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Nuestra decadencia con Gorbachov

Coincidiendo con el 90 cumpleaños del último secretario general de la Unión Soviética, y en el marco del festival de documental DocsBarcelona, esta primavera se estrenó en España “Gorbachev. Heaven”, la película en la que Vitaly Mansky entrevista al último líder vivo de la URSS y recoge también la rutina con la que pasa sus últimos años de vida.

Artículo escrito por Jonatán Soriano en Tarragona el 09 de Agosto de 2021 ·.·★ Lectura de 5 minutos o 917 palabras.


El filme posee un aire decadentista propio, que se expresa en un anciano Gorbachov que todavía aspira a algún gesto o palabra grandilocuente entre dolencia y dolencia. Y es que Mansky retrata con mucho realismo aquello que es el líder soviético en la actualidad: un anciano. ¿Y no es eso un rastro evidente del humano que siempre fue Gorbachov, de los humanos que somos todos a lo largo de nuestra vida? “Los días de nuestra edad son setenta años; y si en los más robustos son ochenta años, con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, porque pronto pasan y volamos” (Salmo 90:10).

Tan sorprendente como ver a Gorbachov envejecido en la pantalla del televisor que un día ocupó para ser una voz clave en la conclusión de un capítulo de la historia, es el hecho de reconocer su confusión ante esta vida y su final. La confusión no debe ser siempre un síntoma de debilidad. Como el salmista, atónito ante el resultado del paso de los años, la evidencia del paso del tiempo, especialmente cuando se da en nosotros mismos, es algo que nos desubica. En lo que sí muestra su debilidad el confuso Gorbachov es en la insistencia de sus contradicciones.

Un viejo en un palacio

Un elemento inesperado cobra relevancia en el transcurso de la entrevista documental. Se trata de la lujosa residencia de Gorbachov, un palacio medio prestado y medio regalado por los primeros líderes de las repúblicas y satélites socialistas independizados como consecuencia de su proceso de Perestroika y Glásnost. Una especie de antesala funeraria que el anciano líder soviético recorre con grandes dificultades, con andador y a pasos pequeños, lo cual provoca la emoción en su mayordomo. “No llores”, le recrimina Gorbachov.

En esa aparente debilidad, el viejo Gorbachov flaquea ante la idea de la muerte. Entonces, conmociona oír al que fuera líder de uno de los símbolos del ateísmo político en la Tierra, el Partido Comunista de la Unión Soviética, asegurar lo siguiente, citando al poeta: “Hay corte de Dios, malvado. Esa corte te aguarda”.

Setenta, hasta ochenta (noventa, en el caso de Gorbachov) años concentrados en una declaración que se pronuncia como un suspiro. Como el salmista, confusos, exhalamos nuestros días y alientos, aguardando en esperanza, pero al mismo tiempo, no dejando de reconocer el anhelo constante por esta vida. Ante la muerte, no vale la actitud frívola con la que algunos han creído desafiar un acontecimiento tan dramático como es ésta. Gorbachov lo sabe y, aunque al principio parece quitarle hierro al asunto, después guarda silencio, meditabundo y cansado.

Mansky recoge muy bien esas impresiones. Esto da cuerpo y sentido a una entrevista que, de haberse quedado solo en las palabras, sería un discurso triunfalista para unos, y una cháchara decrépita para otros. Pero el contacto con su entrevistado que el documentalista plasma en la película, permite al espectador ubicarse en una proximidad vertiginosa, en la que las miradas contienen tanta o más información que las palabras, y también las lágrimas, los soplidos y gestos.

Gorbachov cohélet

Sin embargo, las palabras son importantes, y así lo refleja también Mansky en su entrevista. Si necesitamos del conjunto de gestos enmarcados en la conversación para captar la complejidad del mensaje, ni siquiera todos los ademanes del mundo podrían sustituir el momento en el que un Gorbachov emocionado recuerda a su difunta esposa, fallecida a los 46 años. “¿Qué puede ser más grande que el sentimiento de sentirse amado por una mujer?”, pregunta, estático frente a su andador en el palacio en el que vive.

Inmediatamente después, la conversación continúa hasta llegar a la parte de la entrevista en la que abordan los recuerdos de su etapa política. La pieza no tiene desperdicio. Un líder soviético siendo preguntado acerca de aquel fin de la Unión Soviética, de su gestión, de la relación con otros líderes del partido y de su opinión de la actual Rusia de Putin. Y como el político que era entonces, Gorbachov esquivaba los interrogantes lanzados por su interlocutor. “He dicho lo que he dicho”, afirma este particular cohélet cuando Mansky le pide aclarar una cuestión.

¿Quién no puede verse reflejado, en parte, en este anciano político que recuerda, por encima de todo, el sentimiento de haberse sentido amado? ¿Quién no puede verse reflejado en sus contradicciones? Y para ello no nos es necesario estar al frente de una potencia mundial y experimentar la presión del liderazgo. Todos tenemos una responsabilidad respecto a nuestra propia vida. Y lo mejor que ha podido ocurrir para que esta sea definida no es el amor de una mujer ni de un hombre, a pesar de los tan gratos recuerdos que produce en nosotros. Se trata más bien de la expresión de amor por parte de un Dios que no ha escatimado ni siquiera a su propio Hijo, sino que lo ha entregado por nosotros. “¿Cómo no nos dará también con él todas las cosas?” (Romanos 8:32)


Esta es la versión resumida del artículo Nuestra decadencia con Gorbachov


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