Estudio

Nat King Cole, cien años después

Nat King Cole, cien años después

Modificado el 2019/12/14

Madrid, 14 de Diciembre de 2019. Cuando hablamos de famosos, pensamos en sus grandes éxitos. Olvidamos que incluso la vida de las personas más excepcionales está llena de momentos de confusión y grandes dificultades. Hace ahora cien años que nació Nat King Cole (1919-1965), el hijo del predicador bautista que se convirtió en uno de los músicos más populares de todos los tiempos. Este año de aniversario se ha publicado una colección de siete discos con las primeras grabaciones del artista como pianista de jazz (Hittin´ The Ramp: The Early Years 1936-1943), antes de convertirse en el cantante melódico que más discos vendió de su generación.





Cuando uno lee una biografía con la extensión y profundidad de la que ha hecho Daniel Mark Epstein –publicada por la ahora desaparecida Global Rhythm–, se da cuenta que la fama de Cole fue precedida por años muy oscuros y una estricta educación evangélica. Busco siempre algún libro sobre el personaje que voy a escribir o hacer un programa de radio. Los artículos que suelo encontrar en Internet carecen de color y análisis, por muy extensos que sean –como la versión inglesa de Wikipedia, que no son más que una serie de datos acumulados–. Estos últimos años, además, ha aumentado considerablemente las traducciones de obras sobre músicos, que antes estaban sólo en inglés. Se han escrito incluso libros bastante dignos en castellano.

Una obra como la de Epstein destaca no sólo por la manera en que traza el contexto histórico y cultural de la época, sino también los detalles que conforman las peculiaridades de la iglesia afroamericana. El biógrafo de Cole es autor además de uno de los más importantes estudios en inglés sobre la Hermana Aimee. Esta famosa predicadora pentecostal, Semple McPherson (1890-1944), fue pionera del evangelismo radiofónico y fundadora de la Iglesia del Evangelio Cuadrangular. Su vida se eclipsó por un escándalo que inspiró la novela “Elmer Gantry” (1927) del Premio Nobel Sinclair Lewis y dio lugar a una excelente película de Richard Brooks, “El fuego y la palabra” (1960) –premiada con el único Oscar que tuvo Burt Lancaster en toda su carrera–.

EL HIJO DEL PREDICADOR

Aunque la carrera de Cole comienza en el Chicago de los años 30, cuando la mafia de hombres como Al Capone controlaba a los músicos negros ligados a un club nocturno como los esclavos a una plantación, su vida empieza hace un siglo en Montgomery (Alabama), ¡aunque no hay certificado de nacimiento! Su verdadero apellido es Coles, pero le quita la ese final ya en la adolescencia. Tenía tres hermanos, aunque los padres tuvieron el doble de hijos, pero el resto murió a los pocos meses de vida.

Es la época de la gran migración de familias afroamericanas del sur al norte del país, a la que a menudo se refieren en términos bíblicos del Éxodo del Egipto de la esclavitud. Se calcula que sólo entre 1916 y 1919, medio millón de negros abandonaron los estados sureños. Y un millón más en los años 20. Edward Coles era tendero y carnicero, antes de llegar a ser predicador, como su suegro, Dan Adams, fallecido ya en 1905. Lo que quería era, sobre todo, tener su propia iglesia. Había sido diácono en la Iglesia Bautista Beulah de Montgomery, donde daba clases y predicaba, pero no fue ordenado pastor hasta 1923.

Los cien mil negros que habían emigrado a Chicago trabajaban en los ferrocarriles, las acerías o los mataderos. La iglesia de Cole era una pequeña capilla, como es habitual entre la población afroamericana, no dada a megaiglesias. Muchas siguen estando en las dependencias de antiguas tiendas o locales comerciales. La esposa del predicador, Perlina, tocaba el piano y dirigía el coro, como era habitual en muchas iglesias afroamericanas. El padre tenía una voz fuerte y melodiosa, que acompañaba con energía su presencia dramática en el púlpito.

DOLOR Y REBELIÓN

La vida de los Coles está marcada por la enfermedad y muerte de la hija mayor, Eddie Mae, que falleció a consecuencia de una neumonía en 1925. La enterraron un oscuro y frío día de invierno. Nat era tímido y reflexivo. Hablaba con dificultad. Tartamudeaba tanto que todavía se puede notar su ceceo en las primeras grabaciones. Una noche recordaba que su padre habló en la cena de cómo Dios “puede hacer todo lo que uno sea capaz de imaginar, mover montañas, desecar los mares”, pero ¡no libró a su hermana de la muerte!

