Estudio

Neon Genesis Evangelion: esperanza en un nuevo comienzo

Sevilla, 21 de Agosto de 2019. “Crecí en una época en la que se decía que la ciencia era maravillosa […] pero la contaminación se convirtió en un problema social. Tuvimos el caos del petróleo y a partir de ahí la gente comenzó a decir cosas diferentes” dice Hideaki Anno (Prefectura de Yamaguchi, 1960) en una entrevista para la edición nipona de Popular Science. Y es esta misma ambivalencia del artista japonés frente al desarrollo científico la que guía su gran obra, “Neon Genesis Evangelion” (Gainax, 1995), la popular serie de anime que Netflix ha vuelto a emitir este verano tras duras negociaciones. Por medio de tópicos tan dispares como robots gigantes, sexualidad adolescente e imaginería judeocristiana, Anno y su equipo de otakus vuelve a plantearnos de forma extravagante la ambigua relación entre el hombre y la tecnología para hablarnos de relaciones rotas, la soledad y el sueño imposible de un nuevo comienzo.

Situándonos de manera inverosímil en 2015, “Shin Seiki Evangerion” (“Neon Genesis Evangelion”) nos presenta un mundo postapocalíptico donde seres llamados “Ángeles” atacan la Tierra. Para evitar el desastre, científicos japoneses del instituto paramilitar NERV desarrollan enormes cíborgs (“Evangelions” o “EVAs”) tripulados por niños. Entre estos últimos se encuentra Shinji Ikari, quien tendrá que hacer frente a sus pesadillas psicológicas mientras intenta salvar a la humanidad.

Dicho de este modo, Eva, como le gusta llamarle a su director, no parece más que otro anime estrafalario. Pero si tenemos en cuenta que algunas ediciones de sus DVDs (¡de segunda mano!) cuestan entre 100 y 250 dólares y que Netflix no ha querido pronunciarse sobre cuántos millones ha tenido que desembolsar para adquirir la licencia de emisión, habría que preguntarse qué tiene esta historia de robots mitológicos que ha atraído tanto a la audiencia japonesa desde su estreno a mediados de los noventa. Y para comenzar a comprender esta obsesión primero tendremos que hablar de otra: Japón y los robots.

Amor por los robots

Nada más comenzar el siglo XVII, la sociedad nipona dio inicio a una de las etapas más peculiares de su historia: el periodo Edo. Tras la imposición de la política sakoku por miedo a una cristianización y colonización europea, durante más de doscientos cincuenta años los japoneses quedarían aislados del mundo entero limitando su contacto con el exterior a unos pocos tratados comerciales con China y los Países Bajos en la ciudad de Nagasaki. Como menciona Timothy Hornyak en su magnífico libro “Loving the Machine: The Art and Science of Japanese Robots” (Kodansha International, 2006), a pesar de lo severas que podían ser las penas por intentar salir o entrar al territorio japonés, u obtener libros extranjeros, la estabilidad política de este periodo permitió un desarrollo cultural que dio lugar a visiones muy particulares sobre la ciencia y la tecnología que aún perduran en la psique japonesa.

Antes de que el shogunato Tokugawa limitase las relaciones internacionales, gran parte de los avances en ingeniería (sobre todo en la fabricación de relojes) de los Países Bajos había llamado la atención de muchos japoneses. Para cuando se cerraron las fronteras, ya habían varios especialistas en el archipiélago del Pacífico que sabían cómo fabricar diversos tipos de máquinas semiautónomas. Sin embargo, en lugar de limitar este conocimiento a la creación de maquinaria que hiciese más fácil el trabajo, varios ingenieros nipones hicieron un uso más lúdico y artístico de estos avances. De este modo, en 1662 Takeda Omi ofrece a los habitantes de Osaka un divertido espectáculo de marionetas “mágicas”: propulsados por el agua del canal de la ciudad, los muñecos de Omi parecían tener vida propia sobre el escenario. Es así como aparecen por primera vez los llamados Karakuri, cuya traducción podría ser “dispositivo mecánico para hacer trucos, molestar o sorprender a alguien”.

