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El evangelio según Superman

En la película del verano El hombre de acero, vemos a Clark Kent, o sea Superman, en una iglesia, lleno de dudas. Para salvar a la humanidad, tiene que entregar su libertad y probablemente su vida. A su espalda vemos una vidriera en la que está Cristo de rodillas, en el huerto del Getsemaní. ¿A quién se le está comparando?

Artículo escrito por José de Segovia en Madrid el 22 de Enero de 2020 ·.·★ Lectura de 14 minutos o 2841 palabras.


En una reciente entrevista, el director Zach Snyder dice: ′la relación entre Jesús y Superman no es algo que nosotros hayamos inventado con esta pelí­cula′. Ya que ′se ha hablado de ello desde la creación de Superman′, recuerda el autor de ′Watchmen′. Aunque a algunos parece que todaví­a les sorprende la comparación, el mito -que ahora cumple 75 años- tiene un claro carácter mesiánico desde su inicio en 1938. Sus creadores judí­os le presentaron como un ′salvador de los indefensos y oprimidos′.

Lo extraño es que ya a finales de los años treinta descubrimos que el amable matrimonio de Kansas que encuentra este niño enviado por su padre desde el cielo, tiene un nombre familiar: ′ ¡Mira Marí­a, es un niño!′. No nos sorprende, a continuación, que el padre se llame José, aunque para que parezca menos descarado, prefieran llamarlos a partir de ahora Martha y Jonathan, ¡eso sí­, conservando las iniciales y José como segundo nombre!

En 1942, el autor, narrador y director del popular programa de radio ′Las aventuras de Superman′, le da al verdadero padre el nombre de El -la palabra hebrea para Dios-. Desde ese momento el padre es Jor-El, pero el hijo es también Kal-El. Los dos son uno en su plan de salvar la tierra.

DE LA PROFECíA A LA VENIDA DEL HIJO

Cuando Superman nació en la revista Action Comics, no era simplemente alguien que saltaba edificios. Sus autores eran dos chicos judí­os que se habí­an conocido en un colegio de Nueva York, cuyo Hombre de Acero era un super-judí­o, capaz de enfrentarse a sus opresores. Su héroe llevaba una ese en el pecho, que hací­a referencia a sus apellidos: Siegel y Shuster. Aunque estaban en la Gran Manzana, Jerry Siegel (1914-1996) habí­a nacido en Cleveland (Ohio) y Joe Shuster (1914-1992) en Toronto (Canadá). La muerte del padre de Jerry, disparado por un ladrón, dicen algunos que es el origen de Superman. Lo cierto es que estos dos aficionados a la ciencia-ficción, entraron a trabajar en la compañí­a DC tras crear el personaje en 1933. Siegel hací­a los guiones y Shuster los dibujos.

Cuando uno lee las historias originales de Los Archivos de Superman -publicadas por Norma Editorial en Barcelona desde el año 2005-, es sorprendente hasta qué punto ha cambiado la serie. El héroe de la América conservadora, amable y decente, era en realidad alguien mucho menos polí­ticamente correcto. Sus aventuras de los años treinta le muestran como un personaje al margen de la ley que se enfrenta al poder establecido, como un salvador de los oprimidos. Así­ en la revista nº 8 de enero de 1939, Superman destroza las casas de un barrio pobre, para obligar a las autoridades a construir edificios más modernos de apartamentos que tengan mejores condiciones. Su idea de justicia le enfrenta una y otra vez a la libertad de empresa, luchando por un estado de bienestar en la lí­nea del New Deal de Roosevelt.

Superman viene de un planeta llamado Krypton, cuya pronunciación recuerda el Tikkum Olam hebreo, el concepto de restauración de los males de este mundo, que está en el fondo mismo de la esperanza mesiánica bí­blica. La serie de televisión de los años cincuenta -que hací­a el actor muerto misteriosamente George Reeves-, comenzaba siempre con las palabras: ′el extraño visitante vino a la tierra con poderes y capacidades que van más allá de las de los mortales′. Ya que, si Superman en comic representaba la fe del Antiguo Testamento de un pueblo judí­o que anhela la liberación de su opresión, su llegada al cine en los años setenta anuncia la venida del evangelio de Krypton, en un Nuevo Testamento que proclama el cumplimiento de la esperanza mesiánica.

EL SALVADOR DE LA HUMANIDAD

Richard Donner es el autor de la que para muchos es la mejor pelí­cula de Superman, en 1978. Para él, ′la metáfora está claramente ahí­, cuando Jor-El enví­a a Superman a la tierra, es como Dios mandando a Cristo a salvar la humanidad′. Cuando Donner lleva a Superman al cine con Christopher Reeve, acababa de hacer en 1976 una pelí­cula sobre el Anticristo, La Profecí­a, inspirada por un evangélico.

