Jeremy Spencer: La música en Los Niños de Dios

Madrid, 01 de septiembre de 2018. Si hay algo que caracteriza al mundo evangélico desde la Reforma y los Avivamientos del siglo XVIII es su música. Los Niños de Dios nacen en un entorno donde cantar era tan importante como aprender versículos de la Biblia de memoria. Ambas actividades llenan la vida de la Familia hasta el día de hoy. Aunque tienen estrellas de rock como Jeremy Spencer de Fleetwood Mac, sus canciones están más bien dentro de lo que podíamos llamar música de alabanza.

Desde el principio formaron grupos que grabaron discos y actuaron en televisión por toda Latinoamérica. Sólo en Brasil, un cuarto de millón les escucharon en el estadio del Maracaná en 1974. Sus composiciones en castellano –muchas de ellas versículos de la Escritura con música–, se cantan en iglesias, suenan en radios cristianas y se pueden comprar en librerías religiosas. Como dijo Atanasio de Alejandría, lo que el arrianismo no logró con predicas y orgías, lo consiguió por sus canciones…

No es que Arrio hiciera orgías, ¡para eso ya se bastaban los Niños de Dios! Lo que compara Atanasio de Alejandría son las canciones de las orgías de Sótades con las que promueven la herejía de Arrio. Ya que la música es mucho más efectiva que las discusiones teológicas, para promover ciertas creencias a nivel popular. Además, en este caso no sirve decir que hay que analizar las letras. La mayoría son más bíblicas que mucho de lo que se canta hoy en las iglesias…

Adelanto que no voy a hacer aquí un listado. No es mi tema la música de alabanza, ni tengo vocación de inquisidor. Los interesados en nombres de grupos y cánticos, pueden consultar el apartado actual de su catálogo en español (NuBeat Music), la extensa sección en inglés sobre músicos que tiene la página de estudios críticos sobre los Niños de Dios (XFamily), o preguntar a Noel Navas del blog La aventura de componer, que está haciendo una investigación sobre bandas como la argentina Magia Celeste –muy popular en las radios cristianas de Latinoamerica desde los años 80–. Lo que me interesa, como en toda esta serie, es la perspectiva histórica, para saber cómo hemos llegado hasta aquí…

DE FLEETWOOD MAC A “JESUS FREAK”

La música jugó un papel fundamental en el movimiento de la Gente de Jesús, cuando muchos hippies llegaron al cristianismo a finales de los 60 y principios de los 70. Según el antiguo encargado de Maranatha, Chuck Fromm, aún más importante que en anteriores avivamientos evangélicos. Esto inspiró una nueva forma de alabanza, que cambió la liturgia, poco a poco. Primero se convirtió en la cultura de la juventud evangélica de los años 70, hasta ir ocupando cada vez más lugar en los cultos. Hasta entonces lo único que se cantaba en las iglesias, fueran pentecostales o tradicionales, eran himnos. Ahora rara es la reunión donde no haya un “tiempo de alabanza”.

En aquella época se produce también un fenómeno que dio lugar a toda una industria, ahora en franca decadencia. Al principio se le llamó el “rock de Jesús”, luego “música cristiana contemporánea”. Comienza a finales de los 60 con Larry Norman y Love Song, pero a ellos se une una larga serie de músicos que llegaban a la fe y eran exhibidos como “trofeos” de la causa evangélica, como Noel Paul Stookey de Peter, Paul y Mary, o Barry McGuire de “Eve of Destruction”. Es entonces cuando Jeremy Spencer se une a los Niños de Dios….

Fleetwood Mac era la gran banda británica de blues a finales de los 60. Formada cuando Peter Green abandona el grupo de John Mayall en 1967, tras sustituir a Eric Clapton. Toma el nombre de los apellidos de Mick Fleetwood y John McVie, a los que se une Jeremy Spencer como guitarrista con Green. El estaba especializado en la técnica del “slide”, que había popularizado el músico negro Elmore James a mediados de siglo. Tanto él como Green, tenían mucho interés por el cristianismo, ya que en 1969 quieren hacer un álbum “coral orquestal” sobre la vida de Jesús.

