Ida: Una historia de fe e identidad

Madrid, 28 de febrero de 2015. Una película en blanco y negro, "Ida", ha ganado el Oscar al mejor film extranjero, el Premio del Cine Europeo y el Goya a la mejor película europea. La obra del director Pawel Pawlikowski -un polaco afincado en Inglaterra- nos recuerda al cine de otra época, pero sobre todo, nos presenta una visión de la vida, que muchos consideran ya desfasada, la que considera la naturaleza humana desde la realidad del pecado.

Si para entender a alguien, hay que ponerse en su lugar, la ficción intenta lo que no podemos hacer en realidad, experimentar la vida de otra persona. "Vivimos en la apoteosis de un narcisismo que se ha convertido en ideología -dice Pawlikowski-. Lo más importante somos nosotros." El personaje de su película Ida, "no siente que ella misma sea el centro del universo". Su deslumbrante mirada te traslada al asombro de una vida, comprimida en apenas medio año de una joven novicia en la Polonia de los años sesenta.

Anna sale unos días del convento en el que ha crecido, para conocer a su tía Wanda, su único familia, antes de tomar los votos. Juntas emprenden un viaje en busca de sus orígenes, que las enfrenta a la culpa de un pasado olvidado. El país está bajo el régimen comunista, mientras que Anna es como si hubiera vivido en la Edad Media. Su tía acumula los horrores de la Historia del siglo XX, primero el Holocausto, y después la represión estalinista.

Nada es lo que parece. Anna se llama en realidad Ida, y es judía. Sus padres fueron asesinados durante la Segunda Guerra Mundial, en circunstancias no aclaradas. Cuando conocemos a su tía Wanda, vemos que sale de su dormitorio, un hombre vistiéndose. Nos preguntamos si se estará prostituyendo, cuando descubrimos a continuación que es juez. No tardamos en saber que jugó un importante papel en el terror del estalinismo. La llamaban Wanda la Roja.

Cuando nació Pawlikowski en 1957, Polonia tenía un sistema burocrático y corrupto, basado en una estructura de poder totalitaria, sin ninguna ideología. Los años sesenta traen una cierta apertura, pero a los catorce años el director se va a Italia y Alemania, hasta que se establece finalmente, en Inglaterra, donde empieza a hacer documentales en los años ochenta. "Ida" es su quinta película, pero también el regreso al país de su infancia, sin la música, el color y los movimientos de cámara, que habían caracterizado hasta ahora su cine.

MIRADA DESLUMBRANTE

Poco de lo que uno ve en la pantalla hoy, se queda en la retina, algo después de desplegarse los créditos. Esta conmovedora historia, sin embargo, rodada en un impresionante blanco y negro, tiene un efecto hipnótico. Me ha trasladado a la época en que empecé a amar el cine.

Si no supieras nada de esta película, pensarías que está hecha en el tiempo en que se ambienta. No es algo de ahora. El formato es casi cuadrado, como los televisores de los años sesenta. No tiene el movimiento nervioso de cámara en mano, que muchos confunden hoy con la emoción. Nada resulta falso e impostado.

Como dice Carlos Boyero, "el claustro nevado de un convento, la bruma acercándose a un bosque, un tenue rayo de sol filtrándose en un cementerio, parece que siempre han pertenecido en esos paisajes, que no forman parte de la puesta en escena". La única música que se escucha, es la que ponen en casa (Bach y Mozart), los cánticos religiosos del convento, o el grupo de jazz que interpreta en un hotel, "Naima" de Coltrane.

En los ochenta minutos que dura el film, no sobra, ni falta nada. Aprovecha el espacio de una puesta en escena con una cámara fija, donde los personajes sólo ocupan una parte de la pantalla. La sorprendente escena final, observa Paul Schrader que podría recordar a "El tercer hombre", pero es un plano tan insólito, que alguien que conoce tanto cine como él, dice que nunca lo ha visto en ninguna película.

No es extraño que por donde vaya, consiga premios. Recibió el galardón de la crítica en Toronto, además de los mayores reconocimientos de su país. En Gijón se llevó seis premios, incluyendo el de mejor película, guión y actriz. Aunque se hizo el año pasado, se exhibe todavía en cines de todo el mundo.

ATMÓSFERA MAGNÉTICA

Anna sigue la rutina diaria de devoción y servicio del convento, mientras que Wanda es una mujer traumatizada por el Holocausto, alcohólica y promiscua. "La identidad de Ida está definida por su fe y no es superficial", dice Pawlikowski. El director explica que "su fe cambia en la película, pero nunca la pierde". Wanda es una mujer inteligente, que realmente creía en el marxismo. Se sentía más comunista que judía, pero ha pasado del idealismo al desencanto.

Cuando Wanda le cuenta a Anna su origen judío, lo hace como una especie de ajuste de cuentas. Tía y sobrina emprenden este viaje con diferentes motivaciones. Wanda lo hace como una especie de autocastigo, pues sabe lo que la espera, pero Anna vive sin interés por su pasado, ignorante de todas las Idas que murieron en los campos de exterminio. Los judíos de Polonia fueron tanto victimas de los nazis, como del antisemitismo polaco. La población vive como si se hubieran esfumado, adoptando quizás otra identidad.

