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Seinfeld y lo que el futuro nos depara

El reciente fallecimiento de Jerry Stiller, padre del actor Ben Stiller, nos da la oportunidad de recordar la que es probablemente la mejor serie de comedia jamás escrita: Seinfeld. Una serie de la que habitualmente se dice que “trata sobre nada” pero que cambió para siempre el modo de hacer comedia en televisión. Allí, Jerry Stiller era un secundario de oro, al nivel de los protagonistas. Creada por los cómicos Larry David y Jerry Seinfeld, la serie es una genialidad semi-biográfica, basada en sus propias vivencias insulsas, aburridas y... realmente divertidas.

Artículo escrito por Miguel Palomo en Sevilla el 16 de Mayo de 2020 ·.·★ Lectura de 14 minutos o 2841 palabras.


Cuando aparecen listas de las mejores series televisivas, habitualmente encontramos en los primeros puestos magníficas creaciones como The Wire, Los Soprano o Breaking Bad. Como es habitual, el público suele valorar mucho más los dramas y los suspenses antes que otros géneros como la comedia, algo de lo que pecan también otros medios culturales: ocurre del mismo modo en la literatura, con honrosas excepciones como Don Quijote de la Mancha. Sin embargo, creo que el público en general no es consciente de que hacer buena comedia es más complicado que realizar dramas: las buenas historias con chistes atemporales no abundan.

Si a eso sumamos que los autodenominados seriéfilos suelen tener una actitud consumista, atendiendo a las últimas novedades y sin apenas interés en recuperar series clásicas (al contrario que los cinéfilos, quienes sí suelen ahondar en la historia del medio visionando cintas antiguas), tenemos una situación perfecta para que las mejores series de televisión caigan fácilmente en el olvido. En mi caso, reconozco que siempre he disfrutado más las comedias que otros tipos de género: entre mis favoritas se encuentran la excelente y satírica “Sí, ministro” y su secuela, la delirante “Enano Rojo”, o la absurda “The IT crowd”, traducida al castellano como “Los informáticos”. Pero no todo se queda en las islas británicas. La que en mi opinión ha marcado un antes y un después en la forma de hacer comedia es, sin duda, Seinfeld.

Cuatro neoyorkinos “normales”

En mi opinión Seinfeld es la mejor comedia que se ha filmado. Sus guiones son inteligentes, reconocibles y, en ocasiones, presentan situaciones tan absurdas como la realidad misma a la que nos enfrentamos. Olvidémonos de situaciones azucaradas y de finales felices: por algo Jerry Seinfeld y Larry David vendieron Seinfeld como una serie que no iba de nada, tan sólo de la vida de unos amigos que pasan mucho rato juntos y que no comprenden el devenir de las cosas. El humor no está en situaciones forzadas con la idea de plantar un chiste, sino en las vivencias habituales del día a día. Ni siquiera las relaciones amorosas, como en tantas series, son el punto central de los capítulos, sino una excusa para la historia. Y como la vida misma, a veces se abren tramas que nunca se cierran y que se entrelazan con otras muchas, algo que rompía con todos los esquemas de las sitcoms, que tenían una estructura muy determinada tipo “introducción-nudo-desenlace”.

Debemos señalar que las interpretaciones son excelentes: destacan George Costanza (Jason Alexander), que hace de alter ego de Larry David, algo que el actor no descubrió hasta bastante después de empezar la serie; y Elaine Benes (Julia Louis-Dreyfus), una ex-novia de Jerry con la que se llevaba tan bien que acabaron siendo amigos y que posee unas capacidades innatas para el baile. También tenemos a Cosmo Kramer (Michael Richards), el vecino aprovechado de Jerry que siempre está buscando el modo de hacer fortuna con ideas no demasiado buenas. Y por último hay que hablar de Jerry: siempre se ha criticado que no sabe actuar, algo que él mismo confiesa desde el primer momento, pues se considera un simple cómico de stand-up (término traducido no demasiado fielmente al castellano como monólogos). A pesar de todo, ya que hace de sí mismo, su forma de actuar añade una credibilidad que no podría haber dado ninguna interpretación de otro actor.

