Estudio

El sueño espantoso de un demonio según Jack Chick

Barcelona, 06 de Junio de 2019. Jack Chick es con diferencia el autor más prolífico y conocido de la historia del cómic. Sus 950,000,000 copias autoeditadas y finalmente distribuidas le han servido para formar parte del panteón de pioneros del cómic underground, la exposición permanente de cultura americana en Smithsonian Institute y sin lugar a dudas del primer puesto en la clasificación de teólogos más leídos del mundo según The Guardian. Muchos de nuestros más civilizados vecinos le ven como un monstruo pero lo cierto es que el mérito no es exclusivamente suyo. Jack Chick invirtió en estos cómics sólo 800 dólares de un préstamo personal en 1960; el resto del imperio Chick Publications ha sido subvencionado por miles de clientes, lectores y distribuidores, ciudadanos difíciles de distinguir de cualquiera de nosotros.

Todo relato que pretenda conmover a su audiencia requiere un objetivo alcanzable, una verdad reconocible que sirva para acreditarlo y, por supuesto, una buena dosis de imaginación. El cómic titulado "El espeluznante sueño de un demonio" o “A Demon′s Nightmare” (1962) tiene todo lo que necesita para entrar en esa categoría. Fue el primer paso que dió Jack Chick en su solitaria aventura en contra del mundo, justo después de haber anunciado su ruptura con las iglesias evangélicas en su primer cómic titulado “¿Por qué no hay avivamiento?” o “Why No revival?” (1961). El propio David Daniels de Chick Publications confirma ahora que Jack Chick no fue miembro activo de una iglesia, prácticamente desde ese primer día en el que algunas le negaron su apoyo. Nuestro objetivo hoy es comentar ese mencionado segundo cómic titulado “A Demon′s Nightmare” en particular pero, si no os importa, vamos antes a identificar el contexto en el que se publicó.

Su formación entre lápices, carteles y arte dramático

Jack Chick nació en un familia de tradición católica el 13 de abril de 1924 en el centro de Los Angeles, California, que es la ciudad alrededor de la cual residió hasta su muerte el 23 de octubre de 2016. Lo poco que se sabe de su infancia nos habla de un niño enfermizo, tímido y aficionado a los dibujos de aviones de guerra. Cuando cumplió cinco años el país se hundía en la crisis económica más larga, profunda y generalizada del Siglo XX. Jack se mostraba a los demás como un niño dominado por la envidia, especialmente de las muestras de afecto que recibía su hermana Doris. Su padre, Thomas Chick, tenía un negocio como dibujante de carteles que logró conservar con mucho esfuerzo y eso ayudó a dar cierta comodidad a la familia. Esto, sin embargo, no fue suficiente para calmar el carácter insatisfecho de Jack, que reprochó primero la falta de atención que recibía cuando su padre trabajaba y reprochó después el exceso de trabajo cuando decidió empezar a trabajar con él.

Según su propio testimonio, en la escuela, Jack Chick se había hecho popular por su carácter malhablado y hostil. La Gran Depresión había dejado pocas diversiones disponibles y las calles de Los Angeles se habían llenado entonces de pequeños pasatiempos clandestinos, que luego se conocerán como “Tijuana Bibles”. A pesar de lo que se creía entonces, probablemente la producción se hacía en imprentas de Estados Unidos de América. Estas coleccionables historietas de bolsillo aprovechaban la poca vigilancia en los turnos de la noche, estaban firmados con seudónimos de autores todavía desconocidos como “Mr. Prolific” y tenían un alto contenido pornográfico. Ahora sorprende su recurrente contenido políticamente incorrecto, racista y misógino, pero entonces era algo que despertaba interés en la audiencia. Para satirizar mejor las noticias de su tiempo violaban todo tipo de derechos de autor como hará luego Jack Chick. Eran sin embargo fáciles de comprar en boleras, peluquerías o incluso de la mano de algún chico vendedor de periódicos a un precio de aproximadamente 20 centavos.

