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Salmo 137: Una nueva vida para Bob Marley

Ziggy Marley aseguró que las últimas palabras de su padre fueron: ""El dinero no puede comprar la vida!". Esas eran unas palabras bastante bonitas para una camiseta, pero difíciles de imaginar en el lecho de muerte de Bob Marley. En su lecho de muerte del hospital University of Miami, según Judy Mowatt, Bob Marley se revolvía de dolor e invocaba el nombre de Jesús para que se lo llevase. Fue entonces cuando Rita Marley, sobresaltada, buscaba una enfermera por los pasillos y llamaba por teléfono a Judy Mowatt. Rita encontró a una enfermera cristiana que acompañó a Bob en oración sus últimos momentos. La enfermera cristiana era la hermana de Bunny Brown del grupo The Chosen Few, pero las dos jóvenes rastafaris ocultaron aquellos acontecimientos muchos años.

Artículo escrito por Pablo Fernández en Barcelona el 22 de Enero de 2020 ·.·★ Lectura de 24 minutos o 4833 palabras.


Aquellos que hayáis vivido de cerca unos cuantos funerales, sabéis ya lo poco que le importa normalmente a la familia la última voluntad del que ha fallecido. Para que te pase eso no hace falta que seas una estrella del espectáculo, pero tratándose de Bob Marley habí­a mucho en juego. Bob Marley habí­a hecho grande el rastafarismo en todo el mundo y para la mayorí­a de los rastafaris el cristianismo era la religión del enemigo.

Judy Mowatt estaba convencida de que si estas últimas palabras se hubiesen conocido, muchos habrí­an querido lanzarse como él en los brazos del cristianismo. Rita Marley, además, todaví­a recibe diez millones de dólares americanos cada año del trabajo de Bob Marley; por lo que todos los que le rodeaban tení­an buenas razones para seguir manteniendo oculta aquella apostasí­a.

Muchos tienen la tendencia a dudar de una decisión hecha por conveniencia, como si pudiese haber alguna decisión que no sea interesada. La Biblia, al menos, deja claro que el hombre parte siempre de una situación de desventaja. ¿No fue acaso interesada la reflexión del bí­blico hijo pródigo, poco antes de tomar su camino de vuelta a casa?: ′Cuántos jornaleros en casa de mi padre -dijo para sí­ mismo- tienen abundancia de pan y yo aquí­ perezco de hambre!′

Bob Marley y la religión del opresor hombre blanco

Norval Sinclair Marley aseguraba que era capitán, judí­o de origen sirio que habí­a sido enviado como capataz a unas plantaciones de Jamaica desde Essex, Inglaterra. No hay registros fiables de ese cargo de capitán, pero sí­ una mención a que se libró de luchar en el frente durante la Primera Guerra Mundial por su incontinencia de la orina.

Norval recorrí­a aquellas fértiles colinas de Saint Ann, montado siempre a caballo como si fuese realmente alguien importante. Tení­a más de 50 años cuando tuvo a Bob Marley de una de las trabajadoras que supervisaba: Cedella Booker. Cedella tení­a alrededor de 16 años entonces, cantaba gospel en la iglesia y cuando nació Bob no volvió a ver al capitán.

Bob Marley hablaba muy poco de su padre, de quien habí­a recibido poco más que el estigma de ser mulato. Creció con su madre en una zona empobrecida y superpoblada de iglesias que se enfrentaban entre sí­. El biógrafo David Vlado Moskowitz asegura que la madre del músico habí­a tratado de guiarle en un catolicismo tradicionalista, pero que tras el matrimonio con Rita en 1966 y su consecuente estancia en Estados Unidos, Bob Marley se posicionó claramente en contra de lo que reconoció como la religión del opresor hombre blanco.

La vida junto a los rí­os de Babilonia

Cuando Bob Marley volvió a Jamaica fijó sus ojos en la música de un grupo de ska formado también en el coro de la iglesia: Toots and the Maytals. Con 19 años Toots Hibbert llenaba sus canciones de afirmaciones piadosas sobre Jesús, pero con 50 años se habí­a precipitado en un discurso ambivalente y sincretista propio de un entorno agitado como el de Jamaica.

