Usamos cookies para mejorar tu experiencia

Endo: Silencio no es una novela sobre el silencio de Dios

"Silencio no es una novela sobre el silencio de Dios -decía Endô, el escritor católico japonés, cuyo libro acaba de llevar Scorsese al cine-. Es una novela sobre cómo Dios habla en el silencio y el trauma". Quien piensa que esta es una historia para católicos, no sabe quién es Scorsese. Endô mismo dice en el apéndice de la segunda edición del libro, que su "fe está más cerca de los cristianos protestantes", ya que para él, es algo personal, entre Dios y él, que sólo explica la Gracia.

Artículo escrito por José de Segovia en Madrid el 22 de Enero de 2020 ·.·★ Lectura de 13 minutos o 2621 palabras.


Casi treinta años le ha costado llevar a la pantalla esta historia, a un director cuya vida confiesa ′son las pelí­culas y la religión, eso es todo, ¡nada más!′. Nacido en una familia italo-americana, la vida de Martin Scorsese está marcada por la iglesia y el cine. Enfermo de asma, no podí­a hacer deporte o jugar en las calles de la Pequeña Italia de Nueva York, pero le gustaba ser monaguillo y ver pelí­culas. Conoció las dos cosas por un joven cura que llegó a la parroquia, Francis Prí­ncipe. Iba al cine con él, mientras en el seminario menor de la catedral, pensaba en ser misionero en Filipinas.

Al no poder entrar en la universidad jesuita de Fordham, Scorsese se matricula para estudiar cine en la de Nueva York, con la idea de volver luego al seminario. Entra en la cultura del ′rock′ y después de ir a Inglaterra y Holanda, comienza en el mundo del cine. Dice que es ′un católico frustrado′, porque desde su juventud vivió una continua tensión entre su fe y la fascinación por la violencia y el sexo.

El año 78 estuvo a punto de morir, a causa del abuso de drogas. Scorsese cree que Dios respondió a sus oraciones en el hospital, salvándole la vida. De ahí­ la cita del Evangelio de Juan (9:24-26) al final de ′Toro salvaje′ (1980), sobre el ciego que recuperó la vista. El letrero no formaba parte del guión de Schrader, que no entendí­a por qué lo habí­a puesto ahí­. Tení­a entonces 35 años, pero ahora a los 74, ha tenido otra nueva experiencia, por la que se presenta como ′un creyente con algunas dudas′.

Hay tanta profundidad teológica en esta historia, que comparada con los productos que ahora se promocionan en el mundillo cristiano como ′cine de valores′, hay menos contenido doctrinal en todos ellos, que en uno sólo de los diálogos de esta pelí­cula. Incluso para aquellos que conocemos el libro, no hay forma de asimilar una sola vez, la cantidad de ideas que sugiere cada escena. No es extraño el estupor que produce en muchos espectadores que esperan una colorida pelí­cula tipo ′La Misión′ (1986) y se encuentran con una oscura reflexión sobre la gracia y la apostasí­a.

LA PASIÓN DE SCORSESE

Publicada en 1966, ′Silencio′ se traduce al inglés años después, siendo alabada por Graham Greene -otro escritor convertido al catolicismo, que a su iglesia no le gusta recordar, por su dudosa moralidad-, cuyo libro ′El poder y la gloria′ tiene mucho que ver con éste. La fascinante entrevista que ha publicado el New York Times con Scorsese, sobre la naturaleza de su fe, comienza con la lectura de ′Silencio′ en un tren bala japonés. Acababa de hacer ′La última tentación de Cristo′ (1988), cuando le regaló el libro, el arzobispo de la iglesia episcopal -o sea anglicana-, estadounidense.

La lectura del libro de Kazantzakis, adaptado por Schrader, unió a tres autores de distinta formación teológica -uno ortodoxo griego y otro reformado, junto al católico Scorsese-, para mostrar sus luchas entre el Espí­ritu y la carne, mientras los cristianos se manifestaban contra la pelí­cula. No sólo con megáfonos y piquetes, sino que llegaron a incendiar un cine de Parí­s. En Grecia se poní­a una multa por cada proyección, pero en Milán se intentó secuestrar a su abogado, a la vez que se ofrecí­an diez millones de dólares a la Universal, por destruir el negativo de la pelí­cula con sus copias.

