J. D. Salinger: Una vida oculta

Madrid, 14 de febrero de 2014. Pocos escritores hay tan misteriosos como Salinger. Su figura esquiva se pierde ya antes de morir en 2010. Su desaparición, unida a la obsesión de varios asesinos por "El guardián entre el centeno" (1951), le convierte en un mito para varias generaciones de lectores que han encontrado en esa obra un relato de iniciación. Un ambicioso proyecto biográfico ha unido a dos periodistas -David Shields y Shane Salerno- en un documental y un libro, que acaba de publicar Seix Barral en Barcelona.

Dicen que Salinger pasó diez años escribiendo "El guardián entre el centeno" y el resto de su vida arrepintiéndose. No sólo por la muerte de John Lennon, el intento de asesinato de Ronald Reagan, o el crimen de la jóven actriz de televisión Rebecca Schaeffer por neuróticos en los años ochenta que se identificaban con su personaje. Según estos periodistas, fue el trauma de la Segunda Guerra Mundial y la religión vedanta, lo que hizo que se volviera invisible.

Muchos nos hemos identificado en la adolescencia con el inconformista Holden Caulfield, que vaga por la ciudad de Nueva York, cuando es expulsado del colegio, poco antes de las vacaciones de Navidad. Confieso que, como el paranoico asesino de Lennon, he recorrido los lugares de la novela de Salinger, el otoño que estuve en una habitación al lado de Central Park, junto al edificio Dakota. No me preguntaba, como Holden, dónde estarán los patos cuando el lago se hiela, pero sí que me he sentido tan perplejo como él, al intentar descubrir el rumbo de mi vida.

Como en la canción de Paul Simon, ′un día de invierno / en un profundo y oscuro diciembre′, uno podría decir con Holden: ′Estoy solo / mirando desde la ventana / las calles abajo / sobre un manto silencioso de nieve recién caída′. Ya que ha ′construido muros / una fortaleza profunda y poderosa / que nadie puede penetrar′, por la que me siento ′una isla′ (I Am A Rock, 1965).

UN SOLITARIO

El protagonista de la novela de Salinger es un solitario. Vive aislado en su propio mundo y no se muestra vulnerable. Si es tan cerrado, no es porque haya sido herido de amor, sino porque esconde el hambre de una intimidad que no ha conocido. En su aparente cinismo, desprecia el mundo y evita tener amigos, porque sabe por la muerte de su hermano que el amor produce dolor.

El lenguaje directo de "El guardián entre el centeno", te atrapa desde la primera página. Es por eso que es lectura obligatoria en la educación secundaria pública inglesa, a pesar de su evidente lenguaje obsceno y vulgaridad. Su desarmante honestidad nos hacer ignorar lo obvio. No es que la voz narradora hable coloquialmente, o piense en voz alta, sino que es capaz de transmitir la dolorosa sensibilidad de un adolescente carente de afecto, que está ya de vuelta de todo. Más allá de sus palabras groseras y sarcasmo inmisericorde, hay una persona cansada de una vida que todavía no ha comenzado.

′Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero, porque es una lata, y segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera a hablar aquí de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas′… Cuando un libro empieza así, ¿quién se resiste a seguir leyendo?

BUSCADOR ESPIRITUAL

Salinger nació en Nueva York de padre judío y madre católica. Un matrimonio no muy habitual en aquella época. El problema se solucionó haciéndose ella judía. Aunque su conversión no resolvió la quiebra de una familia de doble herencia. Dos religiones, dos ideas de Dios y la vida, que no son fáciles de conjugar. Una mezcla que a Salinger le llevó a estar siempre buscando respuestas en diferentes credos.

En los años cuarenta, el escritor empieza ya a adoptar ciertas ideas y prácticas hinduistas, tras declararse ′un fracasado budista zen′. Según dijo su hija al New York Times, el año 2000, esto fue sólo una fase. Ya que luego siguió la cienciología, la homeopatía y la ciencia cristiana. Salinger fue un auténtico buscador espiritual. Le interesó siempre la religión. Y sus escritos muestran esa continua inquietud por saber quién es Dios y Jesús, en qué consiste el amor, y qué hace que esta vida merezca realmente la pena.

