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Estudio

Los emigrantes en Egipto y las tribus nómadas en Canaán

Los egipcios daban nombres despectivos a muchos de los pueblos que daban problemas y no es siempre fácil seguirles la pista por medio de la arqueología

Los emigrantes en Egipto y las tribus nómadas en Canaán

Modificado el 2022/04/01

El faraón Ramsés III estaba descansando en su particular harén durante la anual Fiesta del Valle. Sus habitaciones eran el único lugar en el que podía olvidarse por un momento de las guerras, las hambrunas y los levantamientos populares que ensombrecían incluso días tan alegres como aquellos. Los soldados se habían quedado esperando en la puerta así que entendemos que no debió prever que un problema mayor se cernía sobre él. Alguien le cortó entonces el cuello, hasta fracturar el hueso de su columna vertebral y marcó así el principio del fin de un imperio.

Las estrategias de la propaganda y el interesado uso de los nombres no es una invención de la modernidad. El Papiro Judicial de Turín registra el juicio y sentencia guardando naturalmente el debido silencio en los temas más sensibles. Veintiocho personas fueron ejecutadas debido a aquella conspiración de oficiales, cocineros, médicos, magos y jueces muchos de los cuales habían sido pagados con favores de las esposas y amantes del faraón. El castigo más interesante sin embargo fue reservado para uno de sus hijos cuyo nombre oculta el documento bajo el seudónimo de Pentaur. La arqueología lo había identificado originalmente como el hombre desconocido “E” y había sido enterrado con todos los deshonores junto a su padre.

Emigración e influencia de los shasu, los habirus y los hicsos

El relato de una enorme familia emigrando a Egipto cierra el relato del bíblico Libro de Génesis. Es la hambrienta familia del sumerio Abraham, que busca allí la salvación de una sequía que azota todo Oriente Próximo. Fuentes externas descubiertas por la arqueología confirman que entonces el hambre empujaba a muchos de estos pueblos a tomar ese mismo camino, dejando el paso libre a los pueblos de lenguas desconocidas que habían ocupado lo que acabaremos conociendo como Babilonia. Los documentos egipcios no se muestran especialmente interesados en recoger los nombres específicos de los diferentes clanes y en ocasiones estas personas se identifican simplemente por su barba o con nombres genéricos como “habiru”, que significaba realmente polvoriento o sucio.

"Shasu" era otro término despectivo que parecían utilizar como genérico para tribus nómadas que les daban problemas en Canaán o Sinaí. Conocemos al menos seis variaciones entre las que estaban los Shasu de Yahveh. Todo ese cuadro puede resultar bastante evocador para cualquiera que haya tenido que emigrar ¿verdad? Hay sin embargo que hacer una excepción con los “hicsos” ya que ellos llegaron a ser tan numerosos e influyentes que podían ocupar puestos de influencia política como el propio cargo de faraón que ocupó Sheshi alrededor del año 1720 antes de Cristo. Los hicsos son quienes introducen el caballo y el carro que luego la dinastía Ramsés utilizará tan habitualmente en su iconografía para demostrar su superioridad sobre el enemigo.

El relato de un emigrante semita ocupando un cargo de responsabilidad en Egipto es algo que nunca antes, ni después, será tan creíble como lo es si aceptamos que se produjo en este periodo específico. El relato del emigrante José, bisnieto de Abraham, convertido en responsable de unos almacenes en Egipto, da paso al siguiente relato bíblico. Se encuentra realmente ya en el Libro de Éxodo. Las fuentes externas confirman que a pesar de las sequías el gobierno de los hicsos estuvo especialmente marcado por el comercio, la prosperidad económica y el progreso cultural hasta que fueron expulsados por el faraón Amosis I alrededor del año 1557 antes de Cristo.

Los empleados en la construcción del antiguo Egipto

Las relaciones de favoritismo que habían tenido los pueblos semitas bajo el reinado de los hicsos, probablemente cambiaría a partir de aquellos enfrentamientos. Los relatos egipcios lo adornaron identificando los acontecimientos como una metafísica guerra entre Set y Ra, que eran naturalmente los dioses patrones de las dos ciudades enfrentadas: Tebas y Avaris. El conflicto interno en realidad tenía más rasgos de guerra civil que de fantasía divina y se había extendido durante el gobierno de varios faraones. Los hicsos expulsados es muy improbable que fuesen parte de las tribus semitas que luego se conocerán como israelitas en Canaán; muchas de las familias de emigrantes que se quedaron, sin embargo, debieron compartir un mismo triste destino dentro de la sociedad egipcia.

