Estudio

El rock en Madrid y el fin del imperio de la muerte

Los imperios caen, el tiempo vuela y espero que no haya sitio en el infierno para ningún rockero como aseguraban los madrileños Barón Rojo en "Volumen Brutal" (1982)

El rock en Madrid y el fin del imperio de la muerte

Modificado el 2020/11/22

El diablo no dará a bastos ahora si es verdad que los rockeros van al infierno, tal y como aseguran los madrileños Barón Rojo. Aunque no por mucho tiempo ¡claro! Cuando todavía no nos hemos recuperado de la noticia de la muerte de Juanjo Espartero, nos enteramos de la muerte de Mario del Olmo, fundador de Asfalto. Ahora que la Sala Hebe está abandonada y la Sala Canciller está ocupada por un supermercado de barrio resulta difícil imaginarlo. No hace realmente tantos años que Madrid estaba tomada por estos jóvenes vestidos con pantalones ajustados y camisetas negras. No sólo habían tomado Madrid. Barón Rojo tomó por asalto también la ciudad de Londres en 1982 y entonces la revista Kerrang! les promocionaba en portada con el subtítulo de “¡Asalto torero!”.






La Guerra Civil había dejado a la población española en ruinas en 1939 y muchas familias del sur del país tendrían que buscar su futuro en las industrias emergentes de las grandes ciudades. El dictador Francisco Franco había conseguido imponer el catolicismo pero ahora la población tenía que buscar la forma de alimentarse. Los primeros emigrantes empezaron a construir sus propias viviendas con barro y escombros en los alrededores de ciudades como Madrid. Gracias a eso ya en 1950 municipios como Villa de Vallecas habían crecido y empezaban a formar parte del ecosistema de la capital. En 1974 los inmigrantes habían prosperado y traían también sus costumbres, su cultura y la música de grupos como Chunguitos, Smash o Triana. Triana fue de hecho la que inspiró el nombre de comunidades de acción social como ”Hijos del Agobio”.

Barón Rojo y los aventajados hijos de Caín

Juanjo Espartero construyó con sus propias manos el primer edificio de lo que luego sería la Sala Hebe en 1977. La sala tenía el nombre de la diosa de la juventud en la mitología griega y fue luego clave para el crecimiento económico del barrio. Fue también refugio de los propios músicos desheredados de las listas de éxito, pero también de una joven audiencia que observaba impotente los estragos de las drogas. Asfalto sacó su primer disco en 1978 y Leño en 1979 pero el primer disco de Barón Rojo no llegará hasta 1980. Los músicos de Barón Rojo no procedían realmente de las afueras sino del centro histórico de Madrid. Los hermanos Carlos y Armando de Castro que luego definirán a Madrid como “el rompeolas del país”, aprendieron a cantar realmente en la iglesia y el colegio San Antón al que asistían en el número 63 de la calle Hortaleza.

El padre de los hermanos Carlos y Armando de Castro era médico y escritor; y no en vano la formación final de Barón Rojo con José Luís Campuzano se produce en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid. Su formación y trasfondo social les llevó automáticamente a desarrollar un aura de aventajados que no era habitual en el sector de la contracultura. Sus letras además abordaban temas alrededor de Beethoven, Baudelaire o la Biblia desde un punto de vista particularmente intelectual. Era el caso de su célebre himno “Hijos de Caín” (1985) - donde por obra y gracia de su argumentación, Caín se convierte en un héroe al asesinar a su hermano:

La Biblia cuenta una historia, que un Dios terrible dictó.
El drama de dos hermanos, el justo y el traidor.
Abel mezquino y cobarde, el siervo de su señor.
Caín que no entró en el juego y que se reveló.

Te maldigo, truena la voz de su juez.
Padre nuestro, que nos privó del Edén.
Caín rompio con un gesto su yugo de esclavitud
Huyó del ojo implacable, llevó su propia cruz.

Perseguido por quebrantar una ley,
Que no entiende y que no cuenta con él.
Sufrirás, morirás, esta es su voluntad.
Pero aún hay aquí hijos de Caín.

