Dormitorio de Vincent en Arle (Vincent van Gogh, 1888)
Dormitorio de Vincent en Arle (Vincent van Gogh, 1888) | Máquina del Tiempo (Beta)
: ‹‹ 31 ››

Reyes I [31/34] Fue a su casa triste y enojado

Primer libro de los Reyes. Capítulo 20
por José de Segovia

Escuchar


¿No puedes escucharlo? Prueba el Reproductor #2 o el Reproductor #3. También puedes descargar el podcast para oirlo en otro momento o dispositivo

Al leer la Biblia podemos sentirnos tentados a cambiar la forma en la que está escrita:

Leer la Biblia es como ir a una casa que te dejan prestada. ¿No sé si alguna vez os han dejado una casa prestada? No lo hacen fácilmente claro porque hay que fiarse un poco antes de dejar una casa, pero si alguien conoces que se fíe lo suficiente de ti, a lo mejor te ha ocurrido que has estado en un sitio, y la persona estaba ausente, y ha dicho ′mira, yo no estoy pero te voy a dejar mi casa′, y te ha dado las llaves. Y bueno cuando está unos días uno solo en una casa ajena empieza a sentir algunas incomodidades que no veía al principio. Las cosas no están distribuidas como a uno le gustaría. A lo mejor los muebles te molestan o te parece incómodo cómo está, pero como no es tu casa, estás allí como invitado. Y uno tendría muchas veces la tentación de mover las cosas e instalarlas como lo haría en su propia casa. Pero en cualquier momento piensa, bueno, ′y si viene el dueño de la casa, ¿qué hago yo con todo cambiado?′. Así que uno tiene que dejar las cosas donde está y aprender un poco a moverse dentro de la casa a la cual no estás familiarizado. Y leer la Biblia, en ese sentido, es algo parecido. Realmente no están las cosas como a nosotros nos gustaría que estuvieran. Nos parece que hay muchos obstáculos a veces en el camino o que no nos gusta realmente la forma en que las cosas se presentan. Pero no es nuestra casa. Y no estamos libres de cambiarlas ni de moverlas de sitio. Lo que debemos es aprender a leer lo que está escrito. Así que en esta mañana quiero que nos fijemos en tres cosas que aquí aparecen en la palabra de Dios; en torno a quién es ese Dios. Este libro, sobre todas las cosas, no nos habla en primer lugar de la historia, de las crónicas y guerras de reyes. Ciertamente que hay muchos reyes en la Biblia, muchas historias que se cuentan acerca de ellos y de sus batallas y de sus fracasos, pero lo importante en la palabra de Dios no son los detalles acerca de estos reyes y de la historia, sino realmente qué nos dicen acerca del Dios, del Dios vivo que habla por medio de esta palabra.

Selección de apuntes:

  1. En su palabra Dios nos habla de su gracia, su poder y su juicio
    Compártelo en Facebook, Twitter, Google+
  2. Dios no se revela especialmente a aquellos que le buscan más
    Compártelo en Facebook, Twitter, Google+
  3. Su gracia es mayor que toda nuestra maldad
    Compártelo en Facebook, Twitter, Google+
  4. La verdad de Dios sí es importante y nuestro pellejo depende de ello
    Compártelo en Facebook, Twitter, Google+
  5. Aparentemente nuestro fracaso no tiene límites pero Dios es capaz de todo
    Compártelo en Facebook, Twitter, Google+
  6. Si tu dios es demasiado pequeño es porque no conoces al Dios de la Biblia
    Compártelo en Facebook, Twitter, Google+ o como imagen
  7. No hay criatura que pueda enfrentarse a Dios con su propia justicia
    Compártelo en Facebook, Twitter, Google+
  8. Somos culpables y no tenemos excusa delante de Dios
    Compártelo en Facebook, Twitter, Google+
  9. El infierno es la eterna ausencia de Dios
    Compártelo en Facebook, Twitter, Google+

¡Compártelo!



Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 2 de Julio de 2006. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