Casi todos los personajes están basados en gente de verdad, incluso el alocado personaje de Kramer (basado en un vecino real de Larry), e incluso muchos secundarios (incluidos algunos como el “Nazi de la sopa”); aunque con la excepción de Elaine. El personaje interpretado por Julia Louis-Dreyfus no aparece en el episodio piloto (el primero de la primera temporada), y es añadido como recomendación de un ejecutivo de la cadena NBC para dar diversidad al elenco. Elaine es un personaje indispensable en la serie y que equilibra (a veces, desequilibrando) al resto de personajes. Como Jerry Seinfeld ha reconocido a posteriori, probablemente el personaje de Elaine es la única buena idea artística en la historia de los ejecutivos de las cadenas de televisión.

Por su parte, el elenco de personajes secundarios no se queda atrás: Newman (vecino y némesis de Jerry que disfruta cuando las cosas no le van bien) y los padres de Jerry son algunos de los más destacados. Pero seguramente sean los padres de George los más recordados. Jerry Stiller, interpretando a Frank Costanza, hace que cada frase pronunciada sea absolutamente memorable, incluyendo sus intentos por tranquilizarse pronunciando a gritos la frase “Serenity now!”, o la invención de una nueva fiesta religiosa en navidad, el “Festivus”, en el que aprovecha para decir a gritos a toda su familia lo decepcionado que ha estado con ellos durante todo el año, en un giro de 180 grados con respecto a los hipócritas sentimientos navideños.

Jerry Stiller es una joya en Seinfeld. Se había hecho famoso realizando apariciones en The Ed Sullivan Show en los años 60 junto con su esposa Anne, aunque hoy es más conocido por ser el padre de su hijo Ben. Seinfeld le recupera del olvido, ya que en aquellos años estaba refugiado en el teatro, y relanza su carrera, pues gracias a ello tuvo una segunda vida artística participando en varios films y en la serie The King of Queens. Pero también en Seinfeld aparecen actores por entonces desconocidos que posteriormente se han convertido en grandes estrellas de la televisión, como Bryan Cranston (Walter White en Breaking Bad), Bob Odenkirk (Saul Goodman en Breaking Bad y Better Call Saul) o Courteney Cox (Mónica en Friends).

A pesar del excelente elenco de protagonistas y secundarios, hay que decir que la estrella de la serie son los guiones, normalmente basados en la incomprensión de los protagonistas ante multitud de convenciones sociales o en no saber cómo se debe actuar ante determinadas situaciones, y que tienen una gran capacidad para mezclar continuamente ficción con realidad, pues casi todas las historias, sobre todo en las primeras temporadas, son vivencias reales. Ejemplo de ello es la trama en la que George y Jerry escriben una serie basada en sus vivencias, que es exactamente lo que les pasó en la realidad a Larry y Jerry. Pero destaca lo que le ocurrió al joven Larry como escritor en Saturday Night Live. Un viernes, enfadado, decide dimitir a gritos profiriendo todo tipo de insultos y frases inapropiadas a compañeros y jefes. Pero al llegar a su casa se percata de que al dimitir, y de aquella manera, se ha quedado sin trabajo, sin dinero, y sin posibilidad de volver, ¿cómo se le ha ocurrido hacer semejante estupidez? Su vecino (el Kramer real) le aconseja que aparezca en el trabajo el lunes y haga como si no hubiera ocurrido nada, y si le preguntan, que diga que había sido todo una broma. Dicho y hecho. Así lo hizo Larry David, y así lo hace George Constanza en la serie. Al ver el capítulo, uno pensaría que algo así nunca podría ocurrir, pero la realidad supera la ficción. Y sobre todo, es mucho más cómica.