Avaris había sido la capital de Egipto durante el gobierno de los hicsos y tenía una enorme cantidad de almacenes para el trigo cuando fue absorbida por la nueva ciudad de Pi-Ramesses. La ciudad no se caracterizó bajo el gobierno de Ramses II por su capacidad de almacenaje y su nombre será abandonado alrededor del año 1060 antes de Cristo. Le sustituirán hasta dos diferentes nombres y emplazamientos como Tanis o Zoan. Quinientos años después, los autores de la Biblia, sin embargo, seguían recordando y mencionando la ciudad con su nombre Pi-Ramesses en diferentes libros como Éxodo, Números, Isaías, Ezequiel o Salmos, a veces en el contexto de una ciudad de almacenaje. ¿Cómo podían los hebreos describir con tanta precisión un lugar que había estado deshabitado los últimos 500 años? La explicación más razonable es que los diferentes autores de esos libros debieron adquirir ese detallado conocimiento, rescatado ahora por la arqueología, de una misma tradición oral.

Ramsés I tampoco tenía familia real cuando arrebató el trono y eso en parte explica que su linaje haya pasado a la historia por la gran cantidad de edificios construidos alrededor del año 1290 antes de Cristo. Así justificaban públicamente su derecho a gobernar. Sabemos que no sólo eran esclavos aquellos que trabajaban en la construcción de las majestuosas construcciones religiosas y funerarias de Egipto. Muchos agricultores se ofrecían también a trabajar por temporadas y también otros muchos hacían estos duros trabajos para pagar sus propias deudas con el gobierno. Cuando se habían cumplido las obligaciones establecidas, las leyes egipcias permitían incluso a los esclavos la vuelta a su origen con dos razonables excepciones hechas para sus pueblos vecinos en Nubia y Libia.

El trozo de pedestal ahora más conocido como “Berlin Pedestal Relief” está datado alrededor del reinado de Ramsés II e incluye una visual cadena de pueblos con los mismos rasgos físicos y sus respectivos nombres: Ascalón, Canaán y IA-Sr-il/YA-Sr-il. La pieza había sido comprada por el egiptólogo Ludwig Borchardt en 1913 y se había guardado sin darle mayor importancia en el Egyptian Museum of Berlin. La revista especializada “Journal of Ancient Egyptian Interconnections” publicó en el año 2010 un documentado estudio de Pieter Gert van der Veen, Christoffer Theis y Manfred Görg, los profesores respectivamente de University of Mainz, University of Heidelberg y University of Munich, sobre las razones que les llevan a apoyar la hipótesis de que es una muy temprana forma de escribir lo que luego conoceremos como Israel.

Un oficial y noble egipcio llamado Rekhmire, que vivió poco después de la expulsión de los hicsos, hizo también una insólita excepción decorando su propia tumba con detalladas escenas cotidianas de constructores. Estas escenas contrastan con la habitual autopromoción religiosa que era habitual en Egipto y nos ayudan ahora a entender muchas de las técnicas que usaban para su prodigiosa arquitectura: el uso de ladrillos con paja, los compases o los andamios. La ausencia de detalles a este nivel había llevado a algunos en el pasado a creer que las pirámides habían sido construidas por extraterrestres, pero en realidad encajan con la descripción que ya conocíamos a través de la Biblia.

Los silencios en la propaganda política de Egipto

Los egipcios podían tener poco gusto para decorar las paredes de sus edificios pero tenían por regla general buena vista para los negocios. Especialmente a diferencia de otros imperios como el de los asirios que, a pesar de su exquisito gusto estético, eran capaces de cubrir de sal las ciudades conquistadas. La vida de los esclavos era un bien útil y preciado para los egipcios, que tenían incluso derecho a pedir días libres para cumplir con sus obligaciones. Lo vemos también en la información interna de la Biblia. La Biblia es explícita cuando asegura que el trato desfavorable que recibieron los judíos allí fue un trato exclusivo que se le infringió a ellos en particular y por una razón muy específica.

