Guyana en el éxodo del Templo del Pueblo

Madrid, 09 de Marzo de 2019. Dice la llamada ley de Godwin que cuánto más se alargue una discusión en Internet, más aumenta la probabilidad de que aparezca una comparación con Hitler y los nazis. La verdad es que esto ocurría ya antes de la era digital. En sus sermones de 1973 Jim Jones empieza a comparar a Nixon con Hitler. En abril anuncia que la guerra nuclear es inevitable, pero el Templo del Pueblo tiene un plan de escape: “Emprenderemos calladamente nuestro viaje por el desierto y dejaremos la América de Faraón, tarareando nuestras canciones cruzaremos la frontera a una tierra donde cultivar nuestra comida, que no haya más racismo, división y opresión de clase” … ¡La Tierra Prometida!

La mayor parte de la bibliografía que he consultado sobre Jim Jones y el Templo del Pueblo se centra en lo ocurrido en el periodo que se establecen en Guyana. Sólo Reitermann y Guinn intentan entender en sus monumentales biografías cómo era Jones y su iglesia antes de formar Jonestown. Lo mismo pasa con las películas que se hicieron después y los extraordinarios últimos documentales. Todos ellos giran en torno a lo ocurrido pocos años antes de la masacre.

Esta segunda parte de la serie me adentro ya en los dramáticos acontecimientos ocurridos en Guyana, para intentar llegar a unas conclusiones que nos permitan aprender de la Historia. Alguno me ha animado a desistir de entender a Jones. Incluso hay quien me ha sugerido que, al intentar comprenderle, parecía que estaba justificándole. Todo lo contrario. Si he prolongado esta serie a pesar de no ser tan popular como otras, es porque creo que, si no entendemos la Historia, seguiremos cometiendo los mismos errores...

SILENCIANDO A LOS CRÍTICOS

A principios de 1973 ningún juzgado ni periódico investigaba ya el Templo. Los artículos de prensa no habían conseguido nada. La oficina del fiscal del estado sacó la conclusión de que ellos no tenían jurisdicción y el sheriff del condado consideró legal que la guardia de seguridad del Templo estuviera armada. De hecho, la denominación de Discípulos de Cristo hizo una declaración diciendo que los artículos de Kinsolving eran inexactos, ya que Jones habían desmentido categóricamente que fuera la reencarnación de Jesucristo.

¡No es extraño! Un mes después de la publicación, el Templo hizo dos generosos donativos a la denominación por varios miles de dólares. Y en los meses siguientes otros a los distintos periódicos de San Francisco, para apoyar la libertad de prensa. Lo que no lograban las llamadas del ayudante del fiscal del distrito Tim Stoen, miembro del Templo, lo conseguía el dinero. La única oposición al Templo parecía venir de un pequeño grupo cristiano de oración que había en Ukiah. Lo dirigía un antiguo asociado de Jones en su etapa en Indiana, un maestro de escuela llamado Ross Case.

Jim Jones tenía también una solución para esto. Recordó que una mujer del Templo, Penny Kerns, había dicho que un miembro negro del Templo, casado con una mujer blanca, tenía relaciones homosexuales con un desconocido. Hizo que el miembro del Templo llamara a Case, para grabar una conversación que sugiriera que era él, su amante. Cuando el superintendente de la escuela llamó a Case a su despacho, se encontró al abogado del Templo y la acusación que hacía que fuera poco apropiado que enseñara a niños. Para acabar la jugada, Jones llamó a Case para decirle que sentía lo que había pasado. Le aseguró que él no tenía nada que ver con aquello y le prometió que echaría a patadas del Templo al miembro que le había acusado.

JONES Y EL MOVIMIENTO GAY

San Francisco ha sido siempre una ciudad a la vanguardia de los cambios sociales en Estados Unidos. No es causalidad que Jones basará a mediados de los 70 su iglesia más en la ciudad, que en el valle donde se habían establecido en el condado de Mendocino, al venir de Indianápolis. Establecen así decenas de comunidades en casas de Potrero Hill, un barrio pobre y mixto racialmente, donde vivía gente de clase trabajadora, famoso por haberse criado allí la estrella de fútbol O. J. Simpson. Para trasladarse allí, tuvieron que sacrificar los animales, algo extraño en un grupo predominantemente vegetariano.

