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Bon Jovi: Los sufrimientos de Jon Bon Jovi

Jon Bon Jovi parece arrastrar últimamente un gran peso sobre sus espadas. Su delgada figura, su pelo blanco y sus ojos tristes le acompañaban cuando declaraba a la revista People que ha pasado los peores años de su vida recientemente y que al igual que su esposa, finalmente, ha entregado su vida a Cristo. Jon fue educado como católico al igual que muchos descendientes de emigrantes italianos y, al igual que muchos de ellos, ha vivido la mayor parte de su vida con un gran resentimiento hacia Dios. Cuesta mucho entender el sentido del mal, sobre todo si tienes la agenda llena de fans esperándote.

Artículo escrito por Pablo Fernández en Barcelona el 22 de Enero de 2020 ·.·★ Lectura de 10 minutos o 2037 palabras.


Un hábil hombre de negocios

Cualquier persona que busque las razones del éxito comercial de Bon Jovi creo que no tendrá demasiadas dificultades para encontrarlas. El mismo Jon Bon Jovi -o Bongiovi, que es el verdadero apellido del cantante e indiscutible lí­der del grupo- confirmaba lo evidente: ′Hay artistas que olvidan que su primera obligación es la de entretener a su público. Townshend era uno de esos y así­ acabaron The Who. El año que viene haré discos que venderán más millones, podré comprarme dos mansiones en vez de una′.

Bon Jovi publicó su debut autotitulado en 1984. Van Halen reinaba en las listas de éxitos y toda una legión de bandas de ′hair metal′ salí­an a la escena. De ′Slippery When Wet′, publicado tan sólo dos años después, consiguieron vender más de 14 millones de copias en todo el mundo y no en vano, casi veinte años después, decí­an que poseí­a ′el club de fans más numeroso del mundo′.

′Un hábil hombre de negocios′, así­ le definí­a un inteligente periodista. ′La estrella en si no es más que una ficción... -decí­a el crí­tico musical Rolf Ulrich Kaiser. Se intenta que el oyente se pierda en una ilusión, que, sin embargo, sólo dura tres minutos musicales... No debe poseer ′mundo′, sino que debe ser lo más vanal y simple posible para seducir al oyente y sacarlo del mundo real...′. De hecho, ′Jon tení­a una imagen demasiado buena y bonita para parecer real′, como dirí­a de él la revista inglesa Kerrang!.

El vací­o detrás de la máscara

No es casualidad que la imagen de este tipo de artistas, delicadamente modelada por otros hombres de negocios, atrape las ilusiones de miles de fans. Todos ellos son profesionales y hacen muy bien su trabajo.

Paradójicamente, sin embargo, llega el momento en el que esa estrella tiene que salir del escenario en el que ha estado representando entre fuegos artificiales su papel de super hombre y encontrarse consigo mismo, con la eterna y angustiosa duda de en qué mansión pasar la noche. ′Cuando acabas una gira... es como si cerrases un capí­tulo de tu vida, y llegas a sentir una especie de vací­o interior muy fuerte. Necesitas algo en lo que creer, algo a lo que aferrarte′... ′En un mundo que no te da nada, necesito algo en lo que creer′, decí­a comentando su canción ′Something to Believe in′.

Aunque este atrevido cantante con aspiraciones al cine utiliza constantemente términos religiosos en sus canciones - me refiero a términos como ′creer′, ′fe′, ′milagro′, ′oración′, ′pecado′, etc, estos están completamente vací­os de su sentido original. Sin duda también su vocabulario sufre la influencia del cristianismo decadente en el que él ha crecido: En ′Blame it on the love of rock and roll′ canta: ′Entonces ellos me llevaron a un predicador que vieron en la televisión / Dijo que por un pequeño donativo, mi alma podí­a ser salva / Le dije, no creo predicador, volveré otro dí­a′,

′Eh, Dios, hay noches en las que sabes que quiero gritar / En esos dí­as tu eres aún más difí­cil de creer / Sé lo ocupado que debes estar, pero eh, Dios... / ¿Alguna vez piensas en mí­?′, canta también en ese ′Hey God′, muy al estilo de ′Dry County′ de su anterior disco. Comentando la canción en la prensa dijo en una ocasión: ′No puedo entender cómo se puede ir caminando por la calle 57 de Manhattan y pasar por encima de un tí­o que está durmiendo en la calle sin importarle nada. Cuando veo esa escena pienso, ¿podré ser yo mañana el que está en esa situación?, ¿por qué América tiene que tener lacras como esa?. A veces no puedo evitar tener una especie de sentimiento de culpabilidad′.

Escuchándole detenidamente uno no sabe muy bien qué es lo que a él verdaderamente le preocupa de todo este problema social: si es su seguridad personal -′¿podré ser yo mañana el que está en esa situación?′ -decí­a él- o esa persona en sí­ a la que podrí­a ayudar. Esa miseria, de la que él hace bien en sentirse culpable, y por la que deberí­amos estar arrepentidos todos, es sin embargo para Jon Bon Jovi un motivo más para pedirle cuentas a Dios -′Eh Dios, soy solamente un sencillo hombre / tengo una esposa y una familia / casi pierdo la casa′.