A pesar de tener relativo éxito en los años cuarenta -publicó varios relatos en revistas tan prestigiosas como New Yorker-, Salinger se desilusiona del mundo editorial y abandona Manhattan. Se compra una casa en New Hampshire, donde vive recluido hasta su muerte, dando una sola entrevista en 1980. No se conoce de él más que un par de fotografías. Lo que ha dado lugar siempre a muchas especulaciones sobre su verdadera identidad. Su imagen más reciente le muestra como un anciano, levantando el brazo para intentar golpear a alguien que quiere hacerle una foto, irrumpiendo en su intimidad.

EXTRAÑA FAMILIA

Tras publicar una colección de cuentos, Salinger reúne dos de ellos para formar una novela corta que, aunque no es "El guardián entre el centeno", ha adquirido mayor prestigio literario que ésta. Se llama "Franny y Zooey" (1961). Mi hija ha estudiado en profundidad estos personajes. Forman una extraña familia que protagoniza todas sus historias: los Glass. Viven en un apartamento del Upper East Side neoyorquino -la zona más rica de Manhattan, que va desde Central Park al East River -.

Franny es la hermana pequeña de la familia, una estudiante universitaria y actriz, que sufre una crisis emocional y espiritual a partir de la lectura de "El camino de un peregrino", un libro anónimo ruso del siglo XIX, basado en la llamada Oración de Jesús, o Padrenuestro. Este rezo ortodoxo oriental está inspirado en el Evangelio según Lucas 10:10-14 ("Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy un pecador"), cuya repetición, acompañada del estudio del libro de espiritualidad ortodoxa griega conocido como "Philokalia", pretende ayudar a ′orar sin cesar′ (1 Tesalonicenses 5:17).

Cada miembro de la familia Glass parece tener una influencia religiosa diferente. El hermano mayor, tras la muerte de Seymour -un brillante profesor de Columbia, que se suicidó-, es conocido como Buddy, y enseña budismo mahayana. Su hermano menor Walker es un monje cartujo, gemelo de Walt, que murió tras la guerra en el Japón ocupado. A los que sigue Zooey, un actor de televisión influido por el misticismo oriental, que a los doce años hablaba ya como Mary Edy Baker, la fundadora de la ciencia cristiana.

FRANNY Y ZOOEY

Como en "El guardián entre el centeno", la acción de "Franny y Zooey", no abarca más de un par de días. Nos muestra a Franny como una estudiante desencantada con el egoísmo y la falsedad -que tanto molesta a Holden-. El libro comienza con la cita que tiene un fin de semana con su novio Lane, en la universidad de Princeton. Mientras están comiendo en un restaurante, ella tiene un ataque de nervios, que les lleva a hablar sobre la oración y la búsqueda de iluminación espiritual en la tradición cristiana ortodoxa oriental.

La segunda parte de la obra -que lleva el nombre de su hermano Zooey-, la vemos ya en plena crisis, en casa de sus padres en Manhattan. En esta sección abundan las citas de textos espirituales, que muestran la inquietud de Salinger en aquel momento, después de varios años de estudiar el budismo zen y el hinduismo vedanta. Buscaba sobre todo el camino de renuncia de maestros como Ramakhrishna o Vivekananda. Es en esa luz que tenemos que entender la famosa conclusión del libro que identifica a una ′dama gorda′ -cuya fealdad y vulgaridad representa la audiencia, para la que actuaban como niños prodigio en un concurso de radio- como Cristo.

′¿Quién de la Biblia, aparte de Jesús, sabía, sabía, que todos llevamos con nosotros el Reino de los Cielos, en nuestro interior, donde todos somos demasiado estúpidos, sentimentales y poco imaginativos para echar una mirada? -dice Zooey-. Tienes que ser hijo de Dios para conocer esta clase de asunto′. Le echa por eso en cara a su hermana que ′si no ves a Jesús exactamente como era, te pierdes todo el significado de la Oración de Jesús′, que se esfuerza Franny por repetir una y otra vez. ′Si no comprendes a Jesús, no puedes comprender su oración′.

