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Byung-Chul Han, agitador de conciencias en una sociedad paliativa.

La humanidad conoce todos los tipos de dolor; el dolor viejo, el dolor del mundo y el cansancio de la vida. Este aguijón, como dijo el filósofo y teólogo alemán Schweitzer, es “el más terrible de los Señores de la humanidad”. Es una posibilidad inevitable a toda criatura. “Con dolor darás a luz los hijos”. El dolor nos hostiga. Y sea donde sea que intentemos escondernos de esta desagradable pena, nos acompañará hasta el final de nuestros días aquí en la tierra. Jesús ya nos avisó: “en el mundo tendréis aflicción”. Pero; ¿habrá una dicha mayor tras atravesar en el camino la experiencia del dolor?

Artículo escrito por Jon Guevara en Barcelona el 02 de Septiembre de 2021 ·.·★ Lectura de 8 minutos o 1650 palabras.


La sociedad paliativa

En el último ensayo traducido al castellano de Byung-Chul Han, “La sociedad paliativa”, el filósofo de moda reflexiona sobre la fobia al dolor de una sociedad “anestesiada”, y cuestiona el uso que la sociedad actual hace de la realidad del dolor. ¿Somos libres para no padecer dolor? ¿Es necesario el dolor para alcanzar un bien superior? El surcoreano expone la problemática de una falsa positividad que ha expulsado al conflicto de la vida pública (una sociedad que señala como único buen objetivo la utopía de la continua felicidad). Han, señala la ideología que pretende erradicar los procesos naturales de la vida humana, una “sociedad de la transparencia” que corre el peligro de convertirse en un ejército de muertos vivientes. El hombre se elimina a sí mismo para sobrevivir. La vida no se vive por miedo a perderla. “En la sociedad paliativa el dolor ha dejado de ser un cauce navegable, una corriente de narración que lleve al hombre hasta el mar, y pasa a ser un callejón sin salida”.

Para Byung-Chul Han la sociedad de nuestros días intenta distanciarse del dolor y el sufrimiento a través del uso del lenguaje (de la superficialidad que se convierte en murmullo). No obstante, una distancia ilusoria, pues el ser humano tarde o temprano irremediablemente deberá enfrentarse al dolor y al sufrimiento. Como decía el escritor inglés C.S. Lewis, el dolor “no puede ser ignorado, es un mal desenmascarado, inequívoco: toda persona sabe que algo anda mal cuando sufre». Según Han, vivimos en una sociedad donde el dolor es sinónimo de debilidad. Lo observamos en la televisión mientras disfrutamos de la comida en nuestra mesa, lejos. Sin embargo, como subraya el filósofo, enfrentar conflictos es parte de nuestra condición humana, y las píldoras mágicas obtenidas por medio de un optimismo ingenuo solo parcheará temporalmente las disfunciones. El actual exceso de positividad evade la negatividad, y así queda obstruido el camino a lo bello natural, avisa el filósofo.

Una sociedad insensibilizada por el ruido digital

Byung-Chul Han (Seúl, Corea del Sur, 1959) está considerado como uno de los intelectuales más notorios del pensamiento contemporáneo “por su crítica al capitalismo, la sociedad del trabajo, la tecnología y la hipertransparencia”.3​ Amado por unos, odiado por otros, el filósofo y ensayista se ha convertido en una piedra en el zapato para los gurús del pensamiento positivo. “No tiene smartphone, no hace turismo, solo escucha música analógica, no trata a su alumnado como clientes y dedica tiempo a cultivar su jardín”. El influyente filósofo no se somete a los tópicos ambientales dominantes, y en cada uno de sus concretos ensayos agita con sus palabras las conciencias de sus lectores. Para Han, la filosofía actual se ha convertido en una simple guía de autoayuda. Cuando según él, la filosofía debería desorientar, despertar; ayudar a que algo nuevo emerja.

Han, que había estudiado metalurgia en Corea, se mudó a Alemania para estudiar Filosofía en la Universidad de Friburgo y literatura alemana y Teología en la universidad de Múnich. El actual profesor en Berlín de filosofía (celoso de su intimidad) se hizo mundialmente conocido por su obra “La sociedad del cansancio”, donde denuncia el “exceso de positividad”. El admirador de Hegel de apariencia anacrónica pasea en la noche por el puente Mapo, donde cientos de carteles con mensajes positivos se van alumbrando a su paso. “Lo llaman el puente de la vida”, dice Han en el documental “La sociedad del cansancio” desde un puente donde miles de almas se lanzan al fondo del olvido. Según Han se engaña al pueblo empujándolo a pensar que el error se encuentra en el interior de uno mismo y no en las injusticias sociales. El pueblo ya no lucha por el mal que acecha a su hermano. “La felicidad pasa a ser un asunto privado, mientras que el sufrimiento se interpreta como resultado del propio fracaso. Por eso, en lugar de revolución lo que hay es depresión”. Los nuevos religiosos que se autoproclaman dios, estarán ocupándose en ellos mismos, buscando lograr un estado inalcanzable; luchando a ciegas contra el dolor que niegan. “El “me gusta” es el “amén digital” y Facebook, “la iglesia, la sinagoga global de lo digital” dice en su obra “En el enjambre”.

