Estudio

La incansable búsqueda moral de los hermanos Dardenne

La muerte de Dios es sin duda el tema religioso más recurrente en las películas de estos directores belgas encargados de deconstruir la vida de Jesús

La incansable búsqueda moral de los hermanos Dardenne

Modificado el 2020/01/08

Barcelona, 08 de Febrero de 2020. Ganar dos o tres premios Oscar no está mal. Lo que pasa es que cuando eres un director de cine lo realmente interesante es ganar un premio Palma de Oro. Al fin y al cabo, ¡sólo un director al año puede ganar una Palma de Oro! Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne han ganado ya dos de estos premios imposibles y eso que el objetivo inicial de sus películas era contar la vida de Jesús de una forma poco convencional. El gobierno de Bélgica ha modificado ya algunas de sus leyes como una reacción en respuesta a la crítica social de sus películas. Ellos, con su modestia habitual, aseguran no tener nada que ver con esas decisiones pero ¿cuáles son sus creencias realmente?





Bélgica es un país de tradición católica y según las estadísticas el 37% de la población todavía cree en la existencia de Dios. El ateísmo es seguido hoy por apenas un 9% de la población belga. Son una minoría sí pero también lo son aquellos que asisten regularmente a las iglesias. Las cifra de asistentes a la iglesia había bajado al 5% ya en el 2009. Los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne formaban parte de esa minoría cuando participaban de las estrictas tradiciones católicas con sus padres en la década de 1960.

En 1960 una crisis económica azotaba toda la región de Liège. Liège había sido durante siglos la más próspera de las áreas industriales de la Región Valona y la maquinaria de sus minas o fábricas se había quedado anticuada. Los hermanos Dardenne asistían entonces en primera fila al desolador espectáculo del fracaso del capitalismo en forma de cierres, despidos y desempleos en masa.

Guillaume Marie van Zuylen era entonces el obispo de la diócesis de Liège. El obispo había nacido en una familia de la nobleza pero su activismo le había llevado a ser hecho prisionero durante la Segunda Guerra Mundial - al igual que le ocurrió al director Robert Bresson y al filósofo Emmanuel Levinas. El obispo Guillaume era también doctor en filosofía y durante la crisis económica de su diócesis se posicionó claramente a favor de la clase obrera apoyando incluso las manifestaciones de los trabajadores.

La formación de los hermanos Dardenne

La lectura de la Biblia y el seguimiento estricto del catolicismo formó parte de la educación más primaria de los hermanos Dardenne. Jean-Pierre estudió arte dramático y su hermano menor Luc estudió filosofía antes de empezar a trabajar juntos en la grabación de documentales bajo el nombre de Derives en 1975. El enfoque de los documentales sobre el que trabajaron los primeros veinte años de profesión estaba claramente alineado con la línea filosófica de Emmanuel Levinas. Luc Dardenne lo aprendió directamente de él cuando daba clases en la Universidad de Louvain.

El filósofo judío de origen lituano Emmanuel Levinas había desarrollado con éxito “la idea del otro” original del filósofo alemán Hegel. La idea de dar prioridad al prójimo por encima de la egoísta obsesión por uno mismo tan característica del capitalismo no es exclusiva de los hermanos Dardenne. Directores como Michael Moore, Shane Meadows o Ken Loach han tratado de proteger a la clase media y trabajadora con su obra artística, pero ese no es exactamente el enfoque de los hermanos Dardenne.

Muchos de los protagonistas de las películas del británico Ken Loach en particular son víctimas de injusticias sociales sí; pero son adultos tan exageradamente inocentes, que finalmente resultan poco creíbles. Los hermanos Dardenne creen que esa desnaturalización de los personajes perjudica a la clase obrera y por ello no es extraño ver a sus protagonistas persiguiendo el bien y el mal por partes iguales sin tener realmente control sobre ninguno de los dos. El enfoque ya lo había desarrollado en literatura Fiódor M. Dostoievski y también en el cine, por supuesto, el católico director francés Robert Bresson.