JESÚS Y SUS DISCIPULOS

Salinger busca toda su vida a Dios, pero entiende que el misterio de la divinidad gira de alguna forma en torno a la figura de Jesús. Holden intenta rezar, después del episodio con la prostituta en su habitación del hotel, pero no puede. ′En primer lugar porque soy un poco ateo′, dice. Y segundo, porque ′Jesucristo me cae bien, pero con el resto de la Biblia no puedo′. No se refiere curiosamente al Antiguo Testamento, sino a los discípulos de Jesús, que ′cuando Jesucristo murió no se portaron mal, pero lo que es mientras estuvo vivo, le ayudaron como un tiro en la cabeza′. Puesto que ′siempre le dejaban más solo que la una′.

Discute por ello con su compañero cuáquero, que ′leía constantemente la Biblia y era muy buena persona′, pero le decía que sí no le gustaban los discípulos, tampoco le gustaba Jesucristo′. Holden no va nunca a la iglesia -porque sus ′padres son de religiones diferentes′-, pero no cree que Cristo pueda mandar a Judas al infierno, y está obsesionado por la historia del ′lunático que vivía entre las tumbas y se hacía heridas con las piedras′. Lo que no aguanta son los capellanes de los colegios, que ′sacan unas vocecitas de lo más hipócritas cuando nos echan un sermón′. No entiende ′por qué no pueden predicar con una voz corriente y normal′. Ya que ′suenan de lo más falso′.

PERPLEJIDAD E INCERTIDUMBRE

Las constantes inquietudes religiosas de Salinger nos muestran la paradoja de un misticismo que busca la paz espiritual en una experiencia de la visión de Dios, por una idea de la oración -como la de Franny-, o una filosofía -como la Zooey-, pero que no logran dar descanso a nuestra alma. Su obra muestra la angustia e inseguridad intelectual y emocional que vemos en "El guardián entre el centeno". Sus personajes intentan trascender la realidad, pero acaban finalmente bloqueados en esa incertidumbre.

En la vida hay momentos que uno se encuentra francamente perplejo. Se siente como ese adolescente perpetuo que representa Holden. Esa actitud de distancia nos encierra cada vez más en una reclusión como la de Salinger, que buscaba ocasionalmente el afecto de alguna mujer -aunque luego le traicionara-, pero siempre se sentía amargado y desencantado. Su obra nos muestra una profunda desesperanza, porque es una espiritualidad centrada en sí misma.

GRACIA FUTURA

La Biblia nos enseña que la única vida que nos queda por vivir es la futura. El pasado ya no está en nuestras manos para ofrecerlo o alterarlo. Ya es Historia. Todas las expectativas de Dios están dirigidas hacia el futuro. La Gracia no es por lo tanto una realidad meramente pasada, sino también futura. El creyente sabe que le ha traído aquí -como dice el himno-, pero también que le llevará finalmente a Casa.

Como Franny, nos vemos como seres fundamentalmente débiles. En nuestra fragilidad, no encontramos fuerza en nuestro interior y rogamos a Dios que tenga misericordia de nosotros, por Cristo Jesús. La Gracia de Dios se revela, sin embargo, en nuestra debilidad (2 Corintios 12:9), nos muestra el amor de Dios y nos fortalece por su Espíritu.

La Gracia es olvidarse de uno mismo. Nuestra tragedia ha sido alejarnos de Dios y buscar satisfacción en nosotros mismos. Los orgullosos se ocupan en desdeñar a los demás, pero la manera de luchar contra la arrogancia es rendirse a la soberanía de Dios y confiar en su infalible promesa de mostrar su poder a favor nuestro (2 Crónicas 16:9).

Tanto la jactancia como la autocompasión son manifestaciones de orgullo, una del éxito y otra de nuestros sufrimientos. La autoconmiseración no parece orgullo, pero en realidad nace de un ego herido. No es que uno se sienta indigno. Es que anhela que se reconozca su dignidad.

