El Templo del Pueblo busca la Tierra Prometida

Madrid, 27 de Enero de 2019. ¿Quién no ha tenido el deseo de huir a un lugar mejor? La historia del Templo del Pueblo es la búsqueda de la Tierra Prometida en este mundo. El itinerario que lleva a Jim Jones de Indiana a la Guayana pasa por dos lugares que conformaron su iglesia y personalidad, Brasil y California. Al primero llegó en medio de una crisis y en el segundo vivirá la expansión de su visión con “el verano del amor” en San Francisco, pero de eso hablaremos en el siguiente artículo. En esta entrega vemos su anhelo de un mundo mejor, pero también su duda en cómo llegar a él, por la entrega del sacrificio o la estrategia de la manipulación.

Belo Horizonte se había convertido en la primera ciudad industrial de Brasil a principios del siglo pasado. Allí llegó en 1958 con un barco japonés de inmigrantes un misionero estadounidense llamado Edward Malmin. Viajaba con su esposa Judy y su hijo Mark, acompañados de una hija adolescente llamada Bonnie. El padre se había convertido al cristianismo evangélico en Chicago, tras pasar por un reformatorio debido a sus problemas con el alcohol y la violencia. Se casaron y fueron al seminario de Aimee Semple McPherson –la evangelista que fundó en Los Ángeles la Iglesia del Evangelio Cuadrángular, cuyo escándalo inspiró películas como El fuego y la palabra (Elmer Gantry, 1960) de Richard Brooks– y una escuela bíblica pentecostal de Costa Mesa.

Un día a principios de 1962 Malmin estaba en la oficina de correos cuando un empleado le pidió si podía hablar con un estadounidense que venía a recoger un paquete y no entendía más que inglés. Se presentó como un ministro de Indiana que se había trasladado a Brasil por su “amor a los negros”. Le dijo que llegaron a dispararle, envenenar su comida y le gritaban por la calle por tener un niño negro. Lo que le había producido una crisis mental y emocional. Los Jones habían alquilado una casa en los suburbios de San Antonio, donde invitaron a comer a los Malmin. A su hija Bonnie le sorprendió el carácter interracial de la familia, ya que tenía un novio brasileño, que no gustaba a los misioneros. Y pidió a sus padres pasar unos meses con los Jones hasta entrar en una escuela bíblica en Minnesota. Admiraba a Jim por su discurso contra la hipocresía religiosa y a su esposa por su entrega a los pobres.

Jim Jones había dejado el Templo del Pueblo a cargo de Winberg, el pastor blanco que tenía menos conciencia social y cuya esposa quería volver a recobrar la centralidad bíblica de esta iglesia pentecostal caracterizada por la integración racial. El biógrafo de Jones, Reiterman, cree que él ya sabía que eso iba a dividir la congregación, pero sabía que la mayoría apoyaría al pastor afroamericano Ijames. Los ingresos de los Jones dependían de los asilos que llevaba su suegra. Winberg tenía que mandarles dinero y las propiedades de la iglesia estaban a nombre de su madre. Vivían austeramente, pero dada su generosidad, compartían la comida con niños de la calle y alimentaban a los pobres.

LA SOMBRA DE LA MEMORIA

Malmin habló con el biógrafo de Jones, después de la masacre de Guayana. Todo para él adquiere entonces una sombra siniestra, por la que todo lo que decía le parece sospechoso. Dice que se presentaba como un antiguo infante de marina que había luchado por su país, lo que no era verdad. Y pretendía trabajar en una lavandería de una ciudad cercana. Sus vecinos le veían salir de casa con una mujer de piel oscura, que podría ser una señora de la limpieza o un contacto de los anuncios que había puesto en el periódico ofreciendo ayuda espiritual. Lo que está claro es que Jones era inteligente y sabía que había cosas que Malmin no entendía, por sus ideas conservadoras. Lo que si explotaba era el relato de las angustias que le habían llevado a una crisis nerviosa.

Jim Jones iba al culto de la iglesia de Malmin. Se sentaba en la última fila y el misionero dice que escuchaba con aire distraído, pero se le veía molesto cuando intentaba librar a personas de influencias demoníacas que venían por el vudú. Eso lo dice porque en el fondo cree que estaba dominado por espíritus malignos. Le cuenta a Reiterman que tenían la extraña sensación de que había algo turbio y oscuro en torno a él. Le pareció que percibían siempre el poder de las tinieblas a su alrededor, cosa que dudo, dada su larga amistad y colaboración durante más de dos años. A posteriori todos son sospechas, porque no puede explicar lo que pasó.

