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La iglesia de Schulz

El autor de Carlitos y Snoopy, Charles M. Schulz (1922-2000), fue bautizado en el lago Phalen, al norte de St. Paul (Minnesota) en el verano de 1948, tras su conversión a la fe evangélica en la Iglesia de Dios del Parque Merriam. Sumergido hasta el pecho, descalzo y con ropa de calle, el hermano Marvin Forbes lo empujó bajo el agua con su mano sobre la frente, ante la atenta mirada de la congregación reunida en la orilla.

Artículo escrito por José de Segovia en Madrid el 21 de Febrero de 2022 ·.·★ Lectura de 9 minutos o 1725 palabras.


El pastor con el que Schulz llegó a la iglesia, Frederick Shackleton se había trasladado a otra congregación. Marvin Forbes era mayor (56 años), más bajo y fuerte. No había estudiado ni en la universidad, ni en el seminario, pero tenía un encanto especial.

Forbes predicaba sin notas. Tenía mucha facilidad de palabra. En uno de los chistes que Schulz dibujó para la revista de la Iglesia de Dios, “Youth” (Juventud), un entusiasta adolescente dice tras el culto: “Si hubiera estado el rey Herodes aquí, hermano Forbes, ¡lo habría dejado temblando!”.

Schulz reconocía que el predicador cometía errores gramaticales. “Asesinaba la lengua inglesa”, decía uno de los miembros de la iglesia. “Su pronunciación era terrible, a veces perdías el hilo”, dice otro, al biógrafo David Michaelis. Pero a Sparky –como llamaban familiarmente a Schulz– no le importaba, porque “predicaba con el corazón”, decía.

VIDA EN LA IGLESIA

El creador de “Peanuts” –como llaman en inglés a las tiras de Carlitos y Snoopy, publicadas durante medio siglo en periódicos de todo el mundo– iba a todas las actividades de la iglesia: dos veces cada domingo, mañana y tarde, así como a la reunión de oración entre semana. Las letras del cartel de la calle fueron retocadas por él.

Schulz tenía mucha relación con el pastor. Se sentaba con su esposa Ruth y sus tres hijos en el último banco de la iglesia. Durante la semana iba a su casa para estudiar la Biblia y comentar sus lecturas teológicas. Tomaba prestados libros suyos, que devolvía enseguida, después de leerlos –muchos de ellos de autores de la denominación como H. M. Riggle, F. G. Smith o Charles E. Brown–.

Antes del culto que había a las 11 de la mañana, Schulz iba a una escuela dominical para adultos que dirigía Mary Ramsperger, cuya familia también se convirtió en un lugar de refugio para él. Eran muy aficionados a la música. Su hijo Harold tenía una edad parecida, voz de tenor y trabajo de pintor en el ferrocarril. Era el director musical de la congregación, donde cantaba también su esposa Elaine, que estudiaba solfeo.

El grupo de jóvenes de la iglesia se reunía los domingos después del culto de la tarde en casa de una de las parejas casadas, generalmente la de Dolores y Bill Edes, al sur de Minneapolis. En Nochevieja había un culto especial con oraciones, testimonios, música e himnos. Luego iban todos juntos a patinar sobre hielo en medio de la noche.

TESTIMONIO PÚBLICO

Al principio sus amigos de la escuela pública donde enseñaba dibujo por correo no sabían nada de todo aquello. Schulz era muy reservado. Al primero que se lo dijo era un compañero llamado Frank Dieffenwierth. El mismo verano que se bautizó le informó: “Cuando me conociste yo no era de los que iba regularmente a la iglesia, pero sí creía en Dios, ahora, sin embargo, soy un firme creyente en Jesucristo”.

El grupo de jóvenes que hacía estudios bíblicos en la iglesia de Merriam Park se planteó hacer algún tipo de manifestación pública por Cristo. Decidió dar testimonio al aire libre en las esquinas en la zona de peor reputación del centro de la ciudad, que rodeaba a la Union Gospel Mission de la calle Siete de St. Paul –donde se reunían y Sparky fue elegido tres veces, presidente–. La mayoría eran tan tímidos que tenían que echar una moneda al aire para ver quién hablaba primero.

”Fue bastante difícil para mí”, recordaba Schulz, que era conocido en el ejército como alguien con quien no se podía entablar una conversación. Como su madre, se refugiaba en el silencio. “Aún así, me sentí impulsado a levantarme y decir algo entre el ruido de los tranvías, plantado en la acera”, dijo. Su testimonio público “de un modo u otro, consiguió afirmar su fe en el Señor”, creía.

Schulz llegó a comprar anuncios de media pagina en el periódico local de St. Paul, Pioneer Press, presentando las principales doctrinas de la Iglesia de Dios según Charles Brown –no su personaje, sino el redactor jefe del boletín oficial de la iglesia, “Gospel Trumpet” (La Trompeta del Evangelio), que era la tercera persona ya que conocía con ese nombre–. Sparky “quería demostrar su compromiso”, dice: “hacer algo, ser útil”.