En el corazón del orgulloso, la ansiedad es al futuro lo que la autoconmiseración al pasado. Debemos por lo tanto ′humillarnos bajo la poderosa mano de Dios, depositando en Él toda ansiedad, porque Él cuida de nosotros′ (1 Pedro 5:6-7).

José de Segovia
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Entrelíneas Literatura J. D. Salinger

Escrito en Madrid por el () y actualizado por última vez el 2014-02-14. Hasta el día de hoy esta página ha tenido 6648 visitas y 1 comentarios. Puedes seguirle también en .

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Few authors have been as mysterious as Salinger. He already eluded us before his death in 2010, which together with the obsession of various criminals with “The Catcher in the Rye” (1951), has made him into somewhat of a legend for various generations of readers who have found in this book a story of initiation. A film now looks at his youth in New York.

The other night I went to see “Rebel in the Rye” (2017) with my daughter. It is quite a conventional and stylistically indifferent film about an author who was anything but conventional and whose style was unique.

The Director’s experience of Salinger’s novel, age 14, was similar to the feelings that we all had when reading “Catcher in the Rye” as adolescents: “It was the first time I ever read anything in a voice that related to me”, Danny Strong remembers. “It seemed so real, unlike other books I read, which I never thought of as unreal, but they were just stories”.

The film deals with the circumstances in which the book was written in such a monotonous and polite way that it doesn’t allow for any empathy with this tormented boy, nor any identification with his rebellion. It flits through the darkest parts of his life as if they were mine fields, without dealing with the complexity of his darker side. The author of the biography on which the film is based describes his books as love letters to people that Salinger would never have wanted to meet.    

LOST IN THE CITY

Salinger is said to have spent ten years writing “Catcher in the Rye” and the rest of his life regretting it. This regret did not only result from the murder of John Lennon, the attempted assassination of Ronald Reagan, or the murder of the young television actress Rebecca Schaeffer, all by neurotic people in the 1980s who identified themselves with Holden Caufield. According to certain journalists, it was the trauma of the Second World War and the practice of Vedanta Hinduism that made him turn invisible.

In our teenage years, many of us have identified with the non-conformist Holden Caulfield, who wanders around New York, after being expelled from school, shortly before the Christmas holidays. I must confess that, just like Lennon’s paranoid murderer, I have walked around the places described in Salinger’s novel, one autumn that I lived next to Central Park, near the Dakota building. I didn’t ask myself, as Holden does, where the ducks go when the pond freezes over, but I have felt as perplexed as he does, trying to understand where my life is going.

As in the song by Paul Simon, “A winter's day / in a deep and dark December”, many of us can say with Holden, “I am alone /Gazing from my window to the streets below / On a freshly fallen silent shroud of snow”, since “I've built walls/A fortress deep and mighty / That none may penetrate”, making us feel like “an island” (I Am A Rock, 1965).

A LONER

The main character of Salinger’s novel is a loner. He lives isolated in his own world and doesn’t show his vulnerability. He isn’t closed in on himself because he has had his heart broken but because he harbours a hunger for an intimacy that he has never experienced. In his apparent cynicism, he despises the world and avoids having friends, because he has learnt from the death of his brother that love causes pain.

The directness of the “Catcher in the Rye” draws you in from the first page. That is what makes it mandatory reading in the English secondary school system, despite its evident obscene language and vulgarity. Its disarming honesty makes us forget the obvious. The narrators voice doesn’t talk colloquially, or think aloud, but it transmits the painful sensitivity of an affection-deprived adolescent, who has given up on everything. Behind his coarse language and merciless sarcasm, stands a boy tired of a life he hasn’t yet begun.

“If you really want to hear about it, the first thing you'll probably want to know is where I was born, and what my lousy childhood was like, and how my parents were occupied and all before they had me, and all that David Copperfield kind of crap, but I don't feel like going into it, if you want to know the truth. In the first place, that stuff bores me, and in the second place, my parents would have about two hemorrhages apiece if I told anything pretty personal about them. They're quite touchy about anything like that, especially my father. They're nice and all--I'm not saying that--but they're also touchy as hell. Besides, I'm not going to tell you my whole goddam autobiography or anything. I'll just tell you about this madman stuff that happened to me around last Christmas”… When a book starts like that, how can you not read on?