La estirpe del fugitivo, creció y se multiplicó.
El signo que los margina ya nunca se borró
Te maldigo, claman los hijos de Abel.
A la diestra de su señor el poder.

Sufrirás, morirás, esta es su voluntad.
Pero aún hay aquí, hijos de Caín.
¡Oh!

Quizá los hombres seamos a un tiempo Abel y Caín.
Quizá un día destruya lo oscuro que hay en mi.
El destino no está marcado al nacer.
Yo he elegido ser lo que siempre seré, ¡hijo de Caín!

¡Hijos de Caín!
¡Hijos de Caín!
¡Hijos de Caín!
¡Hijos de Caín!

“Hijos de Caín” de Barón Rojo en 1985

Asfalto y los días de escuela

Claro que no necesitabas ser médico para poder pagarle a tus hijos una buena escuela. El padre de Julio Castejón de Asfalto trabajaba en la industria ferroviaria pero la teoría entonces era convincente para muchos que preferían creer que al hacer las matrículas en una escuela privada, aunque fuese religiosa, podrías mantener a tus hijos a salvo. Creían poder protegerlos de la corrupción de las calles, lugares ocupados naturalmente por vecinos con menos recursos. Lo que pasa es que la diversión estaba realmente en las calles y los recuerdos alrededor de la religión no son mucho mejores en otro de los himnos de esta generación titulado “Días de Escuela” (1978).

Bien abrigado llegaba al colegio.
1960, hace poco tiempo.
Formados frente a una cruz y a ciertos retratos.
Entre bostezo y bostezo, gloriosos himnos pesados.

Despertamos en pupitres de dos en dos.
Aún recuerdo el estrecho bigote de Don Ramón.
Y la estufa de carbón frente al profesor.
La dichosa estufa que no calienta ni a Dios.

Suena el timbre, al fin.
Bocadillo, recreo,¡qué pasión!
Una tortura más, antes del juego.
La leche en polvo y el queso americano.

Sales tú y el gordo después.
Te cambio los cromos, te juego al tacón.
Sabes tú, la ligo yo.
Apuremos el tiempo que ya nos meten dentro.

Dos horas de catecismo y en Mayo la comunión.
La letra con sangre entra, otro capón.
Tarea para mañana y puesto el abrigo.
Otra copla a los del cuadro y hasta mañana Don Ramón.

Y ahora tú, qué pensarás.
Si cuando más me oprimían, más amé la libertad.
Y es a ti a quién canto hoy.
Enseña a tu hijo, oh enseña a tu hijo, a amar la libertad.

“Días de Escuela” de Asfalto en 1978

La grabación de este primer disco de Asfalto se planificó cuando los músicos volvían a Madrid desde un festival de rock en Campos de Criptana en el verano de 1975. Para refugiarse de la torrencial lluvia que había arruinado la programación, se habían metido en uno de sus gigantescos molinos de viento con otro emigrante. Se trataba de un joven procedente de Isla Cristina en Huelva y se llamaba Vicente Romero Marical. Mariscal se dedicaba ya entonces a difundir en Madrid esta forma de música con programas de radio, revistas impresas y un entonces reciente recopilatorio de bandas emergentes llamado “¡Viva el Rollo!”.

La obra de teatro Jesucristo Superstar se iba a estrenar en España el 6 de noviembre de 1975 y Julio Castejón ya tenía en la cabeza una variación de ópera rock sobre un chico cualquiera que luego se materializa en canciones como “Rocinante”. Durante el viaje en furgoneta de vuelta a Madrid el joven periodista aseguró a los músicos que conseguiría un contrato discográfico que necesitaban para esas canciones. Su misión ya sabía él que no era fácil. Él había denominado ya la “ruta de los sordos” a la rutina que mantenía visitando sellos discográficos de Madrid, enfocados todos ellos exclusivamente en la búsqueda y producción de fórmulas comerciales.