Ya en 1968, un pastor presbiteriano, John T. Galloway Jr., habí­a hecho un libro negando que ′El evangelio según Superman′ sea el de Jesucristo. A partir de la pelí­cula, la comparación se convierte en un lugar común, por las claras referencias cristianas del guionista Tom Mankiewicz. Su ′evangelio′, sin embargo, parece más humanista que cristiano. Cuando Jor-El enví­a a su hijo a la tierra, dice: ′pueden ser un gran pueblo; sólo les hace falta la luz que les muestre el camino; por esta razón, sobre todo su capacidad para el bien, te enví­o a ellos, mi único hijo′.

La pelí­cula comienza cuando el planeta Krypton está destinado a la destrucción. Hay tres criminales que han sido juzgados y considerados culpables, como la trinidad de Apocalipsis 16:13: el dragón, la bestia y el falso profeta. Van a ser expulsados, como Satanás del Cielo (Lucas 10:18). Jor-El -interpretado por Marlon Brando-, decide enviar a su hijo Kal-El al mundo, cuyo nombre kryptoniano significa Estrella. Le bendice, asegurándole que nunca le abandonará. Todo lo que tiene, se lo da. í‰l mismo le llevará en su interior el resto de los dí­as de su vida. ′El hijo se convierte en el padre, y el padre en el hijo′, dice Brando en unas palabras que recuerdan al Evangelio de Juan.

El Hijo vendrá a este mundo de una forma sobrenatural, en una cueva en forma de útero, creada por una nave espacial que trae el Nacimiento de la Estrella. Como Cristo, Superman tiene una doble naturaleza. Vive en una familia humana, pero tiene un origen celestial. Tras un tiempo de preparación en la Fortaleza de la Soledad en el ártico, que parece una catedral, comienza su actividad a los treinta años. Sus prodigios recuerdan los milagros de Jesús, mientras trabaja en un periódico que va a dejar registro de las hazañas que anuncian su venida.

El enemigo de Superman, Lex Luthor, suena en inglés como Lucifer. Vive bajo tierra, y ofrece a nuestro héroe un reino en este mundo. Superman, sin embargo, lleva su cruz colgada al cuello en forma de kryptonita. Enterrado bajo el agua, experimenta una resurrección, con una nueva Eva como testigo. Superman baja al fuego del infierno, en medio de un terremoto en el que muere su amada Lois, con un coche como tumba, siendo resucitada por Superman. Para ello nuestro héroe tiene que alterar el tiempo. Lo que logra dando vueltas a la Tierra, para invertir su rotación. Tras cambiar así­ la Historia, Superman levanta los brazos y asciende a los cielos.

LA SEGUNDA VENIDA DE SUPERMAN

La pelí­cula fue concebida originalmente como un dí­ptico. Por lo que la continuación fue rodada enseguida por Richard Lester, ante los desacuerdos de Donner con la producción, pero estrenada dos años después. A partir de los años ochenta hay ya más artí­culos y libros sobre la relación de Cristo con Superman que sobre cualquier otro aspecto del superhéroe. El más importante, tal vez, es un estudio académico del año 81, que hace una mujer llamada Sara Kozloff para una publicación universitaria, bajo el tí­tulo: ′Superman como Salvador: alegorí­a cristiana en las pelí­culas de Superman′.

El cómic del año 92 continúa la metáfora con ′La muerte de Superman′ por la Criatura de Armagedón, pero Lois Lane descubre: ′ ¡Oh, Señor, su tumba está vací­a!′. A principio de este siglo aparecen varios libros sobre el tema y el episodio piloto de la serie ′Smallville′ nos muestra a Clark atado a un espantapájaros en medio de un campo de maí­z, por los matones del colegio, como si fuera una cruz.

El año 2006 un director judí­o retoma la serie, volviendo a los orí­genes. Aunque Bryan Singer nació en una familia secularizada, cree que ′la primera pelí­cula se inspiró en la historia de Moisés′, que fue salvado en una cesta de la destrucción de su pueblo. Su lectura de la serie es por lo tanto tí­picamente judí­a, pero también cristiana. ′Serí­a estúpido no admitir la clara alegorí­a judeocristiana de los orí­genes de Superman′, dice Singer, que vivió en un barrio católico de New Jersey, y recuerda haber ido incluso a un club de jóvenes cristianos. Igual que el héroe, creció en una familia adoptiva. Pertenece además a un grupo que parece tener también a Superman como uno de sus iconos, la comunidad gay -que ve en su encubrimiento en la persona de Kent a alguien que no ′ha salido del armario′ -.

Varias revistas evangélicas han entrevistado a Singer sobre el aspecto religioso de su pelí­cula, aunque parece que no le entusiasma hablar del tema. ′Serí­a absurdo decir que esas imágenes mesiánicas no existen en la pelí­cula′, dice a Christianity Today. Algunas de ellas no son intencionadas, pero otras están ′muy bien pensadas′, hasta el punto de calificarlas de ′celebración′. ¿Significa eso que él es creyente? Como tantos hoy, Singer piensa que su espiritualidad pertenece a un mundo personal, que no se identifica con un solo credo. ′Al crecer en una cultura judeocristiana, estas cosas encuentran su camino en tu inconsciente y tu forma de narrar historias, pero no hablo mucho sobre esto, ya que soy un director de cine, ¡no un predicador!′, dice riéndose. ′Tengo mi propia espiritualidad′, dice Singer: ′Oro a mi manera′.

