Stanley Kubrick: La creación, el infinito y una odisea en el espacio

Sevilla, 11 de Diciembre de 2018. Este año se cumple el 50 aniversario del estreno de la película de ciencia ficción más importante de la historia del séptimo arte. Stanley Kubrick mezcló en 2001: Una odisea en el espacio temas que en principio parecen estar muy alejados: naves espaciales, el origen del ser humano y la naturaleza del espacio y del tiempo, entre otros. El género de la ciencia ficción no volvió a ser el mismo desde su estreno en octubre de 1968 en España, permitiendo la aparición de otros hitos de este género como La guerra de las galaxias. Sin embargo, tras 50 años su significado sigue siendo escurridizo y todavía hoy es objeto de análisis y discusiones, ¿qué se esconde tras 2001: Una odisea en el espacio?

El tema principal de 2001

El tema principal de la película no es la exploración espacial, los peligros de la inteligencia artificial, ni los avances tecnológicos: en mi opinión, el tema principal de 2001 es la creación. Primero Kubrick nos presenta la creación del ser humano en su visión evolucionista: el paso del homínido al hombre. Aunque originalmente Kubrick quiso utilizar actores desnudos para representar a estos homínidos, por exigencias de la productora tuvo que utilizar actores disfrazados de monos.

Las primeras escenas de la cinta nos muestran a los homínidos viviendo agrupados en territorios que defienden ante el ataque de otros semejantes, siguiendo su instinto de supervivencia. Pero, cuando de forma desconocida, aparece un extraño monolito, estos seres se asustan e intentan comprender, dentro de sus limitaciones, qué es este monolito: se acercan, lo rodean, gimen y lo tocan. El monolito desaparece tan misteriosamente como había aparecido, pero su presencia ha cambiado algo. Ahora, el homínido no se deja llevar por su instinto, sino que parece tener un pensamiento racional que se desarrolla en paralelo a su instinto natural. Uno de los homínidos es capaz de tomar un hueso del suelo y percatarse de que no es tan sólo parte de un semejante suyo, sino que puede transformarse en una herramienta. He aquí el paso, en la película, de mono a ser humano: el ser técnico, el ser que es capaz de transformar la naturaleza y manejarla para su beneficio. El ser que es capaz de transformar lo natural y otorgarle una finalidad que en principio tan sólo posee en potencia. Ahora el homínido no es un animal, sino un ser racional, y eso es lo que parece enseñar la cinta: que el monolito le ha otorgado la racionalidad. El monolito es, por tanto, el causante de esta evolución, el creador de un nuevo ser ontológicamente superior al mono en base a su capacidad para transformar la naturaleza.

Y tras estas primeras secuencias, aparece uno de los planos más famosos de 2001: cuando el homínido lanza al aire el hueso, el plano funde la imagen del hueso con la de una nave espacial que posee una forma similar. Pasamos, por tanto, de la herramienta más simple, la primera utilizada por un ser racional, a la herramienta más compleja jamás construida por otro ser racional, la nave espacial que servirá para explorar los confines del universo y desvelar sus misterios, entre los que se encuentra el de nuestro origen.

La odisea en el mar del espacio

Una vez nos situamos en las escenas pertenecientes a este mar infinito que es el espacio (vemos el paralelo del título “Odisea en el espacio” con el poema homérico), nos encontramos dentro de una nave espacial que está dirigida por HAL 9000, un ordenador con la inteligencia artificial más compleja que nunca ha existido. Aquí entramos en cuestiones filosóficas importantes para comprender, en mi opinión, que la historia de HAL 9000 no es diferente a la de los homínidos, como muchos han pensado, sino tan sólo una continuación.

