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Estudio

Les Éblouis: Los peligros de una religión sin Dios

The Dazzle o Les Éblouis es la ópera prima de la joven directora Sarah Suco que muestra los peligros del abuso espiritual y la eterna búsqueda del ser humano

Les Éblouis: Los peligros de una religión sin Dios

Modificado el 2020/08/09

Maldito el hombre que confía en el hombre, y que pone en él toda su esperanza. Nuestras fuerzas han fallado. El niño creció y se apartó de los ritos que no entendió, pero Dios le miró, y desde las alturas le regaló una pregunta que su corazón encendió; “¿Cuál es tu único conforte tanto en la vida como en la muerte?” El cine ha retratado de manera excelente los colapsos que en ocasiones emanan de la religión. Una de las mayores tragedias es la de confundir a Dios con el ser humano, reflejar en Dios los defectos y el mal que distinguimos en el hombre y su historia, y señalarle culpándole de nuestras propias malas decisiones. Así como el drama que supone divinizar a las autoridades espirituales terrenales, otorgándoles un lugar que no deben ocupar. En esta ocasión reflexionamos sobre el peligro desolador y el sufrimiento que puede ocasionar la insoportable carga de una religión sin Dios, como podemos observar en “Les Éblouis”. Todo esto, desde el atisbo sencillo del niño que acompaña a sus padres en su éxodo existencial.






Buscando el abrazo en la oscuridad

Les Éblouis, estrenada el 20 de noviembre de 2019, es un film francés lanzado en España por la plataforma Filmin, que se adentra de manera sutil en la controversia religiosa. Este impactante debut, ópera prima de la joven directora Sarah Suco, muestra los peligros del abuso espiritual y la eterna búsqueda del ser humano, que pretende hallar refugio en lo desconocido. De manera emotiva, estos conflictos los vemos desde los ojos curiosos de Camille (Céleste Brunnquell), que realiza una excelsa interpretación. Esta valiente niña de trece años, hija de un frágil matrimonio y la mayor de cuatro hermanos, nos traslada desde su mirada sensible plasmada por la bella fotografía de Yves Angelo, a los acontecimientos que comienzan cuando sus padres ingresan en una comunidad católica carismática con tintes sectarios. Camille, como indiscutible protagonista, nos transporta a lo que pareciera ser el fin de sus sueños e ilusiones.

La película comienza con un número artístico de la joven protagonista. Camille, es amante de las artes escénicas, y se prepara con pasión en una escuela de espectáculos circenses. La secuencia inicial del film servirá de antítesis con la represión a su creatividad que le será impuesta. Camille, en contra de su voluntad es apartada de este lienzo de libertad, porque supuestamente Dios tiene un propósito diferente para ella, un llamado a la santidad.

La creación que brota del ser humano, es una de las mayores evidencias de nuestra semejanza con el Dios creador. En la Biblia encontramos músicos, poetas, arquitectos, escultores, diseñadores, todos ellos al servicio de Dios. El arte, muy lejos de ser una expresión contraria al cristianismo, realmente es un bálsamo de esperanza. Por medio del arte, queremos encontrar la belleza oculta en medio de la vanidad y la desesperanza. El arte se puede convertir en la nostalgia de la inocencia, en la llamada a nuestros orígenes o en el abrazo en la oscuridad.

Un lugar de descanso equivocado

Los padres de Camille interpretados por Camille Cottin y Eric Caravaca han encontrado su lugar en una comunidad católica donde prima la solidaridad y la generosidad. Ellos realmente no se consideran practicantes, pero han encontrado una zona de seguridad donde se sienten importantes y parte de algo trascendental. A medida que avanza la película van integrándose en “la comunidad de la paloma”, la cual se convertirá en prioridad absoluta para toda la familia. En realidad, es complejo poder definir con exactitud lo que es una secta, pero no cabe la menor duda de que la mayoría de ellas parten de una certeza, donde probablemente un grupo disconforme y hastiado dentro de alguna congregación, ansiando una pureza mayor, se enredan en un laberinto que concluye transformándose en una caza de brujas. Sarah Suco, la directora, al ser entrevistada por Daily Movies, reconoce la parte agradable y tentadora de pertenecer a lo que podría denominarse como una secta. En un mundo quebrantado, con un ritmo feroz, quizá encontrar un grupo de personas afines que te acogen en el desierto con una lluvia de abrazos y que te hacen sentirte parte de algo, puede ser tentador y aliviador. El problema dice Sarah Suco: “es algunas personas maliciosas que están a la deriva”, lideres que manipulan y limitan libertades, aislando a los miembros de lo que la vida creada por Dios tenía para ellos.