Todos sabemos que una palabra o un silencio en su lugar oportuno puede marcar toda la diferencia y poner al interlocutor de nuestra parte. Todas las grandes edificaciones del antiguo Egipto estaban cubiertas de ese tipo de colorida propaganda en una línea equivalente a las modernas fachadas de ciudades como Tokio, Hong Kong o New York. Merneptah, que había precedido en el trono al mencionado Ramsés III, lo sabía también cuando mandaba escribir la famosa estela que tanta controversia ha despertado en los últimos doscientos años. Google puede ayudarte a encontrar cientos de discusiones acaloradas sobre el tema.

Antes de escribirla el faraón Merneptah había enviado espías a sus vecinos en Libia y había sido informado de que allí se había creado una alianza de mercenarios procedentes del mar que incluía a los “palusata”, el pueblo que en el futuro ocupará Canaán y los hebreos identificarán como filisteos. Antes de llegar ese momento aquellos mismos pueblos estaban tan hambrientos y desesperados que para sobrevivir planeaban asaltar Egipto. Catorce días después de haber recibido las noticias Merneptah se enfrentó a ellos en la Batalla de Perire. Mató allí al rey libio Merey y capturó a nueve mil de aquellos hombres pero su problema no había hecho más que empezar.

Hipótesis y evidencias del bíblico Éxodo

La propaganda de Merneptah asegura en la famosa estela que todos los pueblos de su alrededor habían sido aplastados y que su amenaza había desaparecido. Los registros de su sucesor en el trono nos dicen sin embargo justo lo contrario. Ramsés III se enfrentará a los mismos pueblos en las orillas del propio Nilo. Según el Papiro Harris I los egipcios estaban en clara desventaja al enfrentarse sobre el agua, pero contaban con la ferocidad de quien arriesga la vida de sus familiares. Los egipcios usaron flechas, lanzas y garfios desde las sólidas orillas que les permitieron incluso tomar el control de las naves de sus enemigos.

Ramsés III está considerado el último gran faraón. La sobrehumana astucia de aquel imperio no fue suficiente para enfrentar tantas guerras, al mismo tiempo que soportaban los excesos, las sequías y el hambre. La edad de bronce llegaba a su fin y la nueva tecnología del hierro cambiaba totalmente las reglas del juego. G.E. Wright, profesor de la Universidad de Harvard, asegura que entonces un sencillo rey de Canaán demostraba su superioridad enviándole al faraón un cuchillo de hierro y que otro todavía más atrevido le enviaba una amenaza velada en un refrán de su propio pueblo.

Canaán o el área de levante ciertamente tampoco estaba destruida, que es lo que asegura la estela del faraón Merneptah escrita en el año 1208 antes de Cristo. Si aplicamos la misma regla de tres que hemos visto en el caso de los pueblos del área de Libia, podemos concluir que el faraón también tenía que desmentir problemas causados por los pueblos de Canaán, Siria, Hatti, Ascalón, Gezer, Yanoam y Isr[A]r. El último nombre, como si se tratase del nombre de un desheredado, es en parte también descalificado en la estela como un pueblo sin tierra propia, quizás por el recuerdo que pudieran tener de ellos en una época previa en la que fueron nómadas. La mayoría de los académicos interpretan Isr[A]r como Israel pero en cualquier caso no es necesario llegar a las manos en esa discusión inútil.

La mitología sobre la conquista de Canaán

La dramatización de “La Biblia”, distribuida por 20th Century Fox y emitida por primera vez en History Channel en 2013, muestra por ejemplo a los israelitas escalando los altos muros de Jericó con sólidos garfios y luchando con largas espadas brillantes de hierro, que es en realidad un material que no utilizarán hasta cientos de años después. Muchas bienintencionadas películas y dramatizaciones sobre historia pueden a veces aportar más confusión que conocimiento histórico pero esto es algo que también ocurre fuera de Hollywood. Hay por ejemplo una minoría de académicos, como el ahora popular Israel Finkelstein, que aseguran que los israelitas siempre estuvieron en Canaán, que no hay evidencias del Éxodo ni tampoco restos de la existencia de un monarca llamado David.

Amnon Ben-Tor, profesor emérito en The Hebrew University of Jerusalem, defiende en su libro “La arqueología del Antiguo Israel” que por las características propias de la arqueología, las dataciones deberían tratarse siempre “con circunspección y evitar basar conclusiones de largo alcance”. La ciencia es siempre un trabajo en desarrollo, que además nos obliga a hacer tareas colaborativas. Charles R. Krahmalkov, el profesor emérito de la University of Michigan, especializado en gramática fenicia, ha analizado con detalle las inscripciones proto cananeas Sinaí 345, Sinaí 346 o Sinaí 351, encontradas en las minas de Serabit el-Khadem por el arqueólogo Flinders Petrie. Las conclusiones publicadas en “Belgian Academy for the Study of Ancient and Oriental Languages” durante el año 2017, están alineadas con otros estudiosos de lenguas antiguas como Michael Shelomo Bar-Ron y señalan que la fama de alguien con nombre de Moisés debió haber llegado allí alrededor del año 1250 antes de Cristo.

