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Estudio

La caída en desgracia de Eric Gill

¿Qué conexión tiene el arte con nuestra vida real? Eric Gill conserva una fuerte influencia cultural a pesar de haber demostrado ser un depredador sexual

La caída en desgracia de Eric Gill

Modificado el 2021/10/30

Eric Gill está considerado el artesano inglés más importante del Siglo XX. Miembro galardonado de la prestigiosa Royal Academy of Arts, alabado por instituciones artísticas como Tate, tenía además el apoyo popular gracias a un carácter agradable y unas ideas progresistas sobre la política, la economía o el arte cristiano. La publicación de los descubrimientos de Fiona MacCarthy de The Guardian, cincuenta años después de su muerte, describe al artista católico con esa su reconocida excelencia profesional pero también con sus contradicciones personales. El propio diario personal del artista, de hecho, muestra su lado más oscuro protagonizando y detallando entre otras muchas desventuras las continuas relaciones sexuales que tenía con sus hermanas, sus criadas, sus hijas y hasta su propia mascota.





Eric Gill estaría en prisión si estuviese vivo hoy pero su obra profesional todavía conserva una fuerte influencia cultural. La visibilidad que tiene todavía su obra en Westminster Cathedral, la iglesia católica madre en Inglaterra, podría darse por supuesta; pero su obra en forma de tipografías, relieves o esculturas son clave también en instituciones como el London Underground, British Railways, o incluso Church of England, la iglesia oficial de Inglaterra. De hecho las variaciones de su tipografía Gill Sans dominan todavía los textos que leemos en todo el mundo a través de Internet. El arte no entiende de la moral o la ética y su carácter estético le da esa ambigua protección. Claro que la visión del anciano Próspero tras el pequeño, joven y desnudo Ariel en Broadcasting House, el céntrico edificio de la BBC, despierta ahora toda una nueva gama de emociones en los transeúntes.

Los antecedentes de un cometa

No se puede decir que el de Eric Gill sea un caso único. La admiración por la obra del pintor católico Michelangelo Caravaggio, por ejemplo, sobrevive a más de diecisiete delitos por difamación, agresión o asesinato denunciados antes de morir en extrañas circunstancias en 1610. Históricamente tener una religión u otra era más una cuestión de sentido común; al fin y al cabo cambiarla podría fácilmente costarte la vida. El aristócrata protestante Theophilus Hastings, 7th Earl of Huntingdon lo sabía bien. Su simple amistad con James II de Inglaterra, que se convirtió al catolicismo estando en Francia, metió a toda su familia en problemas en 1698. Era una época en la que las calles estaban tomadas por manifestaciones y disturbios provocados por el miedo a una invasión del catolicismo.

El año 1700 trajo nuevas leyes y una relativa libertad de culto a Inglaterra pero también nuevas olas de furia iconoclasta, levantamientos populares mediante los cuales las iglesias eran asaltadas y dañadas especialmente las obras de arte como muchas de las que creará luego Eric Gill. Theophilus Hastings, el mencionado aristócrata, dió a pesar de todo una educación a sus hijos que ayudará en la base de muchos de los adelantos que se verán poco después. No en vano su hija Lady Elizabeth Hastings se la considera la primera feminista de Inglaterra. Elisabeth y su hermana pequeña Selena se volcaron en general en el apoyo de actividades de ayuda social y divulgación de ideas afines a la predicación de George Whitefield.

Selina Hastings en particular gastó todo lo que había recibido de su padre en una nueva serie de iglesias denominadas Countess of Huntington s Connexion. Las entonces polémicas enseñanzas puritanas de énfasis calvinistas, eran enseñadas allí con relativa libertad y los visitantes podían asistir de forma anónima, si así lo preferían, usando lo que ellos denominaban como “el rincón nicodemita”. Los abuelos de Eric Gill procedían de esta línea de evangélicos que había asumido el riesgo y abandonado la iglesia oficial de Inglaterra. Muchos de sus familiares habían sido por eso misioneros y, cuando Eric nació el 22 de febrero de 1882, su propio padre, Reverend Arthur Tidman Gill, era pastor de una de aquellas iglesias fundadas por Selena.

