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Mujer con niño muerto (Kathe Kollwitz, 1903) / Máquina del Tiempo
Entrelíneas Palabra Reyes II

Reyes II [06/31] Que no te burlases de mí

Versículo 8-37 del Capítulo 4 de Segundo libro de los Reyes explicado por José de Segovia


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¿Por qué Dios da algo para quitarlo después?:

La vida, no nos engañemos, está llena de momentos mezclados: hay alegrías, pero también hay amarguras. Hay momentos en los que estamos contentos, pero también muchas tristezas. Y la realidad en esta vida es que no podemos contar con lo uno sin lo otro. Las dos cosas forman parte de esa vida. Y nuestro texto por lo tanto tiene también el sabor agridulce que tiene la vida misma. Los dones de Dios, aquello que Dios nos da, parecen ir acompañados inevitablemente muchas veces de tristezas, de amarguras. Y uno no entiende finalmente qué sentido tiene ese don de la vida cuando lo que encontramos es muchas veces tristezas. ¿Por qué Dios nos levanta para muchas veces dejarnos caer aparéntemente con más fuerza contra el suelo? ¿Por qué vivimos esa realidad tan sumamente mezclada? El misterio de Dios está sin duda de forma suprema mostrado en esta historia. En el suceso realmente asombroso de Eliseo con esa mujer sunamita.

Selección de apuntes:


  1. Dios se complace en dar vida cuando no la hayCompártelo en Facebook o Twitter
  2. El engañador procura que dudemos de la bondad de DiosCompártelo en Facebook o Twitter
  3. A veces la vida que Dios nos da parece cortarse abruptamenteCompártelo en Facebook o Twitter
  4. Hay un lado oscuro de Dios del que no tenemos conocimientoCompártelo en Facebook o Twitter
  5. La fe es la confianza en Dios a pesar de todoCompártelo en Facebook o Twitter
  6. La fe no es tener respuesta o explicación a todas las cosasCompártelo en Facebook o Twitter
  7. Nadie puede hacer milagros según su voluntadCompártelo en Facebook o Twitter
  8. No hay nada más triste que poner nuestra confianza en los siervos de DiosCompártelo en Facebook o Twitter
  9. La resurrección de Cristo es la demostración del triunfo sobre la muerteCompártelo en Facebook o Twitter
  10. La vida plena aguarda al regreso del Señor JesúsCompártelo en Facebook o Twitter o descarga el fichero JPG


Imágenes para compartir:


Ampliar: La vida plena aguarda al regreso del Señor Jesús

Esta exposición bíblica de fue grabada en Madrid el 7 de Febrero de 2007. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Aconteció también que un día pasaba Eliseo por Sunem; y había allí una mujer importante, que le invitaba insistentemente a que comiese; y cuando él pasaba por allí, venía a la casa de ella a comer. Y ella dijo a su marido: He aquí ahora, yo entiendo que éste que siempre pasa por nuestra casa, es varón santo de Dios. Yo te ruego que hagamos un pequeño aposento de paredes, y pongamos allí cama, mesa, silla y candelero, para que cuando él viniere a nosotros, se quede en él. Y aconteció que un día vino él por allí, y se quedó en aquel aposento, y allí durmió. Entonces dijo a Giezi su criado: Llama a esta sunamita. Y cuando la llamó, vino ella delante de él. Dijo él entonces a Giezi: Dile: He aquí tú has estado solícita por nosotros con todo este esmero; ¿qué quieres que haga por ti? ¿Necesitas que hable por ti al rey, o al general del ejército? Y ella respondió: Yo habito en medio de mi pueblo. Y él dijo: ¿Qué, pues, haremos por ella? Y Giezi respondió: He aquí que ella no tiene hijo, y su marido es viejo. Dijo entonces: Llámala. Y él la llamó, y ella se paró a la puerta. Y él le dijo: El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo. Y ella dijo: No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva. Mas la mujer concibió, y dio a luz un hijo el año siguiente, en el tiempo que Eliseo le había dicho. Y el niño creció. Pero aconteció un día, que vino a su padre, que estaba con los segadores; y dijo a su padre: !!Ay, mi cabeza, mi cabeza! Y el padre dijo a un criado: Llévalo a su madre. Y habiéndole él tomado y traído a su madre, estuvo sentado en sus rodillas hasta el mediodía, y murió. Ella entonces subió, y lo puso sobre la cama del varón de Dios, y cerrando la puerta, se salió. Llamando luego a su marido, le dijo: Te ruego que envíes conmigo a alguno de los criados y una de las asnas, para que yo vaya corriendo al varón de Dios, y regrese. El dijo: ¿Para qué vas a verle hoy? No es nueva luna, ni día de reposo.[a] Y ella respondió: Paz. Después hizo enalbardar el asna, y dijo al criado: Guía y anda; y no me hagas detener en el camino, sino cuando yo te lo dijere. Partió, pues, y vino al varón de Dios, al monte Carmelo. Y cuando el varón de Dios la vio de lejos, dijo a su criado Giezi: He aquí la sunamita. Te ruego que vayas ahora corriendo a recibirla, y le digas: ¿Te va bien a ti? ¿Le va bien a tu marido, y a tu hijo? Y ella dijo: Bien. Luego que llegó a donde estaba el varón de Dios en el monte, se asió de sus pies. Y se acercó Giezi para quitarla; pero el varón de Dios le dijo: Déjala, porque su alma está en amargura, y Jehová me ha encubierto el motivo, y no me lo ha revelado. Y ella dijo: ¿Pedí yo hijo a mi señor? ¿No dije yo que no te burlases de mí? Entonces dijo él a Giezi: Ciñe tus lomos, y toma mi báculo en tu mano, y ve; si alguno te encontrare, no lo saludes, y si alguno te saludare, no le respondas; y pondrás mi báculo sobre el rostro del niño. Y dijo la madre del niño: Vive Jehová, y vive tu alma, que no te dejaré. El entonces se levantó y la siguió. Y Giezi había ido delante de ellos, y había puesto el báculo sobre el rostro del niño; pero no tenía voz ni sentido, y así se había vuelto para encontrar a Eliseo, y se lo declaró, diciendo: El niño no despierta. Y venido Eliseo a la casa, he aquí que el niño estaba muerto tendido sobre su cama. Entrando él entonces, cerró la puerta tras ambos, y oró a Jehová. Después subió y se tendió sobre el niño, poniendo su boca sobre la boca de él, y sus ojos sobre sus ojos, y sus manos sobre las manos suyas; así se tendió sobre él, y el cuerpo del niño entró en calor. Volviéndose luego, se paseó por la casa a una y otra parte, y después subió, y se tendió sobre él nuevamente, y el niño estornudó siete veces, y abrió sus ojos. Entonces llamó él a Giezi, y le dijo: Llama a esta sunamita. Y él la llamó. Y entrando ella, él le dijo: Toma tu hijo. Y así que ella entró, se echó a sus pies, y se inclinó a tierra; y después tomó a su hijo, y salió.

Segundo libro de los Reyes. Capítulo 4, Versículo 8-37

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

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