Todo alrededor de las “Tijuana Bibles” recuerda en mayor o menor medida a los tratados de Jack o “Chick Tracts”: su precio, su impresión como mucho a dos tintas, su número de páginas o su encuadernación grapada. Su famoso dibujo de la pantalla en "¡Esta fue tu vida!" aparece en al menos seis "Tijuana Bibles" sobre Ella Cinders, Toots and Casper o Wimpy y todas ellas tienen en común que la pantalla oculta algo vergonzoso. Podían encontrarse copias de “Tijuana Bibles” abandonadas en cualquier bar, parada de autobús o cabina de teléfono, eran coleccionables y para muchos niños de su época estos cómics constituyeron una primera escuela en el mundo de la sexualidad.

Se cree que Joe Shuster, por ejemplo, participó como dibujante en algunos de estos anónimos cómics de bolsillo antes de crear Superman. No hay duda, en cualquier caso, de que fueron muy importantes en la formación de muchos futuros autores de cómics como Jack Chick, Will Eisner o Robert Crumb. Era la Edad de Oro del cómic y el cómic es, en definitiva, un muy elavorado "storyboard", el paso previo al rodaje de una película. La televisión, por tanto, ya estaba adaptando las historias de Flash Gordon, Dick Tracy o Buck Rogers. Jack Chick quiso encontrar su propio lugar en la famosa industria de Hollywood y en 1942 sus padres le matricularon en un curso de dos años en la Pasadena Playhouse School of Theater. El gobierno de los Estados Unidos de América hizo, sin embargo, unos planes diferentes para él en 1943.

Pesadillas del frente en la Segunda Guerra Mundial

Jack Chick aseguraba a sus amigos que no participó en ningún enfrentamiento armado durante los tres años que pasó en los países ocupados por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial. Hay sin embargo, como veremos al tratar su cómic “El santurrón” o “Holy Joe” (1964), muchos indicadores que apuntan a que vió en primera fila todo lujo de detalles de los horrores especialmente en Okinawa, en lo que se conoce hoy como la guerra más sangrienta del Pacífico. ¡Las propias fotos de los civiles que trae luego a Los Angeles son prueba de que al menos visitaba el campo de batalla! El Emperador de Japón empujó a 1.465 aviadores a dar sus vidas estrellando sus propios aviones contra puntos estratégicos de la retaguardia de las tropas aliadas. Sólo en esa batalla de Okinawa los japoneses y las tropas aliadas participaron en la violación, el saqueo y el asesinato dejando allí una cifra de 150.000 muertos civiles.

Los japoneses habían desarrollado también sus habilidades en la creación de cómics en muy diferentes formatos como el Norakuro, pero es poco probable que Jack Chick llegase a tener acceso a ellos. Lo que sí es bastante probable es que llegase a él una buena cantidad de propaganda militar japonesa y americana. Todavía hoy pueden comprarse en Internet miles de variaciones de aquellos terroríficos mensajes caídos del cielo durante la Segunda Guerra Mundial, decorados con todo tipo de monstruosidades y ofreciendo a los lectores una oferta que no podían, o más bien, ¡no debían rechazar! Los diseños que incluyen demonios recuerdan bastante a los dibujos que luego encontramos en el cómic “A Demon′s Nightmare”. No es verdad que Jack Chick fuese uno de los pocos supervivientes de Okinawa. Se calcula que murieron en realidad 20.000 del total de 180.000 aliados que empezaron la batalla. Lo que sí es probable es que Jack Chick no olvidase muchas de las imágenes que vió allí.

Decenas de personajes como Drácula, Frankenstein o el Hombre Lobo ocupaban la televisión las noches de fin de semana gracias a series como Shock Theatre de Universal Studios. Jack Chick conoce a su primera esposa Lola Lynn Priddle entonces, en las clases que retoma en la escuela de arte dramático Pasadena Playhouse School of Theater. EC Comics, que había empezado como una editorial de cómics bíblicos para niños, lanzó sus terroríficas y satíricas colecciones como Tales from the Crypt o MAD precisamente en esta época. Cómics que no pasaron desapercibidos por Jack Chick como vimos al tratar su cómic "Alguien Me Ama" (1969). Los archivos de la escuela de Jack Chick conservan todavía dibujos indiscutiblemente suyos. Estando ya casado y fuera ya de la academia, uno de sus primeros trabajos fue con los textos de P.S. Clayton para el cómic “Times Have Changed?” (1953-1955). Fueron una colección de ingeniosas historias con la idea de “Los Picapiedras”, pero ¡con siete años de antelación! La innovación y el reconocimiento sin embargo no le aportan entonces demasiados ingresos y acaba aceptando un puesto de técnico ilustrador en la empresa Astro Science Corporation.

