Ready Player One: Paraísos más allá de la realidad

Sevilla, 23 de abril de 2018. Con poco que nos pongamos a meditar de forma sincera acerca de la realidad de quiénes somos y el mundo que nos rodea, es fácil comprender por qué muchos buscan escapar de sus vidas sumergiéndose en mundos virtuales donde uno puede llegar a convertirse en lo que siempre soñó ser. Nos referimos a mundos como OASIS, el universo que Ernst Cline describe en la novela que Spielberg ha llevado a la gran pantalla: “Ready Player One” (2018). El director de “A. I. Inteligencia Artificial” (2001) y “Minority Report” (2002) nos presenta una distopía futurista que nos advierte del peligro de refugiarse en paraísos que van más allá de la realidad.



En 2011, Ernst Cline debutaba como novelista irrumpiendo en la literatura de ciencia ficción estadounidense con la publicación de “Ready Player One” (Random House), una exitosa novela cuyo protagonista, Wade Owen, vive en una distopía donde la población intenta lidiar con una crisis económica mundial a través de OASIS (Simulación de Inmersión Sensorial Ontológica Antropocéntrica, en su traducción al castellano), un universo virtual que permite a sus jugadores tener todo aquello que no pueden conseguir en la vida real. Al contar cómo fue su reacción al enterarse de que Steven Spielberg estaba interesado en dirigir una película basada en su novela, el autor reconoce en una entrevista para El País que le parecía “un sueño, sin más […] Le dije directamente que si no fuera por él, no habría escrito esta novela”. Al igual que el creador de OASIS (James Donovan Halliday), Cline es un ferviente devoto de la cultura pop de finales del siglo XX y de ahí que la novela esté repleta de nostalgia por el cine de Amblin, la productora fundada por Spielberg a principios de los ochenta. ¡Hasta la libreta que porta el avatar del protagonista es una clara referencia a “Indiana Jones y la última cruzada” (1989).

A pesar del entusiasmo de Cline y los más de 53 millones de dólares que la película recaudó en los primeros cuatro días después de su estreno el 29 de marzo, la crítica ha vuelto a rasgarse las vestiduras acusando al director de buscar el taquillazo fácil con una historia atiborrada de triunfalismo, efectos especiales y poca profundidad en sus personajes. De algún modo u otro los largometrajes de Spielberg casi siempre acaban siendo cursis, pretenciosos o meramente comerciales para la crítica… pero lo cierto es que cada film del director norteamericano es una expresión íntima de sus temores, deseos e ideales más personales. Por ello, aunque muchos ven en Ready Player One un alarmismo simplista con respecto al mundo de las redes sociales o la realidad virtual, para Spielberg es mucho más que eso. Como el mismo director le comentaba a Guillermo Abril en una entrevista, OASIS es el recordatorio de que “mucha gente, por poco dinero, puede escapar a otra existencia de su creación. Y olvidarse de cómo les afecta el mundo real”. ¿Huir de la realidad o afrontarla con todas sus consecuencias? No sólo es el dilema que nos presenta Ready Player One, sino la pregunta que ha perseguido al Rey Midas de Hollywood a lo largo de varias etapas de su vida.

Huyendo de la realidad

En octubre de 2017, HBO lanzaba el magnífico documental “Spielberg”, dirigida por Susan Lacy, experta en derribar la mitología que la cultura popular crea alrededor de las figuras más emblemáticas del celuloide. A mitad del largometraje, es impactante escuchar al propio Spielberg hablar del efecto que el divorcio de sus padres tiene en casi toda su filmografía. A sus problemas de autoestima por ser “un muchacho enclenque” con “aficiones raras”, como recuerda una de sus hermanas en el documental, hubo que añadirle una separación traumática que propiciaría un silencio entre padre e hijo que duraría diecisiete años. Por entonces, la única estrategia que el joven Spielberg posee para afrontar la cruda realidad de un hogar roto es crear universos paralelos donde alienígenas venidos desde galaxias lejanas le brindan la compañía y el afecto que tanto echa en falta. Años después, estas fantasías se convertirían en el leitmotiv de “Encuentros en la tercera fase” (1977) y “E.T. el extraterrestre” (1982).

En Spielberg podemos reconocer fácilmente “un cierto síndrome de Peter Pan”, como menciona Federico Alba en “El cine fantástico de Spielberg: Padres ausentes. Niños perdidos” (Encuentro, 2017). Por una parte, ha sido una fuente de inspiración esencial para modelar el original estilo narrativo del director, pero por otra, le ha mantenido lejos de solucionar sus problemas personales en ciertas ocasiones. Es sorprendente y emotivo descubrir en el documental de Lacy que la negativa de Spielberg a hablar sobre la separación de sus padres a lo largo de su juventud, le lleva inevitablemente a pensar durante años (con bastante ira e impotencia) que su padre había abandonado a su madre, cuando en realidad era su madre quien había decidido divorciarse tras haber engañado a su padre con el mejor amigo de este. Por esto mismo, Ready Player One se torna aún más personal para Spielberg, sobre todo si tenemos en cuenta la figura de Halliday, un “creador que odia a su creación”, un universo virtual que evita la reconciliación con sus seres queridos en el mundo real: “No sabía cómo conectar con la gente. A lo largo de toda mi vida tuve miedo hasta que supe que llegaba el fin. Fue ahí cuando me di cuenta de que por más terrorífica y dolorosa que pueda ser la realidad, es también el único sitio donde puedes encontrar verdadera felicidad. Porque la realidad es real.”