CÍRCULOS CONCÉNTRICOS

Todos los años en junio, los miembros de la Iglesia de Dios se reunían bajo una gran carpa blanca en Anderson (Indiana), donde tenía su sede, la denominación. Schulz fue por primera vez en 1949. Dijo: “uno de los grandes recuerdos de mi vida es estar junto a mi amigo Harold Ramsperger en aquel campamento cantando “Grata certeza” (Blessed Assurance)”. Esos días se alojó con su anterior pastor y su esposa, Fred y Doris Shackketon. Tenían un hijo pequeño llamado Martin, al que tenía mucho cariño.

El problema es que Sparky estaba en tres círculos concéntricos. Mantenía el contacto con sus viejos amigos del barrio, como Jim Cummings o Pudge Geduldig, con los que jugaba al golf, pero “no tenían el más mínimo interés en la iglesia y los cómics”, decía. Luego estaban sus compañeros de la escuela de dibujo por correspondencia, que tampoco tenían nada que ver con “los chicos agradables y decentes” del grupo de jóvenes de la Iglesia de Dios. Observaba que eran “tres grupos sociales distintos, que nunca se solapaban, ya que no había punto de encuentro”.

Varias ocasiones intentó acercar entre sí a los conocidos que tenía en uno y otro círculo. Invitó a su viejo amigo Sherman Pepler a tocar el violín en un culto. Pepler dice a su biógrafo que le “sorprendió comprobar que era tan religioso”, ya que “nunca lo había mencionado”. Incluso llevó al grupo de jóvenes de la Iglesia de Dios a un culto luterano donde iba una amiga, para luego jugar al voleibol en el gimnasio que tenían en el sótano. Se dio cuenta que “eran mezclas imposibles”.

Una vez que estaba de pie sobre la acera predicando, miró por casualidad a la izquierda y allí, junto al bordillo, estaban dos de sus compañeros de golf, observándole. Se quedaron boquiabiertos: “Ni siquiera sabían que iba a la iglesia”. Dice que “les pasmó encontrarle allí y a él le pasmó que le hubieran visto”, ¡claro! Quería llevarse bien con todos, pero amigos íntimos no tenía. Como Sparky, el personaje de Carlitos “nunca puede soportar el rechazo”.

En junio del 49, el editor de la revista de la iglesia, Gospel Trumpet, Harold Philips, consideró seriamente la posibilidad de publicar un chiste gráfico semanal en la revista de la denominación. La verdad es que antes de la guerra, las publicaciones religiosas no tenían ninguna sección de humor. Schulz fue a Anderson, la sede de la iglesia –hay otras dos pentecostales con el mismo nombre–, para reunirse con el presidente de la compañía que editaba las publicaciones, Steele C. Smith. Le propuso incluso mudarse a Anderson, pero como veremos Schulz siempre fue muy reacio a mostrar directamente su fe en las tiras que dibujaba. Sólo llegó a publicar en la revista juvenil, “Youth” (Juventud) una serie de chistes gráficos en semanas alternas con el nombre de “Jóvenes pilares” (Young Pillars).

GRATA CERTEZA

Lo que sí percibían sus colegas de la escuela por correspondencia era que “desprendía certeza”, dicen. Para su compañero Paul Olsen, Schulz era “un fundamentalista”. El católico no practicante George Letness procuraba evitar el tema por completo. El único que le enredaba en discusiones sobre la infalibilidad del Papa, el control de natalidad y el uso del alcohol en la Biblia –Sparky creía que el vino de las bodas de Caná era zumo de uva no fermentado– era el segundo Charlie Brown que conocía, el más bromista del Departamento Educativo de esta escuela pública.

“El alcohol no tenía hueco en la vida de Sparky”, recuerda Brown: “Iba en contra de su religión”. Para sus compañeros, era alguien “marginal, abstemio y cristiano practicante”. Este Brown sólo le encontró “un defecto terrible, que es que no se sentía satisfecho con ser apreciado por poca gente o medianamente apreciado”. Lo que quería, según Charlie, era “ser muy apreciado y por todo el mundo”, como su personaje del mismo nombre.

Sus amigos le recuerdan como alguien que “nunca se sabía si estaba triste o no”. Sobre todo, “nunca quería hablar nada de enfermedades”. A Sparky le costaba hablar, pero “su bautismo le proporcionó una nueva sensación de plenitud”, dice su biógrafo Michaelis. Tenía seguridad, la “Grata certeza” de su himno preferido.

Años más tarde, estaba en un cine al norte de California viendo la película “Regreso a Bountiful” (1985). En ella, la veterana actriz Geraldine Page, muy anciana ya, canta este himno. escrito por la mujer ciega Fanny J. Crosby en 1873 con música de la autora metodista de tantos himnos del “movimiento de santidad”, Phoebe Knapp. “Me eché a temblar”, dice Schulz: “Era lo único que podía hacer para evitar venirme abajo”.

“Grata certeza, ¡soy de Jesús!
Hecho heredero de eterna salud
Su sangre pudo mi alma librar
De pena eterna y darme la paz.

Esta es mi historia y es mi canción.
¡Gloria a Jesús por su salvación!
Aún para mí, fue su redención.
¡Bendita historia, bella canción!”

Esta es la versión resumida del artículo La iglesia de Schulz


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