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Job [24] Combatieron como viento mi honor

Libro de Job. Capítulo 30, Versículo 1ss
por José de Segovia

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Entendemos la falta de honra que sigue a los casos comunes de corrupción pero cómo entender cuando la desgracia sigue a la justicia:

Se suele decir que cuando alguien pierde su reputación ya no le queda nada más que perder. Es algo que podéis ver en el proceso de degradación y caída de mucha gente importante. Cuando llega un cierto punto donde se pone en evidencia su corrupción o el mal que ha hecho realmente es como si perdiera los frenos y no le quedase más que perder. Si esto ocurre así en aquellas personas que son hechas objeto de infamia, que son hechos objeto de digamos la maldición y desprecio de todos los que le rodean, cuánto no lo será también en nuestra propia experiencia. ¡Nosotros que nos vemos tan lejos y diferentes a ellos! En cierta forma siempre nos consuela pensar que hay otros que son peores que nosotros, pero la realidad es que cuando por una razón u otra en la vida nos vemos en desgracia también entendemos el valor de la honra y la reputación. La cultura española ha hecho mucho punto de esto. Sabéis que en el Siglo de Oro, ya nuestros poetas y escritores hablaban de la importancia que tenía la honra. La Biblia desde la Antigüedad por supuesto nos habla también de ello, de la importancia y la gravedad que tenía acusar y poner en evidencia a una persona. Pero lo que nos presenta Job en este extenso texto es el cuadro de alguien que no tiene conciencia en sí mismo de haber hecho mal alguno. La realidad que expresa Job aquí es por lo tanto el silencio de Dios.

Selección de apuntes:

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Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 15 de Agosto de 2017. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Pero ahora se ríen de mí los más jóvenes que yo, A cuyos padres yo desdeñara poner con los perros de mi ganado. ¿Y de qué me serviría ni aun la fuerza de sus manos? No tienen fuerza alguna. Por causa de la pobreza y del hambre andaban solos; Huían a la soledad, a lugar tenebroso, asolado y desierto. Recogían malvas entre los arbustos, Y raíces de enebro para calentarse. Eran arrojados de entre las gentes, Y todos les daban grita como tras el ladrón. Habitaban en las barrancas de los arroyos, En las cavernas de la tierra, y en las rocas. Bramaban entre las matas, Y se reunían debajo de los espinos. Hijos de viles, y hombres sin nombre, Más bajos que la misma tierra. Y ahora yo soy objeto de su burla, Y les sirvo de refrán. Me abominan, se alejan de mí, Y aun de mi rostro no detuvieron su saliva. Porque Dios desató su cuerda, y me afligió, Por eso se desenfrenaron delante de mi rostro. A la mano derecha se levantó el populacho; Empujaron mis pies, Y prepararon contra mí caminos de perdición. Mi senda desbarataron, Se aprovecharon de mi quebrantamiento, Y contra ellos no hubo ayudador. Vinieron como por portillo ancho, Se revolvieron sobre mi calamidad. Se han revuelto turbaciones sobre mí; Combatieron como viento mi honor, Y mi prosperidad pasó como nube. Y ahora mi alma está derramada en mí; Días de aflicción se apoderan de mí. La noche taladra mis huesos, Y los dolores que me roen no reposan. La violencia deforma mi vestidura; me ciñe como el cuello de mi túnica. El me derribó en el lodo, Y soy semejante al polvo y a la ceniza. Clamo a ti, y no me oyes; Me presento, y no me atiendes. Te has vuelto cruel para mí; Con el poder de tu mano me persigues. Me alzaste sobre el viento, me hiciste cabalgar en él, Y disolviste mi sustancia. Porque yo sé que me conduces a la muerte, Y a la casa determinada a todo viviente. Mas él no extenderá la mano contra el sepulcro; ¿Clamarán los sepultados cuando él los quebrantare? ¿No lloré yo al afligido? Y mi alma, ¿no se entristeció sobre el menesteroso? Cuando esperaba yo el bien, entonces vino el mal; Y cuando esperaba luz, vino la oscuridad. Mis entrañas se agitan, y no reposan; Días de aflicción me han sobrecogido. Ando ennegrecido, y no por el sol; Me he levantado en la congregación, y clamado. He venido a ser hermano de chacales, Y compañero de avestruces. Mi piel se ha ennegrecido y se me cae, Y mis huesos arden de calor. Se ha cambiado mi arpa en luto, Y mi flauta en voz de lamentadores. Hice pacto con mis ojos; ¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen? Porque ¿qué galardón me daría de arriba Dios, Y qué heredad el Omnipotente desde las alturas? ¿No hay quebrantamiento para el impío, Y extrañamiento para los que hacen iniquidad? ¿No ve él mis caminos, Y cuenta todos mis pasos? Si anduve con mentira, Y si mi pie se apresuró a engaño, Péseme Dios en balanzas de justicia, Y conocerá mi integridad. Si mis pasos se apartaron del camino, Si mi corazón se fue tras mis ojos, Y si algo se pegó a mis manos, Siembre yo, y otro coma, Y sea arrancada mi siembra. Si fue mi corazón engañado acerca de mujer, Y si estuve acechando a la puerta de mi prójimo, Muela para otro mi mujer, Y sobre ella otros se encorven. Porque es maldad e iniquidad Que han de castigar los jueces. Porque es fuego que devoraría hasta el Abadón, Y consumiría toda mi hacienda. Si hubiera tenido en poco el derecho de mi siervo y de mi sierva, Cuando ellos contendían conmigo, ¿Qué haría yo cuando Dios se levantase? Y cuando él preguntara, ¿qué le respondería yo? El que en el vientre me hizo a mí, ¿no lo hizo a él? ¿Y no nos dispuso uno mismo en la matriz? Si estorbé el contento de los pobres, E hice desfallecer los ojos de la viuda; Si comí mi bocado solo, Y no comió de él el huérfano (Porque desde mi juventud creció conmigo como con un padre, Y desde el vientre de mi madre fui guía de la viuda); Si he visto que pereciera alguno sin vestido, Y al menesteroso sin abrigo; Si no me bendijeron sus lomos, Y del vellón de mis ovejas se calentaron; Si alcé contra el huérfano mi mano, Aunque viese que me ayudaran en la puerta; Mi espalda se caiga de mi hombro, Y el hueso de mi brazo sea quebrado. Porque temí el castigo de Dios, Contra cuya majestad yo no tendría poder. Si puse en el oro mi esperanza, Y dije al oro: Mi confianza eres tú; Si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, Y de que mi mano hallase mucho; Si he mirado al sol cuando resplandecía, O a la luna cuando iba hermosa, Y mi corazón se engañó en secreto, Y mi boca besó mi mano; Esto también sería maldad juzgada; Porque habría negado al Dios soberano. Si me alegré en el quebrantamiento del que me aborrecía, Y me regocijé cuando le halló el mal (Ni aun entregué al pecado mi lengua, Pidiendo maldición para su alma); Si mis siervos no decían: ¿Quién no se ha saciado de su carne? (El forastero no pasaba fuera la noche; Mis puertas abría al caminante); Si encubrí como hombre mis transgresiones, Escondiendo en mi seno mi iniquidad, Porque tuve temor de la gran multitud, Y el menosprecio de las familias me atemorizó, Y callé, y no salí de mi puerta; !!Quién me diera quien me oyese! He aquí mi confianza es que el Omnipotente testificará por mí, Aunque mi adversario me forme proceso. Ciertamente yo lo llevaría sobre mi hombro, Y me lo ceñiría como una corona. Yo le contaría el número de mis pasos, Y como príncipe me presentaría ante él. Si mi tierra clama contra mí, Y lloran todos sus surcos; Si comí su sustancia sin dinero, O afligí el alma de sus dueños, En lugar de trigo me nazcan abrojos, Y espinos en lugar de cebada. m Aquí terminan las palabras de Job.

Libro de Job. Capítulo 30, Versículo 1ss

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

Serie: Job

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