La traducción más probable de la inscripción Sinaí 360 (Z ŠḤ ʔT ZT BŠN MŠ [MHBʕLT] BBŠN), escrita sobre una piedra elevada entre dos ríos secos cerca de la Mina K, asegura que "este es el sitio de (donde tuvo lugar) la señal que Mashe Mahub-Baalt mostró con la serpiente". La inscripción Sinaí 351 (Z BŠN MŠ NQB [BN] M[ʔHBB]]ʕLT), por ejemplo, no sólo incluye otra vez la referencia a “Mashe”, sino que además la acción es gráficamente identificada con lo que podría ser la referencia más antigua a Yahveh. El arqueólogo Scott Stripling encontró en West Bank, durante el mes de diciembre de 2019 y mucho más adelante siguiendo la ruta del Éxodo que indica la Biblia, una maldición que contiene lo que podría ser una tercera referencia temprana al nombre de Yahveh.

Los primeros asentamientos urbanos de Israel

El arqueólogo Adam Zertal creía que la Biblia estaba llena de mitos y buscaba evidencias cuando se encontró con el famoso asentamiento del monte Ebal. Los restos son identificados ahora por la mayoría de los académicos como el bíblico altar de Josué y uno de los primeros asentamientos más antiguos de Israel en Canaán:

"Cuando el Señor vuestro Dios os haya hecho entrar en la tierra que vais a poseer, bendeciréis el monte Guerizín y maldeciréis el monte Ebal." (Deutoronomio 11:29)

"Entonces Josué edificó un altar a Jehová Dios de Israel en el monte Ebal, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado a los hijos de Israel, como está escrito en el libro de la ley de Moisés, un altar de piedras enteras sobre las cuales nadie alzó hierro; y ofrecieron sobre él holocaustos a Jehová, y sacrificaron ofrendas de paz. También escribió allí sobre las piedras una copia de la ley de Moisés, la cual escribió delante de los hijos de Israel." Josue 8:30-32

Las autoridades de Palestina arrancaron en febrero del año 2021 muchas de las piedras de esta primitiva construcción para pavimentar modernos caminos en las proximidades pero hay más pruebas de la actividad de los hebreos de esa misma época en el propio Canaán. Son además pruebas que van más allá de las palabras: las ruinas incendiadas de ciudades como Betel, Laquis, Eglón, Debir o Jasor. Quizás el actual estado de Israel no está especialmente interesado en promocionar ahora la manera en la que sus antepasados poseyeron la tierra de Canaán. Quizás el actual estado de Palestina tenga también su propia agenda pero la realidad es que durante el Siglo XIII antes de Cristo, aquellas tribus que irrumpieron desde el desierto, no lo hicieron discretamente o preocupadas por algún tipo de penalización en su credibilidad sociopolítica.

Sobre los escombros y cenizas de las ciudades destruidas levantaban pequeñas aldeas que tenían realmente más diferencias que similitudes con las anteriores. Diferencias a nivel de ingeniería ya que las nuevas instalaciones carecían de alcantarillado o sólidos muros pero diferencias también a nivel cultural. La tosca cerámica de los nuevos pueblos apenas tenía los adornos curvos propios de la cerámica del Mediterraneo. El profesor G.E. Wright destaca también que había una significativa diferencia en la cantidad de ídolos por vivienda que había encontrado. Pudo encontrar, a pesar de todo, al menos uno por habitación. Kuntillet Ajrud o la cisterna de Ta-anach confirman que los israelitas tendían a utilizar a Asera como consorte en el culto a Yahveh. Los restos de sacrificios de niños habituales en Egipto y Asiria serán encontrados también en diferentes escavaciones de ciudades ocupadas como Gézer, Ti-inik o Megido.

