Svetlana suponiendo su futuro (Karl Bryullov, 1836)
Svetlana suponiendo su futuro (Karl Bryullov, 1836) | Máquina del Tiempo (Beta)
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Reyes I [18/34] Yo te levanté de en medio del pueblo

Primer libro de los Reyes. Capítulo 14, Versículo 1-20
por José de Segovia

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Incomprensiblemente hay muchas razones por las que uno puede querer conocer su futuro:

¿Alguna vez has querido saber tu futuro?, ¿qué ocurrirá contigo? Incomprensiblemente hay gente que quiere saber su futuro y como sabéis los adivinos tienen colas en sus consultas para saber qué será de su vida. ¿Qué es lo que mueve a una persona a querer saber su futuro? Bueno, sabemos que no es fácil de contestar esa pregunta. Por un lado, si se pararan a analizar, a la mayor parte mejor les sería no saberlo. Otros es que tal vez sospechan que no es su futuro lo que le van a decir, sino no tal vez lo que ellos esperan escuchar. Y algunos realmente van tal vez, simplemente, intentando de alguna forma descubrir algo de sí mismos en ese preciso momento, en el presente de su vida, que de alguna forma ese supuesto mensaje sobre su futuro les diga qué va a ser de ellos ahora. Pero, desde luego, el personaje de nuestra historia, del Libro de Reyes, Jeroboam, vemos que no se atrevió a ir él solo. Se encontraban en un momento de crisis, de tremenda necesidad. Su hijo estaba enfermo, tan enfermo que estaba a punto de morir. Y como se suele hacer en estos casos, se recurre pues a aquella persona religiosa que de alguna forma tengas más cerca de tu mente o de allí donde estás. Y generalmente es en momentos como este cuando la gente se acuerda de Dios. Se acuerda de él incluso cuando el resto de su vida nunca piense realmente en él. Jeroboam conocía a un siervo de Dios. Este profeta era precisamente por el cual había llegado a ser rey. Le había anunciado la profecía de que él llegaría a ser rey. Tenía un buen recuerdo de él. Era por lo tanto una persona a la cual podía acudir con la confianza de que de alguna forma podía decirle bien. Pero por otro lado sabemos también que lo que le dijo el profeta fue algo más que lo que iba a pasar. Le dijo lo que tenía que hacer. Y eso es precisamente lo que él no había hecho. Por lo tanto Jeroboam tampoco está ahora dispuesto a volver a verle la cara. Porque sabe precisamente que no hay mucha cara que guardar delante de él. Ha hecho exactamente lo contrario que el profeta le había dicho. Y por esto recurre a su mujer, y a su mujer disfrazada, para acercarse a aquel profeta, e intentar averiguar qué desvela el futuro acerca de la enfermedad de su hijo y también por lo tanto del futuro de esa dinastía, de la casa real que había comenzado Jeroboam.

Selección de apuntes:

  1. La palabra de Dios desvela todo lo que está oculto
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  2. Nuestro lado más oscuro se pone en evidencia cuando nos acercarnos a Cristo
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  3. Dios castiga la idolatría con especial severidad
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  4. Somos responsables del cuidado de aquello que hemos recibido por gracia de Dios
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  5. Dios espera toda nuestra confianza y agradecimiento a él
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  6. Lo que hacemos tiene consecuencias sobre nosotros y nuestros hijos
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  7. Dios no sólo quiere el primer lugar sino también el único
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  8. Si hay algo que queda claro es que Dios cumple su palabra
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  9. Dios no está interesado en nuestro éxito sino en nuestra lealtad
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Exposición utilizada con permiso de y grabada en Madrid, el 16 de Abril de 2006. Consulta los titulares de ese día en El País, El Mundo o ABC.

Texto en el que se basa la exposición:

En aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo. Y dijo Jeroboam a su mujer: Levántate ahora y disfrázate, para que no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo; porque allá está el profeta Ahías, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo. Y toma en tu mano diez panes, y tortas, y una vasija de miel, y ve a él, para que te declare lo que ha de ser de este niño. Y la mujer de Jeroboam lo hizo así; y se levantó y fue a Silo, y vino a casa de Ahías. Y ya no podía ver Ahías, porque sus ojos se habían oscurecido a causa de su vejez. Mas Jehová había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam vendrá a consultarte por su hijo, que está enfermo; así y así le responderás, pues cuando ella viniere, vendrá disfrazada. Cuando Ahías oyó el sonido de sus pies, al entrar ella por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? He aquí yo soy enviado a ti con revelación dura. Ve y di a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel, y rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos, sino que hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas; por tanto, he aquí que yo traigo mal sobre la casa de Jeroboam, y destruiré de Jeroboam todo varón, así el siervo como el libre en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam como se barre el estiércol, hasta que sea acabada. El que muera de los de Jeroboam en la ciudad, lo comerán los perros, y el que muera en el campo, lo comerán las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho. Y tú levántate y vete a tu casa; y al poner tu pie en la ciudad, morirá el niño. Y todo Israel lo endechará, y le enterrarán; porque de los de Jeroboam, sólo él será sepultado, por cuanto se ha hallado en él alguna cosa buena delante de Jehová Dios de Israel, en la casa de Jeroboam. Y Jehová levantará para sí un rey sobre Israel, el cual destruirá la casa de Jeroboam en este día; y lo hará ahora mismo. Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Eufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera, enojando a Jehová. Y él entregará a Israel por los pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel. Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a Tirsa; y entrando ella por el umbral de la casa, el niño murió. Y lo enterraron, y lo endechó todo Israel, conforme a la palabra de Jehová, la cual él había hablado por su siervo el profeta Ahías. Los demás hechos de Jeroboam, las guerras que hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de las historias de los reyes de Israel. El tiempo que reinó Jeroboam fue de veintidós años; y habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su hijo. En aquel tiempo Abías hijo de Jeroboam cayó enfermo. Y dijo Jeroboam a su mujer: Levántate ahora y disfrázate, para que no te conozcan que eres la mujer de Jeroboam, y ve a Silo; porque allá está el profeta Ahías, el que me dijo que yo había de ser rey sobre este pueblo. Y toma en tu mano diez panes, y tortas, y una vasija de miel, y ve a él, para que te declare lo que ha de ser de este niño. Y la mujer de Jeroboam lo hizo así; y se levantó y fue a Silo, y vino a casa de Ahías. Y ya no podía ver Ahías, porque sus ojos se habían oscurecido a causa de su vejez. Mas Jehová había dicho a Ahías: He aquí que la mujer de Jeroboam vendrá a consultarte por su hijo, que está enfermo; así y así le responderás, pues cuando ella viniere, vendrá disfrazada. Cuando Ahías oyó el sonido de sus pies, al entrar ella por la puerta, dijo: Entra, mujer de Jeroboam. ¿Por qué te finges otra? He aquí yo soy enviado a ti con revelación dura. Ve y di a Jeroboam: Así dijo Jehová Dios de Israel: Por cuanto yo te levanté de en medio del pueblo, y te hice príncipe sobre mi pueblo Israel, y rompí el reino de la casa de David y te lo entregué a ti; y tú no has sido como David mi siervo, que guardó mis mandamientos y anduvo en pos de mí con todo su corazón, haciendo solamente lo recto delante de mis ojos, sino que hiciste lo malo sobre todos los que han sido antes de ti, pues fuiste y te hiciste dioses ajenos e imágenes de fundición para enojarme, y a mí me echaste tras tus espaldas; por tanto, he aquí que yo traigo mal sobre la casa de Jeroboam, y destruiré de Jeroboam todo varón, así el siervo como el libre en Israel; y barreré la posteridad de la casa de Jeroboam como se barre el estiércol, hasta que sea acabada. El que muera de los de Jeroboam en la ciudad, lo comerán los perros, y el que muera en el campo, lo comerán las aves del cielo; porque Jehová lo ha dicho. Y tú levántate y vete a tu casa; y al poner tu pie en la ciudad, morirá el niño. Y todo Israel lo endechará, y le enterrarán; porque de los de Jeroboam, sólo él será sepultado, por cuanto se ha hallado en él alguna cosa buena delante de Jehová Dios de Israel, en la casa de Jeroboam. Y Jehová levantará para sí un rey sobre Israel, el cual destruirá la casa de Jeroboam en este día; y lo hará ahora mismo. Jehová sacudirá a Israel al modo que la caña se agita en las aguas; y él arrancará a Israel de esta buena tierra que había dado a sus padres, y los esparcirá más allá del Eufrates, por cuanto han hecho sus imágenes de Asera, enojando a Jehová. Y él entregará a Israel por los pecados de Jeroboam, el cual pecó, y ha hecho pecar a Israel. Entonces la mujer de Jeroboam se levantó y se marchó, y vino a Tirsa; y entrando ella por el umbral de la casa, el niño murió. Y lo enterraron, y lo endechó todo Israel, conforme a la palabra de Jehová, la cual él había hablado por su siervo el profeta Ahías. Los demás hechos de Jeroboam, las guerras que hizo, y cómo reinó, todo está escrito en el libro de las historias de los reyes de Israel. El tiempo que reinó Jeroboam fue de veintidós años; y habiendo dormido con sus padres, reinó en su lugar Nadab su hijo.

Primer libro de los Reyes. Capítulo 14, Versículo 1-20

Traducción de Reina-Valera (Revisión de 1960) | Compáralo con otras versiones

Serie: Reyes I

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