La historia del movimiento gay, aunque tiene su día de orgullo en relación a los disturbios producidos en torno a un bar del Village neoyorquino en 1969, encontró en Harvey Milk (1940-1978) el símbolo que buscaba por su martirio. Aunque Milk nació y creció en Nueva York, se traslada a San Francisco en 1972, donde se establece en el barrio de Castro, para presentarse al año siguiente en las elecciones al cargo de supervisor de la ciudad. El libro de Daniel Flynn, “Ciudad de Culto sectario: Jim Jones, Harvey Milk y los diez días que conmovieron San Francisco” especula sobre la amistad y alianza entre ambos.

Jim Jones entendía el movimiento gay por su propia bisexualidad. En aquellos años de sexualidad “fluida” tras “el verano del amor”, todas las relaciones parecían “abiertas”, no sólo a tener experiencias con distintas personas del sexo opuesto, sino también a “juegos” homosexuales. Esto estuvo a punto de hacerse público cuando Jones fue arrestado en un cine de Los Ángeles a finales del 73. No era una sala pornográfica. La película que proyectaban era Harry El Sucio de Clint Eastwood, pero el cine estaba al lado del parque McArthur, que era un lugar de encuentro homosexual. Según el testimonio del policía que iba de paisano, el predicador se masturbó provocativamente en el baño delante suyo, lo que el abogado rebatió con un informe urológico que argumentaba problemas de próstata. Tras la intervención del ayudante de fiscal del Templo, Tim Stoen, toda la documentación del caso desapareció, al ordenar un juez que los papeles fueran destruidos por el informe del fiscal que desechaba los cargos contra Jones.

MILK, FONDA Y HEARST

Aunque Milk era algo indiferente a cuestiones de fe, Jim Jones le atrajo proporcionándole voluntarios para sus campañas, donándole una imprenta y dándole publicidad en su periódico. A cambio Milk le dio legitimidad hablando en el Templo y alabándole en su columna del diario local. Sobre todo, intercedió por él, ante Jimmy Carter, el secretario de sanidad, educación y bienestar Califano y hasta el primer ministro de Guyana. Cuando murió el amante de Milk, suicidado, recibió multitud de cartas de condolencia de los miembros del Templo. La masacre de Jonestown fue sólo nueve días antes que Milk fuera asesinado en noviembre del 78.

La hija del actor Henry Fonda se convierte en un mito erótico en Francia, al casarse con el director Roger Vadim en los años 60. Jane cuenta en sus “Memorias” que su marido hizo de su matrimonio una relación “abierta” por la que tenían relaciones sexuales con otras personas. Al principio le pareció divertido, pero luego le resultó una vida vacía y se volcó en la actividad política. Apoyó el movimiento por los derechos civiles y apoyó a las Panteras Negras. Participó en la ocupación de Alcatraz por los indios en 1970 y se opuso a la guerra del Vietnam, llegando a hacer campaña contra ella en Hanoi, el año 72. Al defender el comunismo, se hizo muy impopular en Estados Unidos. Es entonces cuando visitó el Templo de la calle Geary y envió una carta a Jones que decía: “Me comprometo con su congregación como un miembro con plena participación, experiencia que también deseo que tengan mis dos hijos”.

El secuestro en San Francisco de la hija del magnate de prensa, Patty Hearst, afectó también al Templo. El rescate que solicitaba el llamado Frente Simbiótico de Liberación debía gastarse en comida para los pobres de la bahía. El grupo comunitario que debía distribuirla era el llamado WAPAC, cuyo director era un miembro del Ejército de Liberación Negra que había sido declarado culpable de conspiración, tortura y asesinato de un Pantera Negra. El segundo de Jones en el gueto era uno de los pocos drogadictos de verdad que se había rehabilitado en el Templo, Chris Lewis, un gigantesco afroamericano que ejercía de guardaespaldas del predicador. Introducido en el WAPAC, tuvo una disputa con el director, que acabó en su asesinato. Jones pagó la defensa y la fianza de Lewis, pero fue investigado por la policía secreta, al encontrar fotos con el novio de Hearst y dos secuestradores en reuniones del Templo. La solución de Jones fue un generoso donativo a la familia Hearst y el envío de Lewis a su nueva misión en Sudamérica.

¿POR QUÉ GUYANA?