Cristo era en esta época para muchos jamaicanos el dios del opresor hombre blanco. Según los evangelios Jesús no parecí­a tener mucho interés en ejercer influencia social o polí­tica y como muchos otros del Siglo I creyeron que él no tení­a dónde recostar su cabeza. Muchos en Jamaica pensaron que el emperador etí­ope Haile Selassie estaba más cerca de poder resolver los problemas prácticos de su pueblo y abrazaron la teorí­a de Leonard Howell. Leonard Howell habí­a tenido esta idea en 1933 pero tardó en ganar credibilidad. Fué él quien empezó a referirse a Haile Selassie como la segunda venida de Cristo. Al fin y al cabo, Cristo mismo dijo que volverí­a como rey.

Cuando el canal canadiense CBC le pregunta directamente a Selassie sobre este tema en 1967, el emperador no duda en confirmar que le habí­an llegado las mismas noticias: "He oí­do hablar de esa idea e incluso he conocido a algunos rastafaris. Les dije claramente que yo sólo soy un hombre, que soy mortal, y que seré reemplazado por la siguiente generación, y que nunca deberí­an cometer el error de asumir o pretender que un ser humano pueda emanar de una deidad".

La acción y la espera en vano de Bob Marley

Bob Marley se acostumbró a empezar sus actuaciones leyendo la Biblia y terminarlas con canciones como ′Get Up, Stand Up′, que eran jaques al cristianismo por no enfrentarse más activamente en la lucha contra la injusticia social. Habí­a cosechado muchos frutos de aquella primera iniciativa cuando su disco ′Exodus′ fue nominado Disco del Siglo por Time Magazine. Como el hijo más joven de la parábola de Jesús, Bob Marley aprendió pronto lo que sí­ se puede comprar con dinero. ¡Y no estaba dispuesto a esperar en vano!

Bob Marley arriesgó a menudo su vida para defender la paz y recibió en 1978 la Medalla de la Paz en el Tercer Mundo de las Naciones Unidas. El músico era estricto, cuidaba mucho de su cuerpo y agradecí­a que le tratasen como a un capitán. Era ambicioso, trabajador y llegado el momento negó a la prensa su matrimonio con Rita. El patrimonio de Bob Marley vale hoy un increí­ble billón de dólares americanos, pero ciertamente no tuvo tiempo de disfrutarlo.

Sus 11 hijos reconocidos de 7 diferentes mujeres nacieron durante los siguientes 14 años como prueba irrefutable de que el músico no se dedicó exclusivamente a pelear y ganar dinero. Lejos del discurso combativo que adoptó para vender su música en los paí­ses más desarrollados, su vida personal transcurrí­a en realidad con el ritmo caribeño de preciosas canciones como ′Waiting in Vain′.

No era fácil verle con sus hijos pero le encantaba rodearse de mujeres por la noche, jugar al fútbol con sus amigos por el dí­a y fumar marihuana Lambsbread mientras componí­a o leí­a la Biblia. Podí­as encontrarle continuamente leyendo hasta las copias que los Gedeones dejaban en los hoteles, pero su copia favorita de la Biblia era una traducción de King James, que habí­a personalizado con fotografí­as del emperador etí­ope Haile Selassie.

El final de la última gira

Abuna Yesehaq Mandefro, arzobispo de Ethiopian Orthodox Church, habí­a sido enviado a Jamaica por el emperador etí­ope Haile Selassie. Según el testimonio del arzobispo su misión era abrir una iglesia cristiana y convencer a los rastafaris de que no debí­an adorar a la persona del emperador sino a Cristo. Cuando Bob Marley se cruzó con Abuna Yesehaq Mandefro en 1980, el músico habí­a sido diagnosticado de cáncer de piel y estaba bastante preocupado.

Cuando el emperador Haile Selassie murió en 1975, tal y como habí­a previsto él mismo, muchos rastafaris dudaron de su divinidad y un buen número de ellos se bautizaron en la Ethiopian Orthodox Church en Jamaica. Ya fuese por una crisis de fe, ya fuese por seguir los mandamientos del entonces difunto lí­der, muchos se animaron a bautizarse y unirse a esta iglesia cristiana dirigida por el enviado de Selassie, el arzobispo Abuna Yesehaq Mandefro.

