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Estudio

Fred Rogers, un maravilloso vecino

Fred Rogers se licenció cum laude en música en el Colegio Rollins antes de empezar a trabajar en la televisión pública como guionista, productor y presentador con sus marionetas

Fred Rogers, un maravilloso vecino

Modificado el 2021/04/01

El popular presentador y creador del programa infantil de TV “El vecindario de Mr. Rogers” tomó un avión y visitó a una niña, seguidora de su programa, para acompañarle tras una arriesgada operación cerebral que la dejó en coma temporalmente. Me conmovió la foto del presentador con su estuche de marionetas, hablando dulcemente con la niña. Había ido de incógnito al hospital infantil John Hopkins en Baltimore, Maryland, viajando horas lejos de casa para animar a la niña y consolar a la familia. ¿Qué clase de presentador de TV hace algo así? Indagué sobre la identidad y el trabajo de Fred Rogers y lo que encontré fue aun más conmovedor.





Un asistente de Rogers recibió una petición de la madre de Beth, la niña con una peligrosa enfermedad cerebral, para que le dedicara una foto con un autógrafo, Beth no se perdía ninguno de los programas educativos en los que Rogers creaba un ambiente cálido y amable, tratando temas como la enfermedad, el divorcio y las emociones. Rogers no se conformó con enviar una foto, sino que llamó por teléfono a la madre y se interesó por Beth. La operación a la que la iban a someter implicaba cortar parte del cerebro, era una intervención extremadamente peligrosa y no sólo los padres tenían miedo, también Beth lo tenía. La pequeña Beth recuerda cómo fue esa conversación:

“Mi madre me pasó el teléfono y le dije hola. Escuché una voz familiar y me sentí a gusto de inmediato. El señor Rogers me preguntó sobre mi cirugía cerebral y le dije cosas que nunca le dije a mis padres. Le dije que tenía miedo pero que quería que las convulsiones desaparecieran. Le dije que quería caerles bien a los niños de mi clase y que jugaran conmigo. Le pregunté acerca de los miembros de su vecindario a quienes había llegado a amar: King Friday, Lady Elaine Fairchild y Daniel Striped Tiger”

Hablaron durante una hora, al terminar Beth le dijo: “Le quiero mucho, señor Rogers”.

Durante las dos semanas posteriores a la operación Rogers llamó cada día a la madre para interesarse por Beth, una mañana llamó preguntando si podía acercarse el hospital. La madre respondió que Beth seguía en coma y no sabían cuánto tiempo seguiría en ese estado, Rogers dijo que no importaba, y la madre accedió. Lo único que pidió fue que mantuvieran en secreto su visita para evitar a la prensa. Al día siguiente Rogers voló desde Pittsburgh, Pensilvania hasta Baltimore, llevando únicamente la funda de un clarinete. Un pastor amigo suyo lo llevó desde el aeropuerto al hospital. Rogers abrió el estuche y de él sacó las marionetas que le acompañaban en sus programas, el rey Viernes, la dama Elaine, y el tigre Daniel. Durante la siguiente hora Beth fue la única asistente a la hora de Mr. Rogers. Beth tardó en salir del coma, y Rogers la visitó varias veces.

Fred Rogers, músico, marionetista, educador, ministro presbiteriano y productor.

Rogers estudio en el seminario teológico de Pittsburgh, fue ordenado ministro presbiteriano y se licenció cum laude en música en el Colegio Rollins. El mismo año comenzó a trabajar en televisión como asistente en la NBC en Nueva York. En 1953 regresó a Pensilvania para trabajar en la televisión pública local, trabajando como guionista, productor, escribiendo la música y presentando el programa con sus marionetas. Se matriculó en educación infantil de la Universidad de Pittsburgh y comenzó a colaborar con una psicóloga infantil, quien le asesoró durante más de treinta años.

