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Solaris: La búsqueda del perdón

La película Solaris de Steven Soderbergh es una de esas superproducciones injustamente rechazadas por el gran público por razones que todavía hoy se discuten. ¿Por qué no pudo la mano mágica de James Cameron reproducir en esta película el éxito de Titanic o Avatar?

Artículo escrito por Pablo Fernández en Barcelona el 22 de Enero de 2020 ·.·★ Lectura de 6 minutos o 1250 palabras.


A diferencia de la primera versión que hizo Andrei Tarkovski en 1972, esta nueva hace todo lo posible por limitarse a tres o cuatro personajes. Estos pocos personajes además tratan sólo tres o cuatro temas trágicos. La indignación de Stanislaw Lem, que vió completamente cambiada la historia original que habí­a escrito , le llevó a re-bautizar esta pelí­cula con el despectivo tí­tulo de ′Amor en el Lejano Espacio′.

Por su parte, Steven Soderbergh, el director de la nueva versión, no ocultó el poco interés que tení­a en temas como la tecnologí­a, a los que era tan aficionado el escritor polaco. Nada, sin embargo, como plantear temas como el amor o la culpa en el lejano y desconocido espacio, podrí­a haber enfatizado mejor la realidad de que por mucho que lo intentemos, ni la voluntad, ni los recursos, ni el progreso, pueden alejarnos de ese nuestro trágico equipaje humano.

A pesar de que en la pelí­cula los personajes están la mayor parte del tiempo sostenidos en el aire están también completamente hundidos por el peso de la vida desde el primer minuto. James Cameron, que compró los derechos a Stanislaw Lem y produjo esta pelí­cula, confesaba: ′La pelí­cula te lleva a los confines más remotos del universo, y lo que te vas a encontrar allí­ es a ti mismo.′

′Kelvin se ve enfrentado a su propia memoria, a una repetición de las cosas por las que uno ha pasado, su culpa, su culpabilidad, los errores que uno ha cometido. Y tiene la oportunidad de cambiarlo, o quizás no′. ′Desde el momento en que Kelvin entra en la estación espacial, se sabe que ahí­ dentro se corre mucho peligro′, dice Cameron. ′No conoces la naturaleza del peligro nada más entrar. Piensas que podrí­a ser cualquier cosa; podrí­a tratarse de un monstruo o de un asesino. Resulta que el peligro es la propia locura de uno′. ′El tema de la predestinación es crucial′, añade su director, Steven Soderbergh. ′La relación entre Kelvin y Rheya habí­a terminado de muy mala manera.

Cuando ella aparece a bordo del Prometheus, ambos luchan con la idea de que su relación esté yendo por los mismo derroteros por los que transcurrió ésta con anterioridad. Estos temas de la memoria, la culpa, la potencial redención y el tener la oportunidad de hacer algo otra vez y quizás hacerlo de manera diferente, me resultaban muy atractivos. Como uno de los personajes dice en un determinado momento de la pelí­cula: "No hay respuestas, sólo elecciones"′.

Posiblemente esta es una pelí­cula demasiado dura para todos aquellos que desean escapar de la idea del director pero lo cierto es que para aquellos que queremos enfrentarnos a ella la historia de Solaris es sobrecogedora. A medida que vamos acumulando recuerdos se amontonan más y más preguntas sin responder. Con cada paso que damos hacia adelante, el peso de la responsabilidad por las opciones que hemos dejado atrás nos lleva a menudo a desear una nueva oportunidad. Pero ¿realmente tenemos nuevas oportunidades?, ¿o son sólo torpes imitaciones del pasado?. La culpa nos ayuda a juzgar nuestro comportamiento pero a menudo no es posible restituirlo.

Si hasta en el espacio estamos sólo nosotros mismos, ¿acaso deberí­amos ir más allá del espacio para encontrar un amor que sea posible restituir? En la Biblia encontramos al Creador dando una respuesta afirmativa a esta pregunta, una alusión a un amor que sí­ es posible restituir, no por ser menos valioso, sino precisamente por no ser un amor humano, equivalente y no estar sujeto por ello a las mismas debilidades que el nuestro. La garantí­a es que es el Creador quien toma la iniciativa y no las personas.

El profeta Isaí­as escribí­a esto a un pueblo abatido por la guerra:

′No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí­ que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y rí­os en la soledad. Las fieras del campo me honrarán, los chacales y los pollos del avestruz; porque daré aguas en el desierto, rí­os en la soledad, para que beba mi pueblo, mi escogido. Este pueblo he creado para mí­; mis alabanzas publicará. Y no me invocaste a mí­, oh Jacob, sino que de mí­ te cansaste, oh Israel. No me trajiste a mí­ los animales de tus holocaustos, ni a mí­ me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda, ni te hice fatigar con incienso. No compraste para mí­ caña aromática por dinero, ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino pusiste sobre mí­ la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí­ mismo, y no me acordaré de tus pecados.′ (Is.43,18-25).

Según la Biblia, por medio de Jesús, el perdón de nuestro Creador se hace extensible no sólo a ese pueblo, sino a todos aquellos que asumimos nuestra culpa delante de él, ¿pero estamos dispuestos a asumirla?, y si lo estamos, ¿estamos dispuestos también a que nos sea perdonada?.

′Todo lo que hemos hecho queda perdonado, todo′. Oyendo estas palabras no pude evitar recordar unas palabras del apóstol Juan, que ha sido conocido como el apóstol del amor por el énfasis que hací­a en sus cartas sobre ese tema. Habiendo estado durante mucho tiempo perseguido, estando preso y teniendo visiones que por su descripción bien podrí­an parecerse a las que pueden verse sobre la superficie de ese extraño planeta llamado Solaris, escribió: ′Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos′ (Ap.7,17). Yo, Señor, deseo con todo mi alma estar allí­ y verlo.

′Lo que hace relevante a Solaris hoy -decí­a el protagonista, Clooney, cuando era preguntado por la pelí­cula- es que trata los temas básicos sobre los que constantemente nos estamos preguntando: amor, muerte, la vida más allá,... -cosas para las que no tenemos respuestas. Deseamos definir las cosas y las cosas que no podemos definir nos aterran. Queremos saber la altura o la edad de la eternidad. Todo lo que sabemos como humanos tiene lí­mites -un principio, una mitad y un final.′


Esta es la versión resumida del artículo Solaris: La búsqueda del perdón


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