Cuando la publicación jamaicana Gleaner-s Sunday le preguntó al arzobispo Yesehaq acerca de Bob Marley en 1984 dijo: ′Bob era realmente un buen hermano y un hijo de Dios a pesar de cómo le veí­a la gente. Habí­a mostrado interés en el bautismo durante mucho tiempo pero habí­a personas cercanas a él que ejercí­an control sobre sus decisiones y estaban alineados a otros aspectos del rastafarismo. Pero vení­a a la iglesia regularmente.′

Después de dudar y frecuentar la Ethiopian Orthodox Church durante un año, según su propia esposa Rita Marley, Bob acudió al arzobispo para ser bautizado como cristiano el 4 de noviembre de 1980. Los testigos hablan de que pasó media hora llorando y celebrando una nueva vida más allá de la injusticia, la furia y la muerte que habí­a visto debajo del Sol.

La conversión de Bob Marley

Bob Marley recibió ese dí­a un nuevo nombre que lo vinculaba directamente con la exclusividad de la divinidad de Jesús: Berhane Selassie, que significa ′Luz de la Trinidad′. Su amigo Tommy Cowan, productor y músico jamaicano que jugaba al fútbol con él y le habí­a acompañado en su última gira, ha confirmado que ese acontecimiento llevó también a muchos otros de sus compañeros a reconsiderar la fe cristiana.

Ewart Walters, historiador jamaicano, destaca por encima de todas las pruebas que hay de la conversión de Bob Marley una en particular: ese interés en el Nuevo Testamento que ocupa las letras de sus últimas canciones. En su póstuma canción ′Redemption Song′ por ejemplo, Bob Marley abandona a todos los instrumentos eléctricos, todas las mántricas menciones a JAH y se concentra en la redención.

Cantar eso de ′tu vida es tu derecho′ en cada actuación, debí­a resultar menos creí­ble para todos a medida que el cáncer se extendí­a por todo su cuerpo. Bob Marley tuvo finalmente que interrumpir su última gira el 23 de septiembre de 1980. Al final apenas encontraba fuerzas para leer la Biblia, por lo que su madre y algunos amigos se turnaban para hacerlo por él. Su madre y su mujer le cantaban himnos junto a la cama del hospital y hací­an oraciones junto a él, hasta que murió alrededor del mediodí­a del 11 de mayo de 1981.

La búsqueda del amor de Judy Howatt

¿Por qué llamó Rita Marley a Judy Howatt cuando Bob Marley agonizaba en el hospital? Judy Howatt tení­a una relación muy estrecha con Rita y era además una de las tres vocalistas que acompañaba a Bob Marley en el escenario desde 1974. La madre de Judy Mowatt tocaba el piano en la iglesia. La tuvo a ella con diecisiete años así­ que fue criada realmente por su abuela, cuya voz era también muy valorada en la iglesia. La pequeña Judy entonces mostraba más interés en el baile y en la música popular, que escuchaba al aire libre gracias a los ′sound systems′ y a lo que conocí­a entonces como "music hall", que luego los jamaicanos exportarán a Inglaterra.

La joven Judy no pidió permiso para irse de gira con trece años y se encontró con Bob Marley cuando los dos hací­an paralelamente versiones de músicos de Estados Unidos de América como Elvis Presley. Ella recientemente ha confesado a varios medios de comunicación que tuvo una educación cristiana en Jamaica en la que los padres habitualmente no atendí­an a sus hijos y donde apenas encontraban referencias a seguir en lo que se referí­a al amor. Asegura que fue buscando precisamente ese amor que no conocí­a, que pasó veintidós años buscando en sitios equivocados y defendiendo activamente el rastafarismo.

