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Kings of Leon: Los hijos del predicador

La nueva sensación del rock americano son tres hijos de un pastor pentecostal y su primo. Se llaman Kings of Leon y han pasado de un pueblo de Tennessee a ser superestrellas, al firmar por una multinacional y hacer giras por todo el mundo. Por su aspecto podrían ser un grupo de los setenta, pero acaban de venir a España para presentar su segundo disco. Comenzaron a tocar de niños en la Iglesia Unida Pentecostal, pero los hijos del reverendo parecen haber emprendido el mismo camino de desenfreno que ha hecho del rock′n′roll todo un estilo de vida, poco recomendable para un cristiano. Sexo y drogas no les faltan, pero ¿dónde ha quedado el Rey de Reyes, El León de Judá, para los Reyes de Leon?

Artículo escrito por José de Segovia en Madrid el 22 de Enero de 2020 / Lectura de 9 minutos o 1732 palabras.


Los hermanos Followill son de un sitio llamado Millington, pero crecieron viajando por todo el sur de Estados Unidos, bajo la tutela de su padre, un evangelista pentecostal itinerante. ¿Qué influencia ha tenido esto en su vida? Su primo Matthew, guitarrista del grupo, dice: "No creo que haya relación entre la religión y nuestra música". Aunque "quizás en directo haya una similitud con nuestros comienzos en la iglesia, en los que la gente también bailaba, pero nada más". La cultura del rock estuvo íntimamente unida en sus orígenes al medio evangélico, ya que muchos de sus pioneros en los años cincuenta provenían de este contexto. Elvis Presley y Jerry Lee Lewis eran de Asambleas de Dios, así como Chuck Berry, Little Richard y Buddy Holly eran bautistas. Muchos historiadores del rock ven de hecho esta música como una versión secular del ambiente de una reunión evangélica de avivamiento.

Si sus padres no se hubieran separado, Caleb, Nathan y Jared, creen que serían ellos ahora predicadores. Pero todo cambió en 1997, cuando Leon Followill tuvo una crisis nerviosa. "Pudimos ver cómo Papá se venía abajo y hacía cosas que le alejaban de Mamá", dice Caleb. Parece que le echaron de la iglesia al tener problemas con la bebida. Y al dejar entonces de predicar, los chicos empezaron a trabajar en la construcción, hasta que pensaron dedicarse a la música en el conocido circuito country de Nashville. "Hicimos una grabación, cantando todo lo mal que pudimos y nos fuimos a comprar un paquete de droga", recuerda el bajista del grupo. La primera canción que escribieron, Wicker Chair, fue sobre la caída en desgracia de su padre.

Cuando la familia Followill recorría el llamado cinturón bíblico, la zona evangélica más conservadora, al sur de los Estados Unidos, Nathan dice que no era difícil conocer chicas. Él comenzó a tocar la batería en la iglesia a los 7 años. Cada noche estábamos en una iglesia y una ciudad diferente", recuerda Nathan. "Era como si fuéramos famosos", porque "todos querían conocer al hijo del predicador". Entonces no tenían televisión, juegos de ordenador o amigos. Vivían en un coche y se arreglaban con lo que podían sacar de cada reunión. Una buena semana, su padre podía conseguir hasta 500 dólares predicando. A veces estaban en una ciudad una semana, otras tres meses, pero su vida era un continuo vagar de aquí para allá.

SEXO, DROGAS Y ROCK AND ROLL<

Los Followill creen que su padre era bueno predicando. Era popular, aunque a veces la congregación estaba tan cansada de cantar y bailar, que el sermón duraba sólo cinco minutos. Su madre tocaba el piano, Caleb la guitarra y Nathan la batería. Su padre contaba cómo había sido borracho y drogadicto, de una forma que hacía a la gente llorar. Su estilo no era muy diferente a otro conocido pastor de Millington, el reverendo Al Green, famoso cantante afroamericano de soul que todavía predica muchos Domingos por la mañana en el Tabernáculo del Evangelio Completo de Whitehaven. A veces los Followill eran las únicas caras blancas que había en la congregación.

A pesar de las estrictas órdenes de sus progenitores de no escuchar rock, "descubrimos que había algo más en el mundo además del gospel", dice Caleb. Aunque "una vez nos hicimos mayores y empezamos a hacer nuestra música, nos dirigimos hacia un estilo que era similar a lo que escuchábamos cada noche en la iglesia, que eran básicamente blues con ritmos más rápidos". A pesar del sexo y las drogas, su estilo de vida recuerda todavía mucho la manera en que crecieron. Continúan viviendo en la carretera, ya no para convertir prostitutas, adictos a la metadona ó asesinos, sino para hacer conversos a la causa del rock and roll. Abandonada la lectura de la Biblia, su libro entonces de referencia, aseguran que ya leen poco, ni siquiera prensa musical.

