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Bruno Dumont sobre cómo mantener una relación complicada con Dios

El cine está dominado por la industrialización como cualquier otra forma de entretenimiento. Los inversores, las productoras, los directores pero también las fábricas de palomitas y la misma audiencia. Todos los participantes se guían unánimes por patrones, patrones que aseguran la estabilidad de los intereses comunes, en flujos de producción y consumo que son previsibles y ¿quizás aburridos? Aburridos al menos para muchos como el director de cine Bruno Dumont.

Artículo escrito por Pablo Fernández en Barcelona el 22 de Enero de 2020 ·.·★ Lectura de 14 minutos o 2869 palabras.


El francés Bruno Dumont tiene un concepto muy alto del cine y se deprime muchí­simo con el cine contemporáneo. Según él lo hace además desde que siendo un niño fue cautivado por las pelí­culas de Carl Theodor Dreyer, Ingmar Bergman y Robert Bresson. Su concepto del cine es tan alto de hecho que tiene para él rasgos divinos: "Dios existe, pero sólo en el cine" - dice el director. A pesar de la imagen de enfurecido ateo que se ha creado, a veces es capaz de dudar de sí­ mismo. "No soy ateo pero reniego de todas las religiones" - aseguraba al periódico argentino La Nación, cuando le preguntaron directamente sobre su postura religiosa.

Se ha dicho que las mejores pelí­culas religiosas han sido hechas por ateos. Yo personalmente creo en un Dios capaz de tener ese sentido del humor pero las pelí­culas de Bruno Dumont, a diferencia del resto de pelí­culas religiosas, contienen a menudo violencia y sexo extremadamente explí­citos. ¡No hay rombos suficientes para clasificar muchas de sus pelí­culas! Los protagonistas sufren terribles desventuras bajo las manos de otros personajes. Eso sí­ ninguno de sus personajes habí­a sufrido algo tan terrible como el ser quemado vivo. Al menos no hasta este pasado año, que empezó a grabar la vida de Juana de Arco con "Jeannette, l"enfance de Jeanne d"Arc".

Las ideas del escritor Charles Pierre Péguy estuvieron marcadas por el socialismo y el nacionalismo francés hasta que al final de su vida se convirtió al catolicismo. Fue entonces, en 1913, cuando escribió tí­tulos como la obra de teatro ′La Tapisserie de Sainte Genevií¨ve et de Jeanne d"Arc′, que Bruno Dumont leí­a cuando pensaba en hacer un musical. La revista Vanity describe el resultado de su aproximación a la subversiva mí­stica como ′un asalto blasfemo a la historia de Francia, la religión y la música′.

Los inocentes primeros pasos de Juana de Arco

La mí­stica francesa Juana de Arco se enfrentó a la ocupación inglesa, fue juzgada por herejí­a por el arzobispo de Beauvais y finalmente quemada viva el 6 de enero de 1412. "No creo en la religión, pero sí­ en algunos valores que la contienen." - asegura Bruno Dumont. "Más bien, creo en la espiritualidad del hombre, en la de los pájaros. La religión ha arrebatado al humano su estado etéreo, saber quién es y qué hace en la Tierra. Sólo quiero que le devuelva algo de lo que le quitó, es decir, la vida en este planeta".

Bruno Dumont se molesta con razón cuando le comparan con el director francés Robert Bresson. Robert Bresson era católico y un enamorado de la teologí­a jansenista, que como la de los calvinistas enfatiza el ascetismo, el pecado original y la gracia de Dios. Bruno Dumont asegura que su falta de fe constituye una gran diferencia en su propia obra y que el ateí­smo deberí­a ser reinterpretado si su definición no permite que un ateo esté fascinado por las maravillas, la espiritualidad y la realidad sobrenatural. Sigue por eso la tradición del director sueco Ingmar Bergman, donde en pelí­culas presumiblemente realistas se pueden mover las estatuas por sí­ mismas o pueden aparecerse los muertos. En las pelí­culas del francés los incendios se pueden apagar haciendo equilibrios como ocurre en ′Hors Satan′ y los detectives pueden salir volando en forma de globos como ocurre en "Ma Loute".

La espiritualidad de una niña expresada por Bruno Dumont recuerda en parte a "Ponette", la pelí­cula del parisino Jacques Doillon en 1996. Ponette es la niña protagonista que da tí­tulo a la pelí­cula y que a raí­z de la muerte de su madre se sumerge en la búsqueda de ese Jesús que es capaz de resucitar a los muertos. No tengo suficientes palabras para agradecer a José de Segovia por habérmela dejado. ′Mis pelí­culas son mí­sticas" - asegura Bruno Dumont en Huffington Post - "tienen el objetivo de hacer sentir el misterio a las personas y animarlas a que experimenten por sí­ mismas el milagro de la existencia′. "A menudo leo a San Agustí­n, me gusta su poesí­a, también la Biblia, que es buena para hacer piezas de teatro, y Jesús es un gran personaje, por ejemplo de una pelí­cula".