Judy defendió el rastafarismo primero en el mismo escenario de Bob Marley pero también después de su muerte con Rita Marley y Marcia Griffiths en I Threes y en solitario con no poco éxito comercial. Discos como ′Black Woman′ o ′Working Wonders′ la posicionaron como una pionera en un buen número de categorí­as dominadas hasta entonces por los hombres. Inicialmente Judy Mowatt quiso ignorar la conversión al cristianismo de Bob Marley pero seis años más tarde ella misma acabó asumiendo una relación muy similar. Según cuenta a la emisora de televisión canadiense RLMD TV, las dudas comenzaron a aparecer cuando empezó a comparar a Haile Selassie con Cristo, y finalmente todo lo que oí­a a donde quiera que iba apuntaba al mismo pensamiento: que no hay otro nombre dado a los hombres como el de Cristo y que toda rodilla se doblará ante él.

El regreso al futuro de la fe

Bob Marley era valiente y generoso. No habí­a dejado testamento escrito de forma intencionada pero durante su funeral las diferentes instituciones que le rodeaban, se lanzaron sobre el ataúd para incluir una de sus guitarras, un balón de fútbol, algo de marihuana y una Biblia abierta por su texto favorito: el Salmo 23.

Las recientes iglesias evangélicas que fundamentan la veracidad de su doctrina en función del tiempo que llevan abiertas, deberí­an considerar a la Iglesia Copta en Etiopí­a. Su fecha de fundación se remonta al año 42 , lo que -si ese fuese el caso- dejarí­a en desventaja no sólo a la Iglesia Luterana fundada en el 1517 sino incluso a la Iglesia Católica Romana fundada por Constantino en el año 313.

En realidad durante los tiempos del Nuevo Testamento la iglesia no tení­a nombre. Los cristianos eran entonces un molesto grupo de ateos bajo el punto de vista del Imperio Romano. A pesar de su falta de nombre y de la oposición del imperio que dominaba el mundo conocido, aquella nueva forma de fe incendiaba las comunidades judí­as de Etiopí­a o Siria, que es de donde procedí­a el abuelo paterno de Bob Marley.

Los registros hablan de que alrededor de 60.000 africanos fueron vendidos como esclavos por paí­ses de tradición cristiana como España o Inglaterra. No es que hubiesen inventado nada. Si retrocedemos aún más en el tiempo podemos recordar al caldeo Nabucodonosor II, que habí­a ocupado la pequeña región de Judea durante Siglo VI antes de Cristo. Entonces el reincidente rey judí­o Sedequí­as habí­a utilizado los ojos por última vez para ver masacrar a su familia. Miles de judí­os fueron también llevados en cautiverio a un paí­s lejano y desconocido para ellos, a Babilonia: "la tierra entre los rí­os" de los antiguos historiadores griegos, que ocupaba parte de lo que hoy conocemos como Siria.

Los judí­os en tierra de extraños

Bob Marley le debe mucho de su sonido al productor jamaicano Lee ′Scratch′ Perry, pero el productor asegura con razón que el éxito se debí­a a que el músico ′tení­a el alma y el espí­ritu heridos′. No fue Bob Marley sino los rastafaris Brent Dowe y Trevor McNaughton, del grupo The Melodians, los que compusieron la melodí­a que ha llevado el Salmo 137 a las pistas de baile, la radio y hasta los ascensores. Varios grupos religiosos utilizan la canción en sus ceremonias todaví­a hoy, pero la versión más conocida de esta canción es sin duda la del grupo Boney M. que fue editada en 1978 y permaneció como número 1 de las listas del Reino Unido durante cinco semanas.

El autor del Salmo 137 se muestra enfurecido contra su opresor en una lí­nea que evoca claramente muchas de las canciones de Bob Marley como ′I shot the Sheriff′. El salmista lo escribió al volver de ese mencionado exilio. Estaba libre ya de la presión de esas circunstancias, por lo que algunos pueden pensar que podrí­a haber omitido algunos detalles del final que lo hacen tan duro de leer. Es porque no omitió esos detalles que, todaví­a hoy muchos lectores no pueden dejar de leer el texto con cierta incredulidad:

Junto a los rí­os de Babilonia,
Allí­ nos sentábamos, y aun llorábamos,
Acordándonos de Sion.
Sobre los sauces en medio de ella
Colgamos nuestras arpas.
Y los que nos habí­an llevado cautivos nos pedí­an que cantásemos,
Y los que nos habí­an desolado nos pedí­an alegrí­a, diciendo:
Cantadnos algunos de los cánticos de Sion.
¿Cómo cantaremos cántico de Jehová
En tierra de extraños?
Si me olvidare de ti, oh Jerusalén,
Pierda mi diestra su destreza.
Mi lengua se pegue a mi paladar,
Si de ti no me acordare;
Si no enalteciere a Jerusalén
Como preferente asunto de mi alegrí­a.
Oh Jehová, recuerda contra los hijos de Edom el dí­a de Jerusalén,
Cuando decí­an: Arrasadla, arrasadla
Hasta los cimientos.
Hija de Babilonia la desolada,
Bienaventurado el que te diere el pago
De lo que tú nos hiciste.
Dichoso el que tomare y estrellare tus niños
Contra la peña.

Los que nos pedí­an alegrí­a

Hay cosas que no parecen haber cambiado tanto desde el Siglo VI antes de Cristo. El Salmo 137 muestra a las personas poniendo a la música al servicio de sus sentimientos. En unas circunstancias las intenciones son más elevadas y en otras más superficiales, pero en todas seguimos poniendo la música a nuestro servicio para nuestro propio provecho.

¿Por qué no aprovechó el salmista esa oportunidad de oro para hacer propaganda de su fe?, ¿no se supone que el temor de Dios debe producir alegrí­a? " ¡Los jóvenes -los jóvenes judí­os, declaraba sin embargo el autor de Lamentaciones- dejaron sus canciones! Cesó el gozo de nuestro corazón. Nuestra danza se cambió en luto".

No son pocas las similitudes de nuestra sociedad con la sociedad de Babilonia en aquel momento. Aun con sus pies de barro, Mesopotamia poseí­a en aquel momento un gran atractivo. Los judí­os habí­an dejado una de las zonas más terriblemente empobrecidas de la tierra, para ocupar una civilización que aún hoy sorprende por sus tempranos avances culturales.

En Babilón, la ciudad más poderosa de su tiempo, se levantaba un zigurat de casi 100 metros de altura. Las puertas de la ciudad resplandecí­an con un renovado esplendor, recuperado tras cientos de años de decadencia. Sus gruesos muros no podí­an ofrecer mayor sensación de seguridad y comodidad al mismo Nabucodonosor II.

¿Qué mejores circunstancias podrí­an haber encontrado los babilonios para pedir canciones y alegrí­a? Una enriquecida colonia de judí­os aun permanecí­a en Babilonia después del nacimiento de Cristo, gracias a que con seguridad los judí­os tení­an libertad para pasear por esas cosmopolitas calles y abrazar a voluntad cualquier culto.

En aquellas circunstancias ciertamente podí­a ser más atractivo un culto como el de Babilonia, especialmente para muchos cautivos judí­os que habí­an considerado el saqueo de su templo en Jerusalén como una derrota de Jehová. Dios habí­a prometido poner su "nombre en ella para siempre′ según el Primer libro de Reyes 9,3 - pero ¿dónde estaba Dios entonces?

El silencio que rendimos a Jehová

¿Por qué dice el salmista que no podí­an cantar cánticos a Jehová? La supersticiosa idea de que los dioses no tení­an la misma autoridad fuera de sus propios paí­ses, también afectaba el pensamiento de los judí­os -como entendemos también del propio profeta Jonás. ¿No es cierto que aun después de la revelación del Nuevo Testamento, a veces nos resulta difí­cil creer que Dios está a nuestro lado en los momentos más difí­ciles?

Por lo que aquellos que deseaban permanecer firmes en su adoración al Dios de Israel, no debí­an encontrar demasiados motivos para alegrarse estando en Babilonia. ¿Acaso podí­a ser de otra manera, sabiendo que Jehová ya les habí­a anticipado a través de Moisés en Deuteronomio 28,65 que: ′Ni aun entre estas naciones descansarás, ni la planta de tu pie tendrá reposo; pues allí­ te dará Jehová corazón temeroso, y desfallecimiento de ojos, y tristeza de alma′?