Los estudios e influencias del maestro artífice

Eric Gill dejó sus estudios de arquitectura para centrarse en los estudios de artesanía, diseño y decoración en la escuela Central School of Art and Design de Londres, fundada siguiendo las ideas de William Morris y John Ruskin. Ruskin era entonces un influyente crítico de arte que marcó los patrones de estética de su tiempo en Inglaterra. Cuando pintaba utilizaba un cianómetro para reproducir cada color exactamente igual al original que observaba en la naturaleza; creía que cuánto más realista fuese más agradable le resultaría la obra a Dios. Había naturalmente una línea artística creciente mucho más escéptica con el realismo que procedía especialmente de Francia.

Aubrey Beardsley por ejemplo había sido también alumno de esa misma escuela y su sombra no debió de pasar desapercibida a la atenta mirada de Eric Gill. El artista prerrafaelista Sir Edward Burne-Jones se lo había recomendado a Oscar Wilde, cuando el escritor necesitaba ilustrar su obra editada originalmente en francés con el título de “Salomé” (1891). Oscar Wilde ya tenía la fama de degenerado que le ha sobrevivido y escoge intencionadamente un relato de la Biblia como referencia para una historia sobre sexo, despechos y muerte. Aubrey Beardsley pasa entonces automáticamente a formar parte del círculo de artistas del esteticismo, cuya convicción es que la belleza debe ser la prioridad por encima de la moral.

Aubrey Beardsley mostró especial interés en dibujar escenas de sexo explícitas, a una sola tinta, en un estilo oriental muy similar al que caracterizará luego la obra de Eric Gill. Beardsley ha pasado a la historia como el más polémico de los ilustradores del Art Nouveau y se forjó una imagen de excéntrico incluso en su forma de vestir como le ocurre luego a Eric Gill: “Mi objetivo es lo grotesco. Si no soy grotesco, no soy nada” decía Beardsley antes de su conversión al catolicismo en marzo de 1897. Ya vimos lo que le ocurrió al transgresor Henri Matisse en el artículo sobre el Guernica. Siendo un joven estandarte de la vanguardia inspiraba "La Danse" (1909) en una representación del diluvio del medieval "Beato de Saint-Sever" (1072), pero cambia radicalmente de vida al convertirse al catolicismo al final de su vida. Aubrey Beardsley, poco antes de morir de tuberculosis, daba también un giro radical y pedía por carta a su editor y mejor amigo: “Por favor destruir todas las copias de Lisístrata y los malos dibujos”.

El catolicismo como resultado de una búsqueda de la nueva religión

El ser humano tiene en general una habilidad inquebrantable para engañarse a sí mismo y a los demás con pistas falsas desde la antigüedad. El propio Kamasutra persuade al lector para evitar el adulterio pero al mismo tiempo sugiere hasta quince razones para no evitarlo. Eric Gill sufre su particular conversión al catolicismo en 1913 pero en lugar de cambiar su vida a partir de entonces lo que hace es buscarle justificación. Sus deseos a partir de entonces tendrían el apoyo de una categoría cósmica al ser también los deseos de Dios.

El artista William Morris y su movimiento de British Arts and Crafts eran la influencia principal en toda Europa. Alcanzaba al arquitecto catalán Antoni Gaudí y por supuesto a la institución donde estudiaba arte Eric Gill. William Morris creía que las máquinas eran el origen del mal y su movimiento como intento de recuperación de los valores medievales está en la base de la conversión de Eric. El trabajo de Gill como artesano grabador de inscripciones en tumbas le llevó poco a poco a dejar su activa búsqueda de una nueva religión y a entrar directamente con su mujer Mary en una comunidad de católicos en búsqueda de una vida mejor, en una no tan nueva religión, la religión medieval. Al fin y al cabo, como él dijo entonces, la religión católica era objetiva y ya había demostrado ser real.

La realidad durante la Edad Media es que entonces menos del 5% de la población sabía leer, la esperanza de vida estaba por debajo de los 35 años y las epidemias podían acabar con el 60% de la población. Estos jóvenes sin embargo estaban seguros de que la calidad de vida entonces había sido mucho mejor y se mudan buscando recuperar ese modelo al campo formando The Guild of St. Joseph and St. Dominic en los alrededores de Ditchling, Sussex. Este gremio llegó a reunir hasta cuarenta y cuatro artesanos en su mejor época y sólo eran admitidos los hombres como miembros. Allí se acostumbraron poco a poco a elaborar su propia comida, ropa o juguetes, cantar sus himnos a dos voces y construir una robusta clientela entre la entonces creciente membresía de la iglesia católica.

