Reseña

La sombra del mal en Leaving Neverland

Sevilla, 19 de Marzo de 2019. Dando un paseo por las redes sociales uno tiene la sensación de que cualquiera podría distinguir perfectamente lo que está bien de lo que está mal. Hay quienes serían capaces de separar a los buenos de los malos y acabar con estos últimos de una vez por todas. Así de radicales son diversos grupos y colectivos cuya única motivación es “hacer del mundo un lugar mejor”. Vivimos en una sociedad relativista ¡con más convicciones que nunca! Sin embargo, tal y como nos demuestra el nuevo documental de Dan Reed (Inglaterra, 1964), nuestro entendimiento del mal es sesgado y limitado. Las cuatro horas que dura “Leaving Neverland” (HBO, 2019) no sólo son un reportaje sobre los supuestos abusos sexuales llevados a cabo por Michael Jackson, sino un oscuro y abrumador retrato del alcance del mal en el ser humano.

Más allá de Michael Jackson

Este año se cumplen diez años del fallecimiento de Michael Jackson (1958-2009) y lejos de celebrar su fama, la semana pasada HBO estrenó en Estados Unidos “Leaving Neverland” (en España lo ha hecho la plataforma Movistar+) el polémico documental que recoge los testimonios de Wade Robson (Brisbane, 1982) y James Safechuck (Simi Valley, 1978), dos supuestas víctimas de abuso sexual del difunto Rey del Pop.

Aunque el reportaje está dividido en dos episodios, es difícil no ver ambas partes consecutivamente. La crudeza de los relatos de Robson y Safechuck no son fáciles de digerir, pero el ritmo y el esfuerzo del director por mostrar las distintas dinámicas familiares implicadas en el asunto hacen que el documental sea bastante asequible para la audiencia. Es así como “Leaving Neverland” se desentiende de los morbosos documentales sobre crímenes y asesinos en serie que plagan la televisión. En lugar de enseñarnos ridículas recreaciones de los abusos, Dan Reed nos muestra fotografías caseras de Robson y Safechuck con Jackson sentado en el sofá viendo la tele y vistas panorámicas del idílico rancho que da nombre al documental. A diferencia de lo que se espera en este tipo de reportajes, la intención del director es comprender el silencio de las víctimas y su relación con Michael Jackson, no construir una imagen monstruosa y deshumanizada del supuesto abusador. La palabra “pedófilo” apenas aparece en todo el largometraje.

Como menciona Reed en un artículo para The Guardian en el que trata de responder a los miles de airados fans que defienden la inocencia de MJ (como ellos le llaman), el film va más allá del intento de acusar al artista y se convierte en un “estudio sobre el abuso sexual infantil a través del relato de dos familias normales” que fueron seducidas por un abusador “con la máscara de un amigo de confianza”. “Es una máscara que suelen usar los depredadores”, dice el director británico, “ya sean sacerdotes, tíos o maestros. En este caso, ocurre que el hombre detrás de la máscara era Michael Jackson”. Y es precisamente este énfasis en la relación de Jackson con los menores lo que da tanta credibilidad al documental. A medida que las familias profundizan en su relación con el gran icono del pop, las líneas entre el afecto, la admiración y el sexo, se difuminan poco a poco.

¿Abuso o seducción?

Inmediatamente después de la emisión de “Leaving Neverland”, “el show de Oprah Winfrey” presentó un programa especial titulado “After Neverland” en el que la famosa presentadora entrevistaba a Robson, Safechuck y Reed. Como ella misma reconoció públicamente a finales de los ochenta, Winfrey también sufrió abusos sexuales durante su niñez y por ello, no es extraño que nada más empezar la conversación la presentadora se emocionara y reconociese el trabajo de Reed diciendo que el director había “conseguido ilustrar” lo que ella había “intentado explicar en 217” episodios dedicados a esta temática en su programa. Su halago acabó con una frase que desconcertaría a la audiencia: “he intentado una y otra vez transmitir a la gente la idea de que el abuso sexual no sólo es abuso; también es seducción.”

Está claro, como Winfrey explicaría en su programa, que esta seducción a la que se refiere no tiene nada que ver con la romantización del abuso, sino con el vínculo que las víctimas desarrollan con el abusador debido a la manipulación emocional del adulto. Como vemos a través de la experiencia de los protagonistas de Leaving Neverland, bajo ciertas circunstancias el abuso sexual puede ser experimentado por un niño desde todo lo contrario, como una muestra de afecto y cercanía. Robson se describe como un niño de siete años enamorado de Jackson que busca un vínculo cada vez más cercano, mientras el cantante lo introduce en la pornografía más brutal. Por su parte, Safechuck se atraganta al recordar cómo de halagado se sentía por los anillos que su ídolo le regalaba en las joyerías más lujosas de Los Ángeles diciéndoles a las dependientas que las joyas eran para una chica al mismo tiempo que el niño de diez años se probaba las sortijas. Reed hace la pregunta incómoda: “Confiamos en que nuestros hijos nos avisarán de cualquier contacto físico no consentido con un adulto. Pero ¿y si- por enfermizo que suene- ellos disfrutan de él y los hace sentirse especiales?”

