Las tres velas (Marc Chagall, 1938)
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Cantares [2/4] El día del gozo

Cantar de los Cantares. Capítulo 3, Versículo 1ss
por José de Segovia

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Por qué tenemos siempre miedo de perder aquello que más amamos:

Los sueños tienen siempre esa extraña cualidad que vemos en el capítulo 3. En los sueños siempre hay elementos reconocibles, pero están tan mezclados, tan confusos que aun reconociendo a los individuos que aparecen, hay cosas que no encajan. En los sueños es de los deseos de lo que se trata, en ellos expresamos aquello que conscientemente no podemos decir con nuestros labios. Todo aquello que está reprimido en nuestro interior, aflora en los sueños de alguna forma. Y es por eso que en este capítulo 3 tantas veces surge esa expresión en los sueños de esta mujer: la pérdida, la búsqueda constante al intentar encontrar esa presencia que le elude de su amado. Si os fijáis en esta imagen nocturna recurre una y otra vez a esa impresión que tantas veces hemos tenido de que el amor que hoy disfrutamos nos pueda finalmente eludir. Que la satisfacción que tenemos hoy, se nos pueda escapar. Al fin y al cabo ¿no es esta la realidad que tantas veces nos asalta después de una gran historia de amor? Puede ser maravillosa pero cuando pasa la noche o la emoción del momento, ¿cuál es el pensamiento que viene a tu cabeza? La duda de si se desfallecerá, desvanecerá, desaparecerá. ¿Por qué nos acompaña este continúo pensamiento toda la vida?

Selección de apuntes:

  1. Hemos perdido la capacidad de ser sorprendidos por el amor
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  2. Fue una gran pasión por ti y por mi la que movió a Dios
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  3. La única certeza que tenemos es que somos amados por Dios
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  4. Nos acompaña siempre la sospecha que el amor nos abandonará de forma imprevisible
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  5. Nuestra esperanza no está en los ejercicios de introspección
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  6. Durante la noche volvemos continuamente a nuestros temores y dudamos de Dios
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  7. Dios pagó un precio muy alto para tener una relación de amor con nosotros
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  8. Vivimos todavía hoy no por nuestras virtudes sino gracias al favor eterno del Señor
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  9. Dios se complace en amar
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  10. La vida está llena de experiencias agridulces de frustración
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  11. Suspiramos por el regreso del Señor Jesús
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  12. Dios nos mira a través del testimonio de Cristo
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  13. Podemos dudar de nosotros mismos pero no de la sangre de Cristo
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Exposición utilizada con permiso de y grabada en O CarballiƱo, el 14 de Abril de 2017. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Por las noches busqué en mi lecho al que ama mi alma; Lo busqué, y no lo hallé. Y dije: Me levantaré ahora, y rodearé por la ciudad; Por las calles y por las plazas Buscaré al que ama mi alma; Lo busqué, y no lo hallé. Me hallaron los guardas que rondan la ciudad, Y les dije: ¿Habéis visto al que ama mi alma? Apenas hube pasado de ellos un poco, Hallé luego al que ama mi alma; Lo así, y no lo dejé, Hasta que lo metí en casa de mi madre, Y en la cámara de la que me dio a luz. Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, Por los corzos y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera. ¿Quién es ésta que sube del desierto como columna de humo, Sahumada de mirra y de incienso Y de todo polvo aromático? He aquí es la litera de Salomón; Sesenta valientes la rodean, De los fuertes de Israel. Todos ellos tienen espadas, diestros en la guerra; Cada uno su espada sobre su muslo, Por los temores de la noche. El rey Salomón se hizo una carroza De madera del Líbano. Hizo sus columnas de plata, Su respaldo de oro, Su asiento de grana, Su interior recamado de amor Por las doncellas de Jerusalén. Salid, oh doncellas de Sion, y ved al rey Salomón Con la corona con que le coronó su madre en el día de su desposorio, Y el día del gozo de su corazón. He aquí que tú eres hermosa, amiga mía; he aquí que tú eres hermosa; Tus ojos entre tus guedejas como de paloma; Tus cabellos como manada de cabras Que se recuestan en las laderas de Galaad. Tus dientes como manadas de ovejas trasquiladas, Que suben del lavadero, Todas con crías gemelas, Y ninguna entre ellas estéril. Tus labios como hilo de grana, Y tu habla hermosa; Tus mejillas, como cachos de granada detrás de tu velo. Tu cuello, como la torre de David, edificada para armería; Mil escudos están colgados en ella, Todos escudos de valientes. Tus dos pechos, como gemelos de gacela, Que se apacientan entre lirios. Hasta que apunte el día y huyan las sombras, Me iré al monte de la mirra, Y al collado del incienso. Toda tú eres hermosa, amiga mía, Y en ti no hay mancha. Ven conmigo desde el Líbano, oh esposa mía; Ven conmigo desde el Líbano. Mira desde la cumbre de Amana, Desde la cumbre de Senir y de Hermón, Desde las guaridas de los leones, Desde los montes de los leopardos. Prendiste mi corazón, hermana, esposa mía; Has apresado mi corazón con uno de tus ojos, Con una gargantilla de tu cuello. ¡Cuán hermosos son tus amores, hermana, esposa mía! ¡Cuánto mejores que el vino tus amores, Y el olor de tus ung:uentos que todas las especias aromáticas! Como panal de miel destilan tus labios, oh esposa; Miel y leche hay debajo de tu lengua; Y el olor de tus vestidos como el olor del Líbano. Huerto cerrado eres, hermana mía, esposa mía; Fuente cerrada, fuente sellada. Tus renuevos son paraíso de granados, con frutos suaves, De flores de alheña y nardos; Nardo y azafrán, caña aromática y canela, Con todos los árboles de incienso; Mirra y áloes, con todas las principales especias aromáticas. Fuente de huertos, Pozo de aguas vivas, Que corren del Líbano. Levántate, Aquilón, y ven, Austro; Soplad en mi huerto, despréndanse sus aromas. Venga mi amado a su huerto, Y coma de su dulce fruta. Yo vine a mi huerto, oh hermana, esposa mía; He recogido mi mirra y mis aromas; He comido mi panal y mi miel, Mi vino y mi leche he bebido. Comed, amigos; bebed en abundancia, oh amados.

Cantar de los Cantares. Capítulo 3, Versículo 1ss

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

Serie: Cantares

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