Mariscal y las alfombras de Zafiro Records

El destape o la posibilidad de enseñar carne parecía ser el mayor logro de la modernidad a partir de la muerte de Franco. Los sellos progresistas apenas mostraban interés a nada que no tuviera que ver con Julio Iglesias, José Luis Perales o Jeanette pero contra todo pronóstico Mariscal tuvo éxito cuando llamó a la puerta de una empresa de la religiosa orden Opus Dei. Zafiro Records era una discográfica de extrema derecha sí, pero tenía más vista para los negocios que las demás y le ofreció a él la dirección de la subdivisión Chapa Discos. Se lo ofreció, eso sí, con la condición de que ninguno de aquellos artistas manchase las alfombras de sus oficinas.

Mario del Olmo de Asfalto no había muerto todavía cuando Zafiro Records y sus alfombras habían sido compradas por Ariola Records y la empresa Ariola Records fuese comprada por Sony Music. Los imperios caen, el tiempo vuela y personalmente espero que no haya sitio en el infierno para ningún rockero. Y lo deseo especialmente cuando entiendo lo triste que ha sido la trayectoria que han seguido todos ellos antes de llegar a sus puertas. “Lo conocido se queda pequeño, ¡quiero irme!”, cantaban ya estos jóvenes en aquel primer disco de Asfalto. “¡El mundo está al revés, ¡ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno!”.

¿Capitán Trueno? ¿Rocinante?. Es curioso que esta generación haya querido ocupar con fantasías el hueco que ha dejado en ellos la ausencia de Dios. Las fantasías de Asfalto eran especialmente evocadoras y ponían sobre la mesa realidades existenciales muy profundas. La mencionada canción de “Rocinante” por ejemplo aborda el tema de la eternidad desde el punto de vista del fracaso. Rocinante es el nombre que Miguel de Cervantes le dio al caballo de Don Quijote de la Mancha y en esta canción protagoniza una historia paralela - un final alternativo que lleva inevitablemente al oyente al deseo de algo más allá:

Atravesé, la eternidad.
Y descubrí, tras de una nube alguien.
Un caballo con alas viene hacia mí.
¿Quién eres tú? ¿Qué haces aquí?
Has de saber que yo soy Rocinante.
Vivo alejado, el coche me desplazó.

Don Quijote me abandonó.
Cambió su lanza por un tractor, harto ya.
Pobre Hidalgo, cómo luchó.
Quiso cambiar el mundo con sus sueños.
No comprendieron, se rieron de él.

Dulcinea le convenció.
Con Sancho Panza montaron un negocio.
Una tienda de accesorios para el tractor.
Don Quijote me abandonó.
Cambió su lanza por un tractor, harto ya.
Hiciste bien en quedarte aquí.
En este valle de paz.

Todas las cosas que allí ya no están, acompañan tu soledad.
Todo lo bello lo he visto aquí, no necesitas más.
Tal vez quieras venir conmigo.
En este viaje infinito.
Vayamos juntos, buen Rocinante a descubrir lo eterno.
Bate tus alas al viento, iré contigo.
Más allá.

"Rocinante" de Asfalto en 1987

Rosendo y los músicos majaras

Rosendo Mercado de Leño sigue negándose a que levanten en su honor una estatua en el madrileño barrio de Carabanchel. En realidad ha necesitado jubilarse para recibir una de las llamadas más extrañas de su vida. La Embajada de España en Australia, al otro lado del mundo literalmente, había contactado con su manager para saber si podían contar con él para un homenaje que planeaban hacerle a un tocayo suyo, alguien que desconocían llamado Rosendo Salvado. Averiguaron después que Rosendo Salvado nació en Pontevedra el 1 de marzo de 1814 y había pasado a la historia como compositor, concertista y misionero benedictino entre la población indígena de Australia.