Se ha encontrado por supuesto restos del conflicto que esos cultos producían en la tradición israelita, como por ejemplo los restos del templo en Laquis, incendiados seguramente en plena celebración alrededor del año 1220 antes de Cristo. Los israelitas tardarán muchos años en poder tener acceso a la industria del hierro que dominaban y guardaban con celo sus enemigos. Ese bloqueo explica el retraso en la agricultura, la construcción o la guerra. La propia información interna de la Biblia nos indica que los primeros israelitas eran más fuertes en las montañas y eso es consistente con la información arqueológica, que nos indica que no tenían ni espadas de hierro, ni carros de combate habituales entre sus enemigos.

Lo que vemos y lo que no vemos de la realidad

La arqueóloga Kathleen Kenyon confirmó con empeño que las tribus nómadas que llegaron del desierto para tomar Canaán dejaron muestras de una enorme pobreza. El relato de la Biblia nos confirma que incluso sus leyes tenían establecido que la forma de ejecutar un castigo era el lanzamiento de piedras, un arma que todavía usará mucho después el joven David. El relato bíblico original asegura que aquellas tribus nómadas tenían la impresión de haber encontrado gigantescos a los habitantes de Canaán pero claro como un registro de aquella impresión. Expresaron aterrados y de una forma espontánea cómo se veían ellos en comparación a sus enemigos.

Pasamos el día haciendo subjetivos comentarios donde valoramos la impresión que nos causan unas medidas comparadas con otras. El relato bíblico aporta sin embargo una medida específica cuando por ejemplo habla de la altura del filisteo Goliat. El gigante filisteo medía sólo veinte centímetros más que el norteamericano Robert Wadlow, la persona que ostenta ahora el Guinness Award de altura. Los hebreos no eran soldados y después de haber pasado cientos de años de desnutrición, bien podrían parecer hormigas al lado de aquellos habitantes. Sabemos que tampoco todas las hortalizas son iguales y que buenas semillas, abonos y riegos, pueden causar a un recién llegado la impresión de estar observando algo sobrenatural.

Jericó no tenía unas murallas como las de Babilonia. Sus murallas de hecho habían sido quemadas y destruidas al menos tres veces antes de que llegaran a verlas los impresionados hebreos. Las murallas más bajas permitían que nuevas viviendas pudieran irse construyendo encima como parece ser el caso de la vivienda de Rahab y como de hecho era el caso de las cerca de doscientas viviendas que se habían ido amontonando sobre las murallas de la ciudad de Debir. Este descubrimiento ayuda no sólo a entender que las murallas de Jericó eran perfectamente posibles de derribar sino que probablemente sus bases no eran tan sólidas como muchas veces se han querido imaginar. Tuvieran las medidas y cimientos que tuvieran el relato bíblico es consistente en esto: que el milagro no residía en lo grandes o sólidas que pudieran ser las murallas que iban a caer, sino en que los asustados israelitas sólo tuvieran que esperar a que las derribara Dios.

El propio relato interno de la Biblia es el mejor método de destruir falsos mitos alrededor de la historia de Israel. El Libro de Jueces por ejemplo es la mejor prueba interna de que Josué no conquistó realmente Canaán sino apenas unas pocas de las ciudades más débiles que arrebataron en las zonas montañosas de Canaán. Josué delega el trabajo de la conquista más allá de esos puntos estratégicos a cada una de las tribus y esa conquista se describe poco a poco con muchos detalles de una lucha realmente desigual. El descubrimiento del palacio del rey Saúl por ejemplo descubre la sencillez no sólo de la ingeniería que usaban para construir sus mejores edificios sino también lo austero que era todo su menaje. Austero con la única excepción de un primer objeto de hierro en la historia de Israel.

La definitiva posesión de la tierra prometida

Las sagradas escrituras ya circulaban entre los israelitas antes del exilio en Babilonia como sabemos gracias a los dos rollos de plata encontrados en Birkat Kohanim en 1979. Sorprende que un pueblo con tan pocos recursos esté sin embargo detrás de logros tan grandes en lo que se refiere a la literatura. El origen de la escritura alfabética coincide de hecho con los primeros registros de los israelitas en Egipto, Sinaí y Canaán, primero sobre piedras, cerámica o metal debido al precio tan alto que tenía el pergamino. El abecedario del óstraco de Izbet Sartah, que incluye de la letra aleph a la letra taw, está datado en la era bíblica de los jueces y fue encontrado no lejos de donde el Arca del Pacto habría sido capturada por los filisteos. Las sagradas escrituras y una clara oposición al gobierno centralizado actuaron de forma singular como columna vertebral en la historia de los hebreos al igual que lo hará en la historia del cristianismo.