El verdadero paraíso

Otro aspecto que irrita desde hace mucho a los detractores del cine spielbergiano, es el tono positivo que poseen la mayoría de los largometrajes del director. De hecho, es uno de los elementos que más ha sido criticado en Ready Player One. Esto no parece importarle mucho a Spielberg, ya que aunque afirma que “todo nuevo medio que proporciona una válvula de escape de nuestras responsabilidades es un peligro”, reconoce que tiene “una visión muy positiva”. “Incluso cuando las cosas parecen lo más oscuras” el director cree “que habrá un amanecer”. Sin embargo, estas afirmaciones contrastan con el diagnóstico que el propio Spielberg hace de nuestra situación con respecto a los mundos virtuales que hemos creado: “Esta película trata de ilustrar cuántos preferirían vivir en un mundo de su creación antes que transformar aquel en el que nacieron”. ¿No es acaso esta la contradicción en la que nos encontramos todos? A lo largo de nuestras vidas anhelamos atisbos de algo auténtico y real en este mundo pero basta con ser sinceros unos instantes para darnos cuenta de que preferimos abrazar aquellas mentiras que hablan bien de nosotros mismos antes que aceptar la verdad de quiénes somos. Parece inevitable crear realidades alternas que hagan más soportable la vida.

El verano pasado Ernst Cline le comentaba a Luis Sucasas que “la cultura pop puede ser como una religión”, una realidad virtual que puede ayudar a entender y dar sentido al mundo en el que vivimos. Sucasas capta bien la idea al decir que hoy en día “las enseñanzas morales que reciben los jóvenes llegan más por Luke Skywalker que por Jesús.” Y ¿no es así como muchos (incluso dentro de la iglesia) ven la fe cristiana y sus promesas? Una realidad alternativa, un paraíso virtual que hace más llevadera la existencia pero al fin y al cabo, sólo es eso, “un cuento de hadas” más que nos anima a ser mejores personas.

No obstante, si se hace una lectura cuidadosa, es fácil darse cuenta de que La Biblia no propone un estilo de vida que pueda hacer mejores a las personas. Eso sería como intentar arrancarle las manchas a un leopardo (Jeremías 13:23); la verdadera distopía se encuentra en el corazón del ser humano (Marcos 7:21). Por otra parte, el paraíso que nos presenta el evangelio es muy distinto a cualquier realidad virtual que el hombre haya creado en su imaginación para hallar sentido y esperanza. Muchas religiones o realidades virtuales como OASIS hallan esperanza en mundos donde algún día podremos obtener todo aquello que no pudimos permitirnos en la vida real o terrenal (bebida, comida, sexo, posesiones, salud, etc.). El cristianismo por su parte, nos ofrece una relación. Una auténtica relación personal con alguien que acepta la realidad de quiénes somos y nos ofrece una transformación total a través del perdón y el favor inmerecido. Para los cristianos, el verdadero paraíso no es un lugar o un objeto preciado, es una persona, Jesús de Nazaret, el único que de verdad puede saciar nuestra sed de algo real (Juan 4:14)…

¿Quién iba a pensar que algo así podía dar esperanza? Y aun así, esa comienza a ser la experiencia de millones de creyentes alrededor del mundo que aguardamos ese Paraíso más allá de la realidad que contemplamos. Creemos, como decía C.S. Lewis, que “en el presente estamos a las afueras del mundo, del lado equivocado de la puerta. Discernimos el frescor y la pureza de la mañana, pero esta no nos refresca, ni nos purifica. No podemos mezclarnos con el esplendor que vemos. No obstante, las hojas del Nuevo Testamento susurran el rumor de que no siempre será así. Algún día, Dios lo quiera, entraremos.”


Dani Sazo
Escrito por Dani Sazo:

Ver sus 3 artículos en Entrelíneas
Entrelíneas: Página principal
Entrelíneas Cine Ready Player One

Escrito en Sevilla por el () . Hasta el día de hoy esta página ha tenido 718 visitas y 1 comentarios. Puedes seguirle también en .

SELECCIÓN: +RECIENTES +VISITADOS +COMENTADOS +COMPARTIDOS


Escucha y descarga cientos de PODCASTS



Comentario de Tito Pollo MC

"!Esta muy bien! Muy buena reflexión y análisis. Sigue asi máquina, nos vemos."

¿Quieres responder al comentario de Tito Pollo MC ? [+]


Por favor escribe las letras y los números de este código en el siguiente recuadro:

¿Deseas recibir notificación de otros comentarios al mismo artículo? No









¡Añade tu propio comentario!


Por favor escribe las letras y los números de este código en el siguiente recuadro:

¿Deseas recibir notificación de otros comentarios al mismo artículo? No