La “ley seca” había traído el auge de la mafia en los años 20 y los gánsteres controlaban el contrabando del alcohol que se vendía en bares clandestinos durante la Prohibición, donde el jazz proveía la música de fondo. El hermano mayor de Nat, Eddie a secas, tocaba el órgano en la iglesia, pero le fascinaba el jazz. Sus escapadas nocturnas hicieron que fuera apartado del coro, donde Nat le sustituye. Los dos compartían habitación y aprendieron a tocar el piano, como los demás hermanos. La música que se hacía en casa eran himnos y góspel tradicional, pero por la radio oían jazz. La disciplina familiar incluía entonces también castigos físicos, como los azotes con las correas que tiró un día el hermano mayor a la basura, para mayor furia del padre.

Eddie enseñó a Nat a salir por la noche por la ventana del dormitorio. Su local preferido era el Sunset Café, donde tocaba Louis Armstrong. Su corneta sonaba con tal volumen que se le oía con toda claridad desde la calle. Era un comediante nato. Sus ojos grandes brillaban sobre sus labios gruesos, que dejaban ver una blanca dentadura. Redondo y barrigón, tenía entonces veintitantos años. Sentado en una silla, embutido en su esmoquin, parecía adormilado y aburrido, hasta que le llegaba el turno como segunda corneta de levantarse. Y entonces tocaba espectacularmente. Los pequeños le conocían con el apodo de Pops, Papaíto, porque tenía siempre tiempo para ellos.

Eddie se pasa del piano al contrabajo en la banda del instituto. Su director era el autor de varios himnos conocidos. Nat comienza allí a tocar el clarinete. Su hermano recibe entonces la invitación de un director de orquesta para dar una serie de conciertos en Madrid. Como era menor, necesitaba el permiso de su padre, que montó en cólera cuando escuchó que su hijo quería dejar el instituto, para dedicarse a tocar en cabarets. Era un ambiente nocturno, dominado por la mafia, así como la prostitución asociada a estos locales abiertos toda la noche. Al marcharse su hermano, Nat se queda con la habitación y el piano para él solo.

“LA MÚSICA DEL DIABLO”

Mientras su hermano recorre España y Portugal, para unirse finalmente a un espectáculo de revistas por Italia y Rusia, Nat King Cole se dedica a tocar el órgano en la iglesia. En el culto afroamericano la música prolonga las frases del predicador con una cadencia emocional que une la alabanza con el sermón. Vive como tantos jóvenes, el conflicto entre la iglesia y el mundo, la música que cree que es para Dios y la que la cultura afroamericana considera del diablo. Al escaparse por las noches de casa, anda bajo las luces de neón para escuchar a su ídolo, Earl Hines. Como era menor y sin dinero, lo oye desde fuera, apostado en un callejón o bajo los raíles del tren, si llueve.

Como muchos grandes genios, sus notas escolares eran bastante mediocres, pero no aguantó en el instituto más de un año. Era amable y educado, pero tímido. Él y sus amigos no hablaban más que de música. Tocaba jazz durante la semana e himnos en la iglesia, el domingo. Acaba la Prohibición en 1933, las navidades que está en el instituto. Los gánsteres tienen que adaptar su negocio y hay un éxodo de músicos a Nueva York. Eddie vuelve a Chicago con un matrimonio tan breve como su noviazgo. El hijo del pastor era conocido por el juego y sus galanteos, para vergüenza del padre, que se sentía impotente. No sabía si culpar a los hijos o al tiempo corrupto en que le había tocado vivir.

Armstrong había regresado de París y se encontraba en horas bajas, enfermo y deprimido. Había pasado tres años recorriendo el mundo, para librarse de las garras de la mafia. Tocó tanto, que le sangraban los labios y el médico le había prohibido tocar seis meses. Hacienda le investiga, tras su divorcio, cuando se niega a darle a su ex una pensión. Es entonces cuando hace amistad con Nat King Cole y el guitarrista pelirrojo Les Paul, que dará nombre a un conocido modelo del instrumento. En 1934 Nat había montado su propia banda, los Royal Dukes. El verano del año siguiente se despide de Armstrong para hacer su primera gira, que tuvo un desenlace trágico.

