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El Último Rey de Escocia y la atracción de la tiranía

Son muchas las películas que estos días vuelven a los años setenta. La imagen de aquella época y la fascinación por un tiempo, que parecía que iba a cambiar el mundo, ha despertado el interés de muchos jóvenes que no conocieron aquella década, pero ha alentado también la nostalgia de aquellos que vivimos esos años, a una edad en que todo parecía ser posible. La historia de El último rey de Escocia, que ahora aparece en DVD, nos lleva además a un África llena de sueños revolucionarios. Hoy es fácil saber que Idi Amín era un tirano, pero cuando un joven escocés, como el protagonista de este film, llega a Uganda, no era difícil quedarse prendado del carisma de un hombre que parecía dispuesto a salvar su país de la miseria. Esta es sin embargo la historia de una decepción…

Artículo escrito por José de Segovia en Madrid el 22 de Enero de 2020 ·.·★ Lectura de 6 minutos o 1261 palabras.


África ha sido siempre el destino de muchos aventureros románticos y filantrópicos. Esta es la historia de un joven médico, que en 1971 trabaja para el Ministerio de Sanidad británico en una remota aldea de Uganda, cuando Amí­n llega al poder. Este chico llega a entrar en el cí­rculo í­ntimo del general, que lo adopta como su amigo y confidente, viéndose atrapado en una red de manipulación y violencia, sobre la que no tiene control. La locura del dictador se muestra progresivamente, a medida que se va engrandeciendo, teniendo que alargar la ropa, para colgarse todas las medallas. Amí­n recibió varias condecoraciones británicas, pero también se concedió a sí­ mismo tí­tulos como el de rey de Escocia, que da titulo a la pelí­cula.

¿HISTORIA REAL?

Todo en El último rey de Escocia parece dar la impresión que estamos ante una de esas pelí­culas basadas en hechos reales. Las referencias históricas, su mirada documental y una fotografí­a tan iluminada, como la que se solí­a hacer entonces, hacen finalmente que uno se crea las peripecias de unos personajes, que al principio resultan algo inverosí­miles, pero que al final uno acaba descubriendo su inconsciencia, como un fiel reflejo de la ingenuidad, que tantos tení­amos tener aquellos años.

La historia está basada en una novela de 1998 del periodista Giles Foden, que ha llevado al cine el documentalista Kevin Macdonald. El personaje del médico Nicholas Garrigan no existió realmente, aunque en una entrevista aquel año, el autor dijo que se habí­a inspirado en sus conversaciones con Bob Astles, que no era ni médico ni escocés, sino un soldado inglés, veterano de la segunda guerra mundial. Habí­a nacido en 1924, pero tení­a una granja de piñas y una empresa de aviación en Uganda, cuando se hizo consejero de Amí­n, pasando varios años en una cárcel de Kampala, tras su caí­da.

′El mayor Bob′, como se le llamaba en Uganda, buscó ese cargo activamente (no como el médico Garrigan), llegando a ser parte fundamental de su aparato de represión. Por lo que la prensa británica le llamó ′la rata blanca de Amí­n′. El periodista encontró a Astles en Londres, donde viví­a en el barrio de Wimbledon, convencido de sus propias mentiras, en el mismo mundo de fantasí­a del dictador. Él viví­a ya en realidad en Uganda, antes de la llegada del general, se habí­a casado y trabajaba para el enemigo polí­tico de Amí­n, su predecesor Milton Obote.

LA IGLESIA PERSEGUIDA

La Iglesia de Uganda ha tenido muchos mártires a lo largo de su Historia. Fue perseguida en el siglo XIX, antes de llegar a ser protectorado británico. Su independencia en 1962 trae el poder a Obote, hasta la llegada de Amí­n en 1971, cuya polí­tica de represión, arrestando a todos los que se opusieran a él, trajo un gobierno de terror, aunque muchos le consideraran un libertador. Cientos de soldados murieron, pero también expulsó a toda la población asiática, 55.000 personas dedicadas al pequeño comercio. Amí­n se enfrentó a Israel hasta tal punto, que un predicador fue fusilado, sólo por mencionar su nombre, al leer un Salmo en la radio en 1972.

En 1977 hubo una pequeña rebelión del ejército, que hace que Amí­n mate a miles de disidentes, incluido el pueblo entero de Obote. El último domingo de enero el obispo evangélico anglicano Festo Kivengere predicaba sobre el valor de la vida a una congregación, entre los que estaban varios altos oficiales del estado. Su valiente mensaje denunció las muertes y abuso de autoridad del gobierno de Amí­n. El sábado siguiente entraron soldados en casa del arzobispo Janani Luwum, buscando armas. Le arrestaron, acusándole de traición. Al ser procesado por un tribunal militar, desapareció a continuación. Según el gobierno, muerto en un accidente, pero según varios testigos, su cuerpo mostraba señales de disparos, cuando fue enterrado en su pueblo natal.

íDOLOS DE BARRO

El personaje de esta historia es un joven idealista, que huye de la sombra paterna a principios de los años setenta, con la esperanza de poner sus conocimientos al servicio de los más necesitados. La fascinación por el carisma de Amí­n, surgido de la nada y reclutado de niño por el ejército británico, le hace finalmente cómplice del tirano, magní­ficamente interpretado por el actor Forest Whitaker. Su simpatí­a arrolladora y brutalidad imprevisible, se ve reforzada por la visión de su rotunda corpulencia e inquietante mirada con la fijeza de su entrecerrado ojo izquierdo. Todo acaba en un estallido de violencia final con una tortura, que recuerda al famoso western de los años setenta Un hombre llamado caballo.

En esta sociedad post-moderna parecerí­a que no queda rastro ya de idealismo alguno, pero no es así­. Basta mirar la importancia que han adquirido estos años las ONG. A pesar de la modestia de algunos de sus proyectos, se ha despertado en muchos el anhelo de un mundo mejor. Algunos sectores de la juventud han recuperado incluso el sueño revolucionario, que alienta la lucha contra la globalización. La actitud del médico escocés, recuerda al crí­tico Hilario Rodrí­guez, a ′mucha gente que por estar en contra de Estados Unidos, apoya la demagogia de Hugo Chávez en Venezuela o la de Fidel Castro en Cuba′. Porque nadie está libre de la atracción de la tiraní­a.

í‰ste es sin lugar a dudas también, el tema del capí­tulo octavo de 1 de Samuel que nos revela a un pueblo que clama por un rey, aunque Samuel les advierte que se aprovechará de ellos, oprimiéndoles y explotándoles. Ya que la Biblia no sólo habla de Dios, sino también de nosotros mismos. Nos revela como hambrientos de dioses a los que servir, entregados a los í­dolos que nosotros mismos creamos, para sentirnos luego decepcionados, porque no pueden salvarnos.

′Maldito aquel que confí­a en el hombre′, dice la Escritura, advirtiéndonos de adorar a otros hombres. Ni el dinero, ni el trabajo, ni la posición social o la influencia de nadie, nos va a librar de la decepción y la muerte. ¡Sólo hay uno que merece toda nuestra confianza! Aquel que dice: El que a mí­ viene, no le echo fuera (Juan 6:37).


Esta es la versión resumida del artículo El Último Rey de Escocia y la atracción de la tiranía


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