Reseña

El silencio de Dios en El Séptimo Sello

En estos tiempos veraniegos de tanta sequía cinematográfica, es impresionante poder ver una noche en televisión El séptimo sello de

El silencio de Dios en El Séptimo Sello

Modificado el 2005/07/18

En estos tiempos veraniegos de tanta sequía cinematográfica, es impresionante poder ver una noche en televisión El séptimo sello de Ingmar Bergman en versión original subtitulada. Algo que es todavía posible gracias a programas como Cine Club de TVE, que emite cada sábado La2 con los Clásicos del siglo XX. Últimamente se nota de nuevo bastante interés por la obra de este director sueco, sobre el que dos autores españoles acaban de publicar dos nuevos libros, a la vez que están siendo editadas sus películas por primera en DVD, en dos ambiciosas colecciones que han creado los sellos Filmax y Manga. Las historias de este hijo de un pastor luterano nos siguen llevando a las últimas preguntas sobre el sentido de la vida y el silencio de Dios. Porque ¿qué hay detrás de El séptimo sello?

En la Suecia del siglo XIV la peste invade el paí­s, cuando un caballero llamado Blok (Max von Sydow), regresa de las Cruzadas con su escudero Jí¶ns (Gunnar Bjí¶rnstrand). Al final de una noche, sentado contra una roca de una playa, nace el resplandor tenue de un nuevo dí­a en el horizonte, cuando se presenta la Muerte para buscar al caballero. í‰ste le desafí­a a una partida de ajedrez, para intentar ganar tiempo, mientras intenta descubrir qué es lo que hay más allá de ese viaje. La Muerte le persigue, pero no responde a sus preguntas, mientras por el camino se encuentra a una familia de saltimbanquis, un clérigo desalmado, una muchacha acusada de brujerí­a y otros personajes, que ve antes de llegar al castillo, donde habrá de desvelarse el sello...

Bergman ha escrito sobre esta pelí­cula: ′La idea me vino contemplando los motivos de pinturas medievales: los juglares, la peste, los flagelantes, la muerte que juega al ajedrez, las hogueras para quemar a las brujas y las Cruzadas′. Su intento sin embargo no es dar una imagen realista de Suecia en la Edad Media, sino que es más bien ′un intento de poesí­a moderna, que traduce las experiencias vitales de un hombre moderno, de una forma que trata muy libremente los hechos medievales′. Para Bergman, El Séptimo Sello (1956) es ′una alegorí­a con un tema muy sencillo: el hombre, su eterna búsqueda de Dios y la muerte como única seguridad′.

LOS DOMINGOS EN LA IGLESIA

′Cuando era niño′, dice el hijo de este pastor luterano, nacido en Uppsala en 1918: ′acompañaba muchas veces a mi padre cuando tení­a que ir a dirigir los cultos en las pequeñas iglesias de los pueblos alrededor de Estocolmo. Para mí­ eran dí­as de fiesta. En bicicleta viajábamos por los campos primaverales. Mi padre me enseñaba los nombres de las flores, de los árboles y de los pájaros. Pasábamos el dí­a juntos, sin ser molestados por ruido alguno. El pequeño niño que yo era entonces, pensaba que la predicación era asunto de los adultos. Mientras que mi padre predicaba desde el púlpito y la congregación oraba, cantaba o escuchaba, yo concentraba toda mi atención en el misterioso mundo de la iglesia′"

′Sobre las bajas bóvedas, los gruesos muros, el aroma de la eternidad, la vibrante luz solar y de vivos colores, sobre la extraña vegetación de las pinturas medievales y de las esculturas sobre los techos y paredes. Habí­a todo lo que la fantasí­a podí­a desear: ángeles, santos, dragones, profetas, demonios, niños. Habí­a animales aterradores como la serpiente del Paraí­so, la burra de Balaam, la ballena de Jonás, el águila del Apocalipsis. Todo rodeado de un paisaje, celestial, terreno y submarino, hundido en una extraña belleza, que sin embargo me resultaba bien conocida. En un bosque estaba la muerte sentada, jugando al ajedrez con un caballero. Un personaje desnudo con los ojos muy abiertos se agarraba a las ramas de un árbol, mientras que abajo la Muerte estaba ocupada, serrando el tronco. En el horizonte de las colinas suavemente curvadas, la Muerte conducí­a la última danza hacia el valle de las tinieblas. En otra representación la Virgen Marí­a llevaba al Niño Jesús de la mano por un jardí­n de rosas. Sus manos eran como las de una campesina, su rostro serio sobre su cabeza. Los pájaros batí­an sus alas′...

