Moisés dudó de la promesa de Dios de satisfacer a su pueblo con carne (Alexander Andreyevich Ivanov, 1850)
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Reyes I [33/34] La palabra de alguno de ellos

Primer libro de los Reyes. Capítulo 22, Versículo 1-40
por José de Segovia

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Las palabras de los hombres se las lleva el viento pero la de Dios se cumple:

Se suele decir siempre, por lo menos en español, que ′las palabras se las lleva el viento′. Y todos sabemos lo que esto significa. La gente puede decir cosas, a veces dice muchas cosas, pero no siempre están dispuestos a hacer aquello que dicen. Promesas muchos hacen en algunos momentos, basta recordar cuántas promesas rompe cada matrimonio mismo que comienza por supuesto con unas promesas de fidelidad, de adhesión, de estar unido el uno al otro sea cual sea la situación y circunstancias. Y sabéis que hoy hay más divorcios que matrimonios, por lo tanto las palabras de muchos tampoco valen tanto como parece. Muchos cuando tenemos relación con ellos, amistad, en momentos de especial afecto nos pueden decir ′Para cualquier cosa aquí estoy′, ′lo que tú necesites me lo pides′,… y sabemos muchas veces que no quieren decir lo que dicen. Si uno le pide cualquier cosa no lo va a recibir. Y lo descubrimos muchas veces, a veces en pequeñas cosas y lo que han prometido no era siquiera en relación a esas pequeñas cosas. La vida está llena de decepciones a veces porque las palabras de los hombres no tienen el peso que parece. Pero nuestro texto nos muestra hoy que la palabra de Dios es muy diferente. La palabra de Dios no se la lleva el viento. Lo que Dios dice, eso hace. Y por lo tanto tenemos que estar muy conscientes al estar una vez más en torno a este libro que no estamos ante cualquier otra palabra humana. No estamos ante una palabra que hoy está y podemos vivir de espaldas a ella, que no sabemos si ocurrirá o no ocurrirá lo que Dios ha dicho sino que lo que nos muestra hoy la palabra de Dios es que esa palabra se cumple.

Selección de apuntes:

  1. Dios habla claramente pero a la gente no le gusta lo que dice
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  2. Debemos estar dispuestos a examinar nuestra vida bajo la luz de su palabra
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  3. La palabra de Dios está por encima del rechazo y la persecución de los hombres
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  4. No podemos manipular la palabra de Dios para hacer creer que sólo traerá bien
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  5. No querer aceptar la verdad de las malas noticias no cambia la realidad
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  6. La indiferencia es más peligrosa que la oposición
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  7. Lo realmente peligroso es que aparentemente no haya consecuencias al ignorar la palabra de Dios
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  8. Sólo la necedad nos puede llevar a dudar de la veracidad de la palabra de Dios
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  9. La palabra de Dios no será menospreciada para siempre
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  10. La única vida que permanece es la que está edificada en el Señor Jesús
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Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 16 de Julio de 2006. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Tres años pasaron sin guerra entre los sirios e Israel. Y aconteció al tercer año, que Josafat rey de Judá descendió al rey de Israel. Y el rey de Israel dijo a sus siervos: ¿No sabéis que Ramot de Galaad es nuestra, y nosotros no hemos hecho nada para tomarla de mano del rey de Siria? Y dijo a Josafat: ¿Quieres venir conmigo a pelear contra Ramot de Galaad? Y Josafat respondió al rey de Israel: Yo soy como tú, y mi pueblo como tu pueblo, y mis caballos como tus caballos. Dijo luego Josafat al rey de Israel: Yo te ruego que consultes hoy la palabra de Jehová. Entonces el rey de Israel reunió a los profetas, como cuatrocientos hombres, a los cuales dijo: ¿Iré a la guerra contra Ramot de Galaad, o la dejaré? Y ellos dijeron: Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey. Y dijo Josafat: ¿Hay aún aquí algún profeta de Jehová, por el cual consultemos? El rey de Israel respondió a Josafat: Aún hay un varón por el cual podríamos consultar a Jehová, Micaías hijo de Imla; mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino solamente mal. Y Josafat dijo: No hable el rey así. Entonces el rey de Israel llamó a un oficial, y le dijo: Trae pronto a Micaías hijo de Imla. Y el rey de Israel y Josafat rey de Judá estaban sentados cada uno en su silla, vestidos de sus ropas reales, en la plaza junto a la entrada de la puerta de Samaria; y todos los profetas profetizaban delante de ellos. Y Sedequías hijo de Quenaana se había hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acornearás a los sirios hasta acabarlos. Y todos los profetas profetizaban de la misma manera, diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y serás prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey. Y el mensajero que había ido a llamar a Micaías, le habló diciendo: He aquí que las palabras de los profetas a una voz anuncian al rey cosas buenas; sea ahora tu palabra conforme a la palabra de alguno de ellos, y anuncia también buen éxito. Y Micaías respondió: Vive Jehová, que lo que Jehová me hablare, eso diré. Vino, pues, al rey, y el rey le dijo: Micaías, ¿iremos a pelear contra Ramot de Galaad, o la dejaremos? El le respondió: Sube, y serás prosperado, y Jehová la entregará en mano del rey. Y el rey le dijo: ¿Hasta cuántas veces he de exigirte que no me digas sino la verdad en el nombre de Jehová? Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz. Y el rey de Israel dijo a Josafat: ¿No te lo había yo dicho? Ninguna cosa buena profetizará él acerca de mí, sino solamente el mal. Entonces él dijo: Oye, pues, palabra de Jehová: Yo vi a Jehová sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda. Y Jehová dijo: ¿Quién inducirá a Acab, para que suba y caiga en Ramot de Galaad? Y uno decía de una manera, y otro decía de otra. Y salió un espíritu y se puso delante de Jehová, y dijo: Yo le induciré. Y Jehová le dijo: ¿De qué manera? El dijo: Yo saldré, y seré espíritu de mentira en boca de todos sus profetas. Y él dijo: Le inducirás, y aun lo conseguirás; ve, pues, y hazlo así. Y ahora, he aquí Jehová ha puesto espíritu de mentira en la boca de todos tus profetas, y Jehová ha decretado el mal acerca de ti. Entonces se acercó Sedequías hijo de Quenaana y golpeó a Micaías en la mejilla, diciendo: ¿Por dónde se fue de mí el Espíritu de Jehová para hablarte a ti? Y Micaías respondió: He aquí tú lo verás en aquel día, cuando te irás metiendo de aposento en aposento para esconderte. Entonces el rey de Israel dijo: Toma a Micaías, y llévalo a Amón gobernador de la ciudad, y a Joás hijo del rey; y dirás: Así ha dicho el rey: Echad a éste en la cárcel, y mantenedle con pan de angustia y con agua de aflicción, hasta que yo vuelva en paz. Y dijo Micaías: Si llegas a volver en paz, Jehová no ha hablado por mí. En seguida dijo: Oíd, pueblos todos. Subió, pues, el rey de Israel con Josafat rey de Judá a Ramot de Galaad. Y el rey de Israel dijo a Josafat: Yo me disfrazaré, y entraré en la batalla; y tú ponte tus vestidos. Y el rey de Israel se disfrazó, y entró en la batalla. Mas el rey de Siria había mandado a sus treinta y dos capitanes de los carros, diciendo: No peleéis ni con grande ni con chico, sino sólo contra el rey de Israel. Cuando los capitanes de los carros vieron a Josafat, dijeron: Ciertamente éste es el rey de Israel; y vinieron contra él para pelear con él; mas el rey Josafat gritó. Viendo entonces los capitanes de los carros que no era el rey de Israel, se apartaron de él. Y un hombre disparó su arco a la ventura e hirió al rey de Israel por entre las junturas de la armadura, por lo que dijo él a su cochero: Da la vuelta, y sácame del campo, pues estoy herido. Pero la batalla había arreciado aquel día, y el rey estuvo en su carro delante de los sirios, y a la tarde murió; y la sangre de la herida corría por el fondo del carro. Y a la puesta del sol salió un pregón por el campamento, diciendo: !!Cada uno a su ciudad, y cada cual a su tierra! Murió, pues, el rey, y fue traído a Samaria; y sepultaron al rey en Samaria. Y lavaron el carro en el estanque de Samaria; y los perros lamieron su sangre (y también las rameras se lavaban allí), conforme a la palabra que Jehová había hablado. El resto de los hechos de Acab, y todo lo que hizo, y la casa de marfil que construyó, y todas las ciudades que edificó, ¿no está escrito en el libro de las crónicas de los reyes de Israel? Y durmió Acab con sus padres, y reinó en su lugar Ocozías su hijo.

Primer libro de los Reyes. Capítulo 22, Versículo 1-40

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

Serie: Reyes I

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