Rompiendo los moldes

Muchas comedias buscan hacer a sus protagonistas personas amigables con la que los espectadores se identifiquen, exceptuando a los villanos, que suelen mostrar aquello que despreciamos. Seinfeld, sin embargo, da la vuelta a la tortilla: sin ser villanos, los protagonistas son egoístas, mentirosos, egocéntricos y carecen de empatía alguna hacia el prójimo. Son, por ello, más parecidos a nosotros que en ninguna otra comedia. No olvidemos que durante el tiempo que la serie estuvo activa (durante 9 temporadas entre 1989 y 1998) abundaban series moralistas de familias perfectas, episodios con moraleja y protagonistas ideales, guapos y perfectos, características que se siguen viendo en series posteriores como Friends, en la que los seis protagonistas se convierten rápidamente en modelos a seguir y todo el mundo tiene algún favorito: el ligón, el sarcástico, la guapa, la perfecta... En Seinfeld la moraleja de cada capítulo es que no hay moraleja: los protagonistas son igual de egoístas al principio que al final de cada trama, por fuera no tienen cuerpos perfectos, y por dentro están lejos de ser modelos a seguir.

En este sentido, si algo llama la atención de los personajes es que, en ocasiones, son capaces de decir o de hacer lo que sea necesario para salir del paso: en una ocasión, para salir de un apuro Jerry es capaz de robar una hogaza de pan a una anciana en plena calle; o George, por ejemplo, no tiene remordimientos cuando fallece su prometida durante los preparativos de la boda, porque al fin y al cabo no estaba tan enamorado. Quizá la magia de Seinfeld está en que, sin darnos cuenta, nos vemos reflejados en los personajes, al tener más fallos que virtudes. Y no hay que ir muy lejos para ver esto: en las épocas de grandes dificultades, como la que nos encontramos, empiezan a importar poco las convenciones pacíficas e impera el “sálvese quien pueda” y el buscar culpables a los que responsabilizar de todo, por mucho que los medios puedan estar enfocados en la positividad. George Costanza, en una frase que hoy ha alcanzado el estatus de meme, ya nos recordaba hace décadas que “¡vivimos en una sociedad!”.

Los personajes secundarios también reflejan nuestra hipocresía como sociedad. Ese es el caso de Puddy (Patrick Warburton), uno de los secundarios más graciosos. Es el novio de Elaine en las últimas temporadas, un mecánico católico que no está sobrado de neuronas. Se le representa como un creyente moralista: esto se muestra cuando le pide a Elaine que robe ella el periódico del vecino en lugar de él ya que, total, ella al no ser creyente “va a ir al infierno” igualmente. O en ese mismo episodio, cuando Elaine lleva a Puddy a un sacerdote para solicitar ayuda matrimonial, pues Elaine le acusa de que a él no le importa que ella vaya a ir al infierno porque “no es problema suyo”. Cuando el sacerdote se entera de que conviven juntos sin estar casados, éste les asegura que en verdad ambos irán al infierno por ello, ante el desconcierto de Puddy.

El juicio final en Seinfeld

Aunque no lo parezca, aparte de ser una comedia honesta y directa, considero que Seinfeld es una serie profundamente religiosa. La forma de reflejar la religión en Seinfeld es similar a la utilizada por Woody Allen en sus films: basada en los ritos y tradiciones y en la incomprensión de aquellos que observan estos ritos con desgana, apatía y una evidente incredulidad. En Seinfeld hay menos acercamiento directo a estos temas, porque, recordemos: a los protagonistas no les importa demasiado lo que esté tres palmos más allá de ellos mismos. Sin embargo, la serie presenta realidades profundas de la naturaleza del ser humano, sobre todo si atendemos al final de la serie. A partir de aquí hablaré del capítulo final de la serie. Los aficionados a las series, habitualmente adversos a los spoilers como los gatos al agua, no deberían pasar de aquí si creen demasiado importante conocer el final de una serie que terminó hace más de 20 años. De todas maneras, aviso: conocer el contenido del último capítulo no impide en absoluto el disfrute del resto de la serie, pues casi todos los capítulos son independientes unos de otros.