La acusación de los cristianos de blasfemia, lleva a Scorsese a identificarse con el dilema de la apostasí­a para los jesuitas de la novela ′Silencio′, en el Japón del siglo XVII. Impresionado, adquiere los derechos del libro, que fue ya llevado al cine en 1971 por Masahiro Shinoda. Lo que pasa es que nadie en Hollywood querí­a hacer la pelí­cula. Pleitos por los derechos, la bancarrota de la productora y un accidente mortal en el rodaje hací­an que el proyecto pareciera maldito. Lo logró salvar los beneficios de ′El lobo de Wall Street′ y un joven productor católico mexicano, llamado Gastón Pavlovich. Se ha lanzado modestamente. No se ha estrenado de hecho, más que en algunas salas de Nueva York y Los ángeles, a finales de año, para entrar en los Oscar.

Es una pelí­cula tan personal, que se podrí­a decir que es el sentido con el que Scorsese quiere ver toda su obra, a la luz de su primera vocación religiosa. Al promocionar la pelí­cula en las iglesias, se ha dado la impresión que estamos ante un testimonio de la Iglesia perseguida, cuando de lo que aquí­ se trata es del problema mismo de la fe y la apostasí­a, una cuestión que ha dividido a los cristianos durante siglos. No es extraño que una pelí­cula como ésta, despierte pasiones incluso entre los creyentes. Como todas las grandes historias, tiene muchas lecturas"

EL CORAZÓN DE LAS TINIEBLAS

Cuando el padre Valignano manda desde Portugal en 1633 a dos jesuitas para buscar en Japón al padre Ferreira, al rumorearse que ha abandonado la misión que le llevó a ′El corazón de las tinieblas′, nos vienen a la cabeza ecos de otro viaje y misión, la colonizadora del siglo XIX en la novela de Conrad que inspiró la pelí­cula de Coppola, ′Apocalypse Now′. Sabemos que estamos ante una travesí­a que mostrará no sólo la oscuridad de ese mundo que rechaza la luz del cristianismo, sino la que hay en el corazón de estos enviados, que pronto van a ser presa de la duda y el terror.

Otra historia que encuentra eco en la pelí­cula de Scorsese, es otra de las obsesiones de la generación del ′nuevo Hollywood′, el relato que en español conocemos como ′Centauros del desierto′ -que lleva el tí­tulo original de ′Los buscadores′ -. La leyenda de una hija de unos colonos, secuestrada por los indios, que busca John Wayne en un viaje con sorpresa en la pelí­cula de John Ford, repetida una y otra vez en un contexto contemporáneo por los directores de los años 70. Es lo que todaví­a hace Scorsese en ′Silencio′, como observa el crí­tico de New Yorker, Richard Brady. El viaje de esta generación sigue llevando al mismo sitio, la búsqueda de una salvación, cuando no quieren ser salvos...

Lo sorprendente es que por una vez, la crueldad del inquisidor no es en nombre de la Iglesia, ni en defensa del Islam, sino de algo tan respetado en Occidente como es el budismo, que muchos creen ingenuamente que está libre de toda forma de intolerancia y represión, cuando no hay religión que no tenga una historia de violencia y opresión. La primera parte de la pelí­cula, el espectador se conmueve ante el sufrimiento del cristianismo perseguido, pero no tardamos en ver elementos perturbadores. Si todo lo que se requiere es pisar una imagen de Jesús o Marí­a -los llamados ′fumi-e′, que han pasado a la Historia del arte en Japón-, ¿qué importancia tiene lo que hacemos con esos sí­mbolos?, ¿es tan grave, poner el pí­e sobre ellos?

En una de las frases más reveladoras de los misioneros que interpretan Andrew Garfield y Adam Driver, uno de ellos observa que estos cristianos perseguidos ′valoran más los signos de la fe, que la fe misma′. Para entender el problema, tenemos que comprender el papel que supone la realidad fí­sica para una religión tan sacramentalista como el catolicismo-romano, cuya transformación literal en la Eucaristí­a fue una de las grandes discusiones incluso entre los reformadores. Su base está por supuesto en el hecho de la Encarnación, una doctrina ajena tanto al judaí­smo como al Islam, así­ como al resto de las religiones orientales, que no saben lo que es eso.

¿IMAGEN O REALIDAD?

Cuenta Garfield -un actor judí­o que ha tenido que encarnar últimamente varios personajes cristianos, como el adventista de la última pelí­cula de Mel Gibson- que para interpretar su papel tuvo que hacer un retiro de treinta dí­as de ejercicios espirituales con el jesuita James Martin. Tení­a que darse cuenta que ′estaba andando, hablando, rezando, sufriendo con él′. Imagen que se visualiza cada vez que aparece una representación del Cristo de El Greco que le observa en sus momentos de duda y soledad, esperanza y temor. Lo interesante es que la vemos en el agua como reflejo de su propio rostro. Es así­ cómo el protagonista percibe el profundo amor de Jesús por él, que le mira y le dice que no le abandonará.

