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Jason Becker y el lenguaje transcendental de la música

Cuando menos lo esperamos, llega la enfermedad sin avisar, golpeando los cimientos de nuestra seguridad, recordándonos nuestra inmortalidad, presentándonos un camino sin transitar. La belleza y la muerte caminan juntas. Mientras el paso del tiempo muestra la dura realidad del dolor y el sufrimiento, nos acogemos a la vida interior, a la esperanza del milagro de la eternidad. ¿Quién no ha observado la estética de una bella flor en su mano, después de que a ésta se le haya separado de la vida?

Artículo escrito por Jon Guevara en Barcelona el 21 de Marzo de 2020 ·.·★ Lectura de 8 minutos o 1625 palabras.


Hay ocasiones en las que no encuentras otro medio de expresión que la música. Cuando las emociones y los pensamientos alcanzan tal altitud que se elevan por encima de nuestra esfera, y las palabras no son suficientes, nos dejamos llevar por el lenguaje trascendental de la música. “Perpetual Burn” es la primera obra que legó Jason Becker en solitario a nuestro mundo. Una obra musical impactante que se ha convertido en legendaria para los amantes de la guitarra, una oda instrumental que rememora la nostalgia de la inmortalidad, y nos sigue recordando la vida de un corazón triunfante.

El sueño de una vida de altitud

El primer álbum de estudio en solitario del guitarrista que fue lanzado el 12 de diciembre de 1988, llegó a mis oídos en mi adolescencia, después de una larga espera tras encargarlo con emoción, en una época donde las cosas todavía no eran inmediatas, en un tiempo donde podías disfrutar el trascurso de la espera con la ilusión de un niño. Cuando escuché “Altitudes”; la canción inaugural del álbum, cambio mi perspectiva de la música, haciéndome soñar y comprender que se puede hacer poesía sin palabras.

Jason Becker nació en 1969 en Estados Unidos, y comenzó a tocar muy joven la guitarra; influenciado por el amor a las seis cuerdas de su padre y su tío. Mostrando una habilidad inusual, aprendió a tocar de manera autodidacta, gracias a su oído prodigioso, pues escuchando Stravinski, ejecutaba sin ningún problema algunas de sus obras con la guitarra eléctrica. Repetía las frases del guitarrista Yngwie Malmsteen y se forjaba su propio estilo por medio de la disciplina de la repetición. Inspirado por Eric Clapton, Jimi Hendrix, Bob Dylan, Jeff Beck, y la pasión por la música clásica y el heavy metal, Jason Becker fraguaría su característico estilo llamado metal neoclásico.

Es reseñable, en los inicios de su carrera, su andadura por bandas como “Cacophony” y “David Lee Roth”. Dotado de una técnica depurada y una velocidad inusual, aspiraba a convertirse en un héroe de la guitarra. Becker dice: “Absorbí todo tipo de música que escuché; clásica, india, japonesa, nativa americana, jazz, blues, rock, todo lo que pude encontrar”. Comenzó deleitando al panorama musical con su amigo virtuoso Marty Friedman, y prosiguió tras distintas colaboraciones su camino en solitario; pues tenía algo propio que revelar. Poseía grandes sueños, pero el héroe fue golpeado por la dureza de la vida.

La prueba de fuego

“El 10 de mayo de 1989, en el día de la madre y cuando estaba finalizando la gira con Cacophony, a Jason le empezó a fallar la pierna izquierda”. Los primeros síntomas de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), llegarían a la vida de Jason Becker; la enfermedad que intentaría tumbarle, pero la enfermedad que mostró al mundo que él era más grande que su guitarra. “En 1989, los médicos me dijeron que probablemente moriría en 3 o 5 años”, expresaba Jason Becker. Pero aún sigue vivo.

Su gran amigo Marty Friedman diría: “es toda una inspiración y todos nos hemos beneficiado de lo que le ha pasado. Aunque todos deseamos que no hubiera pasado. Ojalá Jason pudiera seguir tocando música y volviéndonos locos con su guitarra. No sé qué decirte. Jason es una inspiración mayor de la que me permiten expresar mis palabras”. A Jason Becker se le negó la capacidad de tocar su instrumento más preciado. La enfermedad postró su cuerpo, pero no su alma. Pues hay quien, como expresa Baudelaire en su poema elevación, encuentra un rayo de esperanza en la noche oscura: “…Detrás de los hastíos y los vastos pesares que cargan con su peso la brumosa existencia, feliz aquél que puede con vigorosas alas lanzarse hacia los campos luminosos, serenos…”.

