Spotlight: La dura verdad

Madrid, 31 de enero de 2016. Si para educar a un niño, hace falta una sociedad, para abusar de él, también, dice el digno abogado que interpreta Stanley Tucci en Spotlight. Hace tiempo que no veía a alguien que representara tan dignamente su profesión como este personaje. Lo mismo que los periodistas que forman el equipo de investigación del periódico que sacó a la luz en el 2002, las asombrosas cifras de abuso infantil que había en la archidiócesis de Boston - ¡un millar de niños por nada menos que 249 curas! -. Sin embargo, todo en esta película es tan riguroso y contenido, que hasta la crítica católica se ha rendido a los píes de este film, que es probablemente lo mejor que el cine nos ha brindado el año pasado.

Es difícil no hablar de esta película con superlativos, galardonada ya con multitud de premios, pero en esta época tan mediocre que nos ha tocado vivir, producciones como esta son tan insólitas que parece que el reloj del tiempo se ha debido parar. La modesta obra independiente de Tom McCarthy, que con tanto esfuerzo ha logrado sacar adelante -después de años de luchas con un sistema que la había condenado a la "lista negra", por tratar un tema tan espinoso-, no tiene nada que envidiar a los grandes clásicos del cine liberal de los setenta, como "Todos los hombres del presidente" -la película de Pakula con la que todo el mundo la compara-.

Curiosamente, el periodista judío que viene de Nueva York y Miami para dirigir el Boston Globe -tan contenidamente interpretado por Liev Schreiber-, es hoy el responsable del periódico del Watergate, que inspiró la película protagonizada por Robert Redford y Dustin Hoffman en 1976. Por si esto fuera poco, el subdirector que hace el inolvidable Roger Sterling de Mad Men (John Slattery) es también hijo del que fuera director del Post cuando se publicó el escándalo que hundió a Nixon. Como ha dicho su autor, la película tiene algo también del sentido agónico del impresionante "Veredicto final" (1982) con que Lumet enfrenta a un envejecido y alcoholizado Paul Newman con otro caso de corrupción católica, en este caso en un hospital.

El equipo que ganó el premio Pultizer en el 2003 guió a los actores en un meticuloso trabajo. Así Rachel McAdams pasó días estudiando la forma de hablar de la periodista real, escuchando decenas de sus grabaciones. El interés no es, sin embargo, en la vida privada de los personajes, sino en la investigación. La película tiene una sólida puesta en escena, que sigue una narrativa limpia y clara, sin perderse en subtramas. Todo ello con un preciso manejo de la cámara, a través de planos generales y medios, guardando los primeros planos para los momentos dramáticos que se producen con cada nuevo descubrimiento, o el testimonio trágico de las víctimas. El tempo es lento, pero va aumentando en intensidad, sin caer en el efectismo, hasta crear un relato magnético e impecable, realmente brillante, como no se suele ver hoy en día.

¿INFORMACIÓN U OPINIÓN?

El cine ya no es lo que era, pero tampoco el periodismo. Cuando vemos a este equipo de investigación a principio del milenio, tomando notas a mano, revisando anuarios, rescatando viejos recortes e intentando poner orden a todos esos datos en unas listas, nos damos cuenta lo lejos que estamos de aquellos medios de comunicación. Al reducir al mínimo, las plantillas de prensa y pensar que toda la información estaba en Internet, caímos en la mentira de pensar que no sólo el conocimiento era ahora más accesible a todos, sino que la verdad ya no podía ser manipulada. Los resultados son evidentes. La opinión ha sustituido a la información y la red está llena de comentarios pontificando sobre lo humano y lo divino, como si todo el mundo supiera de todo.

Cuando se trata además, el tema de la religión, entramos en terreno minado. No importa lo que digas, siempre ofendes a alguien. Si como protestante, escribo sobre esta película, ya sé lo que dirán mis amigos católicos: "¿qué va decir él?" ¡No es extraño! Al hablar de creencias y convicciones profundas, las reacciones se hacen todavía más radicales. Lo único que se quiere saber es si uno está a favor, o en contra. Todo es opinión. No hay términos medios.

Así ocurre que paradójicamente, en la información religiosa, lo de menos es la verdad. Lo que importa es lo que defiendes y lo que condenas, a quién estás dando argumentos a favor, o en contra. Todo es partidista. En los medios religiosos se cuestiona incluso el tema de las noticias: ¿qué sentido tiene hablar de esto?, ¿a qué intereses sirve? Hay muchos temas tabú. Y cuando la noticia molesta, siempre hay el recurso de calificar al medio de sensacionalista. Es por eso que me ha sorprendido la reacción de muchos católicos a esta película.

