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No hables con extraños

Nos confundimos cuando nos consideramos mucho mejores que otras personas, porque todos tenemos algo que nos gustaría mantener en secreto. ¿Pero qué haríamos si alguien nos hiciera chantaje? ¿Qué sería de nosotros si todos supieran nuestros secretos más oscuros?

Artículo escrito por Abraham Sampedro en Jaén el 26 de Febrero de 2020 ·.·★ Lectura de 8 minutos o 1501 palabras.


No hables con extraños (Netflix, 2020) es una serie británica basada en la novela “The Stranger” escrita por Harlan Coben, adaptada por el guionista ganador de un BAFTA Danny Brocklehurst y producida por Red Production Company.

Esta serie es un thriller psicológico que comienza cuando una completa desconocida se acerca a Adam (Richard Armitage) para revelarle un secreto que cambiará su vida y la de su familia para siempre.

Adam Price es abogado, esposo de Corinne (Dervla Kirwan) y padre de Thomas & Ryan con los que y vive una vida aparentemente perfecta: dinero, popularidad y en teoría todo está controlado. Pero el secreto que la desconocida (Hannah John-Kamen) le revela en la cafetería del club le genera dudas que motivan a reconocer que hay algo que falla y tiene que descubrirlo cueste lo que cueste.

Todos tenemos secretos

Al descubrir lo que sucede comienza el problema que nos mantiene atentos durante el resto de capítulos: Su esposa Corinne desaparece afirmando algo importante.

“Todos tenemos secretos Adam. Incluso tú."

Y yo, como tu, también tengo secretos. Porque la realidad es que todos nosotros tenemos secretos aunque no seamos protagonistas de una serie. ¿Pero cómo los gestionamos? ¿Hasta dónde arriesgamos para que no sean desvelados? Esta idea es algo que se repite en numerosas ocasiones en “No hables con extraños”. Prácticamente todos los personajes ocultan algo y aunque muchos llevamos tiempo viendo ficción y deberíamos estar acostumbrados a lo típico...hay secretos que consiguen sorprenderte en el momento de salir a la luz.

Así que Adam, desesperado por encontrar a su mujer, descubre que su vida perfecta es distinta a lo que parecía. Busca ayuda en la policía Johanna Griffin (Siobhan Finneran) y encontramos escenas y conexiones entre personajes totalmente inesperadas. Como en la mayoría de casos, nada es lo que parece y una vez más volvemos a percibir que el dinero tal vez ayude a vivir mejor, pero no satisface a nadie por completo.

Hay algo interesante en la investigación que Adam hace por su cuenta buscando a su esposa: la desconocida, que se convierte en protagonista, no solo usa la información que recaba para revelar secretos de forma altruista sino que aprovecha para intentar chantajear a todos los que tenga oportunidad arriesgándose a obtener alguna que otra mala reacción.

La ambición por destacar nos expone a experimentar situaciones desagradables

La tecnología no está en contra de las personas ni ahora voy a buscar la manera de convencerte de otra cosa. Hay herramientas realmente útiles y consiguen hacernos la vida mucho más fácil. Pero en “No hables con extraños” la tecnología es algo que se usa desde una manera básica para saber dónde está una persona hasta el punto de llegar a conectar situaciones vergonzosas que dan pie al chantaje. Parece algo que no nos afecte ¿Pero nosotros somos tan distintos?

Constantemente indicamos día, hora, lugar en el que estamos y con quién a través de nuestras redes sociales para aumentar nuestra popularidad sin ser conscientes de que la popularidad que pretendemos está al mismo nivel que el riesgo a que alguien indague en nuestra vida para perjudicarnos.

Le damos muy poca importancia a los datos que compartimos porque llegado el momento reconocemos que no somos personas relevantes y nos preguntamos ¿a quién le importará mi vida? Si yo no soy famoso...

Así que seguimos usando las aplicaciones que registran prácticamente todo lo que hacemos olvidando que en ocasiones hay una brecha en su seguridad y exponen los datos de millones de usuarios.

Hay otro detalle interesante: No digo que haya que obsesionarse pero sucede cada vez más a menudo. Hablando con nuestros amigos o familiares de un producto o lugar, ¿no es cierto que en tan solo unos minutos nuestro móvil recoge esta conversación para ofrecernos publicidad?