Estas marionetas tuvieron tal éxito en Japón que muy pronto empezaron a construirse muñecos con un aparataje interno cada vez más complejo, como el servidor de té de Yorinao Hosokawa. Este inventor del periodo Edo se adelantó casi dos siglos a IKEA al escribir en 1796 “Karakui Zui” (“Maquinaria Ilustrada”), donde describe paso a paso cómo construir una marioneta que sirve el té a los invitados. En YouTube se puede comprobar que este autómata de madera además de ofrecer el té, también hace una reverencia muy solemne. Como afirma el que fue decano de la facultad de tecnología en la Universidad de Toyota, Yoshikazu Suematsu, este detalle emotivo y artístico que le otorgan los ingenieros a los karakuri durante los siglos XVII y XVIII explica muy bien el desarrollo de las diferencias culturales entre occidente y Japón en lo que a robótica se refiere: “el objetivo de los autómatas en el silgo XVII en Europa era reproducir actividades humanas […]” mientras que “en Japón [los karakuri se creaban] para el arte; su fin no era el mero avance tecnológico o científico”. Es así como las karakuri dan comienzo el “romance” entre japoneses y robots. Pero lo que definitivamente va a consolidar en el siglo XX este amor por los robots es el protagonista del primer anime de la historia: “Tetsuwan Atomu”, más conocido como “Astro Boy”.

Un robot con alma

La primera vez que aparece Astro Boy como manga es en abril de 1951 en la serie “Atomu Taishi” (“Embajador Atom”). En ella, el robot humanoide actúa en un circo de máquinas, tal y como le ocurre al Pinocho de Codolli o a David en A. I. de Spielberg, pero pronto será enviado como intermediario entre los seres humanos y una raza de alienígenas para evitar un desastre nuclear. Este rol de mediador será esencial en el anime que realizará en los sesenta Osamu Tezuka, el creador de este singular personaje.

Tezuka nace en 1928 en la prefectura de Osaka, descendiente de una familia adinerada y muy respetada en la región (por parte de madre). Es su padre quien le contagia la pasión por el dibujo a una edad muy temprana, siendo este un ilustrador de cómics con cierta reputación que también trabaja en el cine y la fotografía. A pesar de las duras situaciones de acoso escolar que sufre desde pequeño logra entrar en la facultad para comenzar sus estudios de medicina en la Universidad de Osaka y es allí donde obtiene sus primeros éxitos como dibujante. Más adelante, a la vez que va forjándose el título de “Padre del manga”, trabaja en un hospital donde un soldado americano le agrede dándole un puñetazo en la cara. Según Tezuka, es este altercado el precipitante que le lleva a crear a Astro Boy o Atom.

Tras su inclusión en “Embajador Atom”, animado por el éxito que tiene el androide entre el público, Tezuka crea una serie en la que Astro Boy será el protagonista, “Tetsuwan Atom” (1952). En este manga, el artista amplía la historia pasada de Atom y nos cuenta que el robot fue creado para sustituir al hijo del doctor Tenma, fallecido en un accidente de tráfico. Este científico se da cuenta de que Atom nunca crecerá, que jamás logrará sustituir a su hijo y acaba rechazando al robot. Lejos de mostrar rencor, tras recibir la ayuda del Dr. Ochanumizo, Atom se convierte en un “embajador de la paz” en la Tierra. Su compromiso con el hombre llega a tal punto que en el último capítulo del anime, emitido en 1966 y visualizado por el 40% de la población japonesa que poseía un televisor, Atom decide sacrificarse a sí mismo para salvar a la humanidad de una bomba de hidrógeno. Con este mensaje conmovedor, Tezuka presenta a los japoneses un héroe muy diferente al que estaban acostumbrados a ver: Atom es un robot que se redime de su imposibilidad de ser un niño real mostrando más humanidad que los propios hombres que no cesan en su afán por el poder y la violencia. En 2004, Rodney Brooks y Arthur C. Clarke (guionista de “2001: Odisea en el espacio”) le dieron a Astro Boy el honor de formar parte del exclusivo Salón de la Fama de los Robots por ser “el primer robot con alma”. El personaje de Tezuka se convierte así en la imagen total de que los robots no sólo pueden ser amigos de los seres humanos sino ¡también su salvación!