La intervención de Rogers en 1969 una comisión del Senado estadounidense le dio una gran visibilidad, la administración del anterior gobierno de Lyndon B. Johnson redujo el presupuesto público para TV y Rogers tuvo la oportunidad de explicar la importancia de lo que estaba haciendo. Su discurso frente al socarrón senador, fue haciendo que el representante fuera cambiando su actitud.

Rogers explicó su preocupación por la violencia que se mostraba en la televisión, y cómo él enseñaba a los niños a hablar de sus emociones, por ejemplo la ira, y cómo por medio de una canción les ayudaba a tener el control. Tras cantar la canción, el anteriormente reacio senador le respondió: “acaba usted de conseguir los 20 millones de dólares”.

El programa de Rogers seguía una rutina que ayudaba a los niños a sentir que estaban entrando en un tiempo especial. Llegaba a casa, guardaba su gabardina y se ponía su famoso rebeca roja y unos zapatos más cómodos mientras cantaba de su maravilloso barrio.

Rogers y el racismo social

Uno de los personajes del programa de Rogers era el “oficial Clemmons”, un agente de policía de raza negra. Cuando Rogers entrevistó a Françoise Clemmons (sí, le puso el mismo nombre al personaje) él mostró sus reticencias a la hora de interpretar el papel de policía:

"Crecí en el gueto y no tenía una opinión positiva de los oficiales de policía", dijo. "Los policías atacaban a los personas con perros y mangueras con agua a presión, realmente me costó mucho ponerme en ese papel. No me entusiasmaba en absoluto ser el oficial Clemmons".

Rogers pensaba que el papel de Clemmons sería una buena influencia para ayudar a niños como Clemmons que vivían la violencia policial en barrios negros.

Décadas más tarde la sociedad estadounidense estaba enfrentada por el asunto de la prohibición de que en determinados estados no se permitiera que los niños negros usaran las mismas piscinas que usaban los blancos. Rogers tuvo una peculiar forma de enfrentar ese asunto. Decidió, en uno de sus programas darse un “baño de pies” en su jardín con un pequeño barreño con agua, cuando apareció el personaje del oficial Clemmons le invitó a unirse en su baño de pies.

-Lo cierto es que no he traído toalla.

-Puedes usar la mía - dijo Rogers ofreciéndole su toalla. Tras el baño de pies Rogers le ofrece la toalla y le dijo secándole los pies a Clemmons:

-Deja que te ayude.

La historia de Clemmons no se detiene ahí. Clemmons, en la vida real era homosexual y terminó confesándolo a Rogers. Temiendo lo peor, Rogers no lo despidió, tan sólo le pidió discreción. Por respeto y lealtad a Rogers, Clemmons llegó a casarse con una mujer. En el programa Rogers le había dicho a Clemmons, tal como solía decir siempre: “te amo tal y como eres”. Un día Clemmons le preguntó: “Fred, ¿realmente estás hablando conmigo?” Fred le miró y dijo: “sí, he estado hablando contigo por dos años, y por fin hoy me has entendido”.

Clemmons dice que se derrumbó mientras Rogers le abrazaba:

-Toda mi vida he necesitado que alguien me dijera que me amaba. Mi padre nunca me dijo que me amaba, Fred era mi padre adoptivo - dice sollozando a la cámara en el documental en homenaje a Rogers.

Rogers, el ministro de Dios

En la película interpretada por Tom Hanks A Beautiful Day At The Neighbourhood un atormentado periodista enemistado con su padre recibe el encargo de escribir un artículo sobre Rogers, pero lo hace con recelo, albergando la sospecha de que Rogers es un fraude. Conforme va entrevistándolo Fred intenta ayudarle a reconciliarle con su pasado. En un momento de la películas mientras la esposa de Rogers y el periodista esperan a que Fred termine de saludar a una multitud de personas, deteniéndose amablemente con cada una ellas, el periodista le pregunta a la esposa:

-¿Qué se siente al estar casada con un santo?

-¿Sabe? No me gusta mucho esa palabra, si lo consideráramos un santo, su forma de ser sería inalcanzable, trabaja constantemente, requiere práctica, sí, no es una persona perfecta, tiene mucho temperamento, él decide cómo gestionar esa rabia.