La maravillosa canción Albatross (1967) no sólo fascinó a los Beatles, sino que mostró que Fleetwood Mac no era un grupo de blues al uso. El problema es que Green no controlaba el LSD y en 1970 se va con unos hippies después de un concierto en Alemania, que le ofrecen un “viaje” del que ya nunca volvió. Se convirtió en un enfermo mental y dejó el grupo. Al año siguiente Spencer desaparece a sus 22 años en Los Ángeles cuando estaban de gira. Le encuentran días después en el edificio que les había dejado el evangelista Fred Jordan a los Niños de Dios. Entregó todo el dinero que tenía a la Familia y dejó a su esposa con sus dos hijos en Londres.

LOS NIÑOS DE DIOS Y LA GENTE DE JESÚS

Cuando David Berg (1919-1994) recorría las iglesias como evangelista itinerante, gran parte del tiempo lo usaban los hijos con su grupo de música. El fallecido Aarón (Paul) era el compositor, letrista y arreglista de muchos de los temas que cantaban. Estos no tardaron en introducirse en el mundo evangélico, después de hacerse himnos de la Gente de Jesús. Cuando su cuerpo apareció al borde de un barranco cerca de Ginebra en 1973, se puso en evidencia el conflicto entre el inmenso conocimiento bíblico que demostraban esas canciones y el conflicto que suponía para su propio hijo, las pretensiones de su padre como profeta del fin de los tiempos.

Muchos en la Gente de Jesús veían a los Niños de Dios como la vanguardia de un movimiento que crecía imparable en organización y extensión por todo el mundo. Es cierto que el influyente periódico de Duane Pederson, Hollywood Free Paper, había publicado una carta de uno de los pioneros en la zona de la bahía de San Francisco, Kent Philpott, advirtiendo sobre ellos. Se debía al problema que tuvo David Hoyt en Atlanta con los Niños de Dios. En su blog personal se puede leer su versión de lo que pasó cuando entró en la Clínica del Alma de Texas. El dice que fue por curiosidad con nombre falso, para conocer su organización. Lo cierto es que le impresiona el grupo de música de Spencer, la memorización de la Escritura y el celo de su testimonio. Ahora dice que le extrañaron los guardias armados en la puerta, pero cuando finalmente reveló quién era, arregló una visita de ellos a su grupo en Atlanta.

El esperaba la visita de sus “ancianos”, pero lo que se encontró es una caravana entera con los responsables de Los Ángeles y la banda de Spencer. La policía se quejó del ruido y los vecinos de número de vehículos, pero el hijo de Berg, Oseas (Jonathan), le aseguró que habían parado camino de un festival de rock, donde iban a dar testimonio, para tener un tiempo de comunión con ellos. Algunos de la Gente de Jesús empezaron a llamar a Hoyt diciendo que no eran como ellos. Parecían “zombis repitiendo como robots, versículos bíblicos de memoria”. Este énfasis en la Escritura se ve también en el hecho de que Oseas llevó a Hoyt a conocer a Joel Wordsworth, un experto en escatología bíblica que vivía cerca de allí. No era de los Niños de Dios, pero colaboraba con ellos. Impresionado, les acompañan al festival y vuelven con ellos a Texas. Para cuando se dio cuenta, el grupo de Atlanta era ya parte de la Familia.

“EXCELENTE MÚSICA”

Linda Meissner fue una mujer excepcional. Por medio de ella muchos jóvenes encontraron una nueva vida. Ella conoció a Berg cuando los dos colaboraban con David Wilkerson en Desafío Juvenil en Nueva York. Junto a Russell Grigg, funda el Ejército de la Gente de Jesús en Seattle y Vancouver. Al escuchar la decisión de Hoyt y ver la imagen positiva que daba el reportaje de la televisión NBC, deciden visitar la “colonia” de Los Ángeles, donde quedan impresionados por “la excelente música, la organización de las clases bíblicas y cómo salían a dar testimonio cada día”.