¿PROBLEMA CATÓLICO?

"¿Por qué los católicos deben estar agradecidos a Spotlight y la denuncia que hacen los medios de comunicación de abusos en la iglesia?" Con este provocativo título publicaba un artículo en el Washington Post, elogiando la película, el director asociado de Voces Católicas USA, Christopher White. El prestigioso crítico católico Steven Greydanus -que escribe sobre Películas Decentes en un popular blog desde un claro punto de vista conservador- había ya orientado la opinión en el Registro Nacional Católico, diciendo que sería demasiado "fácil para los católicos, desechar esta película, atrincherándose a la defensiva, desenterrando el hacha de guerra". Lo que no le parece "justo ni útil". Ya que "Spotlight nos confronta con las desastrosas consecuencias de un esquema de negación y engaño", cuando "la Iglesia es llamada a ser luz del mundo" y no debe "temer estar en el foco de atención" -lo que literalmente, significa Spotlight-.

Así Radio Vaticana califica la película de "honesta" y "convincente", ya que según Luca Pellegrini, demuestra "la incansable e incontenible fuerza de la verdad", al "no sucumbir a interpretaciones personales o caer en la trampa del escándalo". Todos estos comentaristas católicos coinciden en hablar de ello como algo del pasado y lamentan que la historia no cuente lo que ocurrió después, ya que el actual Papa ha establecido una política de "tolerancia cero" ante estos abusos. Lo cierto es que como se dice al final del film, el responsable de esta archidiócesis, el cardenal Law fue trasladado a Roma por Juan Pablo II, que puso a su cargo de una de las cuatro basílica pontificias, Santa María Maggiore.

El tema de la reubicación de estos sacerdotes es uno de los asuntos que ha provocado la denuncia de películas como la del chileno Pablo Larraín, "El club", que ganó el Gran Premio del Jurado del Festival de Berlín en el 2015. Por un lado, hay que reconocer que este intento de rehabilitación, tiene algo de admirable, ya que hay iglesias donde la forma cómo se trata el fracaso moral de sus ministros hace que parezcan el único ejército que remata a sus heridos. La cuestión por otro lado, es quiénes son los heridos. Ya que no hay sólo un abuso físico, sino espiritual. Las víctimas han sufrido el silencio de una institución a la que han entregado su vida, en busca de la salvación eterna. Como dicen los entrevistados por el equipo de Spotlight, si se vieron forzados a hacer estas cosas, es porque era "como si Dios se lo pidiera".

LA IGLESIA QUE ABUSA

Te asombra el poder que tiene la iglesia católica en Estados Unidos, un país que muchos identifican con el protestantismo, pero como dice el nieto de Billy Graham, Boz Tchidvijian -un profesor de derecho que ha servido como acusador público en la fiscalía de protección de menores-, este no es sólo un problema católico. Según las tres compañías aseguradoras que cubren a la mayoría de las iglesias protestantes en Estados Unidos, el número de demandas recibidas al año por abusos sexuales de menores, que tienen alguna base, es de 260, mientras que la iglesia católica dice haber recibido sólo 228. Más allá de las estadísticas, el abuso de un solo niño en un contexto eclesial, es injustificable.

Contrasta esto, para mí, con la manera en que las iglesias se presentan al mundo, condenando la inmoralidad sexual y afirmando que la religión es la solución de todos los males. Como dice Tchidvijian, "hace falta más humildad para no ser tan rápidos en acusar con el dedo a otros y enfrentarse a la difícil tarea de aprender del autoexamen". La fuerza del argumento de "Spotlight" está en las sabias palabras del director del periódico: "la gran historia no está en los curas, como individuos, está en la institución, su práctica y política". Se trata de "apuntar a los males del sistema".

No es cuestión por lo tanto, de unas "manzanas podridas", como dice el abogado que defiende a la iglesia, pero luego arrepentido, confirma los datos. Es como observa el admirable letrado de origen armenio, un esfuerzo colectivo, por el que igual que se educa al niño, se puede abusar también de él. Es ahí donde está la gravedad de un sistema religioso que en vez de revelar el mal, lo esconde. Esto lo que ha hecho el moralismo en muchas iglesias. Las ha convertido en centros de hipocresía, donde se pretende juzgar al mundo, cuando en realidad se forma parte de él.