-Supondrá un gran esfuerzo.

-Pues, sí. Hace cosas a diario que le ayuden a dominarla, lee las Escrituras, va a nadar, reza por gente por su nombre, y escribe cartas, cientos de cartas, lo lleva haciendo desde que lo conocí.

La escena de la película refleja de manera bastante fiel lo que la esposa piensa sobre su marido. Ella reconoce que Fred ha llegado a ser esa persona amable a través de un considerable trabajo personal.

Rogers tenía la costumbre de levantarse a las 5 a.m. para su tiempo de recogimiento (quiet time, en inglés, me recuerda a lo que escribe José de Segovia sobre Stott), a las 7:30 va a nadar a una piscina local, antes de zambullirse en el agua canta “Jubilate Deo”, afirma “pero no canto alto”.

Si está en la ciudad Rogers se congrega en la sexta iglesia Presbiteriana, una congregación de 300 miembros en Pittsburgh, su esposa es anciana en la misma, canta en el coro y ha presidido el comité de música. Sus dos hijos crecieron en esa iglesia y fueron confirmados allí. Ha predicado algunas veces, pero como dice el pastor John S. McCall "no abusamos porque tiene mucha demanda. Creo que una de las razones por la que le gusta nuestra congregación es porque le tratamos como a uno más”, y añade “Fred ha sido como un pastor para mí”, recuerda cómo se partió un brazo al tropezar bajando los escalones de la iglesia, Fred que estaba temprano en la iglesia para la escuela dominical, llamó a la familia del pastor y se ocupó de llamarle al hospital para saber cómo está.

Este mundo está deseando ver una fe encarnada, a veces pensamos que sólo un argumento irrefutable hará que los prejuicios se disipen y el terreno se prepare para la fe, pero lo cierto es que no siempre los argumentos nos llevan a la fe, un gesto amable que no esperábamos, alguien que nos escucha empatizando y sin juzgarnos son cosas que nos cambian y no olvidamos por más años que pasen. Si has tenido tiempo de ver algunos de los programas de Fred Rogers quizás te choque esa parsimonia a la hora de hablar, o lo empalagoso de las canciones, pero él supo conectar con los niños y los adultos. Un niño autista que no había dicho una sola palabra a sus padres pero que no se perdía el programa de Rogers un día se volvió a su madre y le dijo: “¡Es un vecindario maravilloso!”.

Pero si sólo vemos la actitud calmada y compasiva de Rogers sin más, llegaremos a conclusiones muy equivocadas, no estamos ante un humanista sin más, sino ante un hombre de fe que se preocupó de los niños e hizo del servicio su cometido vital.

No hace mucho el editor de esta revista digital me animó a escribir un artículo sobre cierto tema, me pidió que lo hiciera de forma compasiva. ¡Cuántas veces aquellos que profesamos la fe de Cristo nos parecemos en nuestras actitudes a los fríos y duros enemigos de Jesús! Ni siquiera soy consciente de mis actitudes, estoy en guardia sin necesidad, me preocupo por argumentar sin antes saber por qué le ha ocurrido a la persona que tengo delante para pensar de esa manera, o comportarse de esa manera. Desde que me saqué el carnet de conducir mi esposa de vez en cuando me recuerda: “eres muy agresivo”, yo le digo que no a regañadientes, le explicó lo mentecatos que son los otros conductores, pero en el fondo sé que tiene razón, ¡soy muy agresivo!

Hay algo que me derrite y es la bondad, los gestos de compasión. Le preguntaron a Tim Keller por los excesos que los cristianos hemos cometido. En lugar de justificarlos, los reconoció, pero añadió: en el centro del cristianismo hay un hombre, el hijo de Dios, y siendo crucificado dice: Padre, perdónalos. Y ese es el centro del cristianismo. Es una verdadera pena que mis actitudes se parezcan más a las del sanedrín. En esta época de argumentos, Rogers me recuerda que no debo separar el amor de la verdad, ni la compasión del juicio.

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