Como decí­a Rolf Ulrich Kaiser, en estos casos, ′lo único que une al cantante con las letras que canta, es el hecho de que se las aprende de memoria′. Este cantante, aunque a medida que se va haciendo más viejo escribe letras más comprometidas, se hace proporcionalmente más contradictorio a medida que, también con el paso de los años, gana más dinero. Sobre todas las demás cosas, esto es lo que más le pone entre la espada y la pared.

Hace 20 años, cuando empecé a escribir las primeras lí­neas de este artí­culo, cientos de cintas de cassette colgaban en la pared de mi habitación. Estaban unidas por clasificadores de plástico en riguroso orden alfabético y entre ellas podí­an encontrarse fácilmente grupos de esa época como Whitesnake, Skid Row, Poison y por supuesto Bon Jovi. Lo que descubrí­ profundizando en las entrevistas con Jon Bon Jovi fue, por eso, más penoso que satisfactorio.

Todas las fuentes de información que utilicé originalmente estaban impresas en papel y cuando finalmente estuvo escrita la primera versión del artí­culo comencé distribuyéndolo en diferentes fanzines. Los fanzines eran fotocopiados en copisterí­as y distribuidos por correspondencia o en mesas informativas como la que presidí­ personalmente en Madrid, en la plaza de Tirso de Molina, los domingos por la mañana.

Cuando las Juventudes Libertarias nos pidieron que no los distribuyéramos allí­ con amenazas y quema de algunas copias comencé a considerar las posibilidades de comunicación que encontré en Internet. La versión online de esta revista está sin duda estrechamente relacionada con este artí­culo y con ese deseo de comunicación que siempre he tratado de hacer extensible también a aquellos que diferí­an de la opinión de los autores.

La lacra de la sociedad

′¿Cómo te es posible componer canciones convincentes sobre haber perdido hasta el último dolar?′, le preguntó un periodista en otra ocasión. Con la respuesta que le dio, no sólo no contestaba la pregunta, sino que además demostraba cómo en Jon Bon Jovi también se da esa maní­a innata en el hombre de reducirlo todo, ya sea la preocupación social o la búsqueda existencial, a nuestros propios ombligos. ′Dios mí­o -exclamó- el dinero no compra la felicidad. No compra la realización personal, no consigue nada más que pagar el alquiler′.

Jon Bon Jovi, con su avión privado, su ascendencia italiana y el cacareado empleo que tuvo de joven en el servicio de limpieza, encarna con todo lujo de detalles el sueño de muchos americanos. Las personas sin hogar no encajan con ese sueño, le hacen sentirse incómodo y no tiene prejuicios de cerrar el asunto acusando a Dios de lo que él denomina ′lacra′. Jesús no tenia, según nos cuentan sus contemporáneos, ′donde recostar su cabeza′ y no por eso hemos de suponer que era una lacra. Existen más razones para pensar que la lacra es realmente el tipo de personas que como él consume el mayor porcentaje de los recursos.

No es tan difí­cil sustituir la religión por el humanismo. Son las celebridades como Lady Gaga quienes más millones de dólares declaran haber invertido en causas benéficas y Jon Bon Jovi ha sabido estar atento. Su última invención fue Soul Kitchen, un restaurante donde el cliente decide cuánto paga y, en caso de no poder pagar, puede compensar al restaurante con tareas de mantenimiento. Lo que de toda la vida significaba tener que lavar los platos, Jon Bon Jovi habí­a sabido venderlo a la prensa como un virtuoso ejercicio de solidaridad. Cualquier persona que haya estudiado marketing o dirección de empresas conoce la utilidad de la Responsabilidad Social Corporativa cuando es aireada en los medios de comunicación. Curiosamente, en los tiempos de Jesús, habí­a también personas de clases sociales de relevancia que aprovechaban sus donativos en beneficio propio: todo lo que necesitaban los fariseos era hacer sus donativos públicamente.

′Les repito -dirí­a Jesús- que es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja, que para un rico entrar en el reino de Dios′ (Mt.19:24). Cuando sus discí­pulos, sorprendidos, le preguntaron quién podrí­a entonces ser salvo, ′mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible′. El que se cree rico, al igual que el que se cree sano, no cree tampoco estar necesitado de la ayuda de nadie. Sin embargo vemos a Jesucristo, sin mansiones, sin aviones privados y sin fuegos artificiales, riéndose de esa supuesta autonomí­a cuando dice: ′Porque tú dices: Yo soy rico, y me he enriquecido, y de ninguna cosa tengo necesidad; y no sabes que tú eres un desventurado, miserable, pobre, ciego y desnudo′ (Ap.3:5).

′Si alguno quiere venir en pos de mí­, -decí­a también Jesús- niéguese a sí­ mismo, y tome su cruz, y sí­game. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí­, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?. Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.′


Esta es la versión resumida del artículo Bon Jovi: Los sufrimientos de Jon Bon Jovi


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