El Todopoderoso y los 12 apóstoles (Seo d-Urgell, 1150)
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Reyes II [26/31] Sólo tú, Jehová, eres Dios

Segundo libro de los Reyes. Capítulo 19, Versículo 1-37
por José de Segovia

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Si somos salvos en Cristo por qué seguimos viviendo en tensión:

¿Qué diferencia hace poder ser cristiano? ¿En qué sentido se puede decir que una persona por ser creyente pueda vivir de una manera diferente?, ¿pueda realmente tener una vida mejor que otras personas? Si escuchamos a muchos creyentes realmente la impresión que nos dan es precisamente esa, que realmente si uno es cristiano o creyente las cosas serían muy diferentes para nosotros. Sin embargo cuando leemos la Biblia nos encontramos con realidades que nos hacen realmente dudar de estas afirmaciones. Nos hacen realmente cuestionarnos si es cierto realmente que la fe cambia las cosas, si realmente hay base en la Escritura y en la historia para poder decir que el Señor cambia las circunstancias. La realidad en la Biblia es que hay veces que lo hace y otras veces no. Hay veces en las que vemos realmente que cambian las cosas radicalmente y otras veces no. Y esto nos llena de preguntas, ¿por qué?, ¿qué sentido tiene?, ¿cómo es posible que una persona viva una vida tan diferente como la otra?, ¿es que una tiene más fe que otra?, ¿es qué alguien tiene más favor de Dios que otro?. Muchos han intentado explicar así los problemas que encontramos en historias como esta, ¿cómo explicar que este rey, Ezequías, uno de los hombres que se destaca en la historia de Israel y destaca sobre Judá cuando está dividido en dos partes y él está sobre Jerusalén. Se destaca de él que es un rey especialmente fiel, un rey que como hemos leído en el capítulo anterior se compara nada más y nada menos que con David. No había habido un hombre como él. Se nos dice de él, de este rey, que realmente no tenía precedentes hasta David mismo, el gran rey de Israel. Todos los reyes que le habían sucedido a lo largo de todos estos años se caracterizan por sus múltiples contradicciones, pero más aun por su terrible maldad muchos de ellos. Aquí encontramos por fin un hombre fiel, un hombre conforme al corazón de Dios -que eso era realmente lo que era David, alguien que no era perfecto, David estaba también lleno de contradicciones, pero era un hombre que buscaba a Dios de todo corazón. Aquí encontramos a otro hombre como él, a Ezequías. Pero sin embargo nos encontramos con lo que parece el final de su reino. Está Jerusalén asediada, sitiado por este enemigo, los asirios, y todo parece indicar que esto es el final de la historia. Realmente como vemos no estamos muy lejos de la verdad, estamos cerca realmente del final de esta historia con la cual se cierra el Antiguo Testamento, la historia de un pueblo que salió Egipto, del lugar de esclavitud, llegó a esta tierra, pero a lo largo de todo este tiempo, a lo largo de esta tierra vivió en constante lucha y finalmente no encontró allí la paz. No encontró el descanso que buscaba. No es esto semejante a la realidad que experimentan muchos cristianos. Por un lado hemos recibido grandes promesas -se nos dice que Dios nos salva de la vida en la que estábamos, una vida dominados por tantas cosas pero sobre todo por el mayor mal de todos, aquello que la Biblia llama como pecado, la contradicción profunda e interna que llevamos en nosotros, y que por medio de Cristo Jesús, Dios nos salva de ella. Pero luego ¿qué ocurre? La realidad ¿no es que vivimos también en esa tensión?

Selección de apuntes:

  1. ¿Cómo podremos vivir con miedo esta larga noche?
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  2. El creyente es aquel que espera aquello que todavía no ha recibido
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  3. Nadie puede afirmar que sabe con certeza los detalles de su futuro
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  4. Dios no es ajeno a nuestra situación y desea que no tengamos miedo
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  5. La incredulidad no es invento de la modernidad
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  6. Cuando oramos reconocemos que Dios ha puesto su casa entre nosotros
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  7. Dios es cercano, grande y poderoso
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  8. El creyente no niega la realidad pero se aferra a aquel que está por encima de ella
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  9. El poder del hombre no puede llegar a ser más que un instrumento en manos de Dios
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  10. Sólo el reino de Dios puede darnos auténtica seguridad
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Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 24 de Agosto de 2007. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Cuando el rey Ezequías lo oyó, rasgó sus vestidos y se cubrió de cilicio, y entró en la casa de Jehová. Y envió a Eliaquim mayordomo, a Sebna escriba y a los ancianos de los sacerdotes, cubiertos de cilicio, al profeta Isaías hijo de Amoz, para que le dijesen: Así ha dicho Ezequías: Este día es día de angustia, de reprensión y de blasfemia; porque los hijos están a punto de nacer, y la que da a luz no tiene fuerzas. Quizá oirá Jehová tu Dios todas las palabras del Rabsaces, a quien el rey de los asirios su señor ha enviado para blasfemar al Dios viviente, y para vituperar con palabras, las cuales Jehová tu Dios ha oído; por tanto, eleva oración por el remanente que aún queda. Vinieron, pues, los siervos del rey Ezequías a Isaías. E Isaías les respondió: Así diréis a vuestro señor: Así ha dicho Jehová: No temas por las palabras que has oído, con las cuales me han blasfemado los siervos del rey de Asiria. He aquí pondré yo en él un espíritu, y oirá rumor, y volverá a su tierra; y haré que en su tierra caiga a espada. Y regresando el Rabsaces, halló al rey de Asiria combatiendo contra Libna; porque oyó que se había ido de Laquis. Y oyó decir que Tirhaca rey de Etiopía había salido para hacerle guerra. Entonces volvió él y envió embajadores a Ezequías, diciendo: Así diréis a Ezequías rey de Judá: No te engañe tu Dios en quien tú confías, para decir: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí tú has oído lo que han hecho los reyes de Asiria a todas las tierras, destruyéndolas; ¿y escaparás tú? ¿Acaso libraron sus dioses a las naciones que mis padres destruyeron, esto es, Gozán, Harán, Resef, y los hijos de Edén que estaban en Telasar? ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, y el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva? Y tomó Ezequías las cartas de mano de los embajadores; y después que las hubo leído, subió a la casa de Jehová, y las extendió Ezequías delante de Jehová. Y oró Ezequías delante de Jehová, diciendo: Jehová Dios de Israel, que moras entre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra; tú hiciste el cielo y la tierra. Inclina, oh Jehová, tu oído, y oye; abre, oh Jehová, tus ojos, y mira; y oye las palabras de Senaquerib, que ha enviado a blasfemar al Dios viviente. Es verdad, oh Jehová, que los reyes de Asiria han destruido las naciones y sus tierras; y que echaron al fuego a sus dioses, por cuanto ellos no eran dioses, sino obra de manos de hombres, madera o piedra, y por eso los destruyeron. Ahora, pues, oh Jehová Dios nuestro, sálvanos, te ruego, de su mano, para que sepan todos los reinos de la tierra que . Entonces Isaías hijo de Amoz envió a decir a Ezequías: Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Lo que me pediste acerca de Senaquerib rey de Asiria, he oído. Esta es la palabra que Jehová ha pronunciado acerca de él: La virgen hija de Sion te menosprecia, te escarnece; detrás de ti mueve su cabeza la hija de Jerusalén. ¿A quién has vituperado y blasfemado? ¿y contra quién has alzado la voz, y levantado en alto tus ojos? Contra el Santo de Israel. Por mano de tus mensajeros has vituperado a Jehová, y has dicho: Con la multitud de mis carros he subido a las alturas de los montes, a lo más inaccesible del Líbano; cortaré sus altos cedros, sus cipreses más escogidos; me alojaré en sus más remotos lugares, en el bosque de sus feraces campos. Yo he cavado y bebido las aguas extrañas, he secado con las plantas de mis pies todos los ríos de Egipto. ¿Nunca has oído que desde tiempos antiguos yo lo hice, y que desde los días de la antigüedad lo tengo ideado? Y ahora lo he hecho venir, y tú serás para hacer desolaciones, para reducir las ciudades fortificadas a montones de escombros. Sus moradores fueron de corto poder; fueron acobardados y confundidos; vinieron a ser como la hierba del campo, y como hortaliza verde, como heno de los terrados, marchitado antes de su madurez. He conocido tu situación, tu salida y tu entrada, y tu furor contra mí. Por cuanto te has airado contra mí, por cuanto tu arrogancia ha subido a mis oídos, yo pondré mi garfio en tu nariz, y mi freno en tus labios, y te haré volver por el camino por donde viniste. Y esto te daré por señal, oh Ezequías: Este año comeréis lo que nacerá de suyo, y el segundo año lo que nacerá de suyo; y el tercer año sembraréis, y segaréis, y plantaréis viñas, y comeréis el fruto de ellas. Y lo que hubiere escapado, lo que hubiere quedado de la casa de Judá, volverá a echar raíces abajo, y llevará fruto arriba. Porque saldrá de Jerusalén remanente, y del monte de Sion los que se salven. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Por tanto, así dice Jehová acerca del rey de Asiria: No entrará en esta ciudad, ni echará saeta en ella; ni vendrá delante de ella con escudo, ni levantará contra ella baluarte. Por el mismo camino que vino, volverá, y no entrará en esta ciudad, dice Jehová. Porque yo ampararé esta ciudad para salvarla, por amor a mí mismo, y por amor a David mi siervo. Y aconteció que aquella misma noche salió el ángel de Jehová, y mató en el campamento de los asirios a ciento ochenta y cinco mil; y cuando se levantaron por la mañana, he aquí que todo era cuerpos de muertos. Entonces Senaquerib rey de Asiria se fue, y volvió a Nínive, donde se quedó. Y aconteció que mientras él adoraba en el templo de Nisroc su dios, Adramelec y Sarezer sus hijos lo hirieron a espada, y huyeron a tierra de Ararat. Y reinó en su lugar Esar-hadón su hijo.

Segundo libro de los Reyes. Capítulo 19, Versículo 1-37

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

Serie: Reyes II

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