Salomón es proclamado rey de Israel (Marc Chagall, 1956) / Máquina del Tiempo
Entrelíneas Palabra Reyes I

Reyes I [10/34] Los cielos de los cielos

Versículo 27-53 del Capítulo 8 de Primer libro de los Reyes explicado por José de Segovia


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: Podcast 10/34

El Dios de Salomón es un Dios grande:

Si hay un mal que vivimos particularmente en nuestra época no es en primer lugar la ausencia de Dios en la mente o el corazón de muchas personas. Sino el hecho de que aquellos mismos que decimos conocer a Dios lo hemos empequeñecido. De alguna forma nuestro Dios se ha vuelto demasiado pequeño. Tan pequeño que es un Dios de bolsillo, un Dios que manejamos y utilizamos, que pretendemos que esté a nuestro servicio. Y en cierta forma se ha convertido como en ese botones que llamamos para que cargue con el equipaje de nuestra vida y así le pedimos que nos ayude a llevar nuestros problemas en la existencia, que tenemos llena de tantas dificultades, recurrimos a él como el que recurre a aquel que necesita ayuda para poder llevar su maleta, con tantos pesos que tenemos que cargar en esta vida. No es extraño por lo tanto que muchos den la espalda a ese Dios. A un Dios que en definitiva es un Dios a nuestra imagen y semejanza. Un Dios al cual le hemos devuelto el favor. Si él nos hizo un día tal como él es, ahora parece que nosotros hemos decidido hacerle a nuestra propia imagen y semejanza. Y ese Dios tiene muy poco que ver con el Dios del que leemos en esta oración de Salomón. El Dios de Salomón es un Dios grande, es un Dios incomparable. Ni los cielos ni la tierra le pueden contener. Es un Dios que no puede encajonarse entre cuatro paredes. Un Dios más grande realmente incluso que el Universo pueda marcar sus límites para él. Es no solamente el creador sino el dador mismo de la vida. Y ese Dios tan grande, ese Señor que nos ha dado la vida, tenemos que reconocer también, y tener el valor, que es el Señor que nos da la fe. Y es importante por lo tanto importante entender que ese Dios tan grande es la única esperanza que Salomón tiene para él y para su pueblo pero también la que nosotros tenemos para nuestra propia vida.

Selección de apuntes:


  1. Dios en su grandeza ha querido acercarse a nosotros y confundirse con su propia creación
  2. El pecado tiene consecuencias por lo que no hay nada que podamos dar menos por supuesto que el perdón o descargar como IMAGEN
  3. Que Dios haya puesto fin a nuestros planes ha sido muchas veces nuestra salvación
  4. Dios puede utilizar a sus enemigos para sus propios planes
  5. Dios no se limita a tratar con un pueblo específico
  6. Dios no es un dios de bolsillo al que podamos utilizar
  7. Cristo es el nuevo camino que Dios prepara para relacionarse con su pueblo
  8. No hay ningún otro nombre diferente al de Cristo en el que podamos estar seguros


Imágenes para compartir:


Ampliar: El pecado tiene consecuencias por lo que no hay nada que podamos dar menos por supuesto que el perdón

Esta exposición bíblica de fue grabada en Madrid el 19 de Febrero de 2006. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado? Con todo, tú atenderás a la oración de tu siervo, y a su plegaria, oh Jehová Dios mío, oyendo el clamor y la oración que tu siervo hace hoy delante de ti; que estén tus ojos abiertos de noche y de día sobre esta casa, sobre este lugar del cual has dicho: Mi nombre estará allí; y que oigas la oración que tu siervo haga en este lugar. Oye, pues, la oración de tu siervo, y de tu pueblo Israel; cuando oren en este lugar, también tú lo oirás en el lugar de tu morada, en los cielos; escucha y perdona. Si alguno pecare contra su prójimo, y le tomaren juramento haciéndole jurar, y viniere el juramento delante de tu altar en esta casa; tú oirás desde el cielo y actuarás, y juzgarás a tus siervos, condenando al impío y haciendo recaer su proceder sobre su cabeza, y justificando al justo para darle conforme a su justicia. Si tu pueblo Israel fuere derrotado delante de sus enemigos por haber pecado contra ti, y se volvieren a ti y confesaren tu nombre, y oraren y te rogaren y suplicaren en esta casa, tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tu pueblo Israel, y los volverás a la tierra que diste a sus padres. Si el cielo se cerrare y no lloviere, por haber ellos pecado contra ti, y te rogaren en este lugar y confesaren tu nombre, y se volvieren del pecado, cuando los afligieres, tú oirás en los cielos, y perdonarás el pecado de tus siervos y de tu pueblo Israel, enseñándoles el buen camino en que anden; y darás lluvias sobre tu tierra, la cual diste a tu pueblo por heredad. Si en la tierra hubiere hambre, pestilencia, tizoncillo, añublo, langosta o pulgón; si sus enemigos los sitiaren en la tierra en donde habiten; cualquier plaga o enfermedad que sea; toda oración y toda súplica que hiciere cualquier hombre, o todo tu pueblo Israel, cuando cualquiera sintiere la plaga en su corazón, y extendiere sus manos a esta casa, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces el corazón de todos los hijos de los hombres); para que te teman todos los días que vivan sobre la faz de la tierra que tú diste a nuestros padres. Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué. Si tu pueblo saliere en batalla contra sus enemigos por el camino que tú les mandes, y oraren a Jehová con el rostro hacia la ciudad que tú elegiste, y hacia la casa que yo edifiqué a tu nombre, tú oirás en los cielos su oración y su súplica, y les harás justicia. Si pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca, y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad; y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia. Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos; porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro. Estén, pues, atentos tus ojos a la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para oírlos en todo aquello por lo cual te invocaren; porque tú los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor Jehová.

Primer libro de los Reyes. Capítulo 8, Versículo 27-53

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

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