Estrategias para crear tu propia realidad

Eric Gill se mudó en 1924 con su amigo el poeta David Jones a un monasterio anglicano en Capel-y-finen, Wales, construido junto a las ruinas de una abadía agustina del 1100. Escribe allí el que será el primero de sus muchos ensayos “Christianity & Art” (Francis Walterson, 1927). Las ideas de Eric Gill fueron impresas en forma de pequeños ensayos durante el resto de su vida y seguidas por un ejército de aprendices, artesanos miembros muchos de ellos de tres comunidades católicas, que facilitaron que fuese posible sembrar con sus obras toda Gran Bretaña antes del día de su muerte en 1940. El biógrafo Maise Ward, por ejemplo, asegura que Eric Gill y el novelista G.K. Chesterton eran muy amigos y compartían sus énfasis en cómo el cristiano debe ejercer influencia en la sociedad - unos énfasis que ambos tomaban de Tomás de Aquino y de Jacques Maritain, un filósofo francés convertido al catolicismo pocos años antes de que lo hiciera Eric.

J.R.R. Tolien terminaba su traducción del relato medieval Beowulf cuando salió en defensa de Eric Gill. Se había levantado un escándalo alrededor de su relieve en el Great Hall de la University of Leeds. Tolkien era un aficionado al dibujo desde que era niño pero siendo ya famoso no quiso dar pistas acerca de cuáles fueron sus influencias. Wayne G. Hammond, Christina Scull y Ty Rosenthal han hecho sus deberes y vinculado su obra artística con la de William Morris y su escuela de British Arts and Crafts. Muchos de los dibujos de Tolkien son técnicamente muy similares a los que habían hecho Morris y su esposa Jane Burden. Donde se hace especialmente interesante la influencia, sin embargo, es en la filosofía que había detrás. Conceptos como el de la exaltación de la vida rural de los hobbits en contraste con la degradación de la industrialización alrededor de los orcos apuntan claramente a la misma escuela.

Eric Gill atrajo sobre sí mismo la atención de muchos otros al criticar el negocio creado alrededor de la Primera Guerra Mundial y lo hacía cómo no con una personal re-interpretación del bíblico episodio en el que Jesús echa a los vendedores del templo. Lo que pasa es que al mismo tiempo Eric Gill se estaba aprovechando del enorme incremento de pedidos que iba atendiendo en la producción de inscripciones para las tumbas de los soldados que morían. La producción era igualmente en grandes cantidades, aprovechando el conflicto bélico, con la diferencia de que, claro, era una producción artesanal.

¿Qué es lo que puede llevarnos a querer engañar a los demás? ¿no son nuestros propios intereses? No menos de cuatro biografías se habían publicado ya cuando Fiona MacCarthy, especializada en el arte de esa misma época para The Guardian, analizó su monumental diario personal y sacó a la luz todo lo que él y sus amigos habían ocultado. Fiona MacCarthy lo expresaba en sus propias palabras diciendo: “Mostraba un talento inusual promocionando los argumentos que encajaban con sus propósitos, para conseguir la teoría que le diese licencia de hacer lo que realmente quería hacer en cualquier caso”.

El valor de una solución es justo el opuesto al de un problema y cualquiera que haya trabajado en equipo sabe perfectamente que siempre es más fácil reportar los fallos que arreglarlos. El dramatismo del peregrinaje de su padre, un pastor cambiando de una iglesia congregacionalista, a una iglesia calvinista y finalmente una iglesia anglicana, descrito con todo lujo de detalles por Eric Gill en su propia autobiografía, explica en parte la compulsiva necesidad del artista por sentirse siempre un extraño en este mundo. Eric Gill dudaba al final de su vida haber encontrado en el Reino Unido a un sólo cristiano verdadero. ¿Se excluía a sí mismo? Lo que realmente quería decir es que él era la referencia que debían usar sus lectores para entender lo que es un cristiano verdadero.

La sexualidad en la obra de Eric Gill

Los dibujos de Eric Gill son realmente buenos y ciertamente se muestran libres de los típicos complejos de los artistas cristianos a pesar de lo poco legítimas que eran sus fuentes de inspiración. No es cierto que fuese un adelantado a su tiempo al dibujar desnudos. Precisamente una de las características del Renacimiento que acaba con la Edad Media es la capacidad que los pintores empezaron a tener de dibujar desnudos. Los cielos abiertos de Michelangelo en el 1512, por ejemplo, muestran ya lo que bien podría parecernos hoy una enorme sauna.

