil′s Cave′ de Oliver Hochadel en Endeavour.
- Fraude publicado en The Popular Science Monthly, 1913 / Referencias actualizadas en William Plane Pycraft.
- Fraude publicado en Quarterly Journal of the Geological Society of London, 1914 / Referencias actualizadas en Dry Store Room No. 1 por Richard Fortey.
- Fraude publicado en múltiples fuentes impresas de la época, 1918 / Los estafadores fueron Håkan Dahlmark, Halvar Friesendahl, Carl Erik Hammarberg y Rudolf Granberg / Referencias actualizadas en The Historical Preservation Society en Medelpad.
- Fraude publicado en Keystone View Company, 1920 / Referencias actualizadas en ′Seven Skeletons′ de Lydia Pyne.
- Fraude publicado en Daily Mail, 1934 /Los estafadores fueron Marmaduke Wetherell y Robert Kenneth Wilson / Referencias actualizadas en ′Abominable Science!′ de Loxton and ′Prothero Scotland′s Loch Ness Monster legend′.
- Fraude publicado en Nantucket, 1937 / El estafador fue Tony Sarg / Referencias actualizadas en ′The Nantucket Sea-Serpent Hoax′ (1937) de The Public Domain Review.
- Fraude publicado en Natural History, 1939 / Referencias actualizadas en ′History of Science: Fossil Proboscidians and Myths of Giant Men′ de James L. Hayward in Transactions of the Nebraska Academy of Sciences y ′Quest for the African Dinosaurs′ de Louis Jacobs.
- Fraude publicado en Neues Jahrbuch für Geologie und Paläontologie, 1966 / Referencias actualizadas en ′The Fossil Merchant from Verona′ de Marco Romano y Johannes Pignatti en ′Rendiconti Online: Della Società Geologica Italiana′.
- Fraude publicado en National Geographic, 1997 / Referencias actualizadas en ′Is it a bird? Is it a dinosaur? No, it′s a fake′ The Guardian, el 7 de febraro de 2000 y ocho meses después la rectificación de National Geographic Magazine en su ejemplar de octubre del año 2000.
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Estudio escrito en Barcelona por Pablo Fernández el Hasta el día de hoy esta página ha tenido 2 comentarios.
Pablo Fernández tiene 139 artículos
Fernando comentó lo siguiente: "¡Excelente artículo! Hoy en día, necesario más que nunca." (2023-06-30 10:18:30)
¿Responder a Fernando?
Javier Anacona comentó lo siguiente: "Interesante artículo hermano" (2023-06-26 22:25:16)
¿Responder a Javier Anacona?
Buenas noticias de un Dios que se relaciona con su creación:
Escuchar más podcasts sobre la Biblia de José de Segovia
Video especial sobre ′Ernst Haeckel′
Enlaces de interés sobre ′Ernst Haeckel′
- Is it a bird? Is it a dinosaur? No, it is a fake
- History of modern man unravels as German scholar is exposed as fraud
- Is Peking Man Still Our Ancestor? Race and National Lineage
- How Fake Fossils Pervert Paleontology
- The biggest scandals to ever hit National Geographic
- Haeckel-File #2: Haeckel the fraud