Al finalizar esta investigación, ninguna de las dos mujeres vuelve a ser la misma. La película nos enfrenta a la culpa y el olvido, que se confunde con el perdón. En el camino, se encuentran con un joven saxofonista que les invita al concierto de jazz que va a dar. Su relación con Anna muestra la complejidad y sutilidad de esta película. Es una historia descrita con gestos leves, silencios reveladores y miradas llenas de expresividad. Los diálogos son breves y justos, creando "una atmósfera magnética", como dice Boyero.

ESPIRITUALMENTE SOBRECOGEDORA

"Ida" podría ser la confrontación entre una novicia inocente y la maldad del mundo exterior, pero es una obra mucho más profunda y compleja. Hay una dualidad en Anna, que nos muestra una realidad, pero también su oscuro anverso. Anna es Ida, e Ida es Anna. Son la misma persona, pero representa dos posibilidades de vida, para la misma persona. Una posible lectura de la conclusión podría ser que Anna tiene que intentar ser Ida, para saber qué decisión va a tomar respecto a su futuro.

Otra interpretación es la que hace Alissa Wilkinson en su interesante comentario en Christianity Today. Anna intenta entender por qué su tía no la quiso tener, cuando se quedó huérfana, a pesar de que se lo pidieran sus hermanas. Para poder comprender la vida que ha elegido, tiene que convertirse en su doble, vivir su realidad. Es por eso que se pone su ropa y hace sus mismas cosas, para saber lo que es ser ella, entender por qué ha hecho lo que ha hecho.

El amplío espacio que dejan los planos de esta película, sobre la cabeza de los personajes, parece sugerir una presencia invisible, el peso de una autoridad que no podemos ver. El estilo ascético de "Ida" recuerda la desnudez de Bresson, pero también su visión jansenista de que en la abundancia del pecado, sobreabunda la gracia. Antes de emprender el viaje, Wanda advierte a Anna: "¿qué ocurre si vas allí y descubres que no hay Dios?" Ida nos muestra la lucha entre la razón y la fe, la carne y el espíritu, el odio y el perdón.

EL MISTERIO DE LA ENCARNACIÓN

En cierto modo, Ida nos recuerda la Encarnación. Solemos hablar de un pensamiento judeo-cristiano. Los griegos despreciaban el valor del cuerpo y la vida material, pero ¿hay algo menos judío que la idea de que Dios pueda vivir en un cuerpo humano? En estricto sentido, el cristianismo no es ni griego, ni judío. Nos presenta la locura del Creador haciéndose criatura, para que le podamos conocer y confiar en Él, siendo salvos por el mayor acto de amor que se puede hacer por una persona.

Una noche en que Wanda intenta ahogar sus penas en alcohol, le dice a Anna que "tu Jesús no se escondió en una cueva con libros, sino que salió al mundo". El cristianismo no se vive en un convento. "La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros", dice Juan (1:14). Si "la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo" (v. 17), es experimentando nuestro dolor, para mostrarnos el verdadero amor que nos libera.

"Ida" no es sólo una historia sobre nuestra búsqueda de identidad. Es una reflexión sobre la fe y su lugar "en el mundo". Jesús le pide al Padre: "no riego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal" (Jn. 17:15). Wanda le dice a Anna que Cristo vino a perdonar pecadores como ella. ¡Ese es el Evangelio! Lo que la religión entonces, como ahora, no acaba de comprender…

José de Segovia
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Escrito en Madrid por el () Versión en ingés traducida por EvangelicalFocus y actualizado por última vez el 2015-02-28. Hasta el día de hoy esta página ha tenido 6444 visitas y 1 comentarios. Puedes seguirle también en .

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If understanding someone means putting yourself in their shoes, fiction tries to accomplish the things we are unable to do in reality by experimenting with the life of another person.

"We live in the apotheosis of narcissism become ideology - says Pawlikowski -. We are what matters most". The film′s main character, Ida, "does not think that she is the centre of the universe". Her dazzling gaze expresses the shock of a lifetime, compressed into barely six months in the life of a young novice living in Poland in the 1960s.

For a few days, Anna leaves the convent that she has grown up in and in which she is about to take her vows to meet her aunt Wanda, her only family. Together they go on a journey in search of their origins, having to face up to the guilt of a forgotten past. The country is under a communist regime, while it is as if Anna has been living in the Dark Ages. Her aunt has gone through all the horrors of the twentieth century, first the Holocaust and then the Stalinist repression. 

Pawlikowski was born in 1957, when Poland had a bureaucratic and corrupt system, based on a structure of totalitarian power, lacking any ideology. The 1960s saw some relaxation but at fourteen Pawlikowski went to Italy and Germany, finally settling down in England, where he started making documentaries in the 1980s. "Ida" is his fifth film, but in it he also goes back to the country of his childhood, without the music, colour and camera movements which had, up to now, defined his films.

DAZZLING GAZE

Nowadays, what we have seen on screen does not stay with us for long after the credits. This moving story, however, filmed in striking black and white, has a hypnotic effect. It took me back to the years when I first started to love films.

