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George Lucas y el fin de la saga Skywalker

El 20 de diciembre de 2019 se estrenó la última cinta de la denominada saga Skywalker: el episodio IX de Star Wars, 42 años después del estreno de la trilogía original. Cualquier entrega de la Guerra de las Galaxias levanta pasiones entre los fans, a veces positivas y a veces negativas ¿qué ocurrirá con esta última entrega? En este artículo (sin spoilers sobre el episodio IX) hablamos sobre cómo el amor y el odio que cada entrega de la Guerra de las Galaxias genera en sus seguidores puede ser tanto o incluso más interesante que la saga misma.

Artículo escrito por Miguel Palomo en Sevilla el 22 de Enero de 2020 ·.·★ Lectura de 13 minutos o 2542 palabras.


Tengo mi entrada bien guardada, preparada, para ver la película que promete ser el final de la saga Skywalker. Pero, ¿será buena? Hace años parecía impensable hacerse esta pregunta, pero la polarización de los seguidores de la saga se acentúa con cada entrega que aparece. En 2015, con El Despertar de la Fuerza (Episodio VII,) muchas quejas se centraban en que parecía un remake del episodio IV, la película original; en 2017, con Los Últimos Jedis (Episodio VIII), otros culpaban a Disney de haber seguido una línea políticamente correcta con el rol de algunos personajes femeninos. Ahora Disney es centro de todas las críticas, pero anteriormente, cuando todavía la multinacional no había adquirido la franquicia, George Lucas se había convertido en el director más odiado de la industria del cine, ¿qué tiene Star Wars que genera tanto amor y odio a partes iguales?

Para muchos, todo comienza en 2012, cuando George Lucas, creador de la franquicia, vendió los derechos de Star Wars a Disney por cuatro mil millones de dólares, una cifra que si bien parece muy alta, ya ha sido superada solamente con el ingreso económico alcanzado con los episodios VII y VIII, junto con el spin off Rogue One (el otro spin off, “Solo”, no logró recuperar su presupuesto), sin si quiera tener en cuenta patrocinios, juguetes o merchandising. No hay lugar a dudas de que Disney ha conseguido revitalizar una franquicia que con las precuelas quedó muy dañada, a pesar de que algunos fans ahora recuerdan con nostalgia esta segunda trilogía dirigida por George Lucas entre 1999 y 2005.

Esperanza y desastre en las precuelas

Es curioso cómo con los años cambia la percepción de las cintas: aunque hoy empiezan a verse con nostalgia, son películas con muchos problemas. En 1999, cuando se estrenó La Amenaza Fantasma (Episodio I), yo tenía 13 años. No había visto las películas originales, pero el marketing y el entusiasmo de aquellos que habían visto la trilogía original me llevaron a verla. Fui con toda la ilusión de cualquier adolescente que disfrutaba con el cine de acción y aventuras, pero sin embargo, la enredada trama política de la película me dejó indiferente. Solamente pude disfrutar de las carreras de pods del joven Anakin Skywalker (Jake Lloyd) y la lucha entre Ben Kenobi (Ewan McGregor) y Qui Jon (Liam Neeson) contra Darth Maul. Y desde luego el papel de personajes como Jar Jar Binks, probablemente el personaje más odiado de Star Wars, no ayudaba. Para mí, la película pasó desapercibida, pero los fieles seguidores de Star Wars se sintieron absolutamente decepcionados por cómo George Lucas había decidido presentar los orígenes de una saga mítica.

Por aquel entonces Lucas ya había empezado a sentir la furia de sus fans. Pocos años atrás había modificado los efectos especiales, alterado escenas, y añadido otras inéditas dentro de las llamadas “ediciones especiales” de la saga original, reestrenadas en cines a mediados de los 90 para revitalizar el interés por la franquicia y preparar al público para la trilogía de precuelas. Pero pocos entendieron estos cambios: Lucas siempre ha defendido que hasta mediados de los 90 no pudo hacer lo que tenía en mente para los films originales, y de ahí las modificaciones, por ejemplo, al digitalizar la mayoría de efectos especiales. Para muchos, sin embargo, esto no fue más que una falta de respeto a aquellos que participaron en la película original, cuyo trabajo fue tan reconocido que ganó el Oscar a los mejores efectos especiales en 1978. Otros cambios no son solamente estéticos, sino que modifican la percepción de la historia. Ese es el caso de la escena de Han Solo con Greedo (originalmente era Han el único que disparaba, en una escena que nos retrotrae a los westerns clásicos), la cual decididamente cambia la percepción del personaje interpretado por Harrison Ford: de ser un forajido egoísta a ser un buen tipo que simplemente se defiende de un maleante.