Lo más interesante del personaje de Atom es que su propio creador, al igual que Hideaki Anno, mantenía una relación ambigua con el progreso tecnológico. Superviviente del bombardeo en Osaka y testigo del poder destructivo de las bombas atómicas durante los años cuarenta, Tezuka estaba “lejos de pensar que la modernización podía redimir la depravación humana”, como menciona Hornyak. Frederick L. Schodt, amigo y traductor de Tezuka durante varios años, decía que “si lees con cuidado sus historias, te das cuenta de que Tezuka desarrolla un fuerte escepticismo sobre los beneficios de la tecnología […] desarrolla una profunda conciencia de la debilidad del hombre y el peligro del mal uso de la tecnología”. Por tanto, más que plasmar las esperanzas en un progreso tecnológico brillante, la figura de Atom se erige desde la necesidad de hacer una crítica del ser humano. El profesor de arte, Yukio Kondo, afirma que “acarreando con la imperfección y las contradicciones humanas, Atom se pregunta: ¿por qué los hombres son tan necios?”. Al otorgarle un alma a Astro Boy, Tezuka asigna por primera vez a los robots el nuevo rol de agentes morales. Y es aquí donde el primer anime y la obra de Anno se encuentran: Evangelion recupera el carácter reconciliador de Atom y a su vez, a través del poder y la violencia de los EVAs nos muestra con crudeza nuestra verdadera condición.

Mechas: problemas humanos, robots gigantes

Cualquiera que haya visto un poco de anime se habrá dado cuenta de que los EVAs son un reflejo de la larga historia de robots gigantes tripulados o “mechas” que han creado los artistas japoneses desde principios de los años setenta. Así, al ver en pantalla al EVA 01 de Shinji, a muchos se nos habrá venido a la cabeza “Mazinger Z” (1972) de Kishioshi Nagai o el RX-78-2 de Yoshiyuki Tomino en la serie “Mobile Suit Gundam” (1979).

Aunque “Mazinger Z” fue el primer mecha de la historia del anime y el manga, Gundam supuso la madurez de este género. Por ello, vemos que mientras la serie de Nagai crea el “super-robot” (un mecha fantástico, con poder desorbitado y lleno de misticismo), Gundam nos presenta un “real-robot”, (un mecha más realista, cargado de jerga científica y vulnerable). De ahí que sea novedosa la aportación de Eva ya que sus máquinas se colocan en un punto intermedio entre ambos tipos de mechas. A pesar de que el lenguaje técnico de su aparataje es complejo, los Evangelions no renuncian en ningún instante al carácter místico y orgánico de su naturaleza.

La razón de presentar a los EVAs entre ambas categorías no es una mera excusa para atraer a más audiencia, como sí ocurre con las personalidades de las protagonistas femeninas, tal y como confiesa Anno. En este híbrido creado por el equipo de Gainax, en lugar de rechazar las ideas de Gundam, se retoman con más fuerza sus planteamientos en torno a los conflictos psicológicos que surgen en la relación máquina-niño. Al compartir el 90% del ADN humano, los EVAs desdibujan la línea entre lo humano y lo robótico. Tanto es así que en los instantes más violentos de la batalla entre EVAs y Ángeles comprobamos que los Evangelions manifiestan más su carácter humano que el artificial. La fuerza armamentística del robot tripulado se convierte así en la imagen del poder de los deseos de sus tripulantes: la furia, la frustración y los traumas de Shinji y Asuka son los que transforman a sus EVAs en algo verdaderamente monstruoso. Mientras RX-78-2 personifica la “ausencia del padre” para Amuro en la serie Gundam, en Evangelion Shinji se encuentra con la grotesca cara de EVA 01 al verse en un espejo.