Lo que el católico Endí´ plantea como ′cercano al protestantismo′, no es sólo lo personal de su fe y la supremací­a de la gracia, sino el cuestionamiento de la necesidad de esos ′signos que se valoran más que la fe misma′. Uno de los artistas que más nos ha ayudado a entender el sentido de la obra de Endí´, es Makoto Fujimura, un pintor japonés que se bautizó en una iglesia evangélica en 1988, cuando tení­a 27 años -Endí´ fue bautizado a los 12, cuando tras el divorcio de su madre, ella se convierte en Kobo en 1932-. Fujimura ha escrito varios libros en inglés, publicados por la editorial de los Grupos Bí­blicos Universitarios en Estados Unidos, Inter-Varsity Press. El que dedicó al libro de Endí´, está prologado por Philip Yancey.

Evidentemente, hay un fondo católico en esta historia, por el que hasta el acto de apostasí­a es comparado con el sacrificio de Cristo. No se trata de una obra única e irrepetible, pero la perspectiva además, es la de la teologí­a que nace en los años sesenta, por la que incluso se atribuye a la misión extranjera, el sufrimiento de la Iglesia perseguida. Cierta lectura de esta obra nos puede llevar incluso hasta el razonamiento que permite hablar de ′cristianos anónimos′. Algo parecido a lo que defiende cierta misiologí­a de inmersión en el Islam, o una teologí­a secular que suponga la desaparición de la Iglesia tal y como ahora la conocemos. Dudo sin embargo, que sea eso lo que Endí´ querí­a decir con este libro...

LA IGLESIA QUE SUFRE

Como católico japonés, el autor se pregunta como los protestantes en España, cuál es el sentido de una minorí­a que apenas llega al 1%, en un paí­s cuya cultura está tan definida por el catolicismo, como la sociedad nipona por el budismo. Una de las frases más repetidas de esta obra, es cuando el inquisidor dice que no es culpa de los misioneros que el cristianismo no haya arraigado el paí­s del sol naciente, sino del pantano que conforma esta tierra. En paí­ses donde la fuerza de la Iglesia se mide por su arraigo social e histórico, ¿cuál es el papel de ésta, cuando es una minorí­a?

El problema del cristianismo en Occidente no es tan diferente al de aquellos católicos en Japón. En esta parte del mundo, la Iglesia no está acostumbrada a ser una minorí­a perseguida. Sigue actuando con sus sueños de grandeza, como si pudiera determinar la moralidad de naciones para las que ya no hay más valores que los que la sociedad secular reconoce. Cuando tiene tanta fuerza como en Estados Unidos, emprende una ′guerra cultural′ como la que vivió Scorsese en los años 80 con ′La última tentación de Cristo′, que tuvo su pelí­cula como sí­mbolo. Lo que no sabe hacer es cómo soportar la marginación y el desprecio que sufre la religión en Europa. Endí´ dice que es en ese sufrimiento que Dios habla al mundo.

Al despojarse de su gloria, Dios vino a este mundo para mostrar su poder en su debilidad. Tomando forma de siervo, se humilló hasta la cruz (Filipenses 2:7-8), pero lo que es locura para el mundo, es poder de salvación para Dios (1 Corintios 1:18). ′Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte′, dice Pablo (2 Corintios 12:10).

El cristiano se conmueve ante la tortura y el martirio de los cristianos de esta historia, que ′perdiendo su vida, la encuentran′ (Mateo 16:25), pero Endí´ nos muestra también que Dios habla en el silencio y la sutilidad de una pelí­cula como esta, más poderosa que el llamado ′cine de valores′. Su apologética no es el razonamiento aplastante de ′Dios no ha muerto′, sino la fuerza de que Dios está con nosotros, en medio de la debilidad, la duda y el sufrimiento.

No es el dolor, el que nos aleja de Dios, sino el que nos lleva a í‰l. Seguir a Jesús se muestra en debilidad, entrega y amor. No debemos buscar la persecución, pero si llega, no debe ser recibida con orgullo o violencia, sino con el silencio del que ′no abrió su boca′ (Isaí­as 53:7). De hecho, no podemos salvar el mundo, ya que aunque busquemos ser como Cristo, sólo í‰l puede hacerlo. Como ′Silencio′ nos recuerda, somos como Pedro y Judas, necesitados de la salvación de Dios. Y esa sólo viene por su Gracia.


Esta es la versión resumida del artículo Endo: Silencio no es una novela sobre el silencio de Dios


Buenas noticias de un Dios que se relaciona con su creación:

Escuchar o descargar podcasts sobre la Biblia de José de Segovia



ENVIAR ↷