La odiosa e increíble misión de Jack Chick

Muchos hoy etiquetan los cómics de Jack Chick como de literatura de odio pero lo cierto es que ese efecto provocador era más que intencionado. Y lo que es más importante: era lo que para mucha de su audiencia los hacía atractivos. La persecución de su literatura, que hacían influyentes instituciones como Southern Poverty Law Center o Christian Book Association, respetables revistas como Christianity Today o Cornerstone, e incluso el gobierno de más de diez países como Canadá, todo ello no era para él sino el sello de garantía que le igualaba a los apóstoles. "Siempre estoy preguntando a mi secretaria si hemos recibido por correo nuevos mensajes de odio" -aseguraba Jack. "Si me dice que no hay, entonces me preocupo y me pongo a pensar que quizás estoy haciendo algo mal". “Quiero conmocionar a la gente” -decía en otra ocasión. “Quiero que se pongan malos literalmente, cuando vean mis cómics. Quiero que sientan el dolor que sufrió Jesús cuando fue crucificado”. Según Billy Ireland sus cómics “no hacen discriminación en su discriminación” pero es que eso precisamente es lo que hoy le ocurre por ejemplo a la revista Charlie Hebdo, eso es precisamente lo que la hace interesante para muchos todavía hoy.

La provocación tiene un enorme recurso para conseguir la atención. Una de las viñetas más interesantes de las que Jack Chick había pintado para “Times Have Changed?” muestran otra vez su carácter inquieto, innovador pero también profundamente insatisfecho. El protagonista aparece en primer plano llevando una rueda que ha tallado en plena Edad de Piedra; ha llevado la rueda a la Oficina de Patentes pero allí la miran con desprecio asegurando: "Podemos extenderte una patente pero no le veo ninguna utilidad a tu invento". Otra viñeta, que no fue publicada hasta hace poco por David Daniels, muestra al artista protagonista trabajando duro sobre su escritorio, en un cuarto empapelado con las típicas negativas de los editores. Al llevar una nueva carta al buzón el artista es atropellado por un cartero, que recoge el manuscrito y finalmente logra editarlo. Lo que pasa es que el autor protagonista ¡ya está muerto!

Los horrores de una guerra producen traumas que han sido estudiados con mucha atención desde entonces bajo el nombre de PTSD y que veremos con más detalles al tratar el cuarto de sus cómics, titulado “El santurrón” o “Holy Joe” (1964). Los énfasis de Jack Chick son en parte deudores de estos traumas comunes también a los soldados japoneses. Jack debía estar profundamente desanimado a medida que avanzaba en la mediana edad. Cuando sus suegros le animan a escuchar en la radio los viejos programas de avivamiento cristiano de Charles E. Fuller, Jack Chick descubre un mundo lleno de fantasía. Descubre poderes sobrenaturales al alcance de la mano, lo que llena buena parte de su vacío y mitiga parte de la hostilidad contra el resto del mundo. Jack aprende rápido a usar la Biblia como si fuese una baraja de cartas del Tarot. Se acostumbra a abrir el libro al azar, buscando palabras claves que puedan insinuar una respuesta en particular.

Buscando una posición de ventaja

Jack Chick dijo que no fue hasta que leyó el libro de “Power From On High” del predicador Charles G. Finney que recibe su misión y se decide a dibujar el primero de sus cómics. El mencionado “¿Por qué no hay avivamiento?” o “Why No Revival?” (1961).

El predicador del Siglo XIX buscaba en su libro el ánimo de su congregación pero en su versión cómic, Jack Chick lleva la idea más allá. Caricaturiza a los personajes con las caras específicas de aquellos que había conocido personalmente en las iglesias evangélicas. Los involucra en diálogos llenos de odio donde los fieles se muestran como indolentes, hipócritas y con una cola de diablo que descubre sus maléficas intenciones. Kevin Smith, Quentin Tarantino y Robert Rodríguez llevarán al cine mucho después cuadros que le deben mucho a Jack Chick. Al final, claro, todos los creyentes mueren y caen horrorizados a un abismo de llamas. No en vano la primera intención de Jack Chick era publicarlo sin utilizar su nombre personal o dirección postal en el cómic, exactamente igual a como se acostumbraban a publicar las “Tijuana Bibles”. Claro que en 1961 estas prácticas estaban prohibidas en su país y fue por ello obligado a facilitar esa información impresa en la cubierta.