El Salmo 137 ya habí­a sido evocado recurrentemente por los ingleses puritanos que huí­an de la opresión de la Iglesia Anglicana. La historia se repite continuamente. El cristiano se encuentra también hoy viviendo en tierra extraña, exiliado de su verdadera patria, envuelto en un mundo que comprende a duras penas y con el que encuentra difí­cil disfrutar. No obstante su Sión, su Jerusalén, su Nueva Jerusalén, no está construida de madera, piedra o mármol sino que es espiritual. Esta vez ningún poderoso monarca podrá derribar su ciudad santa.

A pesar de que la espera la hace acompañado de los demás exiliados, no es la distancia hasta el templo más cercano lo que les separa de esa nueva residencia. Les separa la muerte o el prometido regreso de su Señor. Es en esa esperanza donde los primeros cristianos, perseguidos, torturados y a menudo asesinados, encontraron motivos para levantar sus cantos.

El pago de lo que tú nos hiciste

La piadosa mente moderna no puede entender el final de este Salmo 137. ′Dichoso el que tomare y estrellare tus niños′ -escribe el salmista, para asombro de muchos de nosotros. Pero, pongámonos en contexto: ¿no es ′el que canta canciones al corazón afligido, como el que quita la ropa en tiempo de frí­o′ -como se dice en el capí­tulo 25 de Proverbios? ¿Qué no podrí­a decirse de aquellos babilonios que además de pretender eso, cantar ′canciones al corazón afligido′, habí­an traí­do la más sangrienta de las destrucciones sobre la morada de su Dios, su pueblo, su familia y su propia vida?

El deseo de justicia toma diferentes matices, dependiendo a menudo del grado de dolor al que somos sometidos; y ciertamente puede ser subjetivo. Pero la historia y la Biblia nos confirman que ese oscuro deseo del salmista no estaba tan lejos de la voluntad de Dios. El rey de Media, Ciro el Persa, en el año 539 antes de Cristo, ocupó con sus tropas el imperio de los reyes caldeos y permitió el regreso de aquellos cautivos judí­os. Ciro encajaba así­ a la perfección con el perfil de ese esperado y cruel vengador que se invoca al final del Salmo 137.

También el mismo profeta Isaí­as lo habí­a previsto: ′He aquí­ que yo despierto contra ellos a los medos, que no se ocuparán de la plata, ni codiciarán oro. Con arco tirarán a los niños, y no tendrán misericordia del fruto del vientre, ni su ojo perdonará a los hijos′.

El final feliz de la Biblia

Los persas no eran perfectos como Jesús. Jesús es sin lugar a dudas el que traerá toda verdadera justicia sobre este mundo. Nosotros podemos engañarnos entre nosotros mismos, pero al final no podemos separar el amor y la justicia cuando hablamos de Jesús. ′He aquí­ yo vengo pronto, -decí­a el Señor Jesús- y mi galardón conmigo, a recompensar a cada uno según su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último. Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad. Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira′ - está escrito en Apocalipsis 22,12-15.

El rastafarismo enseña a sus seguidores a luchar por la justicia, tanto como a disfrutar de la vida. No es casualidad que sean dos de las asignaturas constantemente pendientes en la historia del cristianismo más ortodoxo. La Biblia termina con un banquete en una tierra y un cielo nuevos. Es en realidad una lí­nea festiva, una abundancia en la vida que algunos confunden con exceso y que recorre toda la Biblia, sobre justos e injustos desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Yo puedo verla también en la vida de Bob Marley.

Durante el í‰xodo el pueblo podí­a comer el pan dulce que caí­a del cielo hasta reventar, ¡sin lí­mites! La copa del salmista no está simplemente llena, ¡está rebosando! Es una lí­nea que continúa en el agua convertida en vino cuando los comensales ya no podí­an distinguir los sabores o en las cestas de pan y peces que sobraban cuando todos habí­an terminado de comer en el Nuevo Testamento.

Todo parece hablar al final de esa abundancia y de ese espléndido Dios. Y sobre todo: el padre que lo ofrece todo para celebrar el regreso de su hijo, sin omitir el banquete, la música y el baile - al que a todos invita, casi empujando. Quiera Dios que podamos seguir el ejemplo de ese padre cada dí­a de nuestra vida.


Esta es la versión resumida del artículo Salmo 137: Una nueva vida para Bob Marley


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