Ese es “el toque Mary Shelley” que hace tan interesante a la serie de Anno, dice Maya Phillips para el New Yorker, “ya no se trata sólo del horror del monstruo […] sino de la semejanza entre la criatura y el creador, absorbiéndolo para convertirse en algo nuevo: algo sin límites y más terrorífico que antes”. Si Tezuka juzgaba los errores del hombre a través de su pintoresco Astro Boy, los EVAs de Hideaki Anno son el propio retrato de Dorian Gray de la humanidad que desvela quiénes somos en realidad y la situación de desamparo en la que nos encontramos.

La soledad de Shinji

Se han escrito cientos de páginas describiendo los diversos conflictos psicológicos y términos freudianos que presenta Evangelion pero si hay un tema que domina toda su historia este es la soledad. El silencio del tren, calles y colegios abandonados, las cigarras que despiertan a Shinji en el hospital… “otro teléfono que no volverá a sonar” dice Misato tras la muerte de su amante. La explicación de este sentimiento de desamparo queda plasmado en el dilema del erizo que Ritsuko le comparte a Misato en el episodio 3 y que se convertirá en el hilo conductor de la resolución de todos los protagonistas: “aun cuando un erizo desee estar cerca de otro [para resguardarse del frío], cuanto más cerca estén, más daño se harán el uno al otro por sus espinas”. Por supuesto, la famosa ilustración del erizo no es de Anno sino del filósofo alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860), a quien el creador de Eva parece haber leído con asiduidad.

Esta visión tan desgarradora y simpatizante de las ideas de Schopenhauer se fundamenta en la experiencia personal de Anno, quien ha afirmado en numerosas ocasiones que durante la elaboración del anime tuvo intensos episodios depresivos. Hay quienes llegan a pensar que el anime no es más que una sesión catártica del artista japonés con mechas y distopías como excusa. Además de esto, varios autores hablan del impacto que tuvieron en el equipo de Gainax (y en la conciencia del país) los atentados llevados a cabo por la secta “Aum Shinrikyo” a finales del siglo XX, sobre todo el ataque con gas sarín en 1995 que asesinó a 13 personas en el Metro de Tokyo, tan solo unos meses antes del estreno de Evangelion. Estos fuertes sentimientos de desesperanza y vacío son los que impregnan el dilema del erizo. Eva deja claro que el mayor conflicto de los protagonistas no reside tanto en su compromiso con la misión o su capacidad armamentística para derrotar a los ángeles, sino en el dolor que acarrea la necesidad de intimidad (representada por el deseo sexual) y la incomprensión que trae consigo todas las tensiones. Esto explica por qué los últimos dos capítulos del anime se convierten de repente en una terapia en la que Shinji deberá buscar escapatoria a este dilema sin salida.

Tiene que ser un personaje de doble naturaleza (humano y ángel) “el que nos muestre el camino”, dicen Matt Reichle y Michael Luxemburg en el canal Wisecrack, “Kaworu abandona sus deseos y voluntad para que Shinji viva; se muestra vulnerable y abierto en su amor absoluto a Shinji. Representa la salida a este ciclo de sufrimiento y aislamiento”. Sin embargo, mientras este misterioso personaje seduce a Shinji en un sauna, también nos recuerda que “el hombre no puede borrar completamente este sentimiento de tristeza porque todos los hombres están solos”.

¿Es posible comenzar de nuevo?