"El espeluznante sueño de un demonio" o “A Demon′s Nightmare” (1962) es, en ese sentido, la primera de las muchas lecciones que Jack Chick tiene que enseñarle a las iglesias evangélicas desde su pretendida nueva posición de ventaja. Estéticamente es probablemente uno de los más impresionantes. Los malos suelen ser retratados calvos, feos y obesos. Los retratos de los buenos parecen más los de agentes de seguros; comerciales de esos que además no venden mucho. Al no haber apenas uno o dos personajes buenos en todo su repertorio, el resultado es generalmente mucho más familiar y creíble de lo habitual en un dibujante del evangelicalismo fundamentalista. Al menos en las primeras páginas. Ocurre en los cómics de Jack Chick como en “La Divina Comedia” de Dante, que las últimas páginas donde se describe el cielo apenas las acaba nadie. Te aburres tanto leyéndolo que casi prefieres volver a leer los tormentos del infierno. Las descripciones celestiales, en este caso también, no son creíbles y es quizás por eso que la tesis de Dylan Peterson en Curator Magazine es esta: “Jack Chick no creía realmente lo que predicaba”. Se puede realmente desear algo sin llegar a creerlo y sus finales son francamente poco creíbles.

El escritor y teólogo anglicano C.S. Lewis, que nació poco después de la muerte del mencionado predicador Charles G. Finney, es probablemente la fuente de inspiración para este segundo cómic titulado “A Demon′s Nightmare”. El propio Kurt Kuersteiner, experto y divulgador de estos cómics, confirma la probabilidad de este secreto a voces. Jack Chick decía claro que la idea se la había revelado directamente Dios, además con todo lujo de detalles narrativos propios de una película. El libro "Cartas de un diablo a su sobrino" se había publicado en 1942, la revista TIMES dedicaba a C.S. Lewis una de sus portadas en 1947 y el gigante 20th Century Fox compraba los derechos para hacer la película en la década de 1950. Esa idea de dos graciosos demonios haciéndole la vida imposible a un creyente, que tienen las dos obras en común, estaba de rabiosa actualidad en 1961. No en vano Billy Ireland de la Universidad de Ohio le da a Jack Chick el título de "Príncipe de la Propaganda". "Jack Chick fue primera y principalmente un vendedor", añade por su lado su biógrafo Daniel Raeburn.

Derechos de autor, propaganda y la relatividad de la razón

Jack Chick era sin embargo un vendedor muy religioso. Cuando su viejo coche sale ardiendo en el aparcamiento de las oficinas de Astro Science Corporation en la localidad de El Monte, mientras hacen planes para editar el segundo cómic, Jack Chick le confirma automáticamente a su jefe George Otis que el incendio ha sido una estrategia de Satanás. Jack Chick creía que formaba parte de un guerra espiritual en la misma línea que lo creen cientos de miles de usuarios y profesionales de la parapsicología. Sólo en Estados Unidos de América la creciente industria de los “Psychic Services” tiene ahora declarados alrededor de 85.000 empleados que ganan un total de 1.500.000.000 dólares al año. El cristianismo que predicaron los apóstoles, que ha quedado registrado en los libros que les sobrevivieron, apenas muestra interés en lo sobrenatural. Seguían así, en eso al menos, la enseñanza del mismo Jesús en el capítulo diez del Evangelio de Lucas. La forma o apariencia de los demonios, por ejemplo, no fue discutida en un concilio hasta que habían pasado más de 400 años de la muerte de Jesús.