¿POR QUÉ VER ESTA PELÍCULA?

Esta es una película que creo que todos debieran ver. No suelo decir esto a menudo. Mucho del cine que comento, no creo que sea para todos los públicos, pero en este caso, la sobriedad y el decoro con que se trata este delicado tema, hace que no dude en recomendar su visión a cualquier espectador adulto. Aquellos que creemos que el cine es más que un medio de entretenimiento, o un modo de expresión personal, vemos en "Spotlight" un instrumento de denuncia que renuncia a la tentación de un efectismo escabroso, para enfrentarnos a la verdad que el público religioso no quiere escuchar.

Los periodistas que investigaron esta historia, tenían una educación católica. "A mí me gustaba ir a la iglesia -dice el personaje de Ruffalo-. Pensaba que un día volvería. Me aferraba a eso, pero me lo han quitado". Hay un sentido de culpa, porque "todos sabíamos que había algo, pero no hicimos nada". Ese es el lamento del jefe del equipo que hace Michael Keaton, informado de los hechos, antes que ningún otro: "¿por qué no hice mas?".

Varios actores tienen educación católica. John Slattery, conocido por su papel de publicista de los años sesenta en Mad Men, creció en la comunidad irlandesa de Boston. Fue monaguillo, como Michael Keaton. De adolescente, había oído historias sobre cosas así, al ir a un colegio católico, pero creía que eran bromas. No podía imaginar la magnitud de ello, ni que pudiera estar encubierto tanto tiempo.

LA LUZ QUE ILUMINA LAS TINIEBLAS

Decía Shakespeare que el mal que hacemos, nos sobrevive. Muchos hemos sufrido a causa del mal de otros. Así como somos responsables de haber hecho daño a otros. Como Lady Macbeth, podemos seguir frotándonos las manos, o lamiéndonos las heridas, pero nada de eso va a cambiar el pasado. Cuando reconocemos el mal y lo confesamos, lo que cambia es el presente.

Cuando el periodista que interpreta Keaton, se lamenta de su complicidad con el silencio que ha rodeado este mal, su jefe le dice: "a veces, es fácil olvidar que pasamos la mayor parte del tiempo dando tumbos en la oscuridad, y cuando alguien enciende la luz, hay mucho a lo que culpar alrededor". Vivimos en una sociedad en que todos se consideran víctimas de algo, o alguien. Nadie quiere asumir su responsabilidad. Otros tienen siempre la culpa de lo que nos pasa.

Así muchos culparán a Dios de las maldades de sus representantes. ¿Dónde está el Dios de justicia que permite estas cosas? Como el personaje de Ruffalo, nos gustaría pensar que el cristianismo debería ser diferente, pero nosotros mismos hemos dejado de ponerlo en práctica. Rechazar a Dios por la maldad de sus siervos, es como dejar de comer porque algo te haya sentado mal. Nadie puede acusar a Dios de tratar el mal con ligereza. El lo ha juzgado con tal severidad, que su Hijo ha pagado por él. Así vemos también su misericordia.

La luz que expone la maldad de otros, pone en evidencia también la nuestra. "Dios es luz y en Él no hay ninguna oscuridad", dice Juan (1 Jn. 1:5). "Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos" (v. 8). Si lo confesamos, Él es fiel y justo para perdonarnos. Es más, nos limpia de toda maldad (v. 9). ¡Esta es nuestra única esperanza!

José de Segovia
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However, everything in it is so rigorous and contained, that even the catholic critics have taken their caps off to this film, which is probably the best that the industry has offered us in the last year.

Having already received a whole string of prizes, it is difficult not to talk about this film using superlatives. However, in these mediocre times, productions like this are so unusual that you might be forgiven for thinking that the clock had stopped ticking.

This modest independent film by Tom McCarthy, which he succeeded in bringing to fruition with so much effort - after years of battling against a system that had condemned it to a ′black list′ for dealing with such a thorny issue-, is of the same calibre as the great classics of 1960s liberalism, such as ′All the President′s Men′ - the film by Pakula with which everyone is comparing it-.

Curiously, the Jewish journalist who moved from New York and Miami to direct the Boston Globe - masterfully played by Liev Schreiber-, is now the Editor of the newspaper that published the Watergate scandal, inspiring the film starring Robert Redford and Dustin Hoffman in 1976.