La mitología y el simbolismo religioso que envuelve todo el relato de Evangelion es un galimatías que puede llegar a hastiar al espectador. Las figuras cabalísticas y las alusiones a personajes de la tradición hebrea son tan vacíos que da verdadera pereza referirse a estos. Mientras Gendo Ikari contempla impasible cómo brotan ojos del “Adán” colgado en una inmensa cruz, uno se plantea si todo este simbolismo no es más que el resultado de la curiosidad nipona por una religión tan extraña a su cultura como lo es la cristiana.

Timothy Hornyak no descarta que esta “esquizofrenia” y obsesión mitológica pueda haberse dado por el interés de los artistas en alejarse de todo lo creado hasta entonces. Pero según la opinión de este autor, esta amalgama de imaginería religiosa tiene su razón en la crisis de identidad y desencanto del propio Anno. Por una parte, es fácil comprobar que la visión ambivalente del progreso tecnológico del director es muy similar a la que mantenía Tezuka. En la cita con la que introducíamos este artículo, Anno agrega que “la ciencia era genial, la ciencia mandaba” pero tras comprobar en las últimas décadas los peligros de su mal uso “nos preguntamos si nuestro futuro con la ciencia será bueno o malo”. La ilusión y esperanza que en su momento inspiraron los karakuri o Atom parecen haberse diluido completamente. El famoso artista, Takashi Murakami (Tokyo, 1962) dice para la revista “Little Boy” que “la crisis de identidad de Shinji […] personifica las dificultades que encaró Japón durante la posguerra; una nación que se recuperó del trauma de la guerra sólo para darse cuenta de su incapacidad para crear su propio futuro: al igual que Shinji, Japón está analizando la raíz de su parálisis existencial”. Es por esto que la alternativa a los problemas del mundo en Evangelion no pasa por la fuerza de sus robots sino por el corazón de sus tripulantes.

En una entrevista un año después de la primera emisión de Eva, Anno afirma sorprendido que “es extraño que Evangelion haya sido todo un éxito ¡Todos los personajes están enfermos!”. De alguna forma, todos nos vemos reflejados en la soledad y la incapacidad de amar de los protagonistas. La solución de Eva es el “Plan de Complementación Humana” que consiste en acabar con la individualidad y fusionar a todos los seres humanos en un mismo ser. Un nuevo comienzo que acabaría con la incomprensión, las guerras, la soledad y el dolor. “No es una vuelta a la nada”, dice Gendo, “sólo es volver al principio”. Curiosamente este deseo de “ser uno” y deshacerse del sufrimiento está estrechamente relacionado con la pulsión de muerte o Thanatos en el psicoanálisis que aparece en toda la serie. Esta pulsión no es más que el deseo de “volver a la tranquilidad del útero”, lo que en la práctica sería la muerte (¡como los tripulantes en el líquido amniótico de los EVAs!). Por eso, Kaworu comenta para desesperación de Shinji y todos nosotros que “el dolor es algo que el hombre debe soportar en su corazón y como esto le duele al corazón, fácilmente algunos llegan a pensar que la vida es dolor”.

Esta relación entre un nuevo comienzo con la vuelta a la matriz no es nada nueva... Cuando hallamos en el Nuevo Testamento a Jesús hablando de “nacer de nuevo”, el “maestro de Israel”, Nicodemo, capta rápidamente la metáfora y es consciente de que acabar con los conflictos del hombre sería como “entrar por segunda vez en el vientre de su madre”. “¿Cómo puede hacerse esto?” pregunta Nicodemo reconociendo la imposibilidad del hombre de subsanar nuestro mayor problema. Porque a pesar de los esfuerzos que hacemos para convencernos a nosotros mismos de que nuestros errores son “lecciones” o aspectos que nos hacen “únicos” como nos trata de vender la publicidad, lo cierto es que todos hemos soñado alguna vez con empezar de nuevo. Borrón y cuenta nueva. Las historias que contamos bastan para comprobar cuán inherente es este deseo a la naturaleza humana... Pero vez tras vez, hemos visto este sueño de un nuevo inicio derrumbarse por el egoísmo, el afán de poder y control de los hombres. Porque nuestro verdadero problema no es tecnológico, ni psicológico, ni educativo. La verdad es que le hemos dado la espalda al único que podía sacarnos de nuestra obstinación. Como Shinji, nos encontramos sin escapatoria; tenemos una deuda moral con Dios de la que nadie puede huir.