La deconstrucción de la vida de Jesús

Los hermanos Dardenne abandonan la dirección de documentales a raíz del éxito de su película titulada “La Promesse” (1996), con el determinado objetivo de construir un relato poco convencional de la vida de Jesús. El enfoque por lo tanto es muy diferente al enfoque literalista que había tomado el director italiano Pier Paolo Pasolini en “Il Vangelo secondo Matteo” (1964). El estilo de los belgas está más próximo al que tomará un año más tarde su vecino Bruno Dumont en "La vie de Jésus" (1997). Dumont incluye también escenas donde el protagonista que es figura de Cristo conduce un ruidoso ciclomotor. La persona histórica de Jesús tampoco aparece por supuesto en ninguna escena de las películas de los hermanos Dardenne pero sí trazos de su vida prácticamente en todas las historias donde padres e hijos están desbordados de sentimientos vinculados a la culpa, el perdón, la venganza o la redención.

Los personajes de los Dardenne muestran rasgos cristológicos en una línea similar a la que lo hacen muchos antihéroes bíblicos como Jacob, Sansón o Jonás. Personajes de las historias que ellos conocen desde su infancia y que han querido usar para representar un mundo caído en desgracia. La sagrada familia es representada al completo incluyendo a un burro en el cartel de la película que produjeron con el título de "Le Fils de Joseph" (2016). El padre carpintero que pierde a su hijo en “Le fils” (2002), la última cena y las caídas llevando la bombona de butano con la que pretende perder su vida la protagonista en "Rosetta" (1998) o el hijo que llama a la puerta de su padre sin éxito en “Le gamin au vélo” (2011) son sólo algunos ejemplos.

Conocí estas películas en la década de los 90 gracias a las recomendaciones del teólogo José de Segovia, que ha escrito también varias reseñas en esta misma revista. La muerte o el silencio de Dios es sin duda el tema religioso más recurrente en las películas, entrevistas o ensayos de los directores belgas. A diferencia de las películas de Luis Buñuel, Ingmar Bergman o Lars Von Trier todo rastro de referencia al cristianismo más institucionalizado ha sido deliberadamente ignorado en el universo de los hermanos Dardenne. Los únicos personajes abiertamente religiosos son emigrantes y proceden de África como es el caso de la Assita en “La Promesse” (1996) o Ahmed en la reciente “Le Jeune Ahmed” (2019) donde trata directamente el tema del fundamentalismo islámico.

El mismo agitado escenario para justos e injustos

El discurso de los hermanos Dardenne puede fácilmente confundirse con el del ateísmo, pero según Luc, que crea en la muerte de Dios "no significa que no pueda hablar de Dios, o que no pueda sentir una especie de relación con un Ser que no exista", asegura en una entrevista publicada en "Accursed Films: Postsecular Cinema between the Tree of Life and Melancholia" (2018). "¿Cómo anunciar la muerte de Dios sin escuchar el susurro de que Él está vivo?", se pregunta también al empezar su ensayo “On the Human Condition” (2012) donde abundan las referencias a escritores como Hannah Arendt, Franz Kafka o Friedrich Nietzsche.

Las películas de Jean-Pierre y Luc Dardenne son a pesar de todo su contenido metafísico auténticas películas de acción. Sus películas apenas contienen largos diálogos y en ellas se suceden con facilidad las persecuciones, las peleas o los asesinatos. La cámara es incapaz de mantenerse estable mientras persigue a menudo a los actores agitados de una habitación a otra, de una calle a otra, mientras la respiración, los portazos o los sollozos ocupan el lugar de la banda sonora original.