En otoño del 73 hacía ya casi un año de la publicación de los artículos de Kinsolving. Algunos piensan que Jones quiso trasladar el Templo al Caribe, por el acoso de la prensa. Sin duda fue una razón, pero hubo otra más importante que le afectó aún más todavía: la deserción de “los ocho revolucionarios”. Ese año ocho miembros de la iglesia dejaron el Templo por racismo. En una carta culparon al “estado mayor” de la Comisión de Planificación de estar formado sólo por blancos y daban a entender que a Jones le interesaba más el sexo que el socialismo. Lo doloroso para él, es que argumentaban razones políticas. De cualquier forma, Jones vio que había perdido control en sus seguidores y las influencias externas eran perniciosas. Los ocho que desertaron estaban en la universidad.

Tim Stoen desarrolló un plan de acción inmediata que suponía volar al Canadá, para establecerse en el Caribe. La Comisión de Planificación lo presentó a todos los miembros del Templo como que buscaban un lugar de misión en el mundo, aunque ya habían decidido que sería Guyana. La idea era dar la impresión de una decisión colectiva, aunque era Jones, por supuesto, el que eligió el país que había visitado en 1961. Entonces era la Guyana británica, ahora independiente, pero era el único país de habla inglesa de toda Sudamérica, formado además por personas de raza negra, que tenían además un gobierno socialista. Es una nación pequeña, que tenía la población de San Francisco, pero estaba cubierta de una densa jungla sin carreteras interiores. Había que volar o navegar por ríos, para atravesar el país.

El gobierno socialista de Burnham había enviado colonos a Matthews Ridge, una aldea minera que comunicaron por tren con una colonia agrícola llamada Port Kaituma, que tenía un pequeño aeródromo y la conexión por río al océano Atlántico. Una vez que los jóvenes colonos limpiaron la jungla, trazaron unos caminos y construyeron unas casas, se dedicaron a retozar con las muchachas indias que vivían en la zona, para acabar marchándose. Un grupo de jazz caribeño de Nueva York les sucedió, pero lo único que plantaron antes de echarlos, era marihuana. La familia Jones y sus doce ayudantes de confianza causaron mejor impresión a las autoridades, a las que más que su socialismo, lo que les interesó es que eran estadounidenses en una zona del país con peligro constante de invasión venezolana.

EL PARAÍSO PERDIDO

El deseo de recuperar el Edén está ya en la Biblia, pero todos tenemos a veces la sensación de vivir en tierra extraña. No conocemos el Paraíso del que venimos, pero en esta cultura de Babel encontramos que el sueño del progreso ha acabado en confusión y división (Génesis 11:1-9). Nos sentimos extranjeros de nosotros mismos, alienados y enajenados. Podemos entender cómo se sentían aquellos hombres y mujeres que huían de la discriminación racial y la opresión de la pobreza. Buscaban un mundo mejor. Y Jones se lo prometía.

En “Al este del Edén”, Steinbeck habla de subir las montañas del centro de California como al regazo de tu madre amada. Es el anhelo de encontrar el Hogar al que perteneces, cuando te parece que el lugar donde vives y la familia que tienes, no satisface tus deseos más profundos. Muchos quisiéramos volver a tiempos, personas y lugares donde nos parece que podíamos ser más felices, pero cuando regresamos a esos sitios y encontramos esa gente, sentimos que algo ha cambiado. No es lo mismo. Nos decepciona.

“Esas cosas –dice C.S. Lewis en “El Peso de la Gloria”–, la belleza, la memoria de nuestro pasado, son una buena imagen de lo que deseamos; pero si las confundimos con la cosa misma se vuelven ídolos mudos que rompen los corazones de quienes los adoran, porque no son la cosa misma”. Hemos sido hechos para vivir en un lugar donde el amor no falta, nada se corrompe y enferma. Queremos todo eso, pero sin el Dios que lo hace posible. Y nos hemos alejado de Él. Perdimos nuestro hogar y ahora vagamos insatisfechos luchando contra la enfermedad, la vejez y la muerte. Nos esforzamos en recrear el Paraíso perdido, pero el mundo tal y como es, no es lo que buscamos.

Jesús ha venido a este mundo de injusticia y opresión, perdida y aflicción, para traer esa realidad nueva que llama “el Reino de Dios” (Marcos 1:15). Nada parecía según las expectativas. Nacido en la pobreza, anduvo sin casa, lejos de los centros de poder e influencia política, académica y religiosa. Es crucificado fuera de la ciudad de los hombres y rechazado por la sociedad en un exilio en el que clama: “¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?” (Mateo 27:46). En la oscuridad de su alienación, experimentó el desamparo que nosotros merecemos, lejos de Casa. Dejó el Hogar eterno, para llevarnos a él.

José de Segovia
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