Rosendo Salvado había tenido que huir ante una oleada de anticlericalismo que azotaba a España durante el gobierno de Juan Álvarez Mendizábal y gracias en parte a ello se convirtió en el viajero que conocemos hoy. Salvado se convierte entonces en un misionero que conseguirá gracias a sus conciertos recaudar suficiente dinero para comprar tierras, arreglar pozos, construir molinos y fundar escuelas que luego ponía a disposición de la población indígena. Su legado todavía se conserva con el nombre de New Norcia y ahora se publicita a sí mismo como el único pueblo monástico de Australia. La realidad es que ahora ese complejo de edificios en medio del desierto sólo sirve para hospedar a camioneros, moteros y once ancianos monjes que conservan la memoria de la misión original.

"Todo esto me parece tan surrealista que ¡te voy a decir que sí!", le dijo Rosendo Mercado por teléfono a su manager, asegurando que no imaginaba "que en aquel tiempo hubiera majaras a este nivel". Puso como condición poder tocar allí y lo hizo de hecho junto a la tumba del músico misionero, añadiendo además mejoras en la forma de grabar dentro de la iglesia un video que puede disfrutarse ahora en Internet con el título “De Rosendo a Rosendo”. El vídeo se abre con su sobrecogedora canción “A la sombra de una mentira” (1994):

Una sensación de merecer,
me persigue sin cesar.
Un exceso de valoración,
me pudiera confundir.

Dónde estás, que tan poco se te ve.
Cómo admitir como deformidad,
lo que no es repetición.
Si la maldita elección, la posibilidad,
es la sola solución.

Y todo lo que consigo
es que nadie entienda que,
a la sombra de una mentira
moriré.

Por fin la idea original
se funde con la piel.
Puesta en escena con tal precisión
que me llega a convencer.

Dónde estás
que tan poco se te ve.
Es una forma de mediocridad
que me niego a poseer.
No tengo nada que perder,
para mal o para bien.

Y todo lo que consigo
es que nadie entienda que,
a la sombra de una mentira
moriré.

Me puedo abandonar
y olvidar que estoy aquí.
Gesticular descomponer,
aunque no pueda dormir.

Todo lo que consigo
es que nadie entienda que
a la sombra de una mentira
moriré.

“A la sombra de una mentira” de Rosendo en 1994

Hay un telón cerrado en vida para todos los hijos de Adán. Los hermanos Caín y Abel es verdad que enfrentaron retos diferentes y pudieron tener hijos o no pero sobre todo compartían muchas otras muchas cosas además de la misma sangre de su padre Adán. Todas las canciones que hemos recordado en este artículo tienen también muchas cosas en común y me parece a mi que destaca por encima de todas la necesidad de algo más que no tenemos a este lado del telón. Todas hacen bien en señalar que vivimos en un lado dominado por la mentira y la sed de algo más allá. La presunción de que nuestros problemas se acabarán con la muerte, sin embargo, no es una presunción para tomar a la ligera.

Cristo y la resurrección de los muertos

Cristo no quería imponer su reino por la fuerza del poder político según los Evangelios y muchos gobiernos después de él a lo largo de la historia han dado mal nombre al cristianismo cuando han querido hacerlo ellos. La muerte, que se los ha llevado a ellos y que seguirá por cierto llevándose también a estos músicos de rock, es como dice la Biblia el último enemigo frente al que no es indiferente Dios. La muerte y resurrección de Cristo es la que según la primera epístola del apóstol Pablo a los Corintios da sentido incluso a la vida de los creyentes.

No importa lo orgulloso que un creyente o un ateo esté del valor de su vida en particular; sin la resurrección de Cristo, que él hace extensible a todos los hijos de Adán, nuestras vidas tienen un valor muy reducido. “Mas ahora -sigue diciendo el apóstol Pablo- “Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida. Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia.”

El poder y la muerte vemos que están muy relacionados en este lado del telón y según el evangelio de Cristo también lo está al otro lado. La muerte tiene un poder delegado pero tiene sus días contados en ambos lados. Por eso estas sí son ¡buenas noticias!: “Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte. Porque todas las cosas las sujetó debajo de sus pies. Y cuando dice que todas las cosas han sido sujetadas a él, claramente se exceptúa aquel que sujetó a él todas las cosas. Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos”.

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