Los Royal Dukes estaban actuando en Aurora, un enclave importante de ferrocarril, a orillas del río Fox. Se dirigían a Kankakee, cuando bajo el calor agobiante del verano los jóvenes se desnudaron para darse un chapuzón en el río. El trompetista conocido por el apodo de Rail, fue arrastrado por la corriente, ahogándose en el río. La madre de Nat, angustiada, pidió a su hermano que llevará de vuelta a su hijo a Chicago. Todo parecía indicar que la Providencia estaba en contra suya, al tomar la senda equivocada.

HERMANOS ENFRENTADOS

De vuelta a casa, los dos hermanos deciden hacer algo juntos. La relación no era fácil. Eddie era diez años mayor y había dejado un empleo lucrativo en la orquesta de Noble Sissle, para cuidar de su hermano, por solicitud materna. Los Coles Brothers se presentaron en un café de Chicago, el Panama, primero como Eddie Coles Band “con Nat Cole al piano”. Actuaba allí una bailarina de claqué, Nadine Robinson, por la que se siente particularmente atraído Nat. Era una chica soltera de 26 años, hija de pastor. Su piel era menos oscura que la de los hermanos, algo que llamaba mucho la atención del público afroamericano. Eddie se disputaba su atención, mientras ella vivía con remordimiento su alejamiento de la iglesia de su padre.

Eddie toma también la iniciativa en 1936 para su primera grabación en estudio como los Eddie Cole Swingsters. Se puede escuchar en ella el piano de Nat poco antes de cumplir los 17 años. Imita el estilo de Hines, haciéndose oír frente a la trompeta. Su primera gira por el sur se queda empantanada al quedarse sin dinero. Los hermanos se unen entonces al primer espectáculo producido, dirigido e interpretado solamente por negros, que triunfó en Broadway, Shuffle Along. Nat pensaba casarse con Nadine, pero Eddie se lo tomó a mal, ya que la chica le interesaba, al ver que su propio matrimonio se estaba yendo a pique.

Si el pastor Coles no se interpone físicamente, los dos hermanos habrían acabado a golpes. Estuvieron mucho tiempo sin hablarse. Nat se casa con esta otra hija de pastor en Kalamazoo (Michigan) en 1937. Ella dice tener 27 años, lo que no era cierto. Y él aseguró tener 21, lo que también era mentira. No tenía más que 17 años, pero no contaba con el permiso paterno. Se casaron en un juzgado, pero luego buscaron un pastor para repetir los votos. Ese año el reverendo Coles es nombrado ministro principal de la Primera Iglesia Bautista del Sur de Chicago. Nat no volvería a casa en mucho tiempo.

LA CIUDAD DE LOS SUEÑOS

El joven matrimonio se establece entonces en esa dorada tierra de promisión que era California. Viven en esa ciudad blanca hasta resultar cegadora que son Los Ángeles, donde millares de casas y edificios de oficinas brillan relucientes al sol. Allí se mezclaban los herbolarios chinos con las pastoras evangelistas, los nudistas con los amantes del surf. Al pasear por el bulevar Wiltshire, uno se podía encontrar desde un vaquero con sombrero de ala ancha a un hindú con turbante, un chino con kimono o un melenudo predicando alguna secta. Millón y medio de personas vivían ya en Los Ángeles, cien mil eran de origen mexicano, pero cincuenta mil eran ya afroamericanos.

En aquella sociedad segregada, los blancos eran admitidos en un club de negros, donde el baile interracial era un peligro seductor lleno de erotismo, pero los negros no podían entrar en un local de blancos, sino como parte del espectáculo. Al arruinarse el espectáculo musical en que trabajaba, Nat tiene que tocar en bailes, conciertos y celebraciones de iglesias, para poder vivir. Va de un club a otro por un par de dólares en pianos ruinosos, a cambio de propinas o incluso gratis. Muchos dicen que su estilo desnudo y sonoro viene de pulsar teclas mal ajustadas en instrumentos listos para el desguace. Mientras, Nadine era bailarina o camarera en cualquier club nocturno. Sin el apoyo de la familia, o la iglesia, Nat decide hacerse masón en una logia afroamericana. Busca encontrar la fraternidad que no encuentra en la fe, ni en el mundo.