Con el chasco del episodio I, los fans definitivamente cambiaron su percepción sobre George Lucas. Antes era tenido como una mente creativa y brillante, responsable de Star Wars, de la saga Indiana Jones y del desarrollo de la industria de los efectos especiales en Hollywood, además de ser un gran director a la altura de Spielberg, Scorsese o Francis Ford Coppola. Pero a partir de 1999, sólo veían a un alto ejecutivo interesado en vender figuras y juguetes, que es de donde provenía el mayor beneficio económico, mucho más que de las películas mismas. Ese interés económico es lo que habría arruinado Star Wars para estos seguidores.

Amor y odio

La decepción no tendría vuelta atrás. Los episodios I y II tenían problemas importantes, y la mayoría eran de guión y de dirección. George Lucas siempre ha dicho que escribir guiones no era su fuerte, y que había buscado infructuosamente quien hiciese ese trabajo por él. Del mismo modo, para la dirección Lucas ofreció el trabajo a varios directores, entre ellos a su amigo Steven Spielberg, pero todos declinaron la oferta por la gran responsabilidad que ello conllevaba. Por último, creo que la edición del episodio I, realizada por Ben Burtt y Paul Martin Smith, no estuvo a la altura de las cintas de la trilogía original. Es patente que Lucas ya no contaba con el genio que sí tuvo Marcia Griffin, su ex-esposa y responsable de la edición del episodio IV (trabajo galardonado con un Oscar a la mejor edición en 1978) así como de la edición de otros films míticos como Taxi Driver o American Graffiti. Por tanto, a pesar de que intentó delegar el trabajo, George Lucas se convirtió en el responsable único de la debacle de las precuelas, y por tanto, el blanco de todas las críticas.

Hoy, sin embargo, el foco de las críticas ha cambiado de Lucas a Disney. Pero cabría preguntarse, ¿cuándo no ha sido duramente criticada una nueva entrega de Star Wars? Ni si quiera podríamos retrotraernos a la trilogía original. Son clásicas, aunque han quedado casi en el olvido, las críticas sobre El Imperio Contraataca reciclando la Estrella de la Muerte de la película original; el papel de C3PO como un personaje irritante, aunque hoy sea universalmente querido y alabado; y, por último, qué decir de los Ewoks en El Retorno del Jedi que no se haya dicho ya: para muchos, otra excusa para vender juguetes.

¿Qué tiene Star Wars que crea ese dualismo entre sus seguidores? Aman la saga tanto como la odian. Son los primeros en acudir a las salas, pero también los primeros en asegurar que nunca volverán. Son los primeros en centrar gran parte de sus vidas en esta franquicia, pero también en decir que George Lucas y Disney han arruinado el amor que tenían por la saga.

La desbordante creatividad de Lucas

En mi caso, he ido descubriendo y disfrutando Star Wars con el paso de los años. Cuando vi por primera vez la trilogía original (1977-1983) me impresionó la creatividad de George Lucas para crear mundos inmensos e historias con un potencial infinito partiendo prácticamente de la nada y de una película en la que nadie creía. La trilogía de las precuelas (1999-2005), a pesar de sus muchos errores, hoy día soy capaz de disfrutarlas. Una de sus virtudes se encuentra en cómo Lucas reelabora los mitos clásicos de la historia de la humanidad y los presenta a un público nuevo. No es casualidad que Anakin Skywalker provenga de un nacimiento virginal, en este caso creado por la fuerza y a través de los midiclorianos, unas criaturas microscópicas responsables de que las personas puedan usar la fuerza (a más midiclorianos, mayor uso de la fuerza). Un debate que me fascina es el de si la creación de Anakin a través del manejo de los midiclorianos fue impulsada por Darth Sidious (o general Palpatine, magistralmente interpretado por Ian McDiarmid, que presenta una de las mejores interpretaciones de toda la saga) como parece indicar en su conversación con Anakin en el episodio III, o si la fuerza creó a Anakin por sí misma con la finalidad de otorgar equilibrio en el universo.

Con los años, Lucas ha demostrado ser una fuente inagotable de buenas ideas que incluso ha influenciado las nuevas cintas, a pesar de no estar al mando de la franquicia. Los esbozos de Lucas para la trilogía de secuelas (2015-2019) ha sido clave para la elaboración de los guiones y para la dirección de J. J. Abrams y Rian Johnson en los episodios VII-IX. La idea de que el personaje principal Rey (Daisy Ridley) fuese una desconocida que empieza a tener indicios de uso de la fuerza, se encontraba en los primeros esbozos de Lucas, anteriores a la venta de Lucasfilms a Disney. También fueron ideas suyas otros aspectos clave de la película, como el drástico cambio sufrido por Luke Skywalker (Mark Hamill): de ser un joven alegre y entusiasta a ser un viejo deprimido y apaleado por la vida tras sufrir la rebelión de su sobrino Kylo Ren (Adam Driver), el que hasta ahora ha sido el villano de las secuelas. Sin embargo, otras ideas de Lucas fueron desechadas por el equipo de Disney: la más llamativa y extraña es que uno de los esbozos de los guiones se basaba en que los protagonistas viajarían al mundo microscópico para encontrarse con los midiclorianos.