Según Bonnie Malmin, Jones se habría dedicado en Brasil hasta a investigar la “macumba” para aprender “artes ocultas” que reforzaran su poder espiritual. Según esta familia, la supuesta capacidad extrasensorial del predicador no serían más que fuerzas diabólicas que actuaran por medio de él. Esto no encaja con la aceptación de Malmin de ir a Indianápolis como custodio de Jones, hasta que volviera al Templo. Allí es cierto que se encontrará un montón de facturas sin pagar, un frío recibimiento y una congregación resentida, a la que ni siquiera Jim había advertido de su llegada. Las tensiones aumentaron y Winberg se sintió despreciado. Por lo que decidió marcharse con unos veinte o treinta miembros. El Templo pasó de dos mil a un centenar de miembros.

Al llegar Jones, Malmin se marcha poco después. Todo lo recuerda luego como muy oscuro. La memoria es así de caprichosa. Nos acordamos de las cosas y las personas, según nos conviene y a la luz de la experiencia que hayamos tenido finalmente de ellas. Los recuerdos son siempre selectivos. Cuando alguien es responsable de una barbaridad como la que ocurrió en Jonestown, todo el mundo dice que se veía venir. Nadie tiene ya dudas del carácter sectario de Jim. El problema es que antes, pocos lo percibían. No queremos reconocer lo fácilmente que somos engañados. Todos creemos distinguir bien a las personas, cuando se pone en evidencia su lado oscuro. Lo difícil es percibirlo en uno mismo, cuando nuestras motivaciones nos parecen tan dignas, como la conciencia por la justicia social de Jones.

EL LADO OSCURO DE LA FILANTROPÍA

Otro de los responsables del Templo del Pueblo, Jack Beam, se había unido a ellos em Brasil a finales de 1962, tras vender su casa. Su idea era trabajar con los niños pobres en un programa que diera ropa y comida a doscientos de ellos. El problema es que no hablaban portugués. Abandonaron entonces su plan de migración en masa a Brasil. Beam regresó a Indiana y Jim Jones se mudó a Río de Janeiro, donde se instala en un edificio de apartamentos frente a la playa de Copacabana. Daba clases de inglés, media jornada, mientras trabajaban con los pobres de las “favelas” y daban de comer a los niños de un orfanato.

El Templo del Pueblo es un claro ejemplo de lo simplista que es la idea de que las sectas sólo buscan dinero para enriquecerse. Si la iglesia de Jones se endeuda cuando está en Brasil, es porque dedicaban la mayor parte de sus fondos a ayudar a los necesitados. La conciencia humanitaria de nuestro tiempo cree poder diferenciar una ONG de una secta por su dedicación a los pobres, pero la tragedia de Jonestown te muestra cómo la caridad puede tener consecuencias terribles inesperadas. Esto es algo difícil de entender para aquellos que piensan que las buenas intenciones lo justifican todo. Muchos creen que, si haces algo de corazón, no puede hacer más que bien, pero el ejemplo de Jones te muestra que esto no es siempre así.

Las causas humanitarias tienen buena imagen en un mundo como este. Yo no creo que esa fuera la preocupación de Jones, porque entonces no eran tan populares. Muchas veces lo que ocurre es que simplemente nos dejamos llevar por nuestra necedad. Así el ministro afroamericano Ijames tiene la idea de que, igual que Jones recomendaba la adopción de niños negros, sería bueno que él y los que pertenecían a minorías raciales en la congregación adoptaran niños blancos. Para eso no sólo había problemas legales, sino que muchos lo veían como un experimento absurdo, pero Ijames decía que “Dios se lo había puesto en su corazón y nadie podía impedírselo”.