Es por eso que las palabras de Cristo siguen siendo buenas noticias, el verdadero Evangelio para todos nosotros. No se trata del último artefacto creado por los hombres que al final acabaremos corrompiendo con nuestra codicia. A diferencia de la cruz vacía de Hideaki Anno, el Evangelio nos presenta la cruz de Jesucristo que esparce “agua limpia” para lavar nuestros corazones y darnos un nuevo Espíritu para poder amar de verdad, tal y como anunciaba el profeta. El nuevo Génesis ha comenzado por medio del único reconciliador entre Dios y los hombres, el Hijo que obedeció al Padre, Cristo Jesús. Ya no estamos solos. Es en Él donde podemos comenzar otra vez y descansar en el mismo amor absoluto, ese favor inmerecido, que sorprendió a Nicodemo aquel día: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.”

Dani Sazo
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Comentario de Longhinus

"entre al articulo sin ver que el sitio habla sobre fe , asi y todo opino que ¿todo este análisis para terminar con un párrafo simplista y ruin sobre religión y dios como la única salida a los problemas? todo esto es muy contradictorio, porque por un lado pareces captar cosas de evangelion pero por otro si lo relacionas con un dios y una religion significa que no has comprendido nada. El lema de Nerv es "dios está en SU cielo, todo está bien en el mundo" lo recalco así porque es una señal clara de que Evangelion habla de religión solo como recurso artistico, Eva es sobre problematicas psicologicas tal el rechazo temprano y todas las dificultades que esto acarrea, problemas que la ciencia soluciona y la religion solo disimula como el placebo que es. Evangelion, su trama y simbolos es un envoltorio artistico, para exponer problemas reales y concretos justamente sin caer en la mediocridad de un parrafo como el del final del analisis. Comprendo que no has entendido nada porque tus ojos están fanatizados, ciegos viendo cosas donde no las hay. " (2019-09-17 04:27:09)



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Comentario de José

"Gracias, justo terminando de ver la serie en NEtflix. Desde Lima PE´ru. Saludos " (2019-08-27 00:03:06)



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Comentario de Anonimo

"Magnifico articulo. Muchas gracias. Este anime me fascinó durante unos años de mi juventud. Me identificaba mucho con Shinji. Y me entristecia su soledad y el carácter esquivo y orgulloso de Asuka, ambos se atraían pero a la vez se repelían continuamente. Y Kaworu tenía mucho de Jesucristo, parecía llegar la Salvación con él a la serie. Pero no era Jesucristo. Algunas de sus características y amable personalidad apuntaban al Mesias, pero sus comentarios depresivos y vacias afirmaciones, simplemente mostraban un desconocimiento del Dios Real que se hizo carne, por lo que finalmente la obra de Anno muestra realmente su propia depresión sin salida y con él, la de todo Japón, que es uno de los países con mayores suicidios del mundo, terminando el anime con una terrible resolución, propia del infierno de no tener a Dios en el horizonte, sino a nosotros mismos: una suerte de genocidio-suicidio de la raza humana,y un final sin amor entre Shinji y Asuka. de hecho las últimas palabras de Asuka, tras tratar de estrangularla Shinji (y las de todo el anime) son "Me das asco". Es terrible como todo esfuerzo humano por amar sin Dios, y por Salvarse sin Cristo. Para Anno o hay Resurrección y Esperanza. Kawouru muere y no vuelve a la vida. " (2019-08-25 23:47:37)



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Comentario de Anonimo

"Buen artículo, saludos desde Lima. " (2019-08-25 15:39:18)



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