La muerte de Jezabel (Gustave Doré, 1866)
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Reyes II [15/31] ¿Esta es Jezabel?

Segundo libro de los Reyes. Capítulo 9, Versículo 1-37
por José de Segovia

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Muchos acontecimientos no dejan de sorprendernos a pesar de haber sido largamente anunciados:

En el año 1941 cerca de 3.000.000 de soldados alemanes traspasaban la frontera rusa. Era una operación largamente anunciada por el régimen del Reich de Hitler. Ya en su libro, el libro famoso de Hitler, ′Mi Lucha′, hablaba ya al final -casi al acabar ya el segundo volumen, de la intención de que Alemania necesitaba ya un mayor ′espacio vital′, le llamaba. Y ese espacio estaba hacia el este, hacia el este, hacia Rusia. Sin embargo ellos habían firmado un acuerdo por lo que los rusos vivían tranquilos, satisfechos. Y el primer sorprendido de esa noticia aquella mañana era el propio Stalin, que realmente no podía creerse la noticia de que estaban los alemanes invadiendo Rusia. Pero la realidad es que estaba largo tiempo anunciado. Y muchas veces encontramos que la historia nos muestra esta realidad una y otra vez. Hay cosas que nos siguen sorprendiendo pero que sin embargo comprendemos que están, en cierto sentido, anunciadas, que realmente no nos deberían sorprender tanto como realmente parece sorprendernos. Y es así como al llegar a este capítulo de la historia de los reyes de Israel, el capítulo 9, encontramos el cumplimiento de sucesos largamente anunciados por la palabra profética. Pero sin embargo no por ello dejan de ser sorprendentes; hay algo en el ímpetu de toda esta historia, en la urgencia en la que se mueven estos personajes que realmente nos habla de la acción y la pasión del momento. Pero también del sentido que hay detrás de todos estos sucesos y acontecimientos que aquí encontramos en el Libro de los Reyes.

Selección de apuntes:

  1. Su palabra se cumplirá a su tiempo
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  2. Somos criaturas del tiempo y creemos que con nosotros empieza y acaba el mundo
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  3. La palabra de Dios se cumple a pesar de que es tomada por locura
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  4. Dios es el protagonista y el que toma la iniciativa en su palabra
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  5. No hay guía más firme y segura que la palabra de Dios
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  6. La política de los hombres está bajo el juicio de Dios
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  7. Dios pone y quita reyes por medio de elecciones, guerras o conspiraciones
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  8. Dios no es ajeno a nuestro sufrimiento
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  9. Jesús no es el dios inofensivo que muchos desean a su lado
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  10. La muerte de su propio hijo es la garantía de nuestra seguridad en Dios
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Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 7 de Mayo de 2007. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Entonces el profeta Eliseo llamó a uno de los hijos de los profetas, y le dijo: Ciñe tus lomos, y toma esta redoma de aceite en tu mano, y ve a Ramot de Galaad. Cuando llegues allá, verás allí a Jehú hijo de Josafat hijo de Nimsi; y entrando, haz que se levante de entre sus hermanos, y llévalo a la cámara. Toma luego la redoma de aceite, y derrámala sobre su cabeza y di: Así dijo Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Y abriendo la puerta, echa a huir, y no esperes. Fue, pues, el joven, el profeta, a Ramot de Galaad. Cuando él entró, he aquí los príncipes del ejército que estaban sentados. Y él dijo: Príncipe, una palabra tengo que decirte. Jehú dijo: ¿A cuál de todos nosotros? Y él dijo: A ti, príncipe. Y él se levantó, y entró en casa; y el otro derramó el aceite sobre su cabeza, y le dijo: Así dijo Jehová Dios de Israel: Yo te he ungido por rey sobre Israel, pueblo de Jehová. Herirás la casa de Acab tu señor, para que yo vengue la sangre de mis siervos los profetas, y la sangre de todos los siervos de Jehová, de la mano de Jezabel. Y perecerá toda la casa de Acab, y destruiré de Acab todo varón, así al siervo como al libre en Israel. Y yo pondré la casa de Acab como la casa de Jeroboam hijo de Nabat, y como la casa de Baasa hijo de Ahías. Y a Jezabel la comerán los perros en el campo de Jezreel, y no habrá quien la sepulte. En seguida abrió la puerta, y echó a huir. Después salió Jehú a los siervos de su señor, y le dijeron: ¿Hay paz? ¿Para qué vino a ti aquel loco? Y él les dijo: Vosotros conocéis al hombre y sus palabras. Ellos dijeron: Mentira; decláranoslo ahora. Y él dijo: Así y así me habló, diciendo: Así ha dicho Jehová: Yo te he ungido por rey sobre Israel. Entonces cada uno tomó apresuradamente su manto, y lo puso debajo de Jehú en un trono alto, y tocaron corneta, y dijeron: Jehú es rey. Así conspiró Jehú hijo de Josafat, hijo de Nimsi, contra Joram. (Estaba entonces Joram guardando a Ramot de Galaad con todo Israel, por causa de Hazael rey de Siria; pero se había vuelto el rey Joram a Jezreel, para curarse de las heridas que los sirios le habían hecho, peleando contra Hazael rey de Siria.) Y Jehú dijo: Si es vuestra voluntad, ninguno escape de la ciudad, para ir a dar las nuevas en Jezreel. Entonces Jehú cabalgó y fue a Jezreel, porque Joram estaba allí enfermo. También estaba Ocozías rey de Judá, que había descendido a visitar a Joram. Y el atalaya que estaba en la torre de Jezreel vio la tropa de Jehú que venía, y dijo: Veo una tropa. Y Joram dijo: Ordena a un jinete que vaya a reconocerlos, y les diga: ¿Hay paz? Fue, pues, el jinete a reconocerlos, y dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú le dijo: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo. El atalaya dio luego aviso, diciendo: El mensajero llegó hasta ellos, y no vuelve. Entonces envió otro jinete, el cual llegando a ellos, dijo: El rey dice así: ¿Hay paz? Y Jehú respondió: ¿Qué tienes tú que ver con la paz? Vuélvete conmigo. El atalaya volvió a decir: También éste llegó a ellos y no vuelve; y el marchar del que viene es como el marchar de Jehú hijo de Nimsi, porque viene impetuosamente. Entonces Joram dijo: Unce el carro. Y cuando estaba uncido su carro, salieron Joram rey de Israel y Ocozías rey de Judá, cada uno en su carro, y salieron a encontrar a Jehú, al cual hallaron en la heredad de Nabot de Jezreel. Cuando vio Joram a Jehú, dijo: ¿Hay paz, Jehú? Y él respondió: ¿Qué paz, con las fornicaciones de Jezabel tu madre, y sus muchas hechicerías? Entonces Joram volvió las riendas y huyó, y dijo a Ocozías: !!Traición, Ocozías! Pero Jehú entesó su arco, e hirió a Joram entre las espaldas; y la saeta salió por su corazón, y él cayó en su carro. Dijo luego Jehú a Bidcar su capitán: Tómalo, y échalo a un extremo de la heredad de Nabot de Jezreel. Acuérdate que cuando tú y yo íbamos juntos con la gente de Acab su padre, Jehová pronunció esta sentencia sobre él, diciendo: Que yo he visto ayer la sangre de Nabot, y la sangre de sus hijos, dijo Jehová; y te daré la paga en esta heredad, dijo Jehová. Tómalo pues, ahora, y échalo en la heredad de Nabot, conforme a la palabra de Jehová. Viendo esto Ocozías rey de Judá, huyó por el camino de la casa del huerto. Y lo siguió Jehú, diciendo: Herid también a éste en el carro. Y le hirieron a la subida de Gur, junto a Ibleam. Y Ocozías huyó a Meguido, pero murió allí. Y sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalén, y allá le sepultaron con sus padres, en su sepulcro en la ciudad de David. En el undécimo año de Joram hijo de Acab, comenzó a reinar Ocozías sobre Judá. Vino después Jehú a Jezreel; y cuando Jezabel lo oyó, se pintó los ojos con antimonio, y atavió su cabeza, y se asomó a una ventana. Y cuando entraba Jehú por la puerta, ella dijo: ¿Sucedió bien a Zimri, que mató a su señor? Alzando él entonces su rostro hacia la ventana, dijo: ¿Quién está conmigo? ¿quién? Y se inclinaron hacia él dos o tres eunucos. Y él les dijo: Echadla abajo. Y ellos la echaron; y parte de su sangre salpicó en la pared, y en los caballos; y él la atropelló. Entró luego, y después que comió y bebió, dijo: Id ahora a ver a aquella maldita, y sepultadla, pues es hija de rey. Pero cuando fueron para sepultarla, no hallaron de ella más que la calavera, y los pies, y las palmas de las manos. Y volvieron, y se lo dijeron. Y él dijo: Esta es la palabra de Dios, la cual él habló por medio de su siervo Elías tisbita, diciendo: En la heredad de Jezreel comerán los perros las carnes de Jezabel, y el cuerpo de Jezabel será como estiércol sobre la faz de la tierra en la heredad de Jezreel, de manera que nadie pueda decir: Esta es Jezabel.

Segundo libro de los Reyes. Capítulo 9, Versículo 1-37

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

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