La mitología presente en las secuelas

La trilogía de secuelas ha dividido, de nuevo, a sus seguidores. Personalmente, creo que son muy buenos films de aventuras, y especialmente me gusta la segunda mitad de Los Últimos Jedis (Episodio VIII), el cual se ha convertido en mi episodio favorito de Star Wars. Pero lo cierto es que hay un aspecto en el que esta nueva trilogía se ha desvinculado claramente de las trilogías anteriores. Lucas ha señalado en muchas ocasiones que, aparte de presentar una remodelación de antiguas sagas galácticas como la de Flash Gordon, su intención al crear Star Wars fue reflejar las grandes mitologías de la historia de la humanidad. De ese modo, en la trilogía original había una profecía que señalaba que vendría alguien a dar equilibrio a la fuerza, entre el bien y el mal, lo cual nos lleva a pensar rápidamente en Jesucristo, a pesar de que Lucas ha desmentido que se esté basando en el cristianismo sino en otros mitos antiguos que hablan de la venida de otros mesías similares. Pero hay incluso más detalles que lo conectan con el cristianismo, como por ejemplo la figura de Obi Wan Kenobi viviendo en el desierto como un tipo de Juan el Bautista, esperando la llegada de Luke, esa especie de mesías.

En la trilogía de las precuelas, Lucas siguió el camino marcado de presentar mitologías presentes en la historia de la humanidad, lo cual se hace incluso más presente con el nacimiento virginal de Anakin. Pero en las secuelas, esta idea de reflejar los mitos tradicionales se elimina totalmente, lo cual es signo de los tiempos y del cambio de dirección en la saga. Ya no se busca apelar a la historia de la humanidad, que es probablemente lo que hizo a las otras dos trilogías tan novedosas y diferentes pero, a la vez, tan cercanas a nosotros.

Estas historias que muchos tratan como míticas son como el aire que respiramos: están presentes y vivimos de ellas, aunque no nos demos cuenta, y su uso es tan transparente como el agua. Hasta tal punto es así, que la nueva trilogía de secuelas de Disney, aunque busque conscientemente alejarse del uso de la mitología tal y como George Lucas hizo, presenta el uso inconsciente de una nueva mitología. El personaje principal es Rey, una chica que no recuerda su pasado, que no posee una línea ascendente clara, pero que a la vez es capaz de coger las riendas de su vida, manejar la fuerza y marcar el futuro de la galaxia. En mi opinión, en esta trilogía no encontramos más que la mitología del siglo XXI, en la que vivimos y respiramos, que no es otra que la eliminación de toda mitología anterior (la tradición, la religión o incluso el pensamiento clásico) con la idea de partir de cero, sin ningún corsé que nos estorbe, en un ejercicio que puede tener tintes Nietzscheanos o incluso Freudianos si hablamos en términos de “matar al padre”.

Pero creo que si algo muestran las secuelas es que esta eliminación de la mitología es un ejercicio imposible. Como dice José de Segovia, “el que tan sólo ha visto espadas láser y naves disparando en La Guerra de las Galaxias, no ha llegado ni al nivel de lectura infantil de la historia”. Star Wars siempre ha reflejado las categorías de pensamiento de su época. La trilogía original muestra el optimismo de la época de Ronald Reagan y una especie de filosofía oriental en los Jedi; las precuelas, una confianza ciega en las bonanzas de la tecnología y en el poder político en una época de grandes cambios histórico-económicos (recordemos que entre medias tuvo lugar el 11-S), confianza que lleva al desastre, que es la conversión de Anakin en Darth Vader.

Las secuelas, por su parte, reflejan el pensamiento actual: el desaforado homenaje a la nostalgia, la búsqueda de un camino propio a pesar de que se espere seguir uno ya marcado por otros (representado por Rey, pero también especialmente por el personaje de Finn, interpretado por John Boyega), y por último la búsqueda de una neutralidad en cuanto a los grandes relatos de la humanidad: el llegar a una no-mitología, la eliminación de lo trascendental, de la fe, el vaciado de los valores antiguos. Pero la cuestión que se nos plantea ante todo esto es: ¿se elimina de este modo realmente la fe en lo trascendental, en los grandes relatos de la humanidad, como el del cristianismo, o lo que se crea es una nueva fe, una fe en el ser humano, en sus capacidades, y en la confianza que tiene en sí mismo para solucionar los problemas con los que se encuentra en su existencia?


Esta es la versión resumida del artículo George Lucas y el fin de la saga Skywalker


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