Era el sistema de Jim Jones. Cuando alguien le cuestionaba algo, acusaba a esa persona desde el púlpito diciendo que estaba en contra de la voluntad de Dios. Para sustentar su posición, Jim decía que el Espíritu Santo le había dicho esto o aquello. La poca humildad que tenía se había convertido en una preocupación por el poder, a causa del miedo y la inseguridad. Hablaba cada vez más como un profeta, pero sus mensajes eran cada vez más paranoicos sobre la amenaza de un holocausto nuclear. Su autoadulación contrastaba con la manera con que criticaba cada vez más la Biblia, poniéndose él en su lugar. Una radio cristiana se negó a seguir transmitiendo sus programas, por las cosas que decía. Hasta Ijones se asustaba a veces y le amonestaba en privado: “Van a decir que parecemos una secta”.

EL PODER DE LA MANIPULACIÓN

A finales de 1964 Jim empezó a hacer viajes de reconocimiento a California, donde dos de sus colaboradores, Jack Beam y Ross Case, buscaban un lugar donde trasladar a la comunidad. A principios del 65 Jim Jones decide ir ya allí con su familia. Antes interroga a todos los miembros de la iglesia, para comprobar su lealtad y separar a aquellos que no estaban de acuerdo. Un domingo anunció que había llegado el momento. Abrazó a sus fieles y repitió la amenaza del peligro nuclear, que fechaba ya en día y año, el 15 de julio de 1967. Sus seguidores lo creían tan fielmente que Case había subastado o regalado todas sus propiedades, dejando su empleo, para marcharse en el aeroplano que habían alquilado, pilotado por el hermano de Ijames. Hasta 140 familias se trasladaron con ellos.

Desde la “fiebre del oro”, el condado de Mendecino era el mayor productor de vino de California. El sur de la bahía de San Francisco estaba lleno de viñedos, pero la población donde se establece entonces el Templo del Pueblo, Ukiah, vivía de la industria maderera. Muchos de los miembros encuentran trabajo, sin embargo, en el hospital del estado, como la esposa de Jim, Marceline Jones. Jim busca empleo como maestro de escuela, igual que Ross. En cuanto llega Jones empieza a sondear también hasta dónde llegaba la fidelidad de Case, que había criticado su exceso de autoridad. Utiliza para ello un medio indirecto, como era Harold Cordell, un contable que escribe seis páginas de elogios a Jones, pero también de criticas a la Biblia, cuestionando la historia de la creación y milagros como los demonios expulsados por Jesús, que considera como gérmenes.

Cuando Beam visita a Case poco después, el maestro sospecha que viene para comunicar a Jim Jones cuál es su reacción ante las provocaciones que ha escrito Cordell. Beam le pidió que leyera la carta en voz alta. Case lo hace sin inmutarse, como si no le molestara lo más mínimo. No cae en la trampa de Jones hasta que Beam vuelve un mes después con Ijames. Case cuestiona el cristianismo del pastor afroamericano, que se muestra más como un universalista que como un evangélico ortodoxo. Ijames le dice que ya no hay más lugar para discusiones en el Templo del Pueblo. Case abandona la iglesia en 1965, antes de Jones llegar a ser profesor de la escuela de adultos de Ukiah.

A Jim le vuelve a entrar la paranoia de que espían lo que enseña en la escuela. Hace que cierren puertas y ventanas, para que nadie le escuche. Sus discursos van de la religión a la política, pasando por demostraciones de su percepción extrasensorial y desvaríos como que los católicos se oponen al aborto, porque quieren gobernar al mundo y que la masturbación sustituya al acto sexual. Es interesante la estrategia que usa para conseguir acólitos. Dice que, para no hacer proselitismo, ningún estudiante podrá afiliarse al Templo, para que no digan que recluta gente en sus clases. Era la forma que tenía de provocar el interés de muchos en hacerse miembros de la iglesia, poniéndoselo difícil. Así de sutiles eran sus manipulaciones.

¡Qué distinto es el ministerio apostólico! Pablo dice que ha renunciado a la persuasión manipuladora al conocer “el temor del Señor” (2 Corintios 5:11). El apóstol no empuja a las personas a un rincón emocional para forzar una decisión. Confía en “la demostración del Espíritu y de poder, para que la fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios” (1 Corintios 2:4-5). Cuando predica a Cristo crucificado no es sólo el mensaje de la cruz, sino la manera de la cruz. Entiende que la sabiduría de Dios no es la de los hombres. Por lo que el poder de Dios se manifiesta en la debilidad (2 Corintios 12). No hay mayor persuasión que esta.

José de Segovia
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