SPIRITUAL QUEST

Salinger was born in New York to a Jewish father and a Catholic mother – a couple that would not have been very common at the time. The problem was resolved when she converted to Judaism. That did not however stop the break-up of a family with a double heritage. Two religions, two ideas of God and life are not easy to juggle. This mixture set Salinger off on a continuous quest for answers from different creeds.

In the 1940s, the author started to adopt certain Hindu ideas and practices, after declaring himself a “failed zen Buddhist”. In 2000, his daughter told The New York Times that this was only a phase. He later got into scientology, homeopathy and Christian science. Salinger was a true spiritual seeker. He was always interested by religion and his writing reflected that continuous anxiety to find out who God and Jesus are, what love is, and what makes this life worth living.

Despite having a certain amount of success in the 1940s – he published various stories in journals of the prestige of The New Yorker –, Salinger became disillusioned with the world of publishing and left Manhattan. He bought a house in New Hampshire, where he lived as a recluse until his death, giving only one interview in 1980. We only have a couple of photographs of him. This has raised speculation regarding his real identity. The most recent image of him is as an old man, lashing out at someone who wanted to take a photograph of him, invading his privacy.

STRANGE FAMILY

After publishing a collection of stories, Salinger put two of them together to form the short novel "Franny and Zooey" (1961), which, although no “Catcher in the Rye”, has received greater literary acclaim. My daughter has studied the characters in detail. They are part of a strange family found in all his stories: the Glass family. They live in an apartment in the Upper East Side of New York – the richest area of Manhattan, stretching from Central Park to East River.

Franny is the youngest daughter of the family, a student and actress, who suffers an emotional and spiritual crisis when she reads “The Pilgrim’s Tale”, an anonymous nineteenth century Russian book based on the Jesus’ Prayer. This oriental orthodox prayer is inspired by verse 10:10-14 of the Gospel according to Luke and goes: "Lord Jesus Christ, Son of God, have mercy on me, a sinner”. The repetition of these words and the study of the Greek orthodox book on spirituality, known as "Philokalia", is supposed to help you “never stop praying” (1 Thessalonians 5:17).

Each member of the Glass family seems to be influenced by a different religion. The older brother, following the death of Seymour – a brilliant professor in Columbia University, who committed suicide –, is given the name of Buddy, and teaches Mahayana Buddhism. His younger brother, Walker, is a Carthusian monk and is the twin brother of Walt, who died after the war in occupied Japan. They are followed by Zooey, a television actor influenced by oriental mysticism, who at the age of twelve already sounded like Mary Edy Baker, the founder of Christian scientology.

FRANNY AND ZOOEY

Just like “The Catcher in the Rye”, the action in “Franny and Zooey” covers no more than a couple of days. It portrays Franny as a disenchanted student who is as selfish and “phoney” as the people that so annoy Holden. The book begins with her weekend date with her boyfriend Lane, at the University of Princeton. While they are eating at a restaurant she has a nervous breakdown, which leads them to talk about prayer and the search for spiritual illumination in the Christian Eastern orthodox tradition. 

The second part of the book – named after her brother Zooey–, shows Franny in the middle of a crisis, at her parent’s house in Manhattan. In this section there are a lot of references to spiritual texts, which show Salinger’s preoccupation at that time, after various years of studying zen Buddhism and Vedanta Hinduism. He was looking for the renunciation of masters such as Ramakhrishna and Vivekananda. It is in that light that we should understand the famous conclusion of the book which identifies a  “fat lady” – whose ugliness and vulgarity represent the audience, for whom they were acting as child prodigies on a radio competition – with Christ.

“Who in the Bible besides Jesus knew–knew–that we’re carrying the Kingdom of Heaven around with us, inside, where we’re all too goddam stupid and sentimental and unimaginative to look?”, Zooey says. “You have to be a son of God to know that kind of stuff”. That is why he upbraids his sister saying that “When you don’t see Jesus for exactly what he was, you miss the whole point of the Jesus Prayer”, which Franny tries to repeat over and over. “If you don’t understand Jesus, you can’t understand his prayer”.