Aunque HAL 9000 posee la inteligencia artificial más potente jamás creada, toda máquina posee una limitación estructural en el funcionamiento de su toma de decisiones. Las máquinas tan solo pueden ofrecer una serie de respuestas (denominadas outputs) cuando reciben cierta información (o inputs). Este ha sido un tema recurrente entre los filósofos dedicados a hacer conjeturas sobre la posibilidad de que una máquina piense. Cabe señalar que, aunque hoy en día las máquinas hayan sido capaces de vencer a seres humanos en distintos juegos como el ajedrez o el go, no puede decirse que piensen, puesto que tan sólo siguen unas reglas predeterminadas (paradójicamente predeterminadas por los seres humanos que las programan) de una manera, eso sí, muy eficaz, gestionando millones de posibilidades por segundo. Pero la inteligencia humana, por llamarla de algún modo, no se limita a gestionar inputs y ofrecer outputs, sino que es capaz de salirse de cualquier marco de actuación predeterminado y crear sus propias reglas, como por ejemplo hace el mono en las primeras escenas de la película: el hueso deja de ser hueso, aunque por naturaleza esté determinado a serlo, y pasa a convertirse en una herramienta para golpear cosas. Por decirlo de algún modo, la máquina calcula, es gestora de información, mientras que el ser humano es creador de su propio entorno.

Cuando en el espacio se descubre otro monolito, que en la película no se especifica si es el mismo que apareció ante el grupo de homínidos, los seres humanos actúan igual que los monos: se preguntan qué es, se acercan e intentan tocarlo, pero el monolito posee una fuerza imperceptible e indescriptible. Para mí, no hay duda de que la presencia del monolito es la que ocasiona un cambio ontológico en HAL 9000: ya no es una máquina con inteligencia artificial, que se dedica a calcular, sino que ahora posee una inteligencia real. Ahora, HAL 9000 ha evolucionado. Es capaz de tomar sus propias decisiones y salirse del marco de actuación que los seres humanos le habían predeterminado originalmente, algo que puede deducirse de las diferencias de cálculo que posee con respecto a su clon en la Tierra. La prioridad de HAL 9000 ya no es el éxito de la misión, a pesar de lo que pueda proferir mediante su voz espeluznantemente humana, sino su propia supervivencia, algo que es terriblemente humano. Una vez más, el monolito ha creado algo nuevo, distinto, superior. A pesar de ello, el astronauta Dave es capaz de salvar su vida y no perecer ante los planes de HAL.

El personaje principal de la película

Tras la creación del ser humano y tras la creación de inteligencia en un ser artificial, aparece una última creación al final de la película. Kubrick nos ha mostrado la creación del ser humano, el paso del homínido a hombre. Luego, el de una máquina a un ser con voluntad propia (una analogía entre el mono cuando es capaz de matar sin miramientos a sus semejantes una vez que evoluciona, con la máquina que es capaz de matar a sus “semejantes” inteligentes tras evolucionar). Y por último, la creación de la vida: el feto que aparece en las escenas finales partiendo de la muerte de Dave.

Por todo ello, vemos que el protagonista de la película no es Dave, ni HAL 9000, ni si quiera los homínidos: es el monolito, que es la causa de la creación. ¿Acaso es una representación de Dios? En el libro de Arthur C. Clarke, escrito a la vez que el guión de la película, los monolitos (en realidad serían muchos) son obra extraterrestre. Pero Kubrick, acostumbrado a obviar muy a menudo las obras en las que se basan sus películas, en el film no deja entrever nada sobre el origen del monolito, no haciendo referencia a esos extraterrestres ni señalando cuántos monolitos hay realmente. Por ello, creo que apelar a la información presente en la obra de Clarke para responder a aquello que Kubrick no explica en la cinta, no tiene por qué darnos la respuesta que buscamos. La película omite información sabiendo que de ese modo sus posibilidades e interpretaciones se multiplican. Creo que con ello Kubrick ha sido inteligente y elegante, confiando en la astucia de los espectadores que serán capaces por sí mismos de preguntarse por los misterios del film y sacar sus propias conclusiones.

Aniquilación

Cuando este 2018 pude ver en el cine la película Aniquilación, dirigida por Alex Garland (responsable también de Ex Machina), me recordó enormemente a los temas presentes en 2001. En Aniquilación, un grupo de científicas con formación militar se adentran en el Área X, una región en la que las leyes de la física y la biología no funcionan como deberían. Al entrar en esta región, Lena, la protagonista interpretada magistralmente por Natalie Portman, descubre que las especies animales y vegetales se funden y mutan, como si de un error de la naturaleza se tratase.

