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Espartaco: La verdadera libertad

Se cumplen los 50 años del estreno de la película de Stanley Kubrick basada en la novela de Howard Fast "Espartaco" justamente el mismo año que triunfa en televisión una nueva serie llamada "Spartacus: Sangre y Arena" . A pesar de que los jóvenes y atractivos gladiadores televisivos parecen ahora preocupados casi exclusivamente por el sexo opuesto la novela de 1951 circuló clandestinamente en Estados Unidos por el alto contenido socio-político que le aportó su subversivo autor.

Artículo escrito por Pablo Fernández en Barcelona el 22 de Enero de 2020 ·.·★ Lectura de 4 minutos o 779 palabras.


Es bien sabido que los ciudadanos romanos, afligidos por el aburrimiento y la grosura, se habí­an acostumbrado a maltratar a sus semejantes esclavizándolos y exponiéndolos a crueles juegos de luchas a muerte. Según la historia original, relatada por historiadores como Plutarco, el esclavo tracio Espartaco lideró desde Capua un levantamiento de un grupo de 70.000 esclavos contra el Imperio Romano entre los años 73 y 71 a.C.

Durante los dos años de conflictos en los que tropas del imperio estuvieron en un constante jaque Espartaco encarnaba el sí­mbolo de la dignidad pero con su muerte se convirtió también en el sí­mbolo de la eterna derrota en la lucha para conseguir la libertad aun contando con las aparentemente más dignas aliadas: razones, actitudes y aptitudes.

′ ¡No soy ninguna bestia!, ¡no soy un animal!′ -grita en la pelí­cula el personaje de Espartaco a sus opresores. Durante los discursos finales de Craso y Espartaco, que en la pelí­cula se entrecortan y alternan entre sí­ para poner en evidencia las diferencias entre esclavistas y esclavos, Kirk Douglas exclama aquello de ′sé que todos somos hermanos y que todos somos libres′. Adopta una pose idealizada de concebir la humanidad y la libertad que es más propia del que cree vencer a gigantes cuando tan sólo está estrellándose contra molinos de viento.

′El sacrificio de Espartaco′ no es, como adelanta una voz en off al principio de la pelí­cula, ′el triunfo de la humanidad′. Sabemos que el Imperio Romano no tardó después de estos acontecimientos en empezar a caer sobre su propio peso, sabemos que los derechos humanos impiden hoy la reutilización de las ruinas de aquellos circos, pero sabemos también que 1930 años después de la muerte de Espartaco todaví­a seguí­a existiendo el derecho a la esclavitud en otro de los imperios más civilizados del planeta.

′La muerte es la única liberación para el esclavo; por eso no la teme, por eso venceremos′ -dice Espartaco en la pelí­cula. Ciertamente la muerte ofrece una ví­a escapatoria a muchos oprimidos. La completa y verdadera libertad, sin embargo, no está en nuestras manos ni tampoco en manos de nuestros opresores a pesar de lo que ellos mismos puedan creer. Cuando el prefecto romano Poncio Pilatos amenazó de muerte a su más famoso preso, a Jesucristo, fue inmediatamente sorprendido por una lapidaria frase: ′Ninguna autoridad tendrí­as contra mí­, si no te fuese dada de arriba′.

Al ser derrotado el ejército de Espartaco 6.000 esclavos fueron crucificados a lo largo de la Ví­a Appia entre Capua y Roma como forma de escarmiento y advertencia. ¿Vive Dios ajeno a estas formas de violencia? Dios promete en la Biblia hacer justicia a los que sufren violencia pero a menudo nos parece que no lo hace tal y como desearí­amos que lo hiciera.

La muerte de Jesucristo como forma de liberar a la humanidad no resulta hoy mucho más paradójica de lo que le resultó al principio a sus propios seguidores. ¿No deberí­an haber muerto más bien los romanos que les oprimí­an?, ¿en qué podí­a beneficiar al mundo una muerte más?, ¿qué podí­an esperar entonces?. El apóstol Pablo escribió que si Cristo no habí­a resucitado los cristianos eran los más dignos de lástima que habí­a sobre la tierra. Los seguidores de Jesús comenzaron a esperar la liberación, no a partir de su muerte, sino precisamente después de ver con sus propios ojos que Cristo habí­a resucitado y que con ello habí­a triunfado no sólo sobre su propia muerte sino también sobre la de aquellos que creí­an en él.

La posibilidad de creer ésto, la posibilidad de además, dejar de confiar en nuestras propias razones, actitudes o aptitudes, al mismo tiempo que se abandona el temor al opresor, es a lo que la Biblia llama ′verdadera libertad′.


Esta es la versión resumida del artículo Espartaco: La verdadera libertad


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