Just in case that wasn′t enough, the Assistant Managing Editor, played by the unforgettable Roger Sterling of Mad Men (John Slattery), was also the son of the Editor of the Post when it published the scandal that ended Nixon′s career. As the screenwriter has said, the film also has something of the agonising atmosphere created in ′The Verdict′ (1982), in which Lumet faces an old and alcoholic Paul Newman with another case of Catholic corruption, this time in a hospital.

The team that won the Pulitzer prize in 2003 guided the actors through a meticulous project. Rachel McAdams spent days studying the real journalist′s manner of speaking by listening to recordings of her voice. Their interest was not in the private life of the characters, but in the investigation itself. The film solidly sets the scene and follows a clean and clear storyline, without getting lost in side stories.

Everything is done with precise camera control, using mainly wide and mid shots, keeping close ups for the dramatic moments at each new discovery, or for the tragic evidence given by the victims. Time is slow, but it increases in intensity without becoming sensationalist, creating a magnetic and impeccable story, which is really brilliant, like little else these days.

INFORMATION OR OPINION?

The cinema is no longer what it used to be, but neither is journalism. When we see this investigative team at the beginning of the millennium, taking notes by hand, checking directories, retrieving old newspaper articles and trying to put some order in all that information by drawing up lists, we realize that we are a long way from that kind of communication.

By reducing press releases to the minimum and trusting that all information can be found online, we have fallen for thinking that not only is knowledge more easily accessible to everyone, but that truth can no longer be manipulated. The results are obvious. Opinion has taken the place of information and the internet is full of comment, pontificating on human and divine matters, as if everyone knew everything.

The issue of religion has, in particular, become a minefield. Regardless of what you say, you are always going to upset someone . As a Protestant writing about this film, I already know that my catholic friends will say: ′What does he know?′ It is not surprising: when you talk about beliefs and deep convictions, reactions are all the more radical. The only thing that people want to know is whether you are for or against. Everything is opinion and there is no place for nuance.

This is why truth ends up being the last thing that you find in religious information channels. What matters is the issue that you are defending or condemning, and who you are arguing for or against. Everything is partisan.

In religious media, doubts are even cast regarding the news itself: what is the point of talking about this? Whose interests does it serve? There are many taboo subjects. And when a news item is deemed offensive, it can always be cast as sensationalist. This is why I have been surprised at the reaction of many Catholics to this film.

A CATHOLIC PROBLEM?

′Why Catholics should be grateful for ‘Spotlight′ and the media′s exposing abuses within the church′ is the provocative title of an article singing the praises of the film, published in the Washington Post by the associate director of Catholic Voices USA, Christopher White. The prestigious catholic critic Steven Greydanus - who writes about ′Decent Films′ in a popular blog that takes a clearly conservative stance - had already struck the note for public opinion in the National Catholic Register, saying that it would be ′easy for Catholics to seize on these and other issues and defensively dismiss the film as a hatchet job′.

This does not seem to be ′accurate or helpful′, given that ′Spotlight confronts us in a new way with the disastrous consequences of patterns of denial and deception′, when ′the Church is called to be the light of the world′, it must not ′fear to turn a spotlight on′.

Likewise, Vatican Radio described the film as ′honest′ and ′compelling′ , given that according to Luca Pellegrini, it shows the ′inexhaustible and uncontainable force of the truth.′, since it does not ′give in to personal interpretation or fall[s] into the trap of scandal′. All these Catholic commentators coincide in talking about it as something that happened in the past, regretting that history does not talk about what has happened since, with the current Pope establishing a ′zero tolerance′ to these abuses.

What is true though is that the man in charge of the archdioceses at the time, Cardinal Law, was transferred to Rome by John Paul II, who put him in charge of one of the four pontifical basilicas, Santa Maria Maggiore, dedicated to Mary.

It is the transfer of these priests that has triggered denunciations in films like that of the Chilean Pablo Larraín, ′The Club′, which won the Grand Jury Prize at the Berlin Festival in 2015. On the one hand, this attempt at rehabilitation certainly has something admirable about it, considering that there are churches that treat moral failure as if they were an army dealing a final blow to the injured.

On the other hand, we need to ask ourselves who these injured people are. This is not just a case of physical but also spiritual abuse . The victims have suffered in silence in an institution that has given them life, in the search of eternal salvation. In the words of the people interviewed by the Spotlight team, they felt forced to do these things because ′how do you say no to God?′.