If you didn′t know anything about this film, you would think that it had been filmed in the period in which it is set. It isn′t contemporary. The format is almost square, like something out of the televisions of the 1960s. It doesn′t have the nervous movements of hand-held cameras. Nothing appears fake or projected.

As Carlos Boyero puts it, "the convent cloisters under the snow, fog drifting towards a wood, a feeble ray of sunlight filtering into a cemetery, all look like they have always belonged to those landscapes, that they have not been staged". The only music is the music played at home (Bach and Mozart), the chants in the convent, or the jazz group playing Coltrane′s "Naima" in a hotel. 

In the eighty minutes that the film lasts there is nothing superfluous, nothing missing. In the space created by the fixed-camera shots, the characters only take up a small part of the screen. Paul Schrader observes that the surprising final scene could be reminiscent of "The Third Man", but the shot is so unusual that even someone with his experience of films, says that he has never seen anything quite like it.

It is not surprising that wherever this film goes, it is met with awards. It picked up the International Critics Award at the Toronto Film Festival, along with the top awards in its own country. It won six prizes at the Gijón International Film Festival, including best film, script and actress. Although it came out last year, it is still in cinemas around the world. 

MAGNETIC ATMOSPHERE

Anna follows the daily routine of devotion and service at the convent, while Wanda is a woman traumatized by the Holocaust, alcoholic and promiscuous. "Ida′s identity is defined by her faith and is not superficial", says Pawlikowski. He explains that her faith evolves throughout the film, but never leaves her. Wanda is an intelligent woman, who really believed in Marxism. She felt more Communist than Jewish, but her idealism is replaced by disillusionment.

When Wanda tells Anna about her Jewish origins, she does it as some kind of settling of accounts. Aunt and niece set off on their journey with different agendas. Wanda sees it as a form of self-inflicted punishment, knowing what awaits her, but Anna lives with no interest in her past, oblivious of all the Idas that died in the extermination camps. The Jews in Poland were as much the victims of the Nazis as of Polish anti-Semitism. The people live as if they had vanished, perhaps adopting another identity.

At the end of their quest, neither of the women will be the same again. The film raises the themes of guilt and forgetting, which mingles with forgiveness. On their journey, they meet a young saxophonist who invites them to a jazz concert that he is playing in. His relationship with Anna is emblematic of the complexity and subtlety of this film. This is a story which is built around small gestures, pregnant silences and meaningful looks. The dialogues are brief and accurate, creating a "magnetic atmosphere", according to Boyero.

SPIRITUALLY OVERWHELMING

"Ida" could be grossly summarized as the clash between an innocent novice and the evil of the outside world, but it is a much deeper and more complex story. There is a certain duality in Anna, showing us the light and dark side of one reality. Anna is Ida, and Ida is Anna. They are the same person, but they represent two paths that one same person could have taken. A possible reading of the conclusion is that Anna has to try to be Ida in order to be able to decide on her future. 

Alissa Wilkinson takes another stance in her thought-provoking commentary in Christianity Today. Anna tries to understand why her Aunt did not want to look after her when she was orphaned, even after her sisters had asked her to do so. In order to understand the life that her aunt has chosen, she has to become her double in order to live in her reality. That is why she wears her clothes and follows what she does, to know what it is like to be her, to understand why she did what she did.

The space left around the faces of the characters suggests an invisible presence, the weight of an authority that cannot be seen. The film′s ascetic style is reminiscent of the nakedness in Bresson′s films, and of his Jansenist view that where sin increases, grace increases all the more. Before starting on their journey, Wanda asks Anna: "What if you go there and discover that there is no God?". "Ida" is a battle between reason and faith, the body and the spirit, hatred and forgiveness.

THE MYSTERY OF INCARNATION 

In a way, Ida makes us think of the Incarnation. We often talk about Judeo-Christian thought systems. The Greeks despised the body and material life, but is there anything less Jewish than the idea that God can live in a human body? Strictly speaking, Christianity is neither Greek nor Jewish. It presents us with the folly of the Creator becoming human, so that we can know and trust Him, and to offer us salvation through the greatest act of love that one person can offer another.

One night when Wanda is trying to drown her sorrows, she says to Anna: "Your Jesus didn′t hide in a cave with books, but went out into the world". Christianity is not to be lived in a convent. "The Word became flesh and made his dwelling among us" says John (1:14). If "grace and truth came through Jesus Christ" (v.17), it was by experiencing our pain, to show us the real love that sets us free. 

"Ida" is not only a story about finding our identity. It is a reflection on faith and its place "in the world". Jesus prays to his father "My prayer is not that you take them out of the world but that you protect them from the evil one" (John 17:15). Wanda tells Ana that Christ came to forgive sinners like her. That is the Gospel! And that is what religion then, as now, can′t get its head around. 




Comentario de MARIA

" felicitaciones al escritor Jose de Segovia, siempre me impresiona todo lo que escribe y como lo escribe. Con mucho respeto. BENDICIONES! y Muchas Gracias. " (2018-02-17 17:36:40)



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