Gracias al amor de su familia, y a un sistema de comunicación que su padre preparó a través de un «tablero alfabético», a pesar de permanecer inmóvil y no poder hablar, Jason Becker pudo seguir creando música y comunicándose por medio de los movimientos oculares y de su barbilla. Gracias a un sistema informático adecuado a sus capacidades; el cual es su paleta de colores, todavía sigue hoy coloreando nuestros sentidos con sus canciones inspiradoras.

Hay quien parece que se niega a morir, aunque la vida se aleje de él poco a poco. El trabajo perpetuo era el estilo de vida de Jason Becker, y sus composiciones musicales posteriores lo manifestaron. “Perspective” fue el primer disco publicado en la historia por alguien afectado por la esclerosis lateral amiotrófica. El documental biográfico de Jason Becker: “Aún sigo vivo”, nos relata de manera emotiva en detalle el proceso de superación de alguien que no se rindió.

Comprendiendo el regalo de la vida

Jason Becker nos recuerda el valor de la vida. Nos recuerda que no somos lo que hacemos, sino lo que somos. Tras su enfermedad diría: “Sigo amando la vida, más allá de estar prácticamente paralizado. Estoy muy agradecido de esta vida”. Pues en su búsqueda espiritual individual comprendió lo que hoy pregona; “vivimos pensando que nunca moriremos. Morimos pensando que nunca habíamos vivido”.

Nos hallamos anclados en un mundo de paradojas. Cuando Jason Becker estaba cerca de la cima de los guitarristas legendarios, la enfermedad paralizó su ascenso, y como en el mito de Sísifo, después de subir a la montaña la pesada piedra con esfuerzo, se enfrentó a la realidad de una vida con adversidades y sinsabores. El castigo impuesto por los dioses a Sísifo, haría que, al llegar a la cima, la piedra una y otra vez rodaría hacia abajo; mostrando la vanidad de la vida de la que el rey Salomón predicaba, o el absurdo de la vida que Albert Camus reflexionaba. Sin embargo, la enfermedad y la aflicción no pudieron doblegar la vida de Jason Becker, que, como ejemplo de vida, nos recuerda el sello de eternidad que descansa en nuestros corazones.

“Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Eclesiastés 3:11). La enfermedad señala la fragilidad del ser humano, pero se convierte también en un método instructivo en el cual podemos ser transformados a una versión mejor de nosotros mismos. “Porque tú nos has probado, oh Dios; nos has refinado como se refina la plata. Nos metiste en la red; carga pesada pusiste sobre nuestros lomos. Hiciste cabalgar hombres sobre nuestras cabezas; pasamos por el fuego y por el agua, pero tú nos sacaste a un lugar de abundancia. (Salmo 66:10-12)”.

Jason Becker, frente a ser cuestionado sobre la complejidad de seguir componiendo a pesar de su enfermedad, en una entrevista a “Risemetal”, contesta: “Me siento bendecido por tener las oportunidades y la energía para poder seguir haciendo esto, así que, ¿por qué no lo haría? Pienso que la gente que me rodea en la vida lo hacen posible, y debe haber algo más profundo como la Gracia de Dios o Amma”. Jason Becker en su búsqueda espiritual toma elementos del hinduismo y el yoga, aludiendo en ocasiones al cristianismo, agradece las oraciones, y sigue anhelando una senda sin recorrer. “Tiene ahora 50 años y atribuye su supervivencia a la música y a las personas a su alrededor que lo ayudan a crearla. No puede moverse, pero ha movido a otros y todos dicen que sus vidas son más ricas por ello”.

La muerte no es el final

Jason Becker nos recuerda la fuerza de la voluntad, las ganas de vivir, pero también nos recuerda la tragedia del dolor y la enfermedad, la limitación de nuestra naturaleza y el pecado. Hay un constante mensaje de autosuficiencia que choca con la realidad de la vida. A Jason Becker, a pesar de su gran valentía tarde o temprano le llegará la muerte, como a todos nosotros. Pero como canta su admirado Bob Dylan en: “Death is not the end”: “Cuando estas parado en la encrucijada, solo recuerda que la muerte no es el fin”. Pues Cristo, quien venció a la muerte, vino a ofrecernos vida. “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).

Jason Becker, con su música y su vida, siempre aspiró a más. ¿Pero hay vida más allá de la muerte? El río de la vida arrastra en nuestras debilidades a nuestras frágiles voluntades, pero hay algo más que nuestro tránsito por esta tierra de dolor. Si estamos atentos a la sinfonía de la lluvia golpeando las laderas de la montaña, comprenderemos que la mano poderosa que la dirige se quiere acercar a nuestras vidas. Al único que venció a la muerte, a Cristo, le importamos. Y aunque los tiempos y las circunstancias cambien, su amor permanece para siempre.


Esta es la versión resumida del artículo Jason Becker y el lenguaje transcendental de la música


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