La presión de ser feliz

Autorrealizarse hoy se ha convertido casi en obligación. El famoso eslogan “si quieres puedes” se ha transformado en un peso más en una sociedad agonizante. Han, dice que el individuo que presume de haber alcanzado una gran libertad “se explota voluntariamente a sí mismo creyendo que se está realizando” (sin necesidad de que el poder se lo exija). Y esa presión de ser feliz, hace que toda experiencia que conlleve cierto dolor sea obviada. Una coacción inaguantable para un logro que se evaporará con la nada. Han, exclama que el dolor tiene un gran potencial creativo y transformador, e intentar evadirlo será un acto de inmadurez. Hegel ya decía que “el espíritu solo alcanza su verdad hallándose absolutamente desgarrado de sí mismo”. Para Han, tras vencer el dolor, el alma se eleva hacia la belleza de una luz nueva que le alumbra un camino que desconocía.

El filósofo denuncia “la digitalización de la vida y la servidumbre consentida”. Dice que los individuos auto explotados que no alcanzan sus metas, tras enfrentarse al fracaso se sentirán culpables; adentrándose en una maraña de disfunciones. En el tiempo del estrés y la ansiedad “la libertad se transforma en compulsión”. Para el filósofo, las nuevas enfermedades mentales surgidas a causa de la sobreexposición a la información, están causando estragos en una sociedad que presume de sus avances y que señala al dolor como un mal ancestral a olvidar. El filósofo con tristeza habla de una auténtica epidemia que golpea su país natal. Corea del Sur es uno de los países con más alto porcentaje de suicidios del mundo. Un país donde en los últimos años han florecido los “seminarios de la muerte”. Los estudiantes confusos se tumban dentro de un ataúd simulando su propia muerte con la intención de obtener una perspectiva nueva sobre su vida. Han, señala como una de la grandes amenazas la relación obsesiva compulsiva con el teléfono móvil de “zombis que han vendido su alma a un dispositivo digital” en un mundo sin aspiraciones eternas.

Un dolor que purifica

Han, en referencia a la situación actual de miedo e incertidumbre en la que el mundo se halla, en una de sus últimas entrevistas decía: “Por sobrevivir, sacrificamos voluntariamente todo lo que hace que valga la pena vivir, la sociabilidad, el sentimiento de comunidad y la cercanía. Con la pandemia además se acepta sin cuestionamiento la limitación de los derechos fundamentales, incluso se prohíben los servicios religiosos. Los sacerdotes también practican el distanciamiento social y usan máscaras protectoras. Sacrifican la creencia a la supervivencia. La caridad se manifiesta mediante el distanciamiento. La virología desempodera a la teología. Todos escuchan a los virólogos, que tienen soberanía absoluta de interpretación”. Para Han, los medios de comunicación masivos pretenden colocarnos en un permanente estado de supervivencia, donde dejaremos de vivir la vida por miedo a perderla; en un tiempo donde no sabemos qué hacer con el dolor.

Hay quienes dicen que el dolor solo es una ilusión, y que la solución se encuentra en liberarnos mentalmente. Otros afirman que la solución consiste en mantener la compostura para que nada perturbe la paz mental. La visión hedonista pretende eliminar el dolor por medio del placer. Algunos se ríen y dicen: voy a vivir porque mañana se acercará la tragedia. Pero hoy, en la sociedad del “me gusta” el dolor sigue atormentando a la humanidad. Para Han el dolor purifica, realiza una catarsis en la vida del ser humano. Como la Biblia ya nos decía; el dolor sería inevitable en el camino de la vida. Pero también nos dice que en Jesús hay consuelo: “[…] confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33).

Han, en su obra: “Loa a la tierra”, con un tono más intimista de lo habitual dice que su jardín le ha dado fe en Dios. Agradece a Dios: “¡Alabo tu creación y su belleza!”. Pero, ¿le importa a Dios nuestro sufrimiento? Una luz mayor nos hace reflexionar en que quizás volver los ojos a nuestro creador sea la respuesta al problema del dolor en esta sociedad paliativa. Porque sí le importamos. “Me hiciste conocer los caminos de la vida; me llenarás de gozo con tu presencia” (Hechos 2:28). Porque Dios nos consuela, y no nos abandona frente al dolor; pues Él, en la persona de Jesucristo, como ser humano experimentado en quebranto sufrió nuestros dolores. Y en un tiempo donde proximidad significa contagio; Él sigue abrazándonos. Es su amor como un bálsamo sanador que cura la herida del mundo y transforma nuestras cicatrices en testimonio de agradecimiento.

“No lloréis cuando lo excelente se marchite.
¡Pronto rejuvenecerá! No os aflijáis cuando
enmudezca la melodía de vuestro corazón.
¡Pronto se encontrará una mano que la
vuelva a tocar!”

Hölderlin, Hiperión

Esta es la versión resumida del artículo Byung-Chul Han, agitador de conciencias en una sociedad paliativa.


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