′Los pintores del Medioevo reprodujeron todo eso con gran sensibilidad, con gran comprensión artí­stica y una gran alegrí­a. Todo ello me impresionaba de un modo muy directo y efectivo. Y este mundo se me hizo tan normal como mi ambiente cotidiano con mi padre, mi madre y mis hermanos. Más bien, me defendí­a contra el drama siniestro que sospechaba cuando contemplaba la imagen de la crucifixión en el coro. Me dominaba la horrible crueldad y el sufrimiento sin medida. Sólo mucho más tarde la fe y la duda se convirtieron en mis fieles compañeros de camino′

UN GRITO EN LA NOCHE

El caballero es un buscador tenaz y atormentado, que quiere creer. El escudero es un cí­nico incrédulo, aunque compasivo. Como un nuevo Quijote y Sancho Panza, se enfrentan a la Muerte misma, horrenda, tortuosa e implacable"

LA MUERTE: ¿Tú quieres garantí­as?

EL CABALLERO: Llámalo como quieras. ¿Es tan cruelmente indispensable percibir a Dios con los sentidos? ¿Por qué es necesario que í‰l se oculte en una niebla de promesas, expresadas a medias y de milagros que nadie ha visto?

(La muerte se calla).

EL CABALLERO: ¿Cómo podrí­amos creer a los creyentes, los que no creemos en nosotros mismos? ¿Hacia que nos tenemos que volver nosotros, que queremos creer, pero que no llegamos hasta ahí­?

(El caballero se ha callado y espera una respuesta; pero nadie responde; sólo silencio")

EL CABALLERO: ¿Por qué no puedo yo matar a Dios en mí­? ¿Por qué continúa í‰l viviendo en mí­ de una manera mansa, dolorosa y humillante, aunque yo le maldigo y quisiera expulsarlo de mi corazón? ¿Por qué a pesar de todo í‰l es una realidad aplastante, que no me puedo quitar de encima? ¿Me entiendes?

LA MUERTE: Sí­, te entiendo"

EL CABALLERO: Quiero saber, quiero creer, no suposiciones, sino saber. Quiero que Dios me tienda la mano, me desvele su rostro y me hable"

LA MUERTE: Pero í‰l permanece callado"

EL CABALLERO: Clamó en la oscuridad, pero no parece haber nadie allí­"

LA MUERTE: Quizás no hay nadie allí­"

EL CABALLERO: Entonces la vida es un horror atroz. Nadie puede vivir abocado a la muerte, sabiendo que no hay nada.

LA MUERTE: La mayor parte de los hombres no piensan ni en la muerte, ni en la nada.

EL SILENCIO DE LA CRUZ

Se cuenta que en cierta ocasión Bergman se paró delante de un cuadro en una iglesia, que pretendí­a representar a Cristo, y le pidió que le hablara y le dijera algo. ′Pero no recibí­ respuesta′, dice: ′sólo silencio′. Porque la cruz es en cierto sentido el silencio de Dios. ′Los judí­os quieren ver señales y los griegos buscan sabidurí­a; pero nosotros anunciamos a un Cristo crucificado′, dice Pablo. ′Esto resulta ofensivo para los judí­os y a los no judí­os les parece una tonterí­a; más para los que Dios ha llamado, sean judí­os o griegos, ese Mesí­as es el poder y la sabidurí­a de Dios′ (1 Corintios 1:22-24).

′Nuestro egocentrismo es tan profundo′, dice Carson, ′tan brutalmente idólatra que intenta domesticar al mismo Dios, como si í‰l tuviera que darnos explicaciones y existiera sólo para satisfacer nuestras necesidades′. Ya que aunque ′existe un tipo de anhelo por el poder de Jesús, que es completamente santo, humilde, quizás incluso desesperado, algunos quieren que Jesús realice una señal para poder evaluarle, para que justifique sus pretensiones, para corroborar sus credenciales′. Pero í‰l ′no puede rebajarse a ser un mero genio poderoso, que realiza unos trucos espectaculares cuando se le ordena′. No es ′un hábil mago′. Por lo que no podemos ponerle a prueba, sino que es í‰l quien me examina a mí­ y pone las condiciones.

′Pues lo que en Dios puede parecer una tonterí­a, es mucho más sabio que toda sabidurí­a humana; y lo que en Dios puede parecer debilidad, es más fuerte que toda fuerza humana′ (1 Co. 1:25). La tradición luterana conserva por eso un himno de la Edad Media a esa Cabeza ensangrentada, que suena con la música de Bach:

Cubrió tu noble frente, la palidez mortal,
cual velo transparente, de tu sufrir señal.
cerróse aquella boca, la lengua enmudeció,
la muerte frí­a toca, al que la vida dio.

Señor, lo que has llevado, yo solo merecí­;
la culpa que has pagado, al Juez yo la debí­.
Mas, mí­rame; confí­o, en tu cruz y pasión.
Otórgame, bien mí­o, la gracia del perdón.

Y cuando llegue mi hora, no me abandonarás;
con tu cruz salvadora, pronto aparecerás.
Si se rompe en la muerte, mi pobre corazón,
Señor, piadoso y fuerte, me salve tu pasión.

Bernardo de Claraval (1090-1153).


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Comentario de 699600257

"me gusto el libro y hay una pelicula ha cerca de este libro es al filo de una la laza grabada en ecuador y el final de este libro creo yo lo quieren rodar en jerez de la frontera cadiz españa" (2018-02-17 17:37:08)



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