El crí­tico de El Paí­s, Javier Ocaña, cree que la pelí­cula ′convierte a su personaje en una especie de Jesucristo que muere y resucita, para seguir salvando a la humanidad, a través no sólo de una trama que abunda en esos detalles vitales, sino también de una inconfundible iconografí­a religiosa′. Volvemos escuchar aquí­ a Brando como Jor-El, enviando su hijo al mundo. Como Dios hecho hombre, Superman sufre un proceso de humanización, que le lleva a un dolor supremo. Así­ ′el Padre se convertirá en el Hijo′. Lo que pasa es que, frente a las analogí­as, hay también muchas diferencias.

Si los cristales kryptonitas en la primera parte parecí­an mantener el espí­ritu divino de Jor-El, ahora es sólo una forma de tecnologí­a. Luthor cita incluso al escéptico Arthur C. Clarke, para decir que cualquier forma avanzada de tecnologí­a es indistinguible de la magia. Cuando padre e hijo hablan con tal intimidad, más que un eco del Evangelio, hay aquí­ el ansí­a de paternidad de alguien que se ha sentido huérfano en este mundo. Su anhelo del padre es conmovedor, pero nos muestra a alguien necesitado de un salvador, no al Salvador mismo. Sin embargo, como dice Luthor, ′el corazón humano está sujeto a un engaño monstruoso′. Es por eso que Lois dice que ′el mundo no necesita un salvador′, ni ella tampoco. Aunque, como Superman nos recuerda, ′la gente clama por él cada dí­a′.

¿EL JESUCRISTO DE LOS SUPERHí‰ROES?

Desde que Singer dijera, al regreso de Superman, que su personaje era ′el Jesucristo de los superhéroes′, a nadie en Estados Unidos le sorprende que la Warner haya querido utilizar la analogí­a para lanzar su última pelí­cula al mercado religioso con una estrategia de marketing que ofrece ′recursos para el ministerio′, como un sermón y varias guí­as de discusión. La comparación es evidente, pero ahora hay un uso interesado de ella. La manipulación llega hasta el punto de que en ′El hombre de acero′ no se menciona a Superman por su nombre.

Snyder es tan poco sutil que Clark Kent no sólo tiene 33 años -la supuesta edad de la muerte de Jesús-, sino que le entrega como crucificado. Su padre adoptivo José -bueno, Jonathan de primer nombre-, le dice que será su hijo, aunque vuelva su Padre del cielo. Aparece hasta el nacimiento virginal en un sorprendente giro, por el que en un planeta donde todos nací­an por una inmaculada concepción, Kal-El es el único que nace naturalmente. ′En mi mundo la S significa esperanza′, dice Kent / Kal-El, mostrando su carácter redentor y mesiánico. ′Sólo le falta redimirnos de nuestro pecados′, como dice Carlos Reviriego.

Jor-El dice a Lara que su hijo será rechazado y muerto, pero finalmente ′para ellos, será un dios′. Su padre adoptivo observa ′que cuando el mundo descubra lo que puede hacer, cambiarán las creencias religiosas y la concepción de lo que es ser humano′. En vez de trabajar como carpintero, es un pescador con barba, al estilo de la representación tradicional de Jesús y sus discí­pulos. Al incendiarse la plataforma petrolí­fera, Clark aguanta el peso de una estructura metálica que tiene forma de cruz, postura en la que flota luego en el agua con los brazos extendidos.

Por si todo esto fuera poco, vemos en un flashback a Clark de joven, acosado por los matones de su instituto, como en la serie ′Smallville′. Aunque aquí­ en vez de estar atado a un espantapájaros, simplemente está agarrado a una valla con los brazos en cruz y la cabeza medio agachada hacia un lado. Su detención posterior, para la que no ofrece resistencia, le muestra esposado con gesto de humildad. Se entrega voluntariamente, no a su enemigo Zod, sino a la humanidad. Como el soldado de la cruz, el coronel Hardy declara que ′este hombre no es nuestro enemigo′, cuando sale de los escombros.

Kal nos asegura que ′puede salvarnos a todos′, mientras se deja caer en el vací­o del espacio con los brazos en cruz, pero su fe, como vemos en la iglesia, no es en el Padre, sino en la humanidad. Salva vidas, pero no para la eternidad. Lo único que tiene es esperanza. Kal-El no es el Salvador del mundo. Su historia no es más que una sombra de la mayor historia de amor de un Padre por su Hijo y del Hijo por el Padre, pero para ello no hay que ver una pelí­cula, hay que leer el Libro. Es la mayor carta de amor que nunca nadie haya escrito.


Esta es la versión resumida del artículo El evangelio según Superman


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