A pesar de los reparos de Philpott y un cura carismático que ayudaba a Hoyt, llamado Ed Sweeney, Meissner quería que el Ejército de la Gente de Jesús formara parte de los Niños de Dios. Aunque habían sido expulsados de las propiedades de Jordan, por las presiones de la primera asociación de padres anti-secta FREE-COG, Meissner y Grigg veían su rápido crecimiento como una señal evidente de la Mano de Dios. Es interesante la diferente versión que da de esta historia la hija de David Berg, Deborah Davis –que fue mandada por su padre para hacer el acuerdo– y la propia Meissner –que luego salió arrepentida de la Familia– en el libro que ha publicado ahora la Universidad de Oxford.

Según Linda, la actitud de Débora fue muy agresiva. Le dijo que no eran “verdaderos discípulos” porque “no dejaban todo”. Meissner no aprobaba la forma que tenía la hija de Berg de abrir la Biblia por cualquier parte y decir “así dice el Señor”. Débora reconoce en sus memorias que engañaron a Linda y Russell asegurando que su padre ya no tenía nada que ver con la organización, puesto que ella y Jetró eran ahora los responsables, cuando estaban siguiendo las instrucciones de Moisés David. Lo que pasa es que “sus motivos no eran puros”. Ella ve que era un ejemplo típico de la “validación dual” por la que Linda “esperaba usar a los Niños de Dios y ellos a ella”.

El propio marido de Linda no estaba de acuerdo. Así que el matrimonio se separó por ello. Su anterior colaborador, Jim Palosaari de la Gente de Jesús en Milwaukee, vino también para convencerla. Conocí a Palosaari en Inglaterra, donde recibió el apoyo de Frampton, cuando echó a los Niños de Dios de sus propiedades. La colaboración de ambos produjo el nacimiento del festival de Greenbelt en 1974. El pastor ahora fallecido era todo un personaje. Tenía aspecto hippy y era bastante gordo. Le recuerdo siempre con una hamburguesa en una mano y la Biblia en otra. Como todos, tenía sus debilidades –¡se casó cuatro veces!–, pero era alguien íntegro, que vio desde el principio que Berg era un falso profeta.

LA MANO DE DIOS

Como se da cuenta Débora después, el problema de Linda y Russell es que confundieron el rápido crecimiento con la Mano de Dios. Pensaron que “la credibilidad espiritual se puede juzgar por estadísticas, números y éxitos”, dice Davis. Así muchos apuntan todavía hoy a la validez de un ministerio por las cifras de sus resultados y la extensión de su influencia. Si alguien tiene tantas personas en su iglesia, o tantos convertidos por su predicación, ¿quién eres tú para decir algo en contra suya?

Esa valoración superficial hacía que pudieran juzgar una comunidad por la excelencia de su música, la organización de su estudio bíblico y la manera cómo salían a la calle cada día para dar testimonio. Estas cosas se pueden decir de cualquier secta. No es la manera de considerar la verdad de una iglesia o un ministerio. Necesitamos un criterio bíblico. Y este no sólo ha de ser doctrinal, sino también práctico.

El problema con sectas como los Niños de Dios o los Testigos de Jehová no es si estudian la Biblia. Es evidente que ambos grupos son conocidos por su memorización de textos de la Escritura. Y como hemos dicho, si algo caracteriza muchos de estos cánticos es su contenido bíblico. El problema es que como aquellos miembros preocupados de la Gente de Jesús de Atlanta, todos conocemos sectarios que parecen “zombis repitiendo como robots, versículos de memoria”.

Como demuestra la enseñanza Atalaya, en un sentido con la Biblia se puede defender cualquier cosa. Mucha falsa enseñanza se puede apoyar en algún versículo. Por decir, hasta la Biblia dice que “no hay Dios” (Salmo 14:1). El problema es que eso lo dice el necio, no Dios. La Biblia tiene palabras de Satanás, falsos profetas y personas no creyentes. No basta afirmar que “eso dice la Biblia”…

David Berg se hizo un especialista en encontrar excepciones bíblicas para todo. Es así cómo justificó su inmoralidad y defendió las prácticas más aberrantes. No debemos juzgar un texto por las citas bíblicas, sino por el contenido de toda la Escritura. Es más, como dice Francis Schaeffer, lo importante no es sólo la ortodoxia, sino la ortopraxis. De eso es de lo que habla Juan y Santiago en sus Epístolas. No en un versículo aislado, sino en la totalidad de esos libros. Es así como conocemos a Jesús, según la Escritura.

José de Segovia
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