AN ABUSIVE CHURCH

It is amazing to see the power that the Church wields in the United States, a country that many identify with Protestantism. However, as Billy Graham′s grandson, Boz Tchidvijian - a law professor that has served as public prosecutor on cases for the protection of minors - argues, this is not just a Catholic problem.

According to the three insurance companies that insure the majority of Protestant churches in the United States, the annual number of complaints for the sexual abuse of minors with any basis, is of 260, while the Catholic church says that it receives only 228. Aside from these statistics, however, there is no justification for the abuse of even one child, all the more so in a church context.

For me, this stands in contrast with the way in which churches show themselves to the world, condemning sexual immorality and claiming that religion is the remedy for all evil. As Tchidvijian says, there is a need for ′humility that enables us to be slow in pointing the finger at others, and quick to the difficult and sobering task of self-examination′.

The strength of the argument in ′Spotlight′ lies in the wise words of the newspaper′s Editor: ′We need to focus on the institution, not the individual priests. Practice and policy′. The aim is to ′point to the flaws in the system′.

It is not a problem of a few ′rotten apples′, as the Church′s defence lawyer says. He then however changes his mind and confirms the details. It is, as the admirable lawyer of Armenian origin observes, a collective effort, which can both educate an abuse a child.

Therein lies the danger of a religious system that instead of revealing evil, hides it. This is what moralism has done in many churches, turning them into centres for hypocrisy that claim the right to judge the world when, in reality, they are part of it.

WHY SEE THIS FILM?

This is a film that I think that we should all see . I don′t tend to say this often. There are few films that I write about that I would consider suitable for everyone. In this case, though, the sobriety and decorum with which this delicate subject is addressed, makes it an easy recommendation to make to any adult.

Those of us who think that the cinema is more than just a means of entertainment, or a means of personal expression, can see in ′ Spotlight′ an instrument of denunciation which rejects the temptation of morbid sensationalism, to make us face up to the truth that the religious audience doesn′t want to hear.

The journalists that investigated this story had a catholic education. He said that he used to like going to church and always thought that he would one day go back. He held onto that idea, later feeling that it had been taken away from him.

That is also feeling of the head of the investigative team, played by Michael Keaton, who was informed of the facts before anyone else and blames himself for not having done more about it.

Several of the actors have had a catholic education. John Slattery, known for his role as a 1960s publicists in Mad Men, grew up in Boston′s Irish community. He was an altar boy, just like Michael Keaton. When he was a teenager he had heard stories like these at his catholic school, but he thought that they weren′t serious. He didn′t imagine the scale of the problem, or that it could have been covered up for such a long time.

LIGHT IN THE DARKNESS

Shakespeare said that the evil that men do lives after them. Many of us have suffered due to the evil of others , in the same way as we are responsible for other people′s suffering. Like Shakespeare′s Lady Macbeth, we can continue scrubbing our hands, or licking our wounds, but none of all that can change the past. When we recognize our wrongdoings and confess, it is the present that changes.

When the journalist, played by Keaton, regrets his complicity with the silence surrounding the crime, his boss says to him: ′sometimes you′re stumbling around in the dark until someone turns on a light…Then, when the light comes, there is plenty of blame to go around′.

We live in a society in which everyone considers themselves to be a victim of something, or someone. No one wants to face up to their own responsibility. It is always someone else who is to blame for what is happening.

Accordingly, many people will blame God for the wrongdoings of his representatives. Where is the God of justice who allows these things to happen? Together with the character played by Ruffalo, we would like to think that Christianity was different, but we ourselves have stopped putting it into practice.

Rejecting God because of the faults of his servants, is like not eating because something has disagreed with us. No one can accuse God of treating evil lightly. He has judged it with such severity that his own Son paid the price for it. In that we also see his mercy.

The light that exposes the failings of others, also highlights our own failings. ′God is light, and in him is no darkness at all.′, says John (1 Jn. 1:5). ′If we say we have no sin, we deceive ourselves, and the truth is not in us.′ (v. 8). But if we confess our sins, he is faithful and just to forgive us our sins and cleanse us from all unrighteousness (v.9). That is our only hope!




Comentario de josefina nuñez funes lastra

"El tema central de Spotlight, es un asunto que debe darse a la l uz dela mayoria de los habitantes de nuestro planeta.No debe esconderse y habria que poner en alerta a todos los niños y esto ser llevado a cabo por una junta de especialistaS EN el tema: a que edad decirlo a los niños y los enormes cuidados al informar al niño sobre este terrible flagelo." (2018-02-17 17:36:09)



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