Un espectador curioso de sus películas permanecerá sin duda en el borde de la butaca desde el principio hasta el final pero ciertamente el espectador ha de ser valiente. Debe serlo porque superficialmente, el formato de sus obras, está muy lejos del formato al que el cine de Hollywood tiene acostumbrada a la audiencia de hoy. Si buscas una nueva entrega de “Jungla de Cristal” probablemente te cueste entender una película como "L′Enfant" (2005), "Le Silence de Lorna" (2008) o "La Fille Inconnue" (2016).

Robert Bresson, Bruno Dumont y la fe en el post-secularismo

El director de cine Bruno Dumont ya había tratado el tema del fundamentalismo islámico europeo en “Hadewijch” (2009). Jean-Pierre y Luc Dardenne de hecho tienen mucho en común con Bruno Dumont. Los tres son sexagenarios francófonos a los que apenas les separan dos horas de viaje en coche. Empezaron su carrera documentando actividades industriales e iniciaron sus particulares campañas de deconstrucción de la vida de Jesús con apenas un año de diferencia. Ninguno de ellos disfruta grabando lejos de casa, estudian filosofía y los tres directores tienen serías dificultades para creer en un Dios personal - al mismo tiempo que hacen girar toda su obra alrededor de las imágenes más espirituales de la Biblia.

Bruno Dumont y los hermanos Dardenne utilizan como referencia el estilo y énfasis del católico Robert Bresson y, al mismo tiempo, los tres se diferencian de él al no compartir su fe en un Dios personal. "Tengo esa sensación de que Dios está en todas partes", decía Robert Bresson. "Y cuanto más tiempo pasa, más lo veo en la naturaleza, en el país. Cuando veo un árbol, veo que Dios existe. Trato de atrapar y transmitir la idea de que tenemos un alma y que el alma está en contacto con Dios. Eso es lo primero que quiero obtener en mis películas.". Dios hace que llueva y salga el Sol sobre justos e injustos decía Jesús. El mundo caído se muestra caído para creyentes e incrédulos y sin embargo, al final, para Robert Bresson "todo es gracia".

Robert Bresson tenía interés en llevar al cine el bíblico “Libro del Génesis”, que es el documento más explícito sobre la relación que guarda Dios con la creación. Dios está detrás de las pequeñas cosas de la vida como las manos, las caras o los árboles porque fue él quien las creó imprimiendo en ellas su carácter e imagen. El “Libro de Génesis” es además la prueba más evidente de que la decadencia en nuestras relaciones personales está estrictamente relacionada con nuestra rota relación con Dios.

No se conoce ninguna fuente fiable que certifiqué que Robert Bresson se consideraba un “cristiano ateo”, pero de haber dicho esa frase no sería especialmente contradictorio con lo que sabemos de cualquier cristiano. La creencia o la incredulidad se alternan continuamente en la vida del cristiano, tanto como se alternan en la vida del ateo. La Biblia en particular no asegura que la creencia haga particularmente una gran diferencia en el proceso de salvación. Según la Biblia somos salvos por la gracia, que según Robert Bresson es soberana, sobrenatural y procede de Dios.

La infracción de la ley en la vida de Jesús

Desde el polo opuesto el filósofo Emmanuel Levinas enseñaba en la facultad de Luc Dardenne que sólo podemos conocer a Dios por medio de la ética y los hermanos Dardenne parecen no haber encontrado todavía descanso en esa misma búsqueda. “Quizás es porque encontremos ahí cerca de lo material y de los cuerpos, una presencia de la realidad humana, un fuego que caliente, que nos haga arder y nos aleje de la tristeza que reina en el vacío, el gran vacío de la vida. Que sea nuestra manera de no desesperar, de volver a tener fe", escribía Luc Dardenne en 2015.

La necesidad de infringir la ley es clave en las películas de los hermanos Dardenne y la ley generalmente está del lado de padres disfuncionales como ocurre en “La promesse” (1996), “Rosetta” (1999) o “Le gamin au vélo” (2011). "Tenemos que llegar a un acuerdo en los valores morales, como la igualdad entre hombres y mujeres, algo de lo que estamos muy lejos hoy" dice Luc Dardenne. Según él "los valores morales comunes sólo son posibles en un entorno secular y las mujeres sólo podrán tener igualdad en las sociedades donde se rechace la religión como una ley".