Los espectadores de la vida de Jesús

"La vie de Jésus" es el tí­tulo que le dio en 1997 a su primera pelí­cula. Habí­a pasado los primeros 30 años de su vida leyendo filosofí­a, grabando maquinaria industrial y buscando inspiración en los clásicos del cine. "La vida de Jesús", que es como se ha traducido al castellano, es en realidad la vida de un adolescente cualquiera, en unos escenarios más que corrientes de la diminuta población al noreste de Francia donde creció el director, Bailleul. Bruno Dumont aprovechó el trailer de promoción para grabar a los actores después del rodaje, mientras aseguraban que no tení­an la más mí­nima idea de por qué la pelí­cula se habí­a titulado "La vida de Jesús". La realidad, sin embargo, es que sí­ hay un momento particular de la pelí­cula en el que aparece Jesús de Nazaret.

Jesús de Nazaret aparece junto a su amigo Lázaro, que acaba de resucitar pero está todaví­a envuelto en vendas, en una lámina del fresco que Giotto di Bondone pintó en 1304. La lámina enmarcada está colgada en la habitación blanca del hospital, donde los actores han rodeado la camilla de uno de los amigos del protagonista. Esta escena es también un evidente guiño a la popular escena del director danés Carl Theodor Dreyer en "Ordet", pero a diferencia de la escena de Dreyer o de los evangelios, en la escena de Bruno Dumont el amigo moribundo no se levanta. Finalmente uno de los amigos se tropieza con el cuadro: "¿Veis el cuadro? Es sobre un tipo que volvió a la vida...". Como si no estuviese en el cuadro también aquel que le habí­a devuelto la vida, el director ignora otra vez a Jesús - como si no hubiese en él interés o atractivo alguno. " ¡Cállate!" - le susurra finalmente el protagonista.

Bruno Dumont está fascinado con el humanismo y en un sentido era previsible que encontrase un problema con Jesús. Muchos creyentes por el otro lado se han incomodado a lo largo de los siglos con la humanidad de Cristo pero no le ocurrí­a así­ al propio Jesús. Jesús en los evangelios toma para sí­ uno de los nombres más comunes de su época y no escatima esfuerzos en mostrarse una y otra vez como un hombre. Siendo el ser humano uno de los temas favoritos del director francés no es sorprendente que utilice de forma recurrente el relato bí­blico de Adán y Eva: el momento clave donde se define lo que es la humanidad según nuestra propia cultura.

Buscando el paraí­so perdido de Twentynine Palms

El cine se inventó en Francia y no es casualidad que para los escenarios del paraí­so Bruno Dumont elija los desérticos alrededores de Hollywood. El primer presidente de los Estados Unidos de América, George Washington, habí­a colaborado en la guerra contra los indios y los franceses declarada entre 1754 y 1763. En 1850 pagó a su sobrino, el Coronel Henry Washington, para que reconociese y diese nombre a todas estas secas tierras ocupadas, como Adán le daba nombre a los animales. Cuando Henry Washington se encontró en su camino con 29 palmeras, las utilizó de inspiración para darle el nombre a estos 150 kilómetros cuadrados que dan también tí­tulo a esta especie de road movie de Bruno Dumont.

El director francés no habí­a salido en su vida del norte de Francia para grabar, así­ que un sorprendido periodista le preguntó entonces cómo superarí­a la barrera del idioma: "Aprenderé inglés" - contestó seguro de sí­ mismo Bruno Dumont. En realidad el problema del idioma y la comunicación entre los dos amantes protagonistas está presente desde el principio y los pocos personajes secundarios son marcadamente diabólicos. Dios allí­ vuelve a estar completamente ausente mientras la pareja protagonista se pasea desnuda y cree haber encontrado su lugar en el mundo. Durante sus paseos por el jardí­n reservan un rato para acercarse al Joshua Tree. Un árbol que va más allá del sí­mbolo del "árbol del conocimiento del bien y del mal". Ese sobrenombre de "árbol de Josué" evoca además a varias colonizaciones: la de Hollywood en el cine, la de los ingleses en América y, por supuesto, la de los hebreos en Canaán.

Pocas escenas hacen falta para descubrir que la realidad de la pareja está marcada por una cadena de desencuentros en espiral y que no tendrá éxito en su búsqueda de la gracia. Una sucesión cansina de malentendidos, en una relación tóxica, hacen previsible y hasta deseable la ruptura de la relación. Que es justo cuando llega el apocalí­ptico acontecimiento final que empuja al espectador fuera del sopor. La terrorí­fica escena que ve el espectador entonces puede dejarle sobrecogido probablemente el resto de su vida. Lars von Trier por ejemplo utilizará poco después y con bastante acierto esta misma idea para su pelí­cula "Antichrist".