Si bien durante años y años los protagonistas de Seinfeld han salido de rositas de todo lo que han hecho en sus vidas cosmopolitas en Nueva York, éstos acaban accidentalmente en una minúscula localidad del estado de Massachusetts, donde les enjuician por omisión de auxilio ante un robo a una persona obesa, a quien no solamente no ayudan, sino que además se mofan de él. En el juicio aparecen como testigos todos los personajes que han sido afectados por el egoísmo y falta de empatía de los protagonistas de la serie, uno tras otro, durante las 9 temporadas. Finalmente, tras escuchar a los testigos, el juez comprueba que sin lugar a dudas la omisión de auxilio es una constante en Jerry, George, Elaine y Kramer, por lo que el veredicto está claro: culpables y a la cárcel. Ello muestra que de lo que se siembra, se recoge.

La serie enseña cómo los protagonistas, tras tantos años, no han aprendido absolutamente nada. Ello lo vemos no solamente en la incomprensión con la que reciben las críticas de todos aquellos que se han cruzado en sus vidas, sino también con la última frase de la serie, que es exactamente la misma con la que comienza el capítulo piloto. Es como si volviesen a empezar la misma historia, al no haber aprendido nada durante años. Como muchos de nosotros, no somos conscientes del mal que generamos a nuestro alrededor, sin vernos nunca culpables a nosotros, que somos siempre buenísimos e inocentes, con el dedo preparado para acusar a los demás.

El capítulo final no fue bien recibido ni por la crítica ni por los espectadores, de lo cual Jerry Seinfeld y Larry David han hablado en multitud de entrevistas. En su momento, Seinfeld se había convertido en la serie de televisión más seguida y querida en EEUU y en el mundo gracias a la redifusión en otros países, por lo que las expectativas para el capítulo final estaban por las nubes. No solamente era imposible alcanzar dichas expectativas, sino que, ¿quién quiere escuchar un final en el que enjuician y encarcelan a sus personajes favoritos? Muchos deseaban que Jerry volviese con Elaine, que George encontrase una pareja estable y Kramer... bueno, que siguiera siendo Kramer.

Tras el final fallido, muchas veces se ha hablado de que la posibilidad de organizar un reencuentro, pero tanto los actores como los creadores se han negado. Lo más parecido que han realizado es una especie de reencuentro en la metaficción de Curb your Enthusiasm, serie de Larry David para HBO en la que, desde el año 2000, se interpreta a sí mismo. En la séptima temporada de esta recomendable serie, Larry David decide convencer a los actores para realizar un reencuentro de Seinfeld con la finalidad de recuperar a su esposa, para la que reserva un papel secundario como ex-esposa de George. Con esa idea, se reúnen los protagonistas y realizan algunas nuevas escenas: vemos que Elaine y Jerry han tenido una hija y que George se ha casado y divorciado e intenta recuperar su matrimonio. Es como si se hubiese cumplido todo lo que los espectadores realmente querían: no que los protagonistas fueran a la cárcel, sino que siguieran con las vidas más o menos idealizadas que tenemos en mente cuando pensamos en nuestras propias vidas.

Si el ser humano tiene alguna virtud, esa no es la de la humildad. Más bien caemos continuamente en la misma piedra, como muestra Seinfeld. En esta revista de Entrelíneas ya se ha hablado de los famosos tratados de Chick Publications (una especie de pequeños comics evangelizadores), que conocemos muy bien aquellos que nos hemos criado en familias religiosas. Había uno llamado “Esta fue tu vida” que nos ha dado bastantes pesadillas a los que por entonces contábamos con pocos años. Al menos a mí me parecía terrorífico: en él se decía que al morir iban a pasar toda tu vida, sin excepción, en una pantalla de cine. Terrorífico, sí, solamente de pensar que se descubriese todo lo que hemos hecho mal en nuestras vidas. Lo curioso es que esa imagen no difiere demasiado del juicio en el que se ven los protagonistas de Seinfeld, situación en la que yo tampoco querría verme jamás. La Biblia, sin embargo, da una perspectiva distinta a esa imagen del cómic que intenta amedrentar con el miedo: muestra que Jesús, mediante su muerte, ya pagó por esos errores que hemos cometido. Así que, si creemos en esas palabras y en el futuro nos encontramos en un juicio así, podremos decir con convicción: “Serenity now...!”.


Esta es la versión resumida del artículo Seinfeld y lo que el futuro nos depara


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