¿Verdad que no nos parece tan extraño cuando vemos que en una charla hay personas que dejan el móvil alejado o incluso metido en una caja? ¿No nos recuerda a las escenas de conversaciones sobre seguridad nacional que vemos en algunas películas de espías? ¡Porque muchas aplicaciones registran todo el sonido que tiene alrededor!

¿Y si hablamos de los “nuevos“ dispositivos de Amazon, Google o Apple que registran todo a no ser que los mantengamos desconectados? La realidad es que estamos siendo escuchados continuamente... Y probablemente si lo que decimos saliera a la luz tendríamos muchos problemas.

Los que tenemos una edad teóricamente vivimos más tranquilos en cuanto a que no hemos tenido que ver nuestras fotos de pequeños publicadas en internet. Pero ahora podemos decidir qué hacer.

¿Es necesario perder nuestra privacidad o la de nuestra familia para conseguir algo de atención? ¿Somos conscientes de que hay personas que no solo buscan ofrecernos publicidad sino perjudicarnos?

Todo esto sucede en “No hables con extraños” pero es que además es un ejemplo de que la mayoría de nosotros tenemos algo en el pasado que preferimos que se mantenga oculto. Por vergüenza o por lo que hicimos sin pensar en las consecuencias. Y no sabemos hasta dónde llegaríamos para que se mantuviera oculto porque nuestra vida no volvería a ser igual.

Asumir que todos tenemos secretos debería ayudarnos a controlar lo que decimos y publicamos y a tratar a los demás de una manera distinta.

Porque «¿Quién puede decir: Yo he limpiado mi corazón, limpio estoy de mi pecado?» (Prov. 20:9) más bien deberíamos reconocer que «Dios conoce los secretos del corazón.» (Salmo 44:21) y decir como el salmista «¿Quién puede discernir sus propios errores? Absuélveme de los que me son ocultos.» (Salmo 19:12)

Adam Price y otros personajes con secretos que se describen en “No hables con extraños” no dejan de ser ficticios. Pero las conversaciones y las reacciones ante situaciones límite nos muestran mucho del ser humano, porque todos los guionistas indagan y recopilan documentación para elaborar el argumento de una obra de ficción.

Y en ocasiones vemos que no somos tan distintos porque reaccionamos de manera similar a lo que consumimos en TV o internet.

Nuestras acciones tienen sus consecuencias, pero aún hay esperanza

Lo que sucede en esta serie tiene sus consecuencias. Y así es en la vida. Podemos vivir comparándonos con otros hasta que alguien descubre algo que nos avergüenza y sufrimos las consecuencias. En esos momentos poco se puede decir...

Hoy quiero animarte a que pienses en Dios, Aquel al que muchas veces no tenemos en cuenta y sabe absolutamente todo de nosotros. Alguien que tiene todo registrado y cuya opinión apenas nos preocupa cuando tomamos decisiones.

Si confiamos en Dios no nos libraremos de las consecuencias de lo que hayamos hecho. Pero aún hay esperanza para nosotros. Podemos descansar si confiamos en que la carga eterna que merecemos por nuestros pecados la llevó Jesús en la Cruz.

El apóstol Pablo comenzó persiguiendo a Ios seguidores de Jesús, pero más tarde escribió «Palabra fiel y digna de ser aceptada por todos: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, entre los cuales yo soy el primero. » 1 Timoteo 1:15

Si pensamos que nosotros somos mucho mejores y muy distintos al apóstol Pablo porque no perseguimos a los seguidores de Jesús seguimos confundidos. Es con Jesús con quien no hay manera de compararse.

Él no es un extraño que se acerca a nosotros con malas intenciones. Él es Dios hecho hombre que vino a darnos una nueva oportunidad. Todo estaba roto por el pecado original y hoy vivimos en este mundo sufriendo las consecuencias. Muchos confían en sus propias fuerzas para alcanzar la redención.

Pero Dios decidió venir al mundo como un hombre y se entregó hasta la muerte y resucitó al tercer día porque solo alguien perfecto podía ofrecernos la reconciliación que tiene valor eterno.

Estoy convencido de que nuestros secretos no están ocultos ante Dios y podemos arriesgarnos a vivir buscando la forma de redimirnos o de ocultarlos ante los demás como intentan varios personajes de “No hables con extraños”. Pero hay otra opción: reconocer nuestros pecados, confiar en Jesús como único Salvador y comenzar a seguir sus enseñanzas. Porque solo Dios puede limpiar nuestros pecados y darnos el descanso que necesitan nuestras conciencias.


Esta es la versión resumida del artículo No hables con extraños


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