Todo lujo de detalles sobre el día a día de los demonios son facilitados por Jack Chick también en otros títulos posteriores como “Keep the Secret”, "Satan′s Master" o "The Last Surprise" - y todavía da un paso más allá, veinte años más tarde, al cruzarse con la fraudulenta escritora Rebecca Brown. Los demonios no eran un tema que despertara interés en los registros del cristianismo primitivo y de hecho el propio Jack Chick apenas encuentra un par referencias, que obviamente escribe al pie de las páginas 8 y 22. Sobrevaloramos a menudo la autoridad que tiene sobre nosotros la razón. La revista The New Yorker ha divulgado recientemente los estudios de los científicos Hugo Mercier y Dan Sperber en "The Enigma of Reason: A New Theory of Human Understanding" (Harvard, 2017) donde afirman no sólo que creemos lo que queremos creer, sino que seguimos creyendo en lo mismo independientemente de lo que nos pueda aportar la razón. El sueño de la razón produce monstruos sí pero, ¿hasta qué punto tenemos control sobre la razón? ¿tenemos la garantía de poder anteponer la razón a nuestros propios deseos?

Jack Chick aporta otra pista falsa cuando asegura haber encontrado la inspiración para el formato de sus cómics en la propaganda comunista que perseguía a los cristianos en China. La Revolución Cultural de Mao Zedong no empieza hasta 1966 y lo más parecido a sus cómics lo encontramos a mediados de la década de 1970, ¡diez años después! “Little Red Guards”, por ejemplo, anima a los niños a delatar y entregar a la policía a sus propios familiares sospechosos. El formato del libro impreso guarda además muy pocas similitudes con los cómics de Jack Chick, que eran impresos en un tamaño de bolsillo, costaban alrededor de 20 centavos y, si somos honestos, desbordaban de creatividad por todos lados. Como vimos al principio las similitudes de formato y estilo son mucho mayores con las “Tijuana Bibles”. Hoy esas primeras ediciones de los cómics de Jack Chick se venden a precios de 60 o 90 dólares en Ebay o en ferias del cómic, que recorren varios coleccionistas del Cómic Underground como Robert Fowler o Kurt Kuersteiner.

Lo que es imposible para los hombres

La parte de verdad o referencia de credibilidad que utiliza Jack Chick es la siguiente: la Biblia advierte de la existencia y actividad de unos seres espirituales que persiguen nuestra destrucción. Eso sí está correctamente referenciado con su "infalible" traducción de la Biblia al inglés por King James. El problema es que todo lo que añade él a esa verdad básica, apunta a otras dos ideas ajenas, esotéricas, que no son propias de la fuente original. Primero la idea de que nuestra destrucción realmente depende en primer lugar de lo mal que hagan su trabajo esos seres diabólicos. Y segundo la idea de que nuestra destrucción depende, en último lugar, de lo mal que lo hagamos nosotros mismos. Esas dos vueltas de tuerca le ayudan claro en su propósito u objetivo inicial, que es, producir conversiones al cristianismo. Su biógrafo Daniel Raeburn escribe que Jack vende su producto literalmente como si fueran perritos calientes.

Los cómics de Jack Chick se cierran habitualmente con una metodología que el evangelista Bill Bright creó en 1952 para su organización Campus Crusade for Christ. Incluye unos sencillos pasos que el lector debe seguir y podría parecer una guía fácil ideal para aquellos que son más amigos de IKEA. Ese es el objetivo del relato, llevar a la gente a esa guía fácil. Si hay algo que sabemos bien los que trabajamos haciendo procesos es que todos los procesos fallan más tarde o más temprano. Lo hemos visto. Jack Chick tampoco cumplía su propio proceso y eso que era fácil. Sobra decir que a Jesús no lo encontramos en ningún lugar de los evangelios sugiriendo procesos, listas o guías - y mucho menos sugiriendo ¡que fuesen “fáciles”! De hecho si hay algo que Jesús llega a decir sobre el grado de dificultad de la salvación, es que es “imposible”; es lo que le dice a unos que se le acercaron, precisamente para pedirle detalles.

“Lo que es imposible para los hombres” -dijo a continuación Jesús- “es posible para Dios”. Solemos evitar este pensamiento pero qué pequeños e indefensos nos vemos delante de la muerte. ¡Y es que de hecho lo somos! La seguridad del creyente está necesaria y exclusivamente en la promesa hecha por Dios en el Génesis; que no fue fácil de cumplir precisamente, ya que le costó la vida a su único hijo Jesucristo. “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz” -decía Jesús cuando se despedía de sus amigos- “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”. "Sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados” -escribe el apóstol Pablo en su Epístola a los Corintios. “Porque lo corruptible tiene que revestirse de lo incorruptible” -continúa él- “y lo mortal, de inmortalidad. Cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria.» «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?» El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!".

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