Los tres hebreos en el horno de fuego (Catacumbas de Priscila, 400)
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Daniel [03/14] En el fuego

Libro de Daniel. Capítulo 3
por José de Segovia

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Desde el principio de este libro de lo que se nos habla es de que en esta vida y en este mundo hay una lucha:

La religión ha tenido siempre un papel importante para el poder totalitario. Aquellos que hemos tenido la desgracia, si podemos decirlo así, de vivir en una dictadura, sabemos también lo que esto significa. Hay un papel religioso-unificador de muchos pueblos. En este país durante mucho tiempo, habéis oído, se usó la religión como un elemento de unidad del país. Era lo que desde tiempos inmemoriales, tras la reconquista, unió a España. Pero como muchas naciones también, vemos que ese elemento religioso, unificador, era tremendamente artificial. Era la presión que había, de una sociedad, y de un poder, sobre los ciudadanos, para conformarse a lo que era un modelo. Un modelo totalitario. Y esta religión a veces toma el carácter tradicional, evidente, que podemos reconocer como religioso, pero muchas veces es un poder político, que adquiere un carácter religioso. Algunos lo habéis conocido en regímenes de tipo comunista, como este carácter también religioso que adquiere un poder político y una ideología, rige con tal manera y modo que pide una demanda absoluta de control total sobre los individuos. Pide el sometimiento. Doblegarse y rendirse sin establecer margen alguno para la disidencia. No hay posibilidad alternativa de respuesta a ese poder totalitario. Y es así también como al llegar a este capítulo 3 de Daniel vemos que el rey Nabucodonosor opta por unir todas estas cantidades de personas representando diferentes provincias y grupos en su imperio, bajo la imagen que representa tanto su poder como su persona en este valle en el cual la levanta. Fijaos aquí cómo una vez más el poder unificador que tiene el culto a esta persona y a este poder se presenta como algo a lo cual hay que conformarse. Estamos en el contexto de un conflicto. Desde el principio de este libro de lo que se nos habla es de que en esta vida y en este mundo hay una lucha. Hay un conflicto entre lo que podríamos llamar la ciudad de Dios, el reino de Dios, el poder de Dios; y por otro lado el poder de los hombres, la ciudad de los hombres.

Selección de apuntes:

  1. No nos debería sorprender la tensión y la lucha
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  2. El ateísmo no es un fenómeno de ignorancia
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  3. Una religión sin Cristo es lo más peligroso que existe
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  4. Nuestro corazón es una fábrica continua de ídolos
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  5. Dios es el único que te puede amar incondicionalmente
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  6. La piedad bíblica es discreta
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  7. El verdadero culto a Dios es un culto sacrificado
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  8. La verdadera fe se muestra en medio del fuego
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  9. Nuestra salvación no se debe a nuestra obediencia sino a la de Cristo
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  10. La gracia de Dios es suficiente pero se muestra a su tiempo
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  11. La única forma de vivir la vida cristiana es por la gracia de Dios
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Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 21 de Octubre de 2012. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

El rey Nabucodonosor hizo una estatua de oro cuya altura era de sesenta codos, y su anchura de seis codos; la levantó en el campo de Dura, en la provincia de Babilonia. Y envió el rey Nabucodonosor a que se reuniesen los sátrapas, los magistrados y capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, para que viniesen a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado. Fueron, pues, reunidos los sátrapas, magistrados, capitanes, oidores, tesoreros, consejeros, jueces, y todos los gobernadores de las provincias, a la dedicación de la estatua que el rey Nabucodonosor había levantado; y estaban en pie delante de la estatua que había levantado el rey Nabucodonosor. Y el pregonero anunciaba en alta voz: Mándase a vosotros, oh pueblos, naciones y lenguas, que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua de oro que el rey Nabucodonosor ha levantado; y cualquiera que no se postre y adore, inmediatamente será echado dentro de un horno de fuego ardiendo. Por lo cual, al oír todos los pueblos el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, todos los pueblos, naciones y lenguas se postraron y adoraron la estatua de oro que el rey Nabucodonosor había levantado. Por esto en aquel tiempo algunos varones caldeos vinieron y acusaron maliciosamente a los judíos. Hablaron y dijeron al rey Nabucodonosor: Rey, para siempre vive. Tú, oh rey, has dado una ley que todo hombre, al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, se postre y adore la estatua de oro; y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo. Hay unos varones judíos, los cuales pusiste sobre los negocios de la provincia de Babilonia: Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos varones, oh rey, no te han respetado; no adoran tus dioses, ni adoran la estatua de oro que has levantado. Entonces Nabucodonosor dijo con ira y con enojo que trajesen a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al instante fueron traídos estos varones delante del rey. Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado? Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado. Entonces Nabucodonosor se llenó de ira, y se demudó el aspecto de su rostro contra Sadrac, Mesac y Abed-nego, y ordenó que el horno se calentase siete veces más de lo acostumbrado. Y mandó a hombres muy vigorosos que tenía en su ejército, que atasen a Sadrac, Mesac y Abed-nego, para echarlos en el horno de fuego ardiendo. Entonces estos varones fueron atados con sus mantos, sus calzas, sus turbantes y sus vestidos, y fueron echados dentro del horno de fuego ardiendo. Y como la orden del rey era apremiante, y lo habían calentado mucho, la llama del fuego mató a aquellos que habían alzado a Sadrac, Mesac y Abed-nego. Y estos tres varones, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiendo. Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y se levantó apresuradamente y dijo a los de su consejo: ¿No echaron a tres varones atados dentro del fuego? Ellos respondieron al rey: Es verdad, oh rey. Y él dijo: He aquí yo veo cuatro varones sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a hijo de los dioses. Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo, y dijo: Sadrac, Mesac y Abed-nego, siervos del Dios Altísimo, salid y venid. Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y se juntaron los sátrapas, los gobernadores, los capitanes y los consejeros del rey, para mirar a estos varones, cómo el fuego no había tenido poder alguno sobre sus cuerpos, ni aun el cabello de sus cabezas se había quemado; sus ropas estaban intactas, y ni siquiera olor de fuego tenían. Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. Entonces el rey engrandeció a Sadrac, Mesac y Abed-nego en la provincia de Babilonia.

Libro de Daniel. Capítulo 3

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

Serie: Daniel

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