JESUS AND HIS DISCIPLES

Salinger sought God throughout his life but understood that the mystery of divinity revolved around the figure of Jesus. Holden tried praying after the episode with the prostitute in his hotel room, but he can’t. “In the first place, I’m sort of an atheist”, he says, and second, “I like Jesus and all, but I don't care too much for most of the other stuff in the Bible”. He isn’t talking about the Old Testament, but about Jesus’ disciples, who “were all right after Jesus was dead and all, but while He was alive, they were about as much use to Him as a hole in the head”. Because “all they did was keep letting Him down”.

He argued about this with his friend who “was a Quaker and all, and he read the Bible all the time. He was a very nice kid, and I liked him, but I could never see eye to eye with him on a lot of stuff in the Bible, especially the Disciples. He kept telling me if I didn’t like the Disciples, then I didn’t like Jesus and all”. Holden never goes to church – because his “my parents are different religions”– but he doesn’t believe that Christ could have sent Judas to hell and is obsessed with the story of “that lunatic and all, that lived in the tombs and kept cutting himself with stones”. He can’t stand the school ministers who “have these Holy Joe voices when they start giving their sermons”. He can’t understand “why the hell they can't talk in their natural voice. They sound so phony when they talk”. 

PERPLEXITY AND UNCERTAINTY

Salinger’s constant religious anxiety shows us the paradox of a mysticism that is seeking spiritual peace in an experience of the vision of God through a prayer – as in the case of Franny–, or a philosophy– in the case of Zooey–, but which does not manage to bring peace to the soul. His work shows the intellectual and emotional anxiety that we see in "The Catcher in the Rye”. The characters try to transcend reality but end up blocked in that uncertainty.

In life there are moments in which we feel frankly perplexed. We feel like that perpetual adolescent that Holden represents. That distant attitude that increasingly cuts us off in a seclusion like Salinger’s, who would occasionally seek the affection of women – even though they then betrayed him–, but always felt bitter and disenchanted. His writing reflects a deep despair, because it reflects a spirituality centred in on itself.

FUTURE GRACE

The Bible shows us that the only life that is left for us to live is our future life. The past is no longer in our hands to offer or alter. It is history. All God’s expectations are directed towards the future. Grace is not so much a mere past reality, but also a future one. Believers know that it has brought them “safe thus far” – as the hymn says –, but that it will also lead them home.

As with Franny, we see ourselves as fundamentally weak beings. In our frailty, we don’t find strength within and we ask God to have mercy of us, through Jesus Christ. God’s grace is revealed, however, in our weakness (2 Corinthians 12:9), which shows us God’s love and strengthens us through His Spirit.

Grace is to forget oneself. Our tragedy has been to stray from God and to seek satisfaction in ourselves. The proud spend their time looking down on others, but the way of fighting arrogance is to submit to the sovereignty of God and to trust in his infallible promise to show us his power in our favour (2 Chronicles 16:9).

Both disdain and self-compassion are manifestations of pride, one linked to our success and the other to our suffering. Self-compassion does not look like pride but, in reality, it is born out of a wounded ego. It isn’t a feeling of unworthiness, but rather a desire for one’s worthiness to be recognised.

In the proud person’s heart, anxiety is to the future what self-compassion is to the past. We should therefore apply what it says in 1 Peter 5:6–7 : “Humble yourselves, therefore, under God’s mighty hand, that he may lift you up in due time. Cast all your anxiety on him because he cares for you”.




Comentario de Tali

"′Su obra nos muestra una profunda desesperanza, porque es una espiritualidad centrada en sí misma′. ésta es la clave, y me quedo con esto. Muchos son los autores que no han sido capaces de dar el salto ′más allá′ de si mismos. Quizá temieran perder su individualidad y su talento. No obstante, mucho dan que hablar y reflexionar, ya que su sensibilidad y su talento hacen que en algún punto cristianos y no cristianos coincidamos en eso que llamamos naturaleza humana. La diferencia reside en que unos hemos hallado, y otros permanecen indefiniblemente en la búsqueda. Como Saligner." (2018-02-17 17:36:40)



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