Su primer trío nace de la necesidad de actuar en locales donde no cabe una batería. El contrabajista era hijo de otro predicador en Pasadena. Se llamaba Wesley Prince, que conoce a un guitarrista, Oscar Moore, que apodaban Jesus Boy porque había nacido en Navidad. La época dorada del jazz se suele considerar que va de 1924 a 1934. Era música de orquesta con solistas como Louis Armstrong o Earl Hines, pero ahora es la época del swing, que conforma un trío donde hay más equilibrio entre el solista y el resto del grupo. El blues seguía otras leyes, generalmente un hombre o una mujer apoyada en un piano, como Bessie Smith en los años 20. La ambición de alguien como Nat era ser director de orquesta o solista, no tener un trío como con el que graba por primera vez en 1938.

Sus primeros discos no eran para uso comercial, sino para que sonarán en la radio, las denominadas “transcripciones” en dieciséis pulgadas, que ahora se publican. Eran canciones de rimas infantiles al principio, que no daban derechos de autor. Son temas de swing, que con su alejamiento de la iglesia tienen un carácter cada vez más romántico. Las letras van adquiriendo, además, un componente erótico. El matrimonio de Moore se rompe, pero Nat empieza a pasar también más noches fuera de casa. Es popular entre las mujeres y su esposa encuentra por las mañanas notas femeninas en las camisas que manda a la tintorería. Los dos trabajan día y noche para pagar el alquiler.

Casi todos coinciden en destacar el tema instrumental de Sweet Lorraine, inspirado en el “Rosetta” de Hines, que prefigura ya algo del “bebop”, el estilo que germina en los años 40 con Dizzy Gillespie, pero introduce también la suave voz de Cole. El hijo del predicador colabora ya con famosos como Lionel Hampton o Billie Holiday en Nueva York. Frank Sinatra o Johnny Mercer le escuchan en el club de Hollywood, que hay delante de los estudios de televisión de la cadena NBC, pero no gana apenas para vivir. Trabaja por calderilla. Y sus viejos amigos de Chicago tienen que hacer una colecta para pagar sus deudas.

ENCRUCIJADAS EN LA VIDA

La recuperación de este centenar de grabaciones que hace el sello Resonance de la música del trío hasta la Segunda Guerra Mundial, nos muestra a un artista en la encrucijada. El conflicto que asola Europa va a hacer que el presidente Roosevelt instituya por primera vez el servicio militar obligatorio en los Estados Unidos. Los músicos son llamados ahora a filas por el denominado Draft o alistamiento. Cole juega con el éxito cinematográfico del momento, “Lo que el viento se llevó” (Gone With The Wind) en el tema “Gone With The Draft”. Sus sueños se evaporaban con la ruina económica, el riesgo de vida que trae la guerra y el fracaso matrimonial. Es un hombre al borde del desastre.

Aunque no nos podemos comparar con un artista genial como era él, muchos de nosotros andamos también en la cuerda floja entre la iglesia y el mundo. No queremos vivir solamente para Dios, pero tememos naufragar ante el canto de las sirenas del Engañador que puede hacer que nos estrellemos cualquier día sin esperanza alguna. Al acabar un año más, constatamos lo lejos que estamos de Casa y lo incierto del futuro que se nos viene encima. Estamos en la encrucijada de Nat al Este del Edén, lejos del Hogar del Padre y enfrentados a nuestros hermanos. ¿Qué porvenir nos depara el nuevo año?

Esos oscuros años Nat tocaba todavía con el trío el espiritual negro “Nadie sabe” (Nobody Knows). Esta canción de esclavitud expresa mejor que muchos cánticos blancos de alabanza contemporánea que se cantan hoy en las megaiglesias de tantas ciudades, el dolor que trae la soledad que refleja la angustia de la que nacen tantos Salmos. “Nadie sabe el problema que he pasado”, dice el góspel tradicional del siglo XIX. Y su versión del XX añade: “Nadie sino Jesús”. La canción popularizada por Louis Armstrong era apreciada por Cole, que entendía mejor que nadie las palabras del Evangelio: “En el mundo tendréis aflicción”. A lo que Jesús añade: “Pero confiad, Yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

En las encrucijadas de la vida nos sentimos como Nat King Cole en aquella época, vencidos por las dificultades para salir adelante, ante un futuro incierto, mientras sucumbimos a las tentaciones de este mundo. ¿Quién nos librará del desastre? El único que ha sufrido nuestro mal hasta verse morir en un mundo adverso en la Hora de las tinieblas, hundido por el peso de una culpa, que no es suya, sino nuestra. Su aflicción, sin embargo, trae la victoria frente al mal por el poder su Cruz. No hay otra confianza posible. Su triunfo es mayor que todas nuestras derrotas.

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José de Segovia
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