El misticismo cristiano de Hadewijch

"Quise mostrar el amor perfecto entre una mujer y un hombre" - dice Bruno Dumont de su pelí­cula Hadewych- "pero también sobre la dificultad de amar en nuestra vida. Por eso me fui hasta el cielo, para mostrar que hay una oportunidad en la Tierra". Superficialmente podrí­a parecer que la pelí­cula trata sobre los fundamentalismos cristianos y musulmanes pero Bruno Dumont reconoció que es la historia bí­blica de Adán y Eva la que está detrás de esta otra pareja protagonista. Cristo como segundo Adán está ausente otra vez. El silencio de Dios y la locura que genera la falta de amor en sus religiosos protagonistas nos transporta a escenarios que comparte con pelí­culas como ′Los Comulgantes′, ′El Séptimo Sello′ o ′Como en un espejo′ del director sueco Ingmar Bergman.

Hadewijch no es sólo el nombre de la conflictiva monja que protagoniza la pelí­cula, sino también el de la escritora mí­stica Hadewijch de Amberes. Esta mí­stica nació en el Siglo XIII a menos de dos horas en coche de donde nació Bruno Dumont y guarda muchas similitudes con otros personajes que le han interesado a él. Hadewijch de Amberes formó parte de un colectivo de mujeres que se enfrentó a las autoridades de la iglesia bajo el nombre de "beguinas". Estas mujeres hací­an grandes esfuerzos por ayudar a los menos favorecidos del pueblo de forma autogestionada, utilizaban el idioma del pueblo en lugar del latí­n para comunicar sus visiones, poesí­as o enseñanzas y se enfrentaban al clero en cuestiones que llevaron a muchas de ellas a ser perseguidas e incluso quemadas vivas, como le ocurrió en 1310 a Marguerite Porete, la autora de ′El espejo de las almas simples′.

A pesar de que asegura que todo arte es una mentira Bruno Dumont insiste en buscar la autenticidad por medio de los paisajes y los rostros. Con algunas excepciones como la de Camille Claudel 1915, él acostumbra a pasar la mayor parte del tiempo buscando actores no profesionales, particularmente feos en muchas ocasiones. Espera que sean capaces en cualquier caso de aportar al personaje sus propias peculiaridades y de hecho muchos personajes tienen al final los propios nombres de los actores. No es ningún misterio que podemos hablar mejor de aquello que conocemos y el sentimiento de estar perdido, además, es algo que todo ser humano conoce. Aunque algunos hayan aprendido a disimularlo mejor que otros. ′Los actores actúan mejor cuando están más perdidos′ - asegura él.

Para saber que si Cristo resucitó...

El evangelista Juan escribió que "Jesús lloró" cuando recibió la noticia de que su amigo Lázaro habí­a muerto. ¿Qué podrí­a hacer llorar a un Dios omnisciente y todopoderoso? El evangelista no lo dice. En la Biblia vemos que Jesús aprovechaba la oportunidad de poner a sus amigos en el centro del escenario, claro que sin Jesús sus amigos estaban completamente perdidos. La búsqueda de la verdad es una constante en la obra de Bruno Dumont como también en la filosofí­a pero escuchándole no queda claro que sepa por dónde empezar. Saber reconocer la mentira no implica necesariamente haber descubierto la verdad. ¿Hay realmente diferencia entre la ficción y la realidad?, ¿está en la tragedia o en la comedia?. Si la verdad está en la confrontación de los opuestos, ¿por qué deberí­amos evitar los extremos?

A menudo da la impresión de que más que buscar la verdad lo que intenta es huir de ella. El gran acierto de Bruno Dumont es haber puesto de relieve que si todo es mentira, lo único que nos queda es la experiencia presente y ¡qué mejor que una experiencia maravillosa! ¿Por qué nos cuesta tanto reconocerlo? La vida está llena de milagros. Sólo despertar cada mañana nos recuerda el poco control que hemos tenido sobre nosotros mismos durante el sueño de la noche. ¿Qué hemos hecho por ejemplo para mantener en funcionamiento nuestro sistema respiratorio o el bombeo de nuestro corazón? No importa demasiado si hemos muerto o seguimos viviendo por la mañana, algo nos recuerda siempre que la vida no está en nuestras manos.

La Real Academia de la Lengua Española recoge hasta trece diferentes acepciones que tiene coloquialmente el uso del nombre de Cristo. "Tener la cara como un cristo" o "hacer algo como todo cristo" son sólo dos formas de usar su nombre en vano. El ateo gallego Yosi utiliza esta última en una de sus canciones para Los Suaves: "si Cristo resucitó puede resucitar todo cristo′ - grita el cantante con tono categórico. El poeta sevillano Antonio Machado escribió por su parte que este tipo de provocación a la divinidad tan tí­picamente española es paradójicamente un indicador de fe y no enfurece precisamente a un Dios como el que se revela en Jesús. Un Dios que con Cristo ha hecho extensible la resurrección precisamente a todo el mundo: "Porque de tal manera amó Dios al mundo" - dice claramente el mismo evangelista -"que dió a su Hijo Unigénito para que todo aquel que en él crea, no se pierda mas tenga vida eterna".


Esta es la versión resumida del artículo Bruno Dumont sobre cómo mantener una relación complicada con Dios


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