Jonatán derrota a los filisteos (David Martín, 1700)
Jonatán derrota a los filisteos (David Martín, 1700) | Máquina del Tiempo (Beta)
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Dios mira el corazón [5/6] Por muchos o por pocos

I Samuel. Capítulo 14
por José de Segovia

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Dios no mira nuestro éxito sino nuestro corazón:

Los números, queramos o no, cuentan. Todos nos fijamos cuántos están hoy, cuántos estaban ayer. Todos medimos también muchas veces la importancia de cualquier acontecimiento o de cualquier lugar también por los números. Pero al llegar a la palabra de Dios tenemos que darnos cuenta que, como nuestro texto dice hoy, Dios tiene a veces otra forma de medir. Y las apariencias realmente pueden engañar, y no son realmente lo que aparentan. Así encontramos que en nuestro texto, nuestro extenso texto en esta mañana, nos da un cuadro de la vida de Saúl, realmente, en cierto sentido, bastante paradójico. Por un lado acaba con un juicio, el juicio de la historia sobre Saúl, que podemos decir que no es tan negativo. Al fin y al cabo las últimas palabras que hemos leído, Saúl se levanta en la historia de Israel, no solamente como el primer monarca sino alguien con grandes victorias. Hizo luchas contra sus enemigos prácticamente por todos los lados, este, sur, norte, oeste, y salió vencedor de la mayor parte de todas ellas. La historia y el dictamen que nos da aquí estos últimos versículos, sobre todo los versículos 47 y 48, realmente nos muestran que, a la luz de la historia, Saúl fue un gran monarca, ¿por qué no decirlo así? Pero realmente el tema de nuestros días nos muestra que Dios mira otra cosa que lo que realmente podemos mirar. No mira en primer lugar sus victorias, sus batallas, cuál ha sido su triunfo, su éxito, sus números, sino que mira el corazón.

Selección de apuntes:

  1. La fe viene de Dios y no depende de las circunstancias
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  2. Cuando niegas lo sobrenatural no queda fe que merezca tal nombre
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  3. Cuando llega la fe surge la expectativa
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  4. No hay nada imposible para Dios
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  5. Todas nuestras pequeñas o grandes batallas apuntan a una batalla ya ganada por el Señor Jesús en la cruz
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  6. No podemos impresionar a Dios con nuestros sacrificios
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  7. Cuando ponemos nuestras palabras a la altura de las de Dios nos encontramos con el silencio de Dios
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  8. El Señor no espera nuestro éxito, sino nuestra fidelidad
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Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 14 de Octubre de 2006. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Aconteció un día, que Jonatán hijo de Saúl, dijo al criado que le traía las armas: "Ven y pasemos a la guarnición de los filisteos, que está de aquel lado." Pero no lo hizo saber a su padre. Saúl se hallaba al extremo de Gabaa, debajo de un granado que hay en Migrón, y las gentes que estaban con él eran como seiscientos hombres. Ahías hijo de Ahitob, hermano de Icabod hijo de Finees hijo de Elí, sacerdote de Jehová en Silo, llevaba el efod. El pueblo no sabía que Jonatán se había ido. Entre los desfiladeros por donde Jonatán procuraba pasar a la guarnición de los filisteos, había un peñasco agudo de un lado, y otro del otro lado; uno se llamaba Boses y el otro Sene. El primer peñasco estaba situado al norte, hacia Micmas, y el segundo al sur, hacia Gabaa. Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: —Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová dar la victoria, sea con muchos o con pocos. Su paje de armas le respondió: —Haz todo lo que tu corazón te dicte; ve, pues aquí estoy a tu disposición. Dijo entonces Jonatán: —Vamos a pasar hacia esos hombres para que ellos nos vean. Si nos dicen: ′Esperad hasta que lleguemos a vosotros′, entonces nos quedaremos en nuestro lugar, y no subiremos adonde están ellos. Pero si nos dicen: ′Subid hacia nosotros′, entonces subiremos, porque Jehová los ha entregado en nuestras manos; esto nos servirá de señal. Los dos se dejaron ver por la guarnición de los filisteos, y estos dijeron: "Mirad a los hebreos que salen de las cavernas donde se habían escondido." Y los hombres de la guarnición, dirigiéndose a Jonatán y a su paje de armas, les dijeron: "Subid a nosotros, y os haremos saber una cosa." Entonces Jonatán dijo a su paje de armas: "Sube detrás de mí, porque Jehová los ha entregado en manos de Israel." Subió Jonatán trepando con sus manos y sus pies, seguido de su paje de armas. A los que caían delante de Jonatán, su paje de armas, que iba detrás de él, los remataba. En esta primera matanza que hicieron Jonatán y su paje de armas cayeron como veinte hombres, y todo en el espacio de una media yugada de tierra. Cundió el pánico en el campamento y por el campo, y entre toda la gente de la guarnición; a los que habían salido en la avanzada también los asaltó el pánico, y la tierra tembló; hubo, pues, gran consternación. Los centinelas de Saúl vieron desde Gabaa de Benjamín cómo la multitud estaba turbada, iba de un lado a otro y se dispersaba. Entonces Saúl dijo al pueblo que estaba con él: "Pasad ahora revista y ved quién se haya ido de los nuestros." Pasaron revista, y vieron que faltaban Jonatán y su paje de armas. Entonces Saúl dijo a Ahías: "Trae el Arca de Dios." Porque el Arca de Dios estaba entonces con los hijos de Israel. Pero aconteció que mientras aún hablaba Saúl con el sacerdote, el alboroto que había en el campamento de los filisteos aumentaba, e iba creciendo cada vez más. Entonces dijo Saúl al sacerdote: "Detén tu mano." Luego Saúl reunió a todo el pueblo que con él estaba y llegaron hasta el lugar de la batalla. Allí vieron que cada uno había desenvainado su espada contra su compañero y que había gran confusión. Los hebreos que desde tiempo antes habían estado con los filisteos, y que desde los alrededores habían subido con ellos al campamento, se pusieron también del lado de los israelitas que estaban con Saúl y con Jonatán. Asimismo todos los israelitas que se habían escondido en los montes de Efraín, al oír que los filisteos huían, también los persiguieron en aquella batalla, que se extendió hasta Bet-Avén. Así salvó Jehová aquel día a Israel. Pero los hombres de Israel fueron puestos en apuro aquel día, porque Saúl había hecho jurar al pueblo, diciendo: "Cualquiera que coma pan antes de caer la noche, antes que me haya vengado de mis enemigos, sea maldito." Y nadie había probado bocado. Todo el pueblo llegó a un bosque, donde había miel en la superficie del campo. Entró, pues, el pueblo en el bosque, y vieron que allí corría la miel; pero no hubo quien la probara, porque el pueblo temía al juramento. Jonatán, que no había oído cuando su padre había hecho jurar al pueblo, alargó la punta de una vara que traía en su mano, la mojó en un panal de miel y se llevó la mano a la boca. Entonces se le aclararon los ojos. Uno del pueblo le habló, diciendo: —Tu padre ha hecho jurar solemnemente al pueblo: ′Maldito sea el hombre que tome hoy alimento.′ Y el pueblo desfallecía. Respondió Jonatán: —Mi padre ha turbado al país. Ved ahora cómo han sido aclarados mis ojos por haber probado un poco de esta miel. ¿Cuánto más si el pueblo hubiera comido libremente hoy del botín tomado a sus enemigos? ¿No hubiera sido mayor el estrago entre los filisteos? Aquel día derrotaron a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón, pero el pueblo estaba muy cansado. Así que el pueblo se lanzó sobre el botín, tomaron ovejas y vacas y becerros, y los degollaron en el suelo; y el pueblo los comió con la sangre. Entonces le avisaron a Saúl: —El pueblo está pecando contra Jehová, porque come carne con sangre. Él dijo: —¡Vosotros habéis sido infieles! Rodadme ahora acá una piedra grande. Esparcíos por el pueblo —añadió—, y decidles que me traiga cada uno su vaca y cada cual su oveja; degolladlas aquí y comed, sin pecar contra Jehová por comer la carne con la sangre. Aquella noche cada uno llevó su propio buey y lo sacrificaron allí. Edificó Saúl un altar a Jehová, y ése fue el primero que edificó a Jehová. Dijo Saúl: —Descendamos esta noche contra los filisteos y los saquearemos hasta la mañana; no dejaremos de ellos ninguno. Ellos dijeron: —Haz lo que bien te parezca. Dijo luego el sacerdote: —Acerquémonos aquí a Dios. Y Saúl consultó a Dios: "¿Debo descender tras los filisteos? ¿Los entregarás en manos de Israel?" Pero Jehová no le dio respuesta aquel día. Entonces dijo Saúl: —Venid acá todos los principales del pueblo, averiguad y ved en qué ha consistido este pecado de hoy. ¡Vive Jehová!, que ha salvado a Israel, que aunque se trate de mi hijo Jonatán, de seguro morirá. Y no hubo en todo el pueblo quien le respondiera. Dijo luego a todo Israel: —Vosotros estaréis a un lado, y yo y Jonatán, mi hijo, estaremos al otro lado. —Haz lo que bien te parezca —respondió el pueblo a Saúl. Entonces dijo Saúl a Jehová, Dios de Israel: —Da a conocer la verdad. La suerte cayó sobre Jonatán y Saúl, y el pueblo quedó libre. Saúl dijo: —Echad suertes entre mí y mi hijo Jonatán. Y la suerte cayó sobre Jonatán. Entonces Saúl dijo a Jonatán: —Cuéntame lo que has hecho. Jonatán respondió: —Ciertamente gusté un poco de miel con la punta de la vara que traía en mi mano; ¿y he de morir? Saúl le dijo: —Traiga Dios sobre mí el peor de los castigos, si no te hago morir, Jonatán. Pero el pueblo dijo a Saúl: —¿Ha de morir Jonatán, el que ha logrado esta gran victoria en Israel? ¡No será así! ¡Vive Jehová! que no caerá en tierra ni un cabello de su cabeza, pues lo hizo con ayuda de Dios. Así el pueblo libró de morir a Jonatán. Saúl dejó de perseguir a los filisteos, y los filisteos se fueron a su tierra. Después de haber tomado posesión del reino de Israel, Saúl hizo guerra a todos sus enemigos en derredor: contra Moab, contra los hijos de Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba y contra los filisteos; dondequiera que iba, salía vencedor. Reunió un ejército, derrotó a Amalec y libró a Israel de manos de los que lo saqueaban. Los hijos de Saúl fueron Jonatán, Isúi y Malquisúa. Los nombres de sus dos hijas eran, el de la mayor, Merab, y el de la menor, Mical. El nombre de la mujer de Saúl era Ahinoam, hija de Ahimaas. El nombre del general de su ejército era Abner hijo de Ner, tío de Saúl. Porque Cis, padre de Saúl, y Ner, padre de Abner, fueron hijos de Abiel. Todo el tiempo de Saúl hubo guerra encarnizada contra los filisteos; y a todo el que Saúl veía que era hombre esforzado y apto para combatir, lo reclutaba para sí.

I Samuel. Capítulo 14

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

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