Que la ley no es un sustituto de Dios es sin embargo una idea explícita ya en el primer libro de la Biblia. Dios en el “Libro de Génesis” le pide a Abraham que rompa la ley sacrificando a su único hijo, este relato es además una de las primeras imágenes cristológicas de la historia. El filósofo danés Sören Kierkegaard trata este tema con detalle en su libro “Temor y Temblor” (1843) y los hermanos Dardenne la recuperan especialmente en la película “Le fils” (2002). Jesús ocupa el lugar del que infringe la ley para satisfacer a su padre, que paradójicamente es el que creó la ley. La idea sigue siendo hoy un galimatías para la mayor parte de los que se acercan superficialmente a ella.

Según la explicación del apóstol Pablo la ley de Moisés fue dada no como un fin en sí mismo sino como una guía para llevarnos a la necesidad de la gracia, una gracia que ya estaba planeado en el Génesis que iba a consumar Jesús. La posibilidad de crear leyes morales, éticas o sociales alternativas a la ley de Dios ha existido siempre; no es honesto considerar esa posibilidad como una posibilidad que no se haya perseguido en el pasado. Toda la historia de los hombres en realidad nos habla de su incapacidad de tener éxito creando leyes religiosas o seculares alternativas a la ley de Dios. El Código Magliabechi del Siglo XVI, las Leyes de Manu del 200 a.C o el Código de Hammurabi 1750 a.C.-que se conserva precisamente en el Museo de Louvre en París- apuntan a que este ha sido siempre el objetivo de la sociedad.

La historia de Jesús según él mismo

La historia de Jesús y su padre contada por él mismo -también de forma narrativa- la encontramos en los tres evangelios sinópticos y tiene muy poco que envidiar a las narraciones de los hermanos Dardenne. El relato incluye un propietario, un sindicato de trabajadores, un hijo y un sin fin de injusticias sociales. Los autores de los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas añaden pocas variaciones sobre esta misma parábola que llegó a ellos por tradición oral alrededor de los años 68 y 90 d.C:

“Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña, la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémoslo, y apoderémonos de su heredad. Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras: La piedra que desecharon los edificadores, Ha venido a ser cabeza del ángulo. El Señor ha hecho esto, Y es cosa maravillosa a nuestros ojos? Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará. Y oyendo sus parábolas los principales sacerdotes y los fariseos, entendieron que hablaba de ellos. Pero al buscar cómo echarle mano, temían al pueblo, porque éste le tenía por profeta.”

Las mejores intenciones no siempre ayudan y no es sorprendente que Jesús resume la ley con dos únicos mandamientos: “amar a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo”. Las buenas intenciones no son necesarias en este contexto porque el amor se expresa en acciones. Estamos acostumbrados a arreglar una ley y estropear al mismo tiempo la ley del que está al lado. Es debido a esa evidente, histórica y demostrada incapacidad de crear reglas comunes que traigan verdadera justicia a las personas y de forma estable que se hace necesaria la intervención externa de la gracia de Dios.

Hablo como un padre al decir que en el mejor de los casos los padres estamos desbordados por la incapacidad de ofrecer lo que creemos que es mejor a nuestros propios hijos. Es también el caso de la madre del bienintencionado joven musulmán que intenta asesinar a su maestra en “Le Jeune Ahmed” (2019). El apóstol Juan describe a Dios como a un padre que a diferencia de nosotros no sólo escucha y planea sino que también está capacitado y actúa en el momento adecuado: “Porque de tal manera amó Dios al mundo” -escribe él- “que dió a su único hijo, para que todo aquel que en él crea, no se pierda, mas tenga vida eterna”.

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