Prisioneros haciendo ejercicio
Prisioneros haciendo ejercicio (Vincent van Gogh, 1890) / Máquina del Tiempo
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Hechos [75] La cárcel se estremeció hasta sus cimientos

Versículo 11-40 del Capítulo 16 de Hechos de los Apóstoles explicado por José de Segovia




: Podcast 75/94

Nuestra falta de poder y control sobre las situaciones nos hace especialmente vulnerables:

Nos gustaría estar siempre en control. Especialmente en momentos como estos en los que somos más conscientes de nuestra falta de dominio sobre las circunstancias. Nos vemos demasiado débiles y frágiles para poder aceptar la situación e incapaces con más razón de hacer algo con ella. La Biblia también nos muestra al ser humano en esa misma realidad de falta de poder y necesidad pero nos habla también de una solución que es además única. En este texto el evangelio llega a lo que será luego Europa, de manos de los apóstoles que vemos en este viaje unas veces guiados, otras veces impedidos. Ahora Lucas, que escribe el libro, ya se ha incorporado al equipo y llegan todos en barco en un día de reposo a la ciudad de Filipos. Allí conocen a una mujer de negocios, una mujer poderosa llamada Lidia.

Selección de apuntes:


  1. El poder del evangelio se muestra de forma diferente en cada persona
  2. El deseo de servir a Dios puede estar en personas que no sospechamos
  3. No debemos confundir los sobrenatural con lo divino o descargar como IMAGEN
  4. La mentira se anuncia a menudo mezclada con la verdad o descargar como IMAGEN
  5. Dios hace lo que para nosotros es imposible o descargar como IMAGEN
  6. Muchas veces nos parece que todo va de mal en peor
  7. No sabemos cómo reaccionaremos en circunstancias excepcionales
  8. Dios obra en las personas de forma sobrenatural
  9. Siempre creemos que tenemos que hacer algo para poder ser salvos
  10. Tenemos que creer para poder ser salvos o descargar como IMAGEN
  11. Tenemos que poner nuestra vida bajo el control de Dios


Imágenes para compartir:


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Esta exposición bíblica de fue grabada en Madrid el 20 de Septiembre de 2020. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Zarpando de Troas, navegamos directamente a Samotracia, y al día siguiente a Neápolis. De allí fuimos a Filipos, que es una colonia romana y la ciudad principal de ese distrito de Macedonia. En esa ciudad nos quedamos varios días. El sábado salimos a las afueras de la ciudad, y fuimos por la orilla del río, donde esperábamos encontrar un lugar de oración. Nos sentamos y nos pusimos a conversar con las mujeres que se habían reunido. Una de ellas, que se llamaba Lidia, adoraba a Dios. Era de la ciudad de Tiatira y vendía telas de púrpura. Mientras escuchaba, el Señor le abrió el corazón para que respondiera al mensaje de Pablo. Cuando fue bautizada con su familia, nos hizo la siguiente invitación: «Si ustedes me consideran creyente en el Señor, vengan a hospedarse en mi casa». Y nos persuadió. Una vez, cuando íbamos al lugar de oración, nos salió al encuentro una joven esclava que tenía un espíritu de adivinación. Con sus poderes ganaba mucho dinero para sus amos. Nos seguía a Pablo y a nosotros, gritando: —Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, y les anuncian a ustedes el camino de salvación. Así continuó durante muchos días. Por fin Pablo se molestó tanto que se volvió y reprendió al espíritu: —¡En el nombre de Jesucristo, te ordeno que salgas de ella! Y en aquel mismo momento el espíritu la dejó. Cuando los amos de la joven se dieron cuenta de que se les había esfumado la esperanza de ganar dinero, echaron mano a Pablo y a Silas y los arrastraron a la plaza, ante las autoridades. Los presentaron ante los magistrados y dijeron: —Estos hombres son judíos, y están alborotando a nuestra ciudad, enseñando costumbres que a los romanos se nos prohíbe admitir o practicar. Entonces la multitud se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados mandaron que les arrancaran la ropa y los azotaran. Después de darles muchos golpes, los echaron en la cárcel, y ordenaron al carcelero que los custodiara con la mayor seguridad. Al recibir tal orden, este los metió en el calabozo interior y les sujetó los pies en el cepo. A eso de la medianoche, Pablo y Silas se pusieron a orar y a cantar himnos a Dios, y los otros presos los escuchaban. De repente se produjo un terremoto tan fuerte que la cárcel se estremeció hasta sus cimientos. Al instante se abrieron todas las puertas y a los presos se les soltaron las cadenas. El carcelero despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada y estuvo a punto de matarse, porque pensaba que los presos se habían escapado. Pero Pablo le gritó: —¡No te hagas ningún daño! ¡Todos estamos aquí! El carcelero pidió luz, entró precipitadamente y se echó temblando a los pies de Pablo y de Silas. Luego los sacó y les preguntó: —Señores, ¿qué tengo que hacer para ser salvo? —Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos —le contestaron. Luego les expusieron la palabra de Dios a él y a todos los demás que estaban en su casa. A esas horas de la noche, el carcelero se los llevó y les lavó las heridas; en seguida fueron bautizados él y toda su familia. El carcelero los llevó a su casa, les sirvió comida y se alegró mucho junto con toda su familia por haber creído en Dios. Al amanecer, los magistrados mandaron a unos guardias al carcelero con esta orden: «Suelta a esos hombres». El carcelero, entonces, le informó a Pablo: —Los magistrados han ordenado que los suelte. Así que pueden irse. Vayan en paz. Pero Pablo respondió a los guardias: —¿Cómo? A nosotros, que somos ciudadanos romanos, que nos han azotado públicamente y sin proceso alguno, y nos han echado en la cárcel, ¿ahora quieren expulsarnos a escondidas? ¡Nada de eso! Que vengan ellos personalmente a escoltarnos hasta la salida. Los guardias comunicaron la respuesta a los magistrados. Estos se asustaron cuando oyeron que Pablo y Silas eran ciudadanos romanos, así que fueron a presentarles sus disculpas. Los escoltaron desde la cárcel, pidiéndoles que se fueran de la ciudad. Al salir de la cárcel, Pablo y Silas se dirigieron a la casa de Lidia, donde se vieron con los hermanos y los animaron. Después se fueron.

Hechos de los Apóstoles. Capítulo 16, Versículo 11-40

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

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