La escritura alfabética que utilizamos todavía hoy se desarrolló justo en este tiempo y espacio. Las formas de escritura previas creadas en Mesopotamia o Egipto eran herramientas en manos de una élite controlada por el poder político o religioso pero en el Siglo VIII antes de Cristo la escritura alfabética ya era usada de forma cotidiana por mineros, artesanos y constructores en jarras, muebles o puertas. Los mensajes eran la mayor parte de las veces funcionales y les permitían enviar información a personas de su misma condición social. Kuntillet Ajrud es un buen ejemplo pero también las inscripciones escritas en la pared del túnel de Siloé, excavado en Jerusalén durante el asedio asirio descrito en el biblico Segundo Libro de Crónicas.

Aquellos más inclinados a pensar que la Biblia fue escrita mucho después de los acontecimientos que describe, tienen un gran problema para explicar el enorme conocimiento que demuestran a nivel de detalles de culturas y lugares que muchas veces ya no existían en Mesopotamia, Egipto o la desértica área que ahora conocemos como Arabia. La localización y nomenclatura de ciudades como Haradah o Hazar Addar son otro ejemplo. Se conocían exclusivamente por las menciones en Números 33:5-49, un texto tradicionalmente acusado de ser demasiado religioso para ser creíble, hasta que se descubrió que coincidian con los registros del rey neo-asirio Ashurbanipal en Rassam Cylinder.

No hay nada semejante a la Biblia en la antigüedad no solamente en términos de documentación, tiempo cubierto, consistencia o ausencia de propaganda sino también en términos de la utilización de la audiencia. Que un pueblo sin la imposición de un rey cargue con sus pesadas tablas de la ley como si de ello les dependiera la vida es algo insólito y no en vano ningún grupo social hará tan grande aportación al libro como lo hicieron los primeros cristianos. Hoy sabemos que durante el Siglo III de nuestra era fueron los cristianos los pioneros en la popularización del uso del códice, el antecedente directo del libro impreso que conocemos hoy. El consumo del códice, frente al ya entonces aparatoso uso del pergamino, era entonces del 6% en la sociedad general y del 85% en las iglesias cristianas, que eran vistas en el Imperio Romano como un peligroso grupo de subversivos ateos.

La credibilidad de sus relatos recogidos en la Biblia

La singular historia de estas tribus nómadas que conquistaron Canaán sin embargo nos habla siempre e invariablemente más de su debilidad que de su fuerza. La intención en el relato bíblico es claramente poder hablar en primer y último término siempre de aquel que sí tenía el poder y el deseo de guardar sus vidas. Muy al contrario que le ocurre a la propaganda egipcia, el miedo, la desconfianza y la infidelidad de los israelitas entonces es una prueba de la credibilidad de sus textos. De la misma manera que el miedo de los discípulos de Jesús al ver que habían matado a aquel que encarnaba todas sus esperanzas, certificó la credibilidad de sus relatos recogidos en el Nuevo Testamento. El antiguo relato de la serpiente levantada por Moisés en el desierto se había convertido con aquella incomprensible muerte en un reflejo de la única muerte que podría dar verdadera vida a los seres humanos.

La propaganda necesita poco más que un nombre, una imagen y un lugar de referencia, así lo demuestran todavía las modernas campañas de Apple, Nike o Starbucks. Las marcas ahora en lugar de tiendas ya parece que tienen templos. Dios no en vano demostraba su superioridad a los judíos evitando a toda costa ser localizado, representado o incluso mencionado. El mismo mensaje singular e intolerable para los que preferían dudar de aquel extraño Dios verdadero, cuya palabra escrita era llevada sin descanso de aquí para allá por lo que algunos preferían considerar como un triste pueblo sin tierra, encontró su perfecta pareja de baile en el mensaje de aquellos discípulos de Jesús, exiliados para siempre de su adorada Jerusalén.

Jerusalén en el Siglo 1 reuniendo a una multitud de personas, hablando diferentes lenguas que todos entencían, había inaugurado ya una era donde no es necesario ceder al conflicto original de Babel. Aquellos israelitas entendieron también, quizás por las malas, pero al menos con éxito, que era Cristo en una cruz maldita y no sus propios méritos, el que haría posible la promesa de una verdadera tierra que fluye leche y miel. Entendieron además que la promesa era mucho más grande de lo imaginado y que nada ni nadie podría jamás arrebatarles lo prometido gracias a la resurrección que les uniría finalmente.


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