Seducidos por la música de hace tres y cuatro décadas, Kings of Leon forcejean con el sexo, la muerte y el acento sureño en su álbum de debut, Youth and Young Manhood. El triunfo parece haber ahora recortado sus melenas. Por lo que ya no exhiben tupidas barbas, ni descuidados bigotes, a excepción de Nathan, que sigue teniendo el mismo aspecto del talibán norteamericano John Walker. Su nuevo disco, A-Ha Shake Heartbreak, muestra la misma rugosidad que les ha hecho conocidos. La mayoría de las canciones nacen de historias vividas en la carretera. Hablan de la excitación de su nueva vida y la nostalgia del hogar perdido.

"Cuando nos fuimos de gira por primera vez", cuenta Jared, "aprovechamos a fondo el estilo de vida del rock". Para ellos ahora, "no hay ninguna restricción". Ya que "puedes conseguir todas las chicas y toda la droga que quieras, ¡es gratis!", dice el bajista asombrado. Aunque "terminamos por cansarnos de ponernos hasta arriba todas las noches", ya que "se convirtió en una rutina". Por lo que "ahora consumimos con moderación", asegura Jared, con la misma ingenuidad y autoengaño que acabó con la vida de varias generaciones de jóvenes desde los años sesenta.

LEJOS DE CASA

El periodista francés Stéphane Davet les preguntó hace poco en París: "¿Vuestra cultura religiosa no os hace sentiros culpables por este estilo de vida?". Jared le contesta: "Cuando pasas mucho tiempo en la iglesia, ves desfilar a toda esta gente que viene a arrepentirse…". Y recuerda las frases que tantas veces escuchó en las reuniones de su padre: "He probado todas las drogas, todo lo que está prohibido, pero buscaré algo distinto, algo que he encontrado en la iglesia". Eso dice Followill: "A mí, que nací en la iglesia, me costaba comprenderlo". Tenía entonces el trauma de muchos que nos hemos criado en un medio evangélico, cuando uno cuenta su testimonio y no puede decir que ha sido borracho, ni navajero.

Pero "luego, al salir de gira", recuerda el bajista del grupo en esta entrevista, que publicó en portada El País de las Tentaciones: "Al caer en los excesos, me di cuenta de que nunca es suficiente". Porque "si te emborrachas una noche, a la noche siguiente vas a volver hacerlo y siempre añadirás un poquito más". La verdad, dice Jared, es que "no quiero acabar a los 20 años haciendo una cura de desintoxicación". Porque "si mi madre hubiese sabido lo que ocurría, nunca me habría dejado volver a salir de gira". Aunque "afortunadamente, cumplo 18 años dentro de dos meses…", dice riéndose.

Hubo también otra persona que busco el placer en todas las cosas "debajo del sol". Aunque vivió sobriamente, llegó el día en que se dijo a sí mismo: "Ahora voy a hacer la prueba de divertirme, me daré la buena vida". Pero un día descubrió su locura La risa ocultaba una "vana ilusión" (Eclesiastés 2:1-2). Encontró que su vida estaba vacía, porque la vida no es cosa de risa. Quiso probar el estímulo del alcohol (v. 3), para ocultar su insatisfacción, pero no podía huir de sí mismo. Intentaba anestesiar su conciencia, pero la droga apenas le levantaba el ánimo un instante, para hacerle caer en la más profunda depresión. La excitación del sexo desaparecía con la misma rapidez con la que se sentía cada vez más impotente… Nada podía darle satisfacción.

¡Imagina lo que es poder decir: "Nunca me negué ningún deseo; jamás me negué ninguna diversión!" (Ec. 2:10) Y sin embargo nada le llenaba. Ni la educación, ni el trabajo, ni el dinero, ni el éxito. Buscaba toda forma de escapismo, pero la puerta de la felicidad seguía cerrada y él parecía haber perdido la llave. No tenía paz, ni seguridad, sólo una continua tensión y ansiedad todo el tiempo. No podía fiarse de nadie. Detrás de todo el atractivo del mundo, no hay más que una vana ilusión…

Por eso el sabio, por experiencia te dice: "¡Diviértete, joven, ahora que estás lleno de vida; Disfruta de lo bueno, ahora que puedes. Déjate llevar por los impulsos de tu corazón y por todo lo que ves, pero recuerda que de todo ello Dios te pedirá cuentas." (Ec. 11:9). Porque "Dios nos pedirá cuentas de todos nuestros actos, sean buenos o malos, y aunque los hayamos hecho en secreto" (12:14). ¿Estás preparado para ese día?

Esta es la versión resumida del artículo Kings of Leon: Los hijos del predicador


′Un Dios que se relaciona con su creación′ por José de Segovia

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