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A month in the country: Un mes en el campo

Esta película supuso un cierto resurgimiento del nuevo cine británico. Cuidada fotografía, estética decadente, amor por el pasado y ese inevitable toque british. Pero Un mes en el campo es mucho más que todo esto.

Artículo escrito por José de Segovia en Madrid el 22 de Enero de 2020 / Lectura de 4 minutos o 765 palabras.


O′Connor nos presenta el conflicto humano y existencial de un joven inglés que regresa de la Primera Guerra Mundial, llegando a un pequeño pueblo de la campiña británica con el objeto de restaurar un antiguo fresco de una iglesia. Allí conocerá a un arqueólogo, desertor del combate, que busca una antigua basílica sajona al tiempo que una vieja tumba. Nos vemos así transplantados a la atmósfera rural inglesa de entreguerras, pero especialmente a su cultura eclesial. Desde que pisa la estación del pueblo, se encuentra entre la antigua iglesia anglicana y una especie de ′asamblea de hermanos′. Entre los sermones del asfixiante reverendo Keach y la fascinación por su encantadora esposa, y el pietismo de la capilla, donde el herrero y el jefe de estación predican sobre los horrores del Infierno. La visión que se nos da de ambas iglesias es a cuál más decadente. Congregaciones mermadas, en las que domina la hipocresía, social en el caso anglicano y de falsa espiritualidad en el caso de los ′hermanos′. La rigidez del pastor que no desea que su congregación tradicional se entretenga con el fresco descubierto, y el absurdo eclesial que lleva al protagonista a verse forzado a predicar en el tipo de ′asamblea′ que Spurgeon describiera por las reuniones en que ′comparten su ignorancia′. Este ambiente opresivo le lleva a gritar en un momento de la película: ′¡Dios!, ¡Dios no existe!′.

Las pesadillas del restaurador en el campanario donde duerme se alternan con el éxtasis místico al que llega al contemplar la vieja pintura de la iglesia que restaura, que representa un Cristo reinante. Su amigo el arqueólogo repite con insistencia frases del Apocalipsis sobre la segunda venida del Señor en gloria y majestad. Pero si hay una idea que resalta es la del silencio de Dios. Pienso en el personaje de El diablo y el buen Señor de Sartre, Goetz: otro soldado que huye del combate para buscar a Dios, olvidando la locura de la guerra. ′Yo oré. Pedí una señal. Envié mensajes al cielo sin respuesta. El cielo ignoró mi propio nombre. Cada minuto me preguntaba qué podía ser a los ojos de Dios. Ahora sé la respuesta: nada. Dios no me ve, Dios no me escucha, Dios no me conoce. ¿Ves este vacío sobre nuestras cabezas? Ése es Dios. ¿Ves esa grieta en la puerta? Es Dios. ¿Ves ese agujero en el suelo? Es Dios otra vez. El silencio es Dios. La ausencia es Dios. Dios es la soledad del hombre′, dijo Sartre por medio de Goetz.

Un mes en el campo es una película de silencios y miradas. Silencios incómodos, como los del protagonista en la casa del pastor o en la del ′anciano′ de la ′asamblea′. Miradas tremendas, desde las primeras escenas en el tren hasta la última, en que se ve a sí mismo regresando en su vejez a visitar otra vez el fresco de la iglesia. Su propio amigo, el arqueólogo, no le dice la verdad acerca de su deserción, a pesar de su intimidad. La mujer del pastor, que parece romper esa soledad, mantiene una relación bastante distante. Pero, sobre todo, se aprecia una angustia profunda, claramente espiritual, al no percibir que ese Cristo que él observa obsesionado es la verdadera revelación de Dios para el hombre, capaz de proporcionarle la paz que hasta ahora no ha conocido. A pesar del mal testimonio que de Dios dan los que se llaman sus hijos, tanto en iglesias muertas espiritualmente, como en el falso pietismo o en la fría ortodoxia, desligadas del Espíritu de la Palabra. Aun en medio de la tormenta, puede haber esperanza…

Director: Pat O′Connor. Intérpretes: Colin Firth, Kenneth Branagh y Natasha Richardson. Gran Bretaña, 1987.

Este artículo se publicó originalmente en la revista Kalos (nº 1) en 1988). Ha sido transcrito por Anna de Kraker y adaptado por el autor..

Esta es la versión resumida del artículo A month in the country: Un mes en el campo


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