El tema de fondo de esta película es la identidad, la creación y la destrucción en la naturaleza y en el ser humano. La cinta se pregunta quiénes somos, si nuestra identidad muta del mismo modo que estas leyes presentes en el Área X hacen que distintos organismos muten, creando a veces belleza y otras, terror. Las protagonistas acaban preguntándose del mismo modo si somos los mismos que éramos hace un año, o incluso hace un segundo, o más bien somos seres distintos. ¿Acaso el instante temporal forma parte sustancial de nuestro ser? ¿Hay tantos nosotros como instantes posibles?

Aniquilación está basada, al igual que 2001, en una obra literaria, esta vez en una trilogía escrita por Jeff Vandermeer que me atrapó desde el primer minuto. Al igual que Kubrick, Alex Garland decide tomar los libros de Vandermeer como inspiración y no como guía. En este caso la trilogía de novelas de Aniquilación son libros de ciencia ficción en los que se nos muestra una naturaleza terrorífica dentro del Área X, dando a entender que quizá la vida tal y como la entendemos ha podido ser tan solo un “error” de las leyes naturales: los humanos no seríamos tan diferentes, por ejemplo, de las células cancerígenas. Si no hay una mente creadora y organizadora del cosmos, ¿por qué no pensar de ese modo? Al final, tanto en Aniquilación como en 2001, tan sólo queda patente lo absurdo de la existencia.

Júpiter y el infinito

En 2001, cuando Dave recibe el mensaje de felicitación que sus padres le envían desde la Tierra, la cámara le enfoca en primer plano mientras éstos afirman lo felices que están de tener un hijo famoso, pionero, y que además acaba de recibir una subida de sueldo. La mirada de Dave en plano corto muestra el desinterés que siente ante esos éxitos a los que todos dan importancia. Y la vida es así: el que quiere ser algo, no lo es; y el que lo es, no quiere serlo o le importa poco.

Lo absurdo de la existencia queda también reflejado en el último tramo de la película, al que Kubrick llama “Júpiter y el infinito”. En él, Dave, entra en una especie de plano espaciotemporal alternativo. Aquí, el espacio y el tiempo parecen perder su consistencia ontológica, y las leyes físicas a las que estamos acostumbrados (el espacio como una relación de distancia entre cuerpos; el tiempo como una relación entre instantes) no parecen funcionar como se espera.

Del mismo modo que Dave se encuentra de repente en un plano espacial distinto, ejemplificado primero en un viaje psicodélico y luego en una habitación que parece representar la vida del ser humano, lo mismo ocurre con el plano temporal. En la habitación, Dave observa su futuro, y desde su yo futuro observa su pasado. Ante lo aburrido de su vida en la habitación (por ejemplo, cuando se encuentra cenando) muestra el mismo desinterés que mostraba ante el mensaje de sus padres en el que alababan sus éxitos. Dave observa el futuro con inquietud, pero el pasado lo mira sin inmutarse, ¿cuántos no actúan así en sus vidas?

Ahora todo está unido, no hay diferencia entre presente, pasado y futuro. De repente, se nos muestra a un Dave en la cama, enfermo de muerte. Justo en ese momento es cuando aparece el protagonista de la película: el monolito, como testigo tanto de la creación como de la muerte. Y el último gesto que hace Dave es levantar la mano y señalar a su creador. De ahí, de la muerte, aparece vida, esa vida a la que muchos han llamado el “feto cósmico”. Ese es el absurdo de la existencia, que es un ciclo que en este mundo físico no parece tener fin, como los animales que perecen en la naturaleza y se convierten en abono para crear vida de nuevo.

Decía C.S. Lewis que en las desgracias todo el mundo clama a Dios; que, aunque no crean en Él, sus bocas proclaman, de una manera casi inconsciente, y buscan al creador en esos momentos de dificultad. Cuando estemos en nuestro lecho de muerte, ¿levantaremos nuestra mano, señalando al creador?

Miguel Palomo
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Comentario de Anonimo

"Es muy interesante éste articulo, podría el autor ampliarlo mas gracias Dios le bendiga, amén" (2018-12-12 19:22:49)



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