Todavía más antigua que el Renacimiento es la propia Biblia. La Biblia contenía ya incluso en la Edad Media suficiente sexo como para que un lector habituado a ella pudiese sorprenderse al ver los dibujos de Eric Gill. La Biblia contiene relatos del sexo más idílico en Cantar de los Cantarés pero también del sexo más terrible en Génesis que, de haber sido ilustrados con justicia por Eric Gill, habrían disgustado incluso a la audiencia que él tanto quería de su lado.

Sus escenas de sexo estaban en definitiva premeditadamente diseñadas para ruborizar a una parte de la audiencia que no le interesaba a él y poner de su lado a otra audiencia en plena decadencia de la época Victoriana. Sus ensayos sobre política, economía o arte cristiano por eso actuaban como bombas de humo que él esperaba iban a justificar los secretos que, de haber sido hechos públicos, habrían arruinado el interés de todos sus clientes con mucha más antelación.

Eric Gill murió víctima de un cáncer de pulmón, en medio de un ataque a las cinco de la mañana del domingo 17 de noviembre de 1940. El Montsignor Sutton asegura sin embargo que en sus cuarenta y cinco años como sacerdote no había visto una muerte más bella. Eric Gill había cumplido cincuenta y ocho años; había asegurado que no era una estrella sino un cometa. Aprovechaba en general el desencanto generalizado de la sociedad para ganar la atención sobre sí mismo pero ocultaba al mismo tiempo su propia incapacidad de hacer una propuesta mejor. No en vano su biógrafa Fiona MacCarthy añade que el artista tenía una especial y enfermiza debilidad por atraer la atención de los que le rodeaban.

La memoria de Eric Gill

Atraer la atención de la audiencia es siempre más fácil que mantenerla. Tiene sentido que, cuando empezó a hacer el diseño de su propia lápida, Eric Gill quisiera aprovechar la oportunidad para pedir más atención con la frase: “RECORDADME”. Me llama la atención que la cambió a última hora por una solicitud menos complaciente consigo mismo, la frase “ORAD POR MÍ”. La frase todavía puede leerse sobre su tumba en el cementerio bautista Speen Baptist Churchyard de Buckinghamshire. ¿Es posible que entendiese parte de su culpa al final de su vida? Lo que sí tenía claro Fiona MacCarthy, poco antes de morir en el 2020, es que su descubrimiento, treinta años después de haber sido publicado, no había cambiado la percepción que tiene la gente de él.

El primer indicador del pecado no es el libertinaje. Lo primero que hacen Adán y Eva es esconder cosas y ¡se ocultan incluso ellos mismos! Hay algo en las medias verdades que es especialmente desagradable a Dios. "¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero?”, preguntaba Jesús a sus discípulos. “Porque no hay nada oculto que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de salir a luz.”. Dios crea a la vista de todos y a la vista de todos también envía a su hijo, nacido en Belén, una ciudad colapsada de gente debido a un censo histórico. Jesús predicaba a la luz del día en las zonas más concurridas, que es justo lo contrario a lo que hicieron contra él: “¿Como contra un ladrón habéis salido con espadas y palos?”, les preguntó Jesús en la oscuridad de la noche en aquel jardín de Getsemaní. “Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas.”.

Las élites sacan un gran provecho de la ocultación. Dios sin embargo aparece en la Biblia comportándose de otra manera muy distinta. Jesús es crucificado desnudo en aquel monte de la Calavera y dejado colgando en alto donde todo el mundo lo podía ver durante horas. Cuando muere los cielos se oscurecen y la gente tiembla de miedo porque sabe en su corazón que ha pecado. Ni siquiera la muerte puede contener su cuerpo, que es levantado la mañana del tercer día. Jesús no desaparece misteriosamente ni es levantado para dejar semioculto un camino de redención. Jesús dedica sus últimas horas para indicar dónde va a estar y animar a quinientos escépticos a que anuncien en todo el mundo que todo aquel que crea en él no se perderá sino que tendrá vida eterna.

El mundo conocido estaba entonces más vertebrado y comunicado que nunca gracias a las infraestructuras creadas por el Imperio Romano. El mensaje de hecho se extendió como la pólvora hasta lo que es hoy el norte de China según Arnobio de Sicca (225-327). El mensaje de Cristo resucitado, gracias a la misericordia de Dios, es también el que llega a ti hoy mi querido lector por medio de Internet y exige de ti una decisión. ¿Quieres ser su discípulo? “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”, dijo el propio Jesús.

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