Cuando no se encuentra el deleite en la vida ordinaria, la religión puede convertirse en algo deslumbrante para quien necesite respuestas. Como Tolstói, que en su libro “Confesión”, escrito cerca del cenit de su paso por la tierra, se preguntaba: «¿Por qué vivo y qué resultará de mi vida?». Él reconoció que solo hallaba respuestas a las preguntas primordiales de la existencia en la fe. Pero en este caso, muy lejos de las enseñanzas de Jesús, encontramos en la película una religión de esfuerzo que, en lugar de traer contestaciones y libertad, embarga a la familia en una opresión sutil que comenzará a resquebrajar la unidad entre ellos, convirtiéndoles en esclavos de sus malas decisiones. La directora Sarah Suco, entrevistada durante el Festival International du Film de Saint Jean de Luz, recalca el concepto del deslumbramiento en su película, pues señala la dificultad de tomar decisiones cuando los lazos afectivos se entremezclan con una fe ciega, que puede llegar a deslumbrar y a su vez cegar.

El peligro de las verdades a medias

Durante el largometraje vemos ciertas caricaturas de la religión que, sin embargo, en ocasiones no se alejan de la realidad. La ficción y lo real se funden mientras en los silencios incomodos sutilmente suena la música del compositor Laurent Perez Del Mar, que remarca en su estilo el dicho de “menos es más”. La banda sonora enaltece e intensifica el drama, y en las afonías empuja a la meditación ante la gravedad de lo que acontece en pantalla. Una de las religiosas de la comunidad, que ayuda a cuidar a los hermanos de Camille, cuando los padres están ocupados “sirviendo”, deja a la hermana menor (un bebe) bañándose sola, corriendo la pequeña el peligro de ahogarse. La religiosa, ante las reprimendas de Camille, que la descubre, dice: “El Señor la protege”. Los miembros de la comunidad parecen haber sido anulados como individuos racionales y espirituales. Antes de cada comida balan como ovejas hasta que llega el Pastor. Los adultos están entregados y sometidos al líder carismático que recibe palabra directa de Dios, y los niños estupefactos, observan con cierto temor lo que acontece a su alrededor. Es evidente que la película refleja en cierta medida la propia experiencia personal de la joven realizadora Sarah Suco. Les Éblouis termina con la frase “a mis hermanos y hermanas”. Sarah Suco, al ser entrevistada, lamentándose, habla de la dolorosa ruptura entre padres e hijos que aconteció en su propia familia al abandonar ella la comunidad sectaria en la que al parecer todavía sus padres continúan.

La familia de Camille cada día está más integrada en la vida de Iglesia, y la propia Camille se encuentra cada vez más sola, nadando a contracorriente. Camille se siente fuera de lugar, tanto en su propia escuela; donde esconde su participación en la vida eclesial, como en la comunidad; donde se siente la oveja negra. En la congregación se practican regresiones, exorcismos; actos oscuros que chocan contra los cánticos en comunidad que parecen traer cierto sosiego. “Déjate llevar”, dice la madre de Camille mientras intentan purificar a la pequeña de manera grotesca. Los miembros son continuamente ridiculizados o exaltados, primordialmente manipulados. Es difícil distinguir entre las sonrisas falsas y las genuinas.

La madre de Camille, mientras realizan juegos en comunidad, hace un gesto inocente pero inapropiado para el líder, y ésta es humillada públicamente por él. Tras la apariencia afable del sacerdote se esconde un narcisista que no le importa abusar de sus feligreses para dominarles a su antojo, un falso místico que se autoproclama como único poseedor de la verdad e instrumento absoluto de revelación. Este sacerdote usa los detalles personales confesados con temor por sus seguidores, intimidándoles para dirigir sus vidas en beneficio propio. En la película se percibe la satisfacción del pastor cuando consigue doblegar a los “complicados”. Es complejo discernir cual es la motivación de estos abusadores. Hay quien dice que es el dinero, otros dicen que el poder, y otros que son los propios traumas los que les arrastran. A pesar de esto, tristemente en ocasiones son las propias personas las que buscan la facilidad y comodidad de someterse a una autoridad que dirija sus pasos. Porque para ciertas personas es más fácil que los demás piensen y decidan por ellos. Quienes buscaban libertad, ahora solo se ven envueltos en una nueva espiral de esclavitud que se adorna de piedad externa.

La verdadera libertad

Hay una escena excelente donde los cuatro hermanos liberados momentáneamente de los avatares de la obediencia ciega, se escapan a comer a un restaurante con el dinero que Camille roba de la propia comunidad, del cual se encarga su madre de administrar. Los niños saborean la libertad y sus ojos vuelven a brillar. Antes de empezar a degustar necesitan alzar públicamente sus oraciones, porque ciertamente hay una fe en estos pequeños. ¡Ay de quien ose dañar lo que Dios amó desde antes de la fundación del mundo! Mateo 9:42 dice que: “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar”. La mirada penetrante de Camille nos recuerda las injusticias que se ejecutan en el nombre de Dios, pero también nos recuerda que Dios en su misericordia no olvidará a los hijos del dolor.

Camille corre a avisar de que uno de sus hermanos está siendo abusado, y su madre le dice que miente porque está poseída por el diablo. La tristeza inunda cada plano en la pantalla, pero Camille luchará para ratificar su libertad y salvar a su familia. Aunque aparentemente parecía que Camille había sido doblegada, desde dentro de sí buscará encontrar fuerzas para levantarse y denunciar la injusticia.

Recientemente, en 2018 se estrenaba la película “Gracias a Dios”; basada asimismo en hechos reales que también trataba estos actos deleznables y antinaturales. Narra cómo un segmento de la Iglesia Católica escondió en Francia, durante 30 años los abusos sexuales llevados a cabo por el padre Bernard Preynat en Lyon. Alexandre Guérin, ferviente creyente que, a pesar de lo sufrido, no ha perdido la fe, después de pasar página de alguna manera por los abusos que recibió en su infancia, se encuentra en una misa con el cura que profanó su inocencia. Ahora ya, con mujer e hijos, decide encontrar a sus antiguos compañeros que también sufrieron estos horribles abusos, para comenzar así una batalla judicial sin tregua. Tanto “Les Éblouis” como “Gracias a Dios”, nos traen al presente el daño producido por las desviaciones en algunos grupos religiosos, donde debiera primar el amor, la gracia y el perdón. Un dolor, no obstante, que será sustituido por la libertad.

“No se puede servir a dos señores”. Raudos pasan los luceros, pero la luz de Cristo permanece para siempre. Todo intento superficial alejado del milagro de la cruz, estará muy lejos de la libertad cristiana que encontramos en la Biblia. El cristiano libre del yugo de la ley, ahora por libre voluntad y no por miedo ni temor, debe buscar vivir en la verdad que solo se encuentra en la obra terminada de Cristo. El sufrimiento y las consecuencias de estos niños, retratado en esta magnífica película, perfectamente dirigida y con un sobrio guion y una correcta estructura narrativa, nos dirigen por la memoria de los padecimientos de tantos hijos indefensos ante la barbarie y los excesos de la religión. Hijos que sin embargo no serán olvidados por el verdadero Padre, el que no abandonó a su propio hijo en la cruz. De él será la última palabra. Jesús dijo: “dejad que los niños se acerquen a mí”.

Él se acercó a vosotros, se hizo hombre y habitó entre nosotros. Nos miró, como a un huérfano herido, como a ovejas sin pastor, escuchó nuestro clamor. Se levantó de su trono, y a la tierra vino por amor, bajó a la isla del dolor.

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