Esta seducción no se desarrolla sólo entre el menor y el abusador, sino también entre este último y el entorno más cercano al niño. Es la forma más segura de acceder al menor sin levantar sospechas. Como vemos en “Leaving Neverland”, la simpatía de Jackson y el descontento logran convencer a una madre para que deje a su marido, su hijo mayor y el resto de sus familiares ¡para mudarse a América! Por increíble y triste que parezca, el encandilamiento a la madre de Robson no es de los casos más llamativos. En Netflix encontramos la amarillista “Abducted in Plain Sight” (2017), en la que recordamos cómo Robert Berchtold no sólo convenció a una adolescente para que se acostase con él diciéndole que todo era parte de una misión alienígena, sino que también tuvo una aventura de manera simultánea con ambos progenitores, miembros activos de una iglesia mormona.

Puede que la conclusión más trágica de “Leaving Neverland” sea que el abuso sexual infantil, como el mal en general, a veces y tristemente, está tan relacionado con lo que queremos y anhelamos como con lo que tememos o rechazamos.

La sombra del mal

Desde fuera todo el mundo parece tenerlo claro- es abuso sexual y Jackson debería haber pagado por ello- pero las palabras de Safechuck nos vuelven a la realidad de las víctimas: “Michael Jackson fue una de las personas más amables y cariñosas que he conocido. Me ayudó enormemente con mi carrera y mi creatividad. Pero él también abusó de mi durante siete años”. Esta abrumadora ambigüedad al hablar de su abusador sólo aumentan la confusión y la impotencia de una audiencia atiborrada del moralismo que censura películas según qué director las haya hecho o quiénes aparezcan en ella.

¿Qué pensaremos entonces del hijo que no perdona a la madre de Robson por haberse llevado a su hermano al rancho de Jackson? ¿Cómo asimilaremos la vergüenza y la culpabilidad de Safechuck al recordar cómo declaró a favor del artista cuando Jordan Chandler le denunció por abusos sexuales en 1993? Al final de “Leaving Neverland”, en lugar de haber dejado “Neverland” uno tiene la sensación de que sus víctimas y sus familias jamás lograrán salir de allí. La sombra del abuso es tan larga que lo único que parece consolar a los protagonistas es la sensación liberadora que sienten al contar su historia una y otra vez. Y esta sombra nos alcanza a todos.

Dice Oprah que la sinceridad y la dureza del documental nos permiten ver la “corrupción social” en la que nos encontramos; para ella el abuso sexual infantil es “un azote sobre la humanidad.” Yo no me limitaría al abuso sexual, aunque es un buen ejemplo de cómo el mal parece plagar todo lo que somos. El mal es un azote sobre todos nosotros. Es algo tan inherente a nuestra naturaleza que no sólo nos impide verlo con claridad sino que tampoco nos permite eliminarlo: nuestro mayor problema con el mal es que para erradicarlo ¡tendríamos que acabar con nosotros mismos!

Por esto mismo, La Biblia no nos presenta la esperanza para la humanidad como un programa de reforma social, ni como un manual de instrucciones para salvarnos a nosotros mismos con nuestros mejores esfuerzos. Sería como limpiar con un trapo sucio (Isaías 64:6). Las Escrituras en cambio, nos hablan del Evangelio, esas “buenas noticias” que anuncian una transformación total en el corazón de hombres y mujeres. La luz que aparta toda sombra del alma (Juan 1:4): Cristo Jesús, el Sol de justicia (Malaquías 4:2). Él resolvió nuestro mayor problema: en su cruz él recibió el azote del mal que todos merecemos para que todo aquel que se arrepienta y crea en él pueda recibir su justicia (2 Corintios 5:21). Un día él volverá y no habrá que dejar ningún lugar para huir de la injusticia y el mal que plagan la tierra. Como en la mejor de las historias, Jesús de Nazaret aparecerá como el más valiente de los caballeros, el Fiel y Verdadero juzgará con justicia para siempre (Apocalipsis 19:11) y los que esperamos en él recordaremos las palabras del salmista: “El Señor hace justicia a los oprimidos” (Salmos 146:7).

Dani Sazo
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