Entonces Ben-adad rey de Siria juntó a todo su ejército, y con él a treinta y dos reyes, con caballos y carros; y subió y sitió a Samaria, y la combatió. Y envió mensajeros a la ciudad a Acab rey de Israel, diciendo: Así ha dicho Ben-adad: Tu plata y tu oro son míos, y tus mujeres y tus hijos hermosos son míos. Y el rey de Israel respondió y dijo: Como tú dices, rey señor mío, yo soy tuyo, y todo lo que tengo. Volviendo los mensajeros otra vez, dijeron: Así dijo Ben-adad: Yo te envié a decir: Tu plata y tu oro, y tus mujeres y tus hijos me darás. Además, mañana a estas horas enviaré yo a ti mis siervos, los cuales registrarán tu casa, y las casas de tus siervos; y tomarán y llevarán todo lo precioso que tengas. Entonces el rey de Israel llamó a todos los ancianos del país, y les dijo: Entended, y ved ahora cómo éste no busca sino mal; pues ha enviado a mí por mis mujeres y mis hijos, y por mi plata y por mi oro, y yo no se lo he negado. Y todos los ancianos y todo el pueblo le respondieron: No le obedezcas, ni hagas lo que te pide. Entonces él respondió a los embajadores de Ben-adad: Decid al rey mi señor: Haré todo lo que mandaste a tu siervo al principio; mas esto no lo puedo hacer. Y los embajadores fueron, y le dieron la respuesta. Y Ben-adad nuevamente le envió a decir: Así me hagan los dioses, y aun me añadan, que el polvo de Samaria no bastará a los puños de todo el pueblo que me sigue. Y el rey de Israel respondió y dijo: Decidle que no se alabe tanto el que se ciñe las armas, como el que las desciñe. Y cuando él oyó esta palabra, estando bebiendo con los reyes en las tiendas, dijo a sus siervos: Disponeos. Y ellos se dispusieron contra la ciudad. Y he aquí un profeta vino a Acab rey de Israel, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿Has visto esta gran multitud? He aquí yo te la entregaré hoy en tu mano, para que conozcas que yo soy Jehová. Y respondió Acab: ¿Por mano de quién? El dijo: Así ha dicho Jehová: Por mano de los siervos de los príncipes de las provincias. Y dijo Acab: ¿Quién comenzará la batalla? Y él respondió: Tú. Entonces él pasó revista a los siervos de los príncipes de las provincias, los cuales fueron doscientos treinta y dos. Luego pasó revista a todo el pueblo, a todos los hijos de Israel, que fueron siete mil. Y salieron a mediodía. Y estaba Ben-adad bebiendo y embriagándose en las tiendas, él y los reyes, los treinta y dos reyes que habían venido en su ayuda. Y los siervos de los príncipes de las provincias salieron los primeros. Y Ben-adad había enviado quien le dio aviso, diciendo: Han salido hombres de Samaria. El entonces dijo: Si han salido por paz, tomadlos vivos; y si han salido para pelear, tomadlos vivos. Salieron, pues, de la ciudad los siervos de los príncipes de las provincias, y en pos de ellos el ejército. Y mató cada uno al que venía contra él; y huyeron los sirios, siguiéndoles los de Israel. Y el rey de Siria, Ben-adad, se escapó en un caballo con alguna gente de caballería. Y salió el rey de Israel, e hirió la gente de a caballo, y los carros, y deshizo a los sirios causándoles gran estrago. Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de Siria vendrá contra ti. Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos. Haz, pues, así: Saca a los reyes cada uno de su puesto, y pon capitanes en lugar de ellos. Y tú fórmate otro ejército como el ejército que perdiste, caballo por caballo, y carro por carro; luego pelearemos con ellos en campo raso, y veremos si no los vencemos. Y él les dio oído, y lo hizo así. Pasado un año, Ben-adad pasó revista al ejército de los sirios, y vino a Afec para pelear contra Israel. Los hijos de Israel fueron también inspeccionados, y tomando provisiones fueron al encuentro de ellos; y acamparon los hijos de Israel delante de ellos como dos rebañuelos de cabras, y los sirios llenaban la tierra. Vino entonces el varón de Dios al rey de Israel, y le habló diciendo: Así dijo Jehová: Por cuanto los sirios han dicho: Jehová es Dios de los montes, y no Dios de los valles, yo entregaré toda esta gran multitud en tu mano, para que conozcáis que yo soy Jehová. Siete días estuvieron acampados los unos frente a los otros, y al séptimo día se dio la batalla; y los hijos de Israel mataron de los sirios en un solo día cien mil hombres de a pie. Los demás huyeron a Afec, a la ciudad; y el muro cayó sobre veintisiete mil hombres que habían quedado. También Ben-adad vino huyendo a la ciudad, y se escondía de aposento en aposento. Entonces sus siervos le dijeron: He aquí, hemos oído de los reyes de la casa de Israel, que son reyes clementes; pongamos, pues, ahora cilicio en nuestros lomos, y sogas en nuestros cuellos, y salgamos al rey de Israel, a ver si por ventura te salva la vida. Ciñeron, pues, sus lomos con cilicio, y sogas a sus cuellos, y vinieron al rey de Israel y le dijeron: Tu siervo Ben-adad dice: Te ruego que viva mi alma. Y él respondió: Si él vive aún, mi hermano es. Esto tomaron aquellos hombres por buen augurio, y se apresuraron a tomar la palabra de su boca, y dijeron: Tu hermano Ben-adad vive. Y él dijo: Id y traedle. Ben-adad entonces se presentó a Acab, y él le hizo subir en un carro. Y le dijo Ben-adad: Las ciudades que mi padre tomó al tuyo, yo las restituiré; y haz plazas en Damasco para ti, como mi padre las hizo en Samaria. Y yo, dijo Acab, te dejaré partir con este pacto. Hizo, pues, pacto con él, y le dejó ir. Entonces un varón de los hijos de los profetas dijo a su compañero por palabra de Dios: Hiéreme ahora. Mas el otro no quiso herirle. El le dijo: Por cuanto no has obedecido a la palabra de Jehová, he aquí que cuando te apartes de mí, te herirá un león. Y cuando se apartó de él, le encontró un león, y le mató. Luego se encontró con otro hombre, y le dijo: Hiéreme ahora. Y el hombre le dio un golpe, y le hizo una herida. Y el profeta se fue, y se puso delante del rey en el camino, y se disfrazó, poniéndose una venda sobre los ojos. Y cuando el rey pasaba, él dio voces al rey, y dijo: Tu siervo salió en medio de la batalla; y he aquí que se me acercó un soldado y me trajo un hombre, diciéndome: Guarda a este hombre, y si llegare a huir, tu vida será por la suya, o pagarás un talento de plata. Y mientras tu siervo estaba ocupado en una y en otra cosa, el hombre desapareció. Entonces el rey de Israel le dijo: Esa será tu sentencia; tú la has pronunciado. Pero él se quitó de pronto la venda de sobre sus ojos, y el rey de Israel conoció que era de los profetas. Y él le dijo: Así ha dicho Jehová: Por cuanto soltaste de la mano el hombre de mi anatema, tu vida será por la suya, y tu pueblo por el suyo. Y el rey de Israel se fue a su casa triste y enojado, y llegó a Samaria.

Primer libro de los Reyes. Capítulo 20

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

Serie: Reyes I

‹ Anterior | Índice | Siguiente ›


Series de podcasts para descargar:

Series sobre textos específicos

Series sobre libros completos


Suscríbete:

Algunos de nuestros usuarios reconocen escuchar estos PODCAST en familia durante las veladas de la noche, o durante el tiempo que pasan encerrados en el coche, o durante el tiempo que pasan en su habitación a la hora del café,... En cualquier caso reconocen así que apartar un tiempo específico del día o de la semana para reflexionar en la palabra de Dios es una decisión que puede reportar mucho beneficio a sus vidas. Si quieres unirte a ellos rellena este formulario para recibir notificaciones siempre el día antes y un enlace desde el que podrás editar o cancelar tu suscripción siempre que quieras.

Email

Contraseña

Personaliza el tema y la regularidad de tu suscripción

Deseo recibir notificación de actualizaciones de nuevas series: No

Usando este formulario acepto las condiciones


¿Otros canales de suscripción?



Esta selección no habría sido posible sin la valiosa ayuda de Antonio Pedro Campos, Natán de Segovia, Daniela Céspedes, Gabriel Penalva o Luís González entre otros muchos miembros de Grupos Bíblicos Universitarios, Iglesia Evangélica de la Gracia en Barcelona, Iglesia Evangélica Betania en Sevilla y por supuesto Iglesia Cristiana Reformada en Madrid. A todos, ¡gracias!

IGLESIA CRISTIANA REFORMADA
Calle Cesar González Ruano, 25
28027 Madrid (Spain)
Síguela en Web y YouTube

Serie: Reyes I

Primer libro de los Reyes [01/34] David era viejo

Adonías no es el primero en ser el más guapo, alto, fuerte y que sin embargo lleva a Israel al mayor desastre
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [02/34] La sangre de guerra

Cómo se establece la seguridad en el reino de Dios
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [03/34] Sabio y entendido

La necesidad de sabiduría debería ser también la más importante para nosotros
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [04/34] Vivían seguros

¿Es posible un mundo mejor? Y si lo es ¿cómo podría venir a nosotros?
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [05/34] Ahora Jehová mi Dios

El Señor cumple sus promesas y nos lleva a actuar
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [06/34] La casa de Jehová

Dios ha escogido hablarnos por medio de este plan de construcción
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [07/34] La casa del bosque

¿Cuál es el significado detrás de la decoración de esta nueva casa?
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [08/34] La fiesta solemne

Hay días que marcan nuestra vida de un forma especial
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [09/34] Guardas el pacto

Difícilmente podemos confiar en nuestra propia palabra pero la palabra de Dios es eterna
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [11/34] Conforme a todo lo que él había dicho

En esta vida de incertidumbres se levanta un único refugio para los hombres
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [12/34] Si obstinadamente os apartareis

La bendición no trae sobre nosotros un efecto adormecedor
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [13/34] Tu Dios sea bendito

Este recorrido por el palacio de Salomón tiene también un significado para nosotros
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [14/34] Lo malo ante los ojos de Jehová

La prosperidad de Salomón hace casi incomprensible cual fue el mal de Salomón
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [15/34] Tu padre agravó nuestro yugo

La Biblia puede llegar a ser un fiel reflejo de la estupidez humana
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [16/34] Inventado de su propio corazón

Hay personas especialmente hábiles para establecer una nueva forma de entender las cosas por si mismos
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [17/34] Palabra de Jehová

La historia está llena de interrogantes que podemos dejar que sigan siendo incomprensibles
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [18/34] Yo te levanté de en medio del pueblo

Incomprensiblemente hay muchas razones por las que uno puede querer conocer su futuro
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [19/34] En su lugar

Muchos pasamos de historia a historia tratando de evitar la decepción y buscando constantemente algo que nunca encontramos
Imagen | Podcast


Primer libro de los Reyes [20/34] Ante los ojos de Jehová

A pesar de la incomprensión de los hombres no hay nada que a